Hinchada mexicana, previo al partido inaugural ante Sudáfrica, el 11 de junio en Ciudad de México.

Foto: Mario Vázquez, AFP

Uruguay versus el calor: ¿cómo se pueden contrarrestar las altas temperaturas durante el Mundial?

En un contexto en que el cambio climático contribuye a aumentar la temperatura en las sedes del torneo, la diaria conversó con expertos sobre los riesgos de competir en escenarios de mucho calor y las estrategias para amortiguarlo.

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En vísperas de un nuevo Mundial en América del Norte, el calor se vuelve a presentar como una variable que puede afectar la salud de los jugadores y el rendimiento de los equipos durante la competición. En las últimas semanas, distintas organizaciones dedicadas a estudiar el cambio climático presentaron estudios sobre la posibilidad de que un buen número de los partidos se juegue a altas temperaturas. Según un informe de World Weather Attribution, que consignó El País de Madrid, 26 de los 104 partidos de la competición tienen una alta probabilidad de disputarse en condiciones peligrosas para la salud de los jugadores.

De acuerdo con esta organización, es probable que en estos 26 partidos se superen los 26° WBGT (“temperatura de bulbo húmedo y globo”). Con el objetivo de medir las consecuencias del calor en el cuerpo humano, los grados WBGT combinan la temperatura del aire, la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento. Por otra parte, Climate Central, una organización encargada de investigar y comunicar los impactos y las soluciones del cambio climático, también lanzó un informe, acompañado de herramientas interactivas. El trabajo señala que, a causa del cambio climático, esta Copa del Mundo tendrá un aumento significativo de días extremadamente calurosos durante el torneo con relación al primer campeonato del mundo celebrado en Norteamérica, en 1970 en México.

En el informe también se explica cómo el aumento del calor puede afectar el rendimiento de los equipos: “Las investigaciones sobre el fútbol de élite sugieren que las temperaturas superiores a los 28° pueden afectar el rendimiento de los jugadores, especialmente la velocidad, la distancia o la frecuencia con la que corren durante un partido. Este calor puede influir en la estrategia del partido, ralentizar el ritmo de juego y suponer una desventaja para los equipos que se basan en la velocidad y los sprints repetidos”.

Este será el tercer Mundial en México, el segundo en Estados Unidos y el primero en Canadá. En la primera edición en territorio azteca comenzaron a aparecer comentarios sobre el calor, la altura y los horarios de los partidos, que se jugaron entre las 12.00 y las 16.00. La elección de una agenda insalubre para los deportistas no tuvo otro objetivo que favorecer que el público europeo pudiera ver por televisión en cómodos horarios el show que dio el Brasil de Pelé.

La historia de México como organizador se repitió en 1986. La competición, que por los mismos motivos repitió horarios similares, tuvo esta vez cierta oposición. El capitán argentino, Diego Armando Maradona, declaró públicamente su desacuerdo con jugar bajo temperaturas tan elevadas, pero la organización estuvo lejos de atender el reclamo. Nuevamente, desde la comodidad de sus casas y en horario ideal, el público europeo se regocijó con las actuaciones de un Maradona desatado.

El récord de calor lo rompió Estados Unidos en 1994, que registró temperaturas por encima de los 40 grados durante la competencia. Como en las ediciones de México, la elección de los horarios de los partidos tuvo como objetivo favorecer el consumo televisivo europeo.

El Mundial de Qatar 2022 no podía quedar fuera de este repaso histórico. Para evitar el infernal verano catarí, la FIFA cambió por primera vez la fecha tradicional del Mundial, que pasó de jugarse en junio-julio a noviembre-diciembre.

Uruguay en el cinturón de fuego

De acuerdo con el informe de World Weather Attribution, los principales puntos calientes se concentran en Estados Unidos, en los estadios ubicados en Miami, Dallas, Houston, Kansas y Atlanta. Entre los casos más alarmantes destaca Miami, donde siete de los ocho partidos que se jugarán tienen un 100% de probabilidades de sobrepasar la temperatura de 26° WBGT. En Dallas, siete de los nueve partidos que se disputarán tienen un 100% de probabilidades de sobrepasar esa temperatura, mientras que en Houston sucede lo mismo en sus siete encuentros.

