La estadística deja una de las contradicciones más grandes del Mundial para Uruguay. El equipo de Marcelo Bielsa fue dueño de la pelota, del territorio y de la iniciativa, o sea que dominó como nunca; sin embargo, después de dos partidos apenas tiene dos puntos y llega obligado a la última fecha.
El primer dato es histórico. Uruguay tuvo 67% de posesión ante Arabia Saudita y 65% frente a Cabo Verde. Antes de este Mundial, desde que existen registros de posesión en 1966, había disputado 43 partidos de Copa del Mundo sin alcanzar nunca el 60% de tenencia. En apenas dos encuentros, el equipo de Bielsa rompió una tendencia de seis décadas.
Pero no se trata únicamente de tener la pelota, sino de dónde tenerla. Ante Cabo Verde, Uruguay consiguió que el 83% de sus posesiones se desarrollaran en el último tercio de la cancha, una muestra de la presión territorial que ejerció sobre un rival acostumbrado a defender cerca de su área.
Uruguay también confirmó una tendencia ofensiva: el centro como herramienta principal para abrir defensas cerradas. Frente a Cabo Verde lanzó 29 centros, que se suman a los 47 que había ejecutado contra Arabia Saudita. Con 76 centros en dos partidos, la selección alcanza la segunda cifra más alta del torneo.
El contraste aparece al mirar al rival. Cabo Verde había mostrado ese mismo plan ante España, con un equipo replegado, que pasó el 60% del tiempo sin la pelota en bloque bajo, con una línea defensiva ubicada en promedio a solo 17 metros de su arco, 35 metros de amplitud y apenas 16 metros entre líneas. España monopolizó el juego —74% de posesión, 93% de field tilt, 426 recepciones en el último tercio y 39 centros—, pero no pudo marcarle.
Uruguay sí encontró la manera de romper esa zona defensiva. Le convirtió dos goles a un equipo que había resistido a España, y lo hizo utilizando una fórmula que ya había repetido frente a Arabia Saudita: atacar por fuera y llenar el área con centros.
Sin embargo, el fútbol no se resuelve únicamente en los indicadores de dominio y el empate 2-2 lo demuestra. Uruguay consiguió instalar el partido en la cancha del rival, tuvo la pelota como nunca antes en su historia mundialista y generó una superioridad territorial constante, pero volvió a dejar puntos en el camino. Los datos describen una transformación evidente y se puede decir que este Uruguay de Bielsa juega más arriba, tiene más la pelota y ocupa más territorio que cualquier otro equipo celeste en la historia reciente de los Mundiales. La tabla, en cambio, cuenta otra cosa y, por ahora, es la única que pesa.
- Los datos estadísticos utilizados en esta nota pertenecen a los registros oficiales de OPTA y FIFA.