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Julián Álvarez festeja su gol frente a Suiza, por los cuartos de final frente a Suiza, en Kansas City. · Foto: Carl Recine / Getty Images / AFP

Julián Álvarez festeja su gol frente a Suiza, por los cuartos de final frente a Suiza, en Kansas City.

Foto: Carl Recine / Getty Images / AFP

Argentina sufrió para ganarle a Suiza y enfrentará a Inglaterra en semifinales

Julián Álvarez destrabó otro partido durísimo para la selección de Lionel Scaloni, que no jugó bien pero terminó ganando 3-1.

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La selección argentina le ganó 3-1 a Suiza y se concreta, en semifinales, el esperado cruce ante Inglaterra, que más temprano eliminó a Noruega. Los helvéticos estuvieron a minutos de llevar el partido a los penales, consiguiendo el empate primero, y resistiendo después con un hombre menos gran parte del segundo tiempo y todo el alargue. Pero una genialidad de Julián Álvarez, a menos de diez para el final del suplementario, encaminó la victoria, que Lautaro Martínez cerró después ya con tiempo cumplido.

Poco de los dos lados

En el inicio se vio una Suiza presionando arriba, con intenciones de sacarle la pelota y no dejar jugar a Argentina. Los de Scaloni, por fuera de su estilo, jugaron largo para Lionel Messi o Álvarez, sueltos arriba, mientras los helvéticos buscaban inquietar por la zurda, con el bueno de Dan Ndoye, que llegó con peligro en la primera del partido, como un aviso.

El plan de Suiza de no dejar jugar a Messi y compañía no le dio resultado, porque la albiceleste inquietó desde la pelota quieta, y así encontró la ventaja a los 10 minutos de juego. Después de la primera y única incursión ofensiva de Messi en la primera parte, la pelota salió al tiro de esquina. Mac Allister la peinó en el primer palo, tocó en un defensor suizo y salió al córner por el otro lado. La jugada se repitió y ahora Mac Allister la peinó y fue directo al arco, al segundo palo, fuera del alcance del arquero suizo, Gregor Kobel.

Con la ventaja, Argentina esperó sin sobresaltos y le cedió la pelota a Suiza, que no encontró soluciones para llegar con peligro al arco de Emiliano Martínez. Algún intento por izquierda de Ndoye —el más picante de los suizos—, y una llegada a pura potencia del centro delantero, Breel Embolo, que el Dibu estuvo atento para salir a cortar, fueron apenas las aproximaciones de la selección helvética.

Pasaron cosas

En el complemento el trámite empezó igual, aunque Suiza pareció más incisivo y Argentina quiso redoblar los esfuerzos, todavía algo aislados, con la certeza de que la ventaja era poca. Y así fue, en efecto.

Suiza empezó a animarse. Con los intentos de Ndoye era claro que la parte derecha del fondo argentino daba ciertas ventajas —como lo hizo en todo el Mundial—, y fue por ahí que vino el empate, pasando los 15. El propio Ndoye armó una gran jugada con una pared por ese costado a la entrada del área, y llegó al fondo para definir casi sin ángulo por entre las piernas de Emiliano Martínez.

Pocos minutos después, cuando Suiza estaba mejor y Argentina acusaba el golpe del empate, el atacante Embolo protagonizó una jugada insólita y carísima para los helvéticos: simuló una falta en una disputa con Leandro Paredes en la mitad de la cancha. El árbitro portugués João Pinheiro compró, cobró la falta y le sacó amarilla al de Boca Juniors, pero el VAR llamó y tras la revisión se anuló la amarilla a Paredes y se la sacó a Embolo, que ya estaba amonestado desde el primer tiempo y se fue expulsado. Quedan las dudas sobre el motivo que invocó la sala del VAR para llamar al juez a revisar la jugada, que fue el de “confusión de identidad”, que no era este el caso, más allá de que la revisión permitió al juez comprobar la simulación.

Con uno más y con el partido empatado, Argentina se fue al ataque, pero no tuvo una noche inspirada ni Messi ni ninguno de los ofensivos albicelestes, que merodearon el área suiza sin inquietar a Kobel. Para el alargue, con Suiza ya jugado al empate y los penales, y el ómnibus estacionado en el fondo, Scaloni puso a Thiago Almada que le dio un poco de novedad y movimiento al ataque argentino.

Pasó Julián Álvarez

Ese es el nombre de la clasificación argentina. El notable delantero, que llegó al Mundial tras una lesión y no había tenido un gran rendimiento en todo el torneo, hoy mostró que venía en ascenso, sobre todo en lo físico, y volvió a ejercer esa presión intensa y agresiva en salida que tantos resultados le suele dar. Después desapareció por un buen rato, pero a menos de diez minutos para los penales, la agarró afuera del área, sobre el costado izquierdo, y sacó un derechazo teledirigido que entró allá arriba en la escuadra, un golazo parecido —aunque más centralizado— al que le hizo Cabo Verde a este equipo.

Sufriendo como en sus últimos dos partidos, con una actuación mucho más deslucida, sin épica ni resiliencia ni muestra de carácter ni ninguno de los condimentos de aquellos, apenas —nada menos— con un gol brillante sobre la hora de uno de sus sensacionales jugadores, Argentina sigue en carrera para defender el título. Lo espera Inglaterra en semifinales y puede ser un partidazo.