En el caso de Uruguay, los dos primeros partidos que disputará en la competición –Arabia Saudita y Cabo Verde– tienen un 100% de probabilidades de superar los 26° WBGT. A esto se agrega que ambos juegos se disputarán en el Miami Hard Rock, un estadio que no tiene medidas de refrigeración. Este escenario ya es conocido por los dirigidos por Marcelo Bielsa, ya que el combinado uruguayo disputó ahí su encuentro contra Panamá en la Copa América 2024. Durante ese partido, Ronald Araújo fue sustituido en el entretiempo debido a que, según trascendió en medios de prensa, sufrió una descompensación producto del calor.

Sobre el partido contra España, World Weather Attribution predice un 0% de probabilidades de que se superen los 26° WBGT. Sin embargo, el informe del Climate Central plantea que este será el partido en el que los efectos del cambio climático serán más significativos, ya que atribuye a este factor la posibilidad de que se juegue a mayores temperaturas en comparación con años anteriores (que no se superen los 26° WBGT no quiere decir que el clima no sea caluroso). Otra variable a tener en cuenta es que el estadio Akron, donde se disputará el encuentro, está ubicado en Guadalajara, México, a más de 1.500 metros de altura.

Si Uruguay pasa de fase de grupos, la situación puede variar de acuerdo con la posición en la que quede en la tabla. En caso de pasar primero, jugará en Los Ángeles, con baja posibilidad de mucho calor. Si pasa segundo, volvería a jugar en Miami, con un 100% de probabilidad de superar los 26°. Si sigue en alguna de las combinaciones de mejor tercero, puede ir a Seattle o Atlanta, donde las temperaturas son más benignas. De todas formas, si el combinado continúa avanzando de fase, son muy altas las posibilidades de volver a jugar con temperaturas elevadas. Sin ir más lejos, la fase final del torneo –semifinales, final y partido por el tercer puesto– se jugará en estadios con grandes probabilidades de superar los 26° WBGT.

¿Qué puede hacer Uruguay contra el calor?

El antecedente del último torneo continental americano sirve de ejemplo para analizar de cara al Mundial. Durante la Copa América, Uruguay disputó varios partidos con una temperatura cercana a los 30° –Panamá, Colombia y Canadá–. En ese contexto jugaron los dirigidos por Marcelo Bielsa, que, de acuerdo con un informe que realizó la Conmebol sobre el torneo, estuvieron en el podio de los que más corrieron. Uruguay recorrió un total de 581 kilómetros en seis partidos –se ubicó segundo en esta estadística– y fue el equipo que más corrió en alta intensidad, unos 39,5 km.

El informe también presenta un análisis sobre el estilo de juego de cada selección. En el caso de Uruguay, destaca que el equipo “realizó una marcación defensiva diferente al resto de las selecciones. Aplicó mucha intensidad para realizar una presión en toda la cancha, lo que demanda un esfuerzo físico importante. Muchas veces con persecuciones individuales por todo el campo, recorriendo largas distancias en alta intensidad. La idea era marcar lo más lejos posible de su arco, recuperar la pelota y atacar inmediatamente”.

Ante los desafíos que puede representar el calor para la selección uruguaya, la diaria conversó con un médico deportólogo, que prefirió mantenerse en el anonimato. De acuerdo con la fuente, la selección cuenta con varios jugadores que llegan de competir en climas cálidos. Ante ese escenario, habitualmente se lleva a cabo un protocolo de amortiguación cuando se cambia a un clima más frío como el de Uruguay, en la previa del viaje a Playa del Carmen, sede en que se hospeda la selección.

