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Estadio Monterrey, tomada en Monterrey el 19 de junio de 2026. · Foto: Julio César Aguilar, AFP

Estadio Monterrey, tomada en Monterrey el 19 de junio de 2026.

Foto: Julio César Aguilar, AFP

Del Parque Central y la Estación Pocitos a Monterrey: 1.000 partidos de la Copa del Mundo

Alemania va por la clasificación ante Costa de Marfil, que si gana también la conseguiría; en México se jugará el milésimo partido desde que los torneos los realiza exclusivamente la FIFA.

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Este sábado se podrán sumar nuevos clasificados a los dieciseisavos del Mundial; otros buscarán evitar el abismo de la eliminación cercana y, además, como si fuera poco, se jugará el partido 1.000 desde que se disputa la Copa del Mundo —no los mundiales así considerados y asumidos por la FIFA respecto de las competencias de fútbol mundial que se jugaron en 1924 y 1928 en los Juegos Olímpicos, pero sin límite alguno y bajo la égida de la FIFA—, empezando a contar desde aquella tarde de julio de 1930 cuando, en Montevideo, en el Parque Central y en la cancha de Estación Pocitos, se jugaron en simultáneo los dos primeros partidos de la entonces Copa del Mundo Jules Rimet. Ese hito redondo se alcanzará cuando, a las 22.00 de Monterrey —la 1.00 del domingo en las pantallas uruguayas— se enfrenten Japón y Túnez.

Países Bajos - Suecia

Pero todo empieza mucho antes. A las 14.00, por la segunda fecha del grupo F del Mundial 2026, Países Bajos y Suecia se enfrentarán en el Estadio de Houston, ubicado en una de las ciudades más importantes de Texas, cuyo nombre homenajea al general Sam Houston y que administrativamente se asienta sobre terrenos históricamente vinculados a las llanuras costeras del golfo de México.

El seleccionado neerlandés llega al compromiso bajo la lupa implacable de la prensa de Ámsterdam, que no tuvo reparos en calificar de “chato” el rendimiento colectivo tras el empate frente a Japón en el estreno. El cuerpo técnico sabe que el crédito de la posesión inocua se agota rápido y las crónicas locales insisten en la necesidad de dotar al equipo de una dinámica más vertical. La baja por una molestia física en la última línea obliga a retocar el esquema defensivo, una contingencia que altera los planes, pero que apela a la vieja escuela del orden táctico de la naranja para no pasar zozobras.

Por el lado escandinavo, la atmósfera es de cautela estricta, pero respaldada por el optimismo que dejó la victoria inicial contra Túnez. El combinado sueco, históricamente un hueso duro de roer que evoca el rigor de aquellas delegaciones que sabían abroquelarse en su propio campo, mantiene un bloque compacto y un juego directo que castiga las transiciones lentas del rival. Sin grandes estridencias mediáticas y con un plantel que trabaja el partido desde el desgaste anímico y físico, apuesta a la efectividad de sus atacantes en el contragolpe para dar el zarpazo en la serie.

Para este duelo de alta tensión dramática, la probable alineación de Países Bajos presentará a Bart Verbruggen en el arco; Denzel Dumfries, Matthijs de Ligt, Virgil van Dijk y Nathan Aké sosteniendo la retaguardia; Jerdy Schouten, Tijjani Reijnders y Ryan Gravenberch en la zona de gestación; mientras que Donyell Malen, Cody Gakpo y Brian Brobbey comandarán el ataque. Suecia responderá con Robin Olsen bajo los tres palos; Victor Lindelöf, Isak Hien, Carl Starfelt y Ludwig Augustinsson en la línea defensiva; Jens Cajuste, Jesper Karlström y Dejan Kulusevski manejando los hilos del mediocampo; dejando en la ofensiva a Anthony Elanga, Alexander Isak y Viktor Gyökeres.

Alemania - Costa de Marfil

A las 17.00, por la segunda fecha del grupo E de la Copa del Mundo, el Toronto Stadium recibirá el cruce entre Alemania y Costa de Marfil, un duelo de ganadores que comandan la serie y buscan sellar su boleto a la siguiente fase en suelo canadiense. La ciudad de Toronto, cuyo nombre proviene del vocablo hurón tkaronto, que significa “lugar donde los árboles se yerguen en el agua”, cobijará este choque en su principal escenario futbolístico, un recinto moderno junto al lago Ontario que dejará de lado el frío habitual de la región para transformarse en un hervidero de tensiones dramáticas.

