Jorge Giordano recibió a la diaria en el Complejo Celeste, que luce hermoso, con una realidad que se contrapone a la actuación de Uruguay en el Mundial 2026, con la eliminación en primera rueda. Entre mejoras que hacen que el lugar de las selecciones sea top en el planeta, había una hermosa sala dónde charlamos de todos los temas de rigor, con una pantalla de fondo en la que, casualmente, se transmitía el primer tiempo del icónico partido con Ghana de Sudáfrica 2010, como para recordar que algún día fuimos felices.
¿Qué evaluación hacés del Mundial?
El juego fue bueno, exceptuando el primer tiempo con Arabia Saudita. El resultado fue malo.
¿Y el proceso de Bielsa?
Tuvo tres períodos bien marcados. En el primero rápidamente instaló su idea y se lograron resultados históricos contra Brasil y Argentina. En la Copa América la selección estuvo a muy poco de jugar la final. Después hubo un pronunciado bajón en la Eliminatoria, aunque se subió un poquito al final, y se llegó al Mundial con un rendimiento intermedio entre la Copa América y el mejor momento de Uruguay.
¿Por qué hubo un bajón luego de la Copa América?
Fue multifactorial. Durante dos fechas tuvimos 13 ausencias. Desde la competencia no había mucho en juego porque la clasificación era inminente. Tal vez los jugadores no estaban en el momento en que estaban cuando recién comenzamos el período, por distintas circunstancias: hubo período de pases, cambiaron de equipo. Todo eso lleva a una movilidad.
¿Cuál es la autocrítica concreta sobre el resultado del Mundial?
Lo que a veces sucede en el fútbol: no lográs coronar todo lo que trabajaste. Acá hubo muchísimo trabajo. Nosotros hemos desandado el camino, hay cosas que tenemos que analizar y reprogramar, pero nada de eso influyó en el juego o en el resultado, que lamentablemente es lo que marca todo. No estamos viendo que fue un buen proceso que deberíamos evaluar si debe continuar: se rescatan no menos de diez futbolistas que no estaban en el radar de muchas personas y que se posicionaron como jugadores de selección.
Si Bielsa deja ese legado, ¿por qué no se lo considera opción a seguir?
Ahora hay un momento en el fútbol uruguayo en el que no se va a nombrar un entrenador inmediatamente. Eso hace que pase tiempo y se pueda analizar con mayor detenimiento. Mi función es decir, ser justo, que es lo más difícil. Fue un proceso que nosotros no podemos olvidar y no podemos no reconsiderar.
¿Realmente se puede considerar que Bielsa siga siendo el entrenador de Uruguay?
Deberían pasar algunas cosas más, aparte de lo que yo opino, para que eso se reconsiderara. Pero como no está arriba de la mesa el entrenador de la mayor, creo que el tiempo es el que va a decir.
¿Sentís que él aceptaría?
No lo sé, porque ahora hay que ver los tiempos y, sinceramente, fuimos cerrando el ciclo con distintas cosas. Hubo que presentar y reportar a las personas que dirigen la AUF. Estuvimos trabajando en eso y no profundizamos en ese tema.
El ciclo terminó. ¿Qué cosas considerás que sí o sí deben seguir en Uruguay?
Desde que se implementó esta forma de trabajar con jugadores a distancia, porque las selecciones solo cuentan con los futbolistas durante unos diez días, se desarrolló un método de trabajo específico. Todos los procedimientos, el vínculo construido con los clubes y la relación con los jugadores, sumados al estilo que le imprima la persona que esté al frente, deberían mantenerse. En definitiva, lo importante es que continúe la profesionalidad con la que se trabajó durante estos 40 meses.
¿Cómo se produce el sistema de seguimiento y qué bases quedan a futuro?
