El fin de semana de Thomas Silva en España tuvo sabor a consagración histórica. En apenas 48 horas, el ciclista del Astana transformó en victorias dos clásicas del calendario. Primero dominó en Ordizia y luego volvió a imponerse en Castilla y León, con una autoridad que habla tanto del presente como de su proyección. Según supo la diaria, Silva, tras un Giro de Italia sobresaliente, venía siendo preparado para este tipo de competencias –donde se sumarán las clásicas de cierre de temporada en Italia– y su preparación ya cosechó sus primeras victorias.
La primera llegó en el País Vasco, en la histórica Clásica de Ordizia, que celebró su 103ª edición. Ni la guerra civil ni nada ha hecho que esta clásica deje de correrse. En una carrera marcada por los intentos de fuga, el equipo del uruguayo sostuvo el control del pelotón hasta el tramo decisivo. Allí, Silva respondió al movimiento del español Igor Arrieta (del UAE, además de locatario, nada más ni nada menos) en el descenso final y definió mano a mano en el sprint, logrando un triunfo que lo inscribe como el primer uruguayo en ganar una prueba con más de un siglo de historia.
Lejos de sentir el desgaste, al día siguiente volvió a ser protagonista en la Clásica de Castilla y León. Silva se metió en el grupo que resolvió la carrera en los últimos kilómetros y, con respaldo colectivo del equipo kasajo, encontró el momento justo para lanzar su ataque y sellar su segunda victoria consecutiva. El doblete no solo redondeó un fin de semana ideal, sino que también reforzó el gran momento de Astana en la temporada 2026.
A los 24 años, el fernandino está en un momento de muchísimo crecimiento. En 2026 ya había marcado un hito al convertirse en el primer uruguayo en ganar una etapa del Giro de Italia y de tener la maglia rosa en varias etapas, además de haber logrado la mejor actuación histórica del país en la Milán-San Remo. Ahora suma dos clásicas en días consecutivos, un golpe de autoridad que lo instala definitivamente en la conversación del ciclismo internacional.