El combinado alemán llega con el pecho inflado tras propinarle una paliza histórica a Curazao por 7- 1 . Un resultado abultado que refleja el poderío ofensivo moldeado por Julian Nagelsmann, pero que no debe nublar el juicio analítico, ya que la debilidad del oponente caribeño fue evidente en la segunda parte. Para este segundo examen, los europeos mantendrán la base de su estructura vertical, asentada en la salida limpia y el control del juego, sabiendo que un triunfo los coloca prácticamente en los octavos de final. El estratega germano no planea rotaciones drásticas y sostendrá el bloque que viene mostrando un rodaje implacable en el año. Un triunfo les daría la clasificación anticipada a la próxima fase, y lo mismo sucedería con los africanos, aunque en el segundo ítem de definición están mucho peor posicionados que los teutones. Recordemos que el primer criterio de desempate por igualdad de puntos es el resultado entre ellos.

Por el lado de los marfileños, el panorama de la prensa africana expone dolores de cabeza significativos tras el ajustado triunfo por 1-0 ante Ecuador con gol agónico de Amad Diallo. Los reportes confirman la baja forzada del delantero Elye Wahi, a quien las autoridades canadienses le denegaron el ingreso al país debido a una investigación abierta en Francia por presunto fraude en apuestas deportivas, un mazazo directo para la planificación del entrenador Emerse Faé. A esto se le suma la sanidad entre algodones del zaguero Evan Ndicka, afectado por una molestia muscular que lo dejará afuera del esquema titular, obligando a rearmar la retaguardia frente al ataque más voraz del torneo.

En el terreno de juego, la oncena probable de Alemania se parará con Manuel Neuer en el arco; una línea de tres defensores integrada por Jonathan Tah, Nico Schlotterbeck y Nathaniel Brown; en la mitad de la cancha se ubicarán Joshua Kimmich, Felix Nmecha, Aleksandar Pavlović, Jamal Musiala y Florian Wirtz; mientras que la dupla de ataque la conformarán Leroy Sané y Kai Havertz. En la vereda de enfrente, Costa de Marfil plantará batalla con Yahia Fofana bajo los tres palos; Guéla Doué, Wilfried Singo, Emmanuel Agbadou y Ghislain Konan en la zaga; Seko Fofana y Franck Kessié sosteniendo el mediocampo; dejando más adelantados a Yan Diomande, Bazoumana Touré, Nicolas Pépé y Ange-Yoan Bonny.

Ecuador- Curazao

La jornada sabatina uruguaya cerrará a las 21.00 en el Estadio de Kansas City, una localidad dividida por la frontera estatal entre Misuri y Kansas que toma su denominación de la tribu nativa Kanza, donde Ecuador y Curazao se verán las caras por la misma zona E.

El seleccionado ecuatoriano, que perdió en la hora, sin merecerlo, salta a la cancha con la responsabilidad absoluta del trámite, buscando explotar la velocidad por las bandas y la presión alta para ahogar a un adversario que, en los papeles, se presenta como el más débil del grupo. Curazao, la isla caribeña cuyo nombre arrastra raíces de la colonización portuguesa asociadas a la palabra corazón, intentará abroquelarse en su propio campo con un libreto sumamente conservador, apelando al contragolpe y al desgaste anímico del equipo de la mitad del mundo para forzar un resultado histórico.

El técnico argentino de los ecuatorianos, Sebastián Beccacece, ha dedicado los entrenamientos en Columbus a rearmar el andamiaje ofensivo, ensayando variantes que otorguen mayor volumen en la mitad de la cancha para asistir a los delanteros. La sanidad trabaja debido a los problemas en el tobillo del volante Alan Franco, quien terminó muy sentido en el estreno. En caso de que el mediocampista del Atlético Mineiro no responda a las exigencias físicas, Beccacece evalúa retrasar la posición de Ángelo Preciado para ganar velocidad por la banda o apelar al ingreso del juvenil Denil Castillo en el círculo central. El margen de error se redujo a la mínima expresión y el plantel sabe que solo sirve la victoria para retomar el carril de la expectativa.