Esa base de jugadores va cambiando de acuerdo con el presente y el proceso de cada futbolista. Incluso hay jugadores que forman parte de esa base y que, lamentablemente, han sufrido lesiones. Pero existe una base amplia, con un importante respaldo estadístico y audiovisual sobre el rendimiento de cada futbolista. Cuando un jugador deja de competir, también procuramos obtener información y acercarnos a él para entender las razones. Analizamos si se trata de cuestiones técnico-tácticas, físicas o de cualquier otra índole. Sobre cómo se mantiene ese trabajo mientras no haya un entrenador designado, esa es precisamente una de las cosas que siempre defendí. La AUF tiene la capacidad de seguir trabajando aun sin director técnico, gracias a la bondad de Bielsa por dejar la información, la estructura, los recursos que fuimos desarrollando y que continúan vigentes. Vamos a darle continuidad para que, cuando llegue un nuevo entrenador, cuente con una amplia base de información que le permita tomar sus decisiones.
¿Qué cosas no funcionaron en el ciclo de Bielsa?
Nos costó mucho, por cómo somos, la manera de Bielsa de relacionarse con los futbolistas. A veces hay confusiones; acá no hubo ni falta de respeto ni discusiones. Un entrenador tiene su manera, que no es de acercarse afectivamente, sino de acercarse por medio de propuestas y de métodos para la mejora del jugador.
¿Hubo responsabilidad en la estructura de la selección de no acercar esa brecha o tratar de subsanar antes del Mundial?
Eso fue una responsabilidad mía. Después de Estados Unidos, nosotros hicimos muchas cosas con los futbolistas y con el entrenador, pudimos llegar al Mundial perfectamente. Se le ha dado demasiada importancia a una propuesta de los futbolistas después del partido con Cabo Verde, de entrenar en un grupo y de tener un poco menos de información previo a España. Pero son episodios que suceden en cualquier grupo y equipo.
¿Sentís que esa forma de relacionamiento afectó realmente el rendimiento del equipo?
Cuando uno pierde, que en el fútbol es el 90% de las veces porque sale campeón solo uno, siempre parece que está todo mal. Los que tenemos responsabilidad de estar trabajando en el lugar tenemos que separar la tristeza o la euforia para poder sacar en limpio lo que realmente sucedió. Directamente no influyó en el rendimiento deportivo: la selección jugó a un nivel intermedio entre su pico más alto y el segundo: si hubiese afectado, eso no se lograba.
Foto: Gianni Schiaffarino
En los papeles
¿La evaluación del ciclo Bielsa va a ser pública?
Lo tengo que elevar a la gente que reporto, pero los episodios que hay que revisar son de público conocimiento. En algunos casos fueron sacados de contexto, en otros fueron teléfonos descompuestos y algunos fueron reales como las solicitudes de entrenar en un grupo solo y menos charlas.
¿Te molestó lo que generó la prensa?
No entiendo nada de periodismo, pero si la fuente está teñida, tenés que preguntar en la organización. Jamás dejé de responder algo que me hayan preguntado. Es mi deber. Siento que en muchos casos faltó tener las dos campanas, escuchar a las partes y después entrar en la resolución de conflictos para saber si hay o no solución.
¿Qué sentiste desde lo personal cuando Bielsa te elogió en su última conferencia de prensa?
No sería sincero responder con falsa modestia. Que un entrenador con la trayectoria, el recorrido y la cantidad de personas valiosas con las que ha trabajado tenga ese concepto sobre mí es, sin duda, muy reconfortante.
Él destacó varios cambios en el Complejo Celeste, ¿hay respaldo económico y político para mantenerlos?
Estamos generando una cultura de ingenio, cambio, austeridad y poniendo énfasis en el después, que es el mantenimiento. Si invertís, tenés que destinar al mantenimiento en los próximos cinco años porque si no las cosas se empiezan a caer.
Pero en el medio hay elecciones en la AUF. ¿No te preocupa?
Lo primero es formar y cuidar los recursos humanos. Por eso las organizaciones deben contar con personas que generen valor. Los cambios los hacen las personas y son ellas las que transmiten día a día el trabajo que se fue construyendo. Eso no significa que quienes se incorporen no vayan a aportar su impronta. Al contrario, seguramente llegarán personas más capaces que nosotros, que podrán seguir mejorando: todo evoluciona constantemente. El gran desafío es construir una cultura organizacional que entienda que la infraestructura, el mantenimiento y la austeridad, en un país como Uruguay, donde los recursos son limitados, deben ser pilares fundamentales de cualquier gestión.
