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Mohammed Al-Owais, de Arabia Saudita, y Maximiliano Araújo, el 15 de junio, en el estadio de Miami. Foto: Chandan Khanna, AFP

Mohammed Al-Owais, de Arabia Saudita, y Maximiliano Araújo, el 15 de junio, en el estadio de Miami. Foto: Chandan Khanna, AFP

¡Qué faltó, Uruguay!: 1-1 con Arabia Saudita

La celeste despertó tras un primer tiempo flojo, cambió siendo vertical en la segunda parte y le apedreó el rancho a Arabia Saudita, pero se chocó una y otra vez con la figura enorme de Al-Owais para quedarse sin un triunfo que la habría dejado primera en el grupo.

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¡Qué faltó! Tras un mal primer tiempo, Uruguay mejoró en el segundo y estuvo cerca de llevarse la victoria. Tras ir abajo 0-1, el entretiempo sirvió como replanteo de las cosas y en el segundo tiempo se vio un equipo vertical e incisivo. Cuando Maximiliano Araújo metió el empate el partido quedó cuadrado para que la celeste lo ganara. Y lo fue a buscar con cambios y disposición ofensiva. Uruguay le apedreó el rancho a Arabia Saudita, pero la figura de Mohammed Al-Owais, el arquero árabe, fue impresionante y nos dejó sin la victoria que nos dejaba primeros en el grupo.

Ahora la zona quedó como empezó, pero con un partido menos. Uruguay volverá a jugar el domingo 21 en Miami, esta vez con Cabo Verde, que este lunes se hizo grande al empatarle a España; con la furia roja cerraremos esta fase el viernes 26 en Guadalajara.

Como siempre y cada vez, precisamos los tres puntos del próximo partido. Uruguay deberá resetear su versión del primer tiempo: estamos lejos si jugamos así. Pero con la versión del segundo, la celeste podrá. Seguro que podrá.

Agustín Canobbio, de Uruguay, contra Arabia Saudita, el 15 de junio, por la fase de grupos de la Copa del Mundo en el estadio de Miami. Foto: Chandan Khanna, AFP

Agustín Canobbio, de Uruguay, contra Arabia Saudita, el 15 de junio, por la fase de grupos de la Copa del Mundo en el estadio de Miami. Foto: Chandan Khanna, AFP

1. Mal comienzo

El primer tiempo fue lento, cansino; como si los dos equipos controlaran emociones y condición física ante el calor reinante. Fueron 45 minutos así, salvo dos o tres rachas de no más de entre cinco y siete minutos por bando, en las que hubo chances claras de gol. Uruguay no las aprovechó, Arabia sí.

Fue un palo. Al minuto 37 los asiáticos avisaron. Tras un centro mal defendido por la zaga uruguaya, Al-Amri encontró la pelota boyando en el área y se le afirmó. Pateó fuerte y bastante cerca, porque estaba casi a la altura del penal. Fernando Muslera voló hacia su izquierda y, con un gesto técnico de puro reflejo, la sacó al córner. Fue el primero de una seguidilla que hizo sufrir al fondo celeste. Malos ajustes de marcas, peores posicionamientos, cero chances de sacarla, al menos, para cualquier lado. Y tras eso y un par de idas y vueltas más, a los minutos otra vez en la cancha de arriba –donde, presumiblemente, Uruguay tenía más jugadores con altura–, Arabia sacó jugo de otro quedo defensivo uruguayo y Al-Amri, a lo pescador, después de que Muslera volviera a sacarla en la línea, hizo el primero.

Fue un baldazo de agua fría porque el equipo de Marcelo Bielsa pareció sacudir la modorra después del tiempo de hidratación. Algo se ajustó ahí, se dijo por lo bajo o se anotó en la pizarra: desde entonces Uruguay puso otro cambio, jugó un poco más rápido, encontró dinámica en la mitad de la cancha y bien pudo haber convertido. Una por la derecha fue la primera, en la que Fede Valverde –que jugó esos primeros 45 casi de puntero– se fue hasta el fondo de la cancha, centró al segundo palo para que Maxi Araújo la devolviera al medio, justo cuando Fede Viñas llegaba para cabecear de frente al arquero. El arquero Al-Owais salvó a Arabia con una gran volada. Había sido la más clara de Uruguay hasta el momento, que después tuvo otra chance que también Al-Owais sacó con los puños.