Ecuador jugaría con Hernán Galíndez custodiando los tres palos; la defensa conformada por Ángelo Preciado, Joel Ordóñez, Willian Pacho y Piero Hincapié; en el sector medio se pararán Alan Franco o Denil Castillo junto a Pedro Vite y Moisés Caicedo; dejando en el tridente de ataque a John Yeboah, Gonzalo Plata y, como referencia de área, al gran Énner Valencia. Por el lado de la escuadra antillana, los elegidos serían Eloy Room en el arco; Jurich Carolina, Roshon van Eijma, Sherel Floranus y Juriën Gaari en el sector defensivo; Vurnon Anita, Kevin Felida y Juninho Bacuna manejando los hilos del mediocampo; mientras que la ofensiva quedará en manos de Kenji Gorré, Jearl Margaritha y el goleador histórico Livano Comenencia.

Japón - Túnez

Ya a la 1.00 de nuestro domingo, pero a las 22.00 en el estadio de Monterrey, habrá un choque de urgencias extremas donde se define gran parte del futuro de la zona. La cita adquiere un matiz histórico indiscutible al tratarse del partido número mil en la cronología de las copas del mundo desde aquella de 1930 en las canchas montevideanas. El escenario se enclava en el municipio de Guadalupe, parte del entramado de Monterrey, una urbe cuyo nombre rinde homenaje al conde de Monterrey, Gaspar de Zúñiga y Acevedo, y que recuesta su silueta bajo el influjo del imponente cerro de la Silla.

En lo puramente deportivo, la situación en la tabla quema para los africanos, hundidos en el fondo tras el debut, mientras que el bando nipón llega con el respaldo del punto cosechado frente a los de casaca naranja. El seleccionado de Túnez padece las consecuencias de una crisis institucional galopante desatada tras el mazazo del debut, cuando cayeron goleados por 5-1 ante Suecia. Semejante debacle costó el puesto a Sabri Lamouchi, transformándolo en el primer técnico cesado tras apenas 90 minutos de competencia en el torneo.

La federación norteafricana recurrió de apuro al francés Hervé Renard, un viejo zorro de las canchas del continente negro que supo comandar a Arabia Saudita en la gesta de Qatar frente a los argentinos. El plantel arrastra una clara desorganización defensiva y la enorme presión de evitar una eliminación prematura que dejaría trunca otra participación mundialista sin poder superar la fase inicial, un maleficio que los persigue desde su estreno en la cita de Argentina 1978.

Japón asoma con un presente mucho más aplomado bajo la batuta táctica de Hajime Moriyasu, habiendo demostrado su estirpe batalladora en el empate a dos goles ante los Países Bajos en Dallas. Los del sol naciente ostentan un funcionamiento colectivo aceitado, con futbolistas asentados en Europa que combinan la clásica disciplina oriental con un juego vertical muy dañino. La historia marca que los nipones asisten sin interrupciones a los mundiales desde Francia 1998, habiendo alcanzado los octavos de final en cuatro oportunidades.

La alineación de Túnez bajo el nuevo mandato de Renard buscará abroquelar sus líneas y se perfila con Bechir Ben Said en el arco; una línea de cuatro integrada por Wajdi Kechrida, Dylan Bronn, Montassar Talbi y Ali Abdi; el despliegue en la mitad de la cancha de Ellyes Skhiri, Aïssa Laïdouni y Mohamed Ali Ben Romdhane; dejando la responsabilidad ofensiva a Sayfallah Ltaief, Elias Achouri y el experimentado Hamza Rafia. Por el lado del conjunto de Moriyasu, se ratifica la base que viene de igualar en el estreno, por lo que Japón saltará al campo de juego con Zion Suzuki custodiando los tres palos; un esquema de tres zagueros compuesto por Tsuyoshi Watanabe, Shōgo Taniguchi e Hiroki Itō; un mediocampo poblado por Ritsu Doan, Kaishū Sano, Daichi Kamada y Keito Nakamura; mientras que en la generación de juego se recostará Takefusa Kubo para habilitar a Daizen Maeda y al delantero de punta Ayase Ueda.