¿La austeridad puede afectar a las selecciones juveniles?
El proceso de las selecciones juveniles ha sido muy cuestionado, muchas veces sin contar con toda la información. Nosotros asumimos en 2022 e implementamos algunos cambios que considerábamos necesarios. Uno de nuestros principales objetivos fue formar recursos humanos. Entendimos que, al finalizar nuestra gestión, debíamos dejar al menos tres entrenadores formados dentro del proceso. Por eso apostamos a desarrollar nuestros propios cuerpos técnicos, porque dirigir una selección no es lo mismo que dirigir un club. La idea fue acompañar el crecimiento dándole la posibilidad de hacer un recorrido dentro de la organización. Un ejemplo de ese trabajo es que los preparadores físicos que fueron campeones del mundo con la sub 20 hoy integran el cuerpo técnico de la selección mayor. Ese es un caso de éxito, porque todos queremos trabajar en un lugar donde exista la posibilidad de crecer. En este período vivimos dos hechos muy marcados: la conquista del Mundial sub 20 en 2023 y la frustración de no clasificar en otra categoría juvenil. Pero también hay que poner esos resultados en contexto; la sub 17 nunca fue campeona sudamericana y, además, volvió a clasificar a un Mundial por primera vez desde 2013, demuestra que no se trata de una realidad exclusiva de este proceso. Las selecciones juveniles están cuidadas y cuentan con una estructura sólida. Desde el inicio decidimos mantener a Jorge Ananía al frente del área juvenil no solo por su capacidad, sino también porque llevaba 12 años en el cargo y acumulaba un conocimiento muy valioso del proceso anterior. No queríamos perder esa experiencia. Por eso creo que algunas críticas son apresuradas y carecen de la profundidad necesaria para evaluar todo el trabajo que se viene realizando. Además, el contexto del fútbol cambió mucho. Cada vez es más difícil contar con los jugadores, porque llegan a primera a edades más tempranas. Es lógico que los entrenadores de los clubes, que también tienen sus necesidades, muchas veces nos digan que no pueden ceder a un futbolista porque lo necesitan. Eso responde a la realidad del fútbol uruguayo, donde las transferencias de jugadores son fundamentales. Frente a ese escenario, el desafío es adaptarse permanentemente, y en eso estamos trabajando.
¿Cuántos entrenadores lograron formarse en este ciclo?
Bielsa dictó un curso interno para tres entrenadores que hoy continúan en la organización y tienen una gran proyección. Además, apostamos por la formación de otros técnicos, como Mathías Cardaccio y Matías Alonso. También trabajó con nosotros Fabián Coito, un entrenador de reconocida trayectoria. Algunos de ellos no pudieron permanecer en la estructura por oportunidades profesionales que surgieron. En el caso de Cardaccio, recibió una propuesta de Cruz Azul y era muy difícil competir. Alonso, por su parte, tras no lograr la clasificación con la sub 17, tuvo la oportunidad de incorporarse a Torque y decidió aceptar. Eran recursos humanos muy valiosos para la organización. Los entrenadores que permanecen en el proceso, al finalizar este ciclo, serán técnicos con una sólida proyección.
¿Cómo puede influir que la selección no tenga entrenador hasta marzo?
Cuando planificamos, siempre partimos del objetivo principal, el foco está puesto en la Copa América 2028. A partir de ahí analizamos cuánto tiempo hay por delante, cuántas veces podremos contar con los jugadores y en cuántas oportunidades no los tendremos. Seis partidos amistosos son muy importantes. Esos encuentros pueden servir para observar a futbolistas que estuvieron muy cerca de integrar el plantel para el Mundial, a otros que han surgido recientemente y a los jóvenes que forman parte de esa base, como los campeones de 2023 y las generaciones que vinieron después. Creo que lo ideal sería encontrar un punto de equilibrio para aprovechar esos partidos y ampliar la evaluación de jugadores, sin perder de vista que el gran objetivo es llegar de la mejor manera a la Copa América 2028.