Hay que hacerlos, no queda otra. Después se pone brava la cosa, como se puso. Los celestes se fueron buscando explicaciones y jurando rebeldía. Y, en esa búsqueda Bielsa apuntó cambios para la segunda mitad.

Matías Suárez, de Uruguay, y Aiman Yahya, de Arabia Saudita, el 15 de junio, por la fase de grupos de la Copa del Mundo en el estadio de Miami. Foto: Patricia de Melo Moreira, AFP

Matías Suárez, de Uruguay, y Aiman Yahya, de Arabia Saudita, el 15 de junio, por la fase de grupos de la Copa del Mundo en el estadio de Miami. Foto: Patricia de Melo Moreira, AFP

2. Mejor final

Matías Viña y Darwin Núñez dejaron la cancha para que entraran Juan Manuel Sanabria y Agustín Canobbio. Los dos que salieron dejaron la cancha con la sensación de que les falta fútbol, competencia, el primero porque recién se recupera de una lesión, Núñez ya sabemos que estuvo demasiado tiempo lejos de las canchas. La variante de Canobbio, además, cambió la disposición de Valverde, que abandonó la punta para ir a jugar en el medio junto a Rodrigo Bentancur.

La inyección de ánimo se notó en el arranque del complemento. Había que ir por esa. Ahora sí Uruguay buscó la pelota y manejó desde ahí, con una selección árabe replegada con las líneas juntas –y los contragolpes afilados–. Poco a poco, la celeste fue asumiendo el riesgo y ganó metros parando los laterales más arriba.

Y vio el rédito porque, de tanto tenerla y moverla, los espacios aparecieron. Manuel Ugarte, que antes había jugado mucho más atrás, se sintió bien para soltarse y acompañar la jugada. Tras un tuya y mía entre Canobbio y Varela, la pelota le quedó al ex Fénix, que la apretó bien, rasante, contra el palo. Precisamente el caño, después de que la rozara Al-Owais, le sacó el empate a Uruguay. Iban 58. A los 63, otra buena internada por la izquierda entre Maxi Araújo y Sanabria terminó en una falta que pateó Valverde tipo córner corto: Pajarito le pegó al arco con efecto cerro. Pero, claro, estaba Al-Owais.

Del segundo corte para la hidratación Uruguay volvió con Nico de la Cruz por Ugarte. El director técnico buscó más creatividad para asociarse con Valverde, haciendo retroceder a Bentancur al puesto de volante central.

Y sí, rindió: se prendió el cuadro. De la Cruz empezó a pedirla, inquieto, y ese nervio, buen nervio, se lo transmitió a sus compañeros. La pelota siguió yendo del medio a las bandas, derecha, centro, izquierda, y viceversa, pero a otra velocidad. Había que mover más a la estática y cómoda marca árabe. Y en uno de esos ataques los laterales buscaron el fondo. Primero, Varela por la derecha, después el centro vino desde la izquierda, lanzado por Sanabria, Viñas cabeceó y otra vez atajó Al-Owais, pero en esta ocasión Maxi Araújo le reventó el arco, infló las redes y se llenó de gol el buche. Merecido empate.

En adelante, el corazón en la boca. Uruguay iba por todos lados, ocupaba todos los carriles para atacar con mucha velocidad y profundidad. Sanabria siguió desbordando, Brian Rodríguez entró y probó una que pasó cerca, De la Cruz entró muy bien y tuvo un su posibilidad, pero el arquero era cada vez más grande. Al-Owais, con todas las letras, le ahogó el grito a Valverde y fue un gran “ooohhhh”.

3. Con el corazón en la boca

El del primer tiempo, no. El Uruguay que sí fue el del segundo. Hizo mucho mérito para ganar, le faltó una adentro. Hay que seguir por este camino. ¡Dale que se puede!