El deportólogo señaló que una de las estrategias más reconocidas para conseguir la adaptación de los jugadores es exponer su cuerpo al calor en el horario aproximado en que se jugarán los partidos. “Hay un ritmo circadiano del cuerpo –reloj biológico interno que regula los ciclos físicos, mentales y de comportamiento a lo largo de un período de aproximadamente 24 horas– que también influye en la adaptación. Es decir, el cuerpo produce mecanismos de bajada de temperatura, las glándulas sudoríparas están mejor preparadas a la hora del día en que se produjeron los estímulos de adaptación”, explicó. La fuente agregó que un 80% de las adaptaciones se logra entre los primeros seis y diez días de exposición al calor, por lo tanto, llegar una semana antes a la sede es un buen margen para concretar las adaptaciones.

Fernando Parola, preparador físico con vasta experiencia en clubes de la liga local y selecciones juveniles, coincidió con el deportólogo en cuanto al tiempo necesario de aclimatación. En diálogo con la diaria, Parola habló sobre las mejores estrategias para amortiguar el calor e hizo especial énfasis en la importancia de la hidratación. “Un deportista promedio pierde cuatro kilos en partidos como los de esta Copa del Mundo”, ya que “el desgaste en un Mundial es mayor; las intensidades en kilómetros por hora y en sprint son mayores”.

El deportólogo añadió que es importante que los jugadores estén hidratados antes, durante y después del partido. En ese sentido, ambos entrevistados valoraron positivamente la implementación de las pausas obligatorias en ambos tiempos del partido, que serán de tres minutos, y que se pueden usar para hidratar a los futbolistas y hacer un enfriamiento parcial del cuerpo.

Sobre el pospartido, Parola explicó que la recuperación comienza apenas termina el encuentro con bebidas isotónicas que compensen “la pérdida de electrolitos, sodio y potasio”. Además, se puede complementar con whey protein. El preparador físico destacó que para la recuperación lo más relevante es lo que se hace en las primeras 48 horas después de la competencia, en las que se pueden adoptar trabajos de crioterapia, sauna y entrenamientos estáticos y dinámicos. “La estrategia de recuperación es fundamental para disminuir la tasa de riesgo de lesiones”, indicó.

De todas formas, afirmó que los deportistas de élite están acostumbrados a este tipo de dificultades. Por la misma línea fue el deportólogo, que explicó que jugar en altas temperaturas también puede tener un efecto positivo a la hora de completar la adaptación. En ese sentido, recordó que en la fase de grupos hay un margen de seis días entre cada partido, lo que da un mayor espacio de recuperación a jugadores que están acostumbrados a disputar partidos cada tres días.

Con respecto a las consecuencias que puede tener el calor en la salud de los futbolistas, el deportólogo advirtió que pueden sufrir un presíncope o un síncope, es decir, la sensación de desmayo o la pérdida de conocimiento producto de la deshidratación. “El caso más grave es el golpe de calor”, apuntó, y explicó que puede suceder cuando “una persona que tuvo un presíncope o un síncope continúa expuesta al calor”.

En ese escenario, las personas pierden la termorregulación del cuerpo, lo que lleva a que aumente la temperatura corporal, con posibilidad de generar un “daño multisistémico”. “Entre ellos, los músculos se rompen y liberan muchas proteínas a la sangre, lo que se llama rabdomiólisis, ruptura de músculos. El riñón se sobrecarga por ese filtrado de muchas moléculas, lo que puede producir falla renal y en consecuencia un fallo multiorgánico”. De todas formas, valoró que es “muy poco probable que suceda en el contexto del Mundial, porque son ambientes controlados. Ante la mínima sintomatología, los jugadores o el público van a ser retirados y se tomarán las primeras medidas para que no se llegue a esto”.

Como posible medida para disminuir riesgos, el deportólogo sugirió que la FIFA puede establecer una temperatura límite para competir. Planteó que hay que revisar la evidencia científica que existe en torno a los efectos del calor durante la competencia porque, “si hay un riesgo significativo de complicaciones graves por el calor, no se debería jugar”. “Se puede establecer un punto en que se suspenda la competencia y quede para otro día u otra hora. Suspender no significa suspender para otro día; quizás es esperar una hora y entrar en un rango de seguridad”, concluyó.