¿Qué visión tiene Ignacio Alonso del tema?
Alonso escucha, pregunta, se toma un tiempo para analizar la situación y luego expresa su posición. Entendemos que necesita un espacio para reflexionar antes de tomar una decisión, porque seguramente no está evaluando únicamente el aspecto deportivo. En mi caso es más sencillo, porque mi función se limita a explicar cuál es la situación deportiva. Él, en cambio, tiene un panorama mucho más amplio y debe contemplar otros factores antes de resolver.
¿Ya tenés claro si vas a seguir vos en el cargo durante el próximo ciclo?
Hasta mayo, mientras Alonso continúe al frente, voy a seguir trabajando. Después no lo sé. Si Alonso continúa, habrá que ver qué decide. Y si no sigue, creo que lo más conveniente es dejarle las manos libres a quien llegue para que pueda conformar su propio equipo de trabajo. Me parece que es lo más honesto cuando comienza un nuevo proceso.
Cuando llegaste, dijiste que te asumías como uno de los principales responsables. ¿Lo seguís sintiendo así?
Lo sigo pensando exactamente igual. Ocupo un cargo de responsabilidad dentro de la organización y defendí este proceso incluso en los momentos más difíciles. Siempre sostuve que debía continuar. Más allá de que hubo muchos aspectos positivos, el resultado deportivo no se consiguió. Y cuando en el fútbol no se alcanzan los objetivos, quienes toman decisiones también tienen que asumir la responsabilidad.
Pero hoy decís que el equipo jugó bien y que estás conforme con el proceso. ¿No es una contradicción asumir toda esa responsabilidad cuando el resultado deportivo no depende exclusivamente de vos?
Entiendo la observación. Pero cuando uno se identifica tanto con un proceso que termina siendo catalogado como un fracaso, también siente que tiene una cuota de responsabilidad. Y yo la asumo. Lo que me queda es una enorme tristeza por todo el trabajo que se hizo. Se trabajó muchísimo y, lamentablemente, no alcanzó. Sé que todo lo que pueda explicar ahora puede sonar a excusa, porque al final la realidad es una sola: quedamos eliminados.
Volver al futuro
¿Sentís que en algún momento falló la conexión entre este proceso y las generaciones juveniles, como la selección campeona del mundo sub 20?
Hay un tema que me preocupa mucho, y es la formación del futbolista. No hablo de la educación formal, sino de las decisiones que toma respecto de dónde ir a competir. Muchas veces elige destinos donde después no tiene continuidad o encuentra una competencia muy alta que lo deja mucho tiempo sin jugar. Para nosotros la competencia es un factor fundamental de evaluación. Es una realidad conocida en el fútbol: el jugador que no compite pierde posibilidades. Los tuvimos cerca en los procesos de convocatoria para ver cómo estaban. Eso no se valora, no se ve, algunos no lo saben pero se hizo mucha cosa. Acá se trabajó con jugadores de selecciones juveniles que no eran parte del primer equipo en sus clubes y ahora están en primera, ahí se le generó valor al fútbol uruguayo.
¿Hay charlas desde la selección para la toma de decisiones del futbolista?
Comenzamos desde muy jóvenes. Hay charlas de ahorro para cuando tienen ingresos bajos, asesoramiento continuo para cuando arrancan a crecer en su carrera, sobre manejo de redes sociales una vez por mes. Además está el aparato de psicólogo, psiquiatra y asistente social trabajando continuamente, incluso yendo a territorio con los más chicos, controlando la educación formal y las costumbres. Tampoco hemos comunicado bien para que todo esto se sepa.
¿Dónde está el límite para interceder en las decisiones en la carrera de los futbolistas?
Cuando somos consultados damos la opinión. Mi abuelo tenía un dicho: con la ajena somos todos liberales. Decirle a un futbolista que no tome una transferencia que es la solución familiar porque deportivamente consideramos que no es lo mejor no es tan fácil. Hay que hacerlo de forma genuina y sentida.