Haciendo uno de los mejores primeros tiempos en muchos años, Uruguay firmó en 45 minutos un 3-0 lleno de contenido que después se transformaría en un 4-1 al cabo de los 90 minutos. Hubo dos goles de Núñez, uno de Giorgian de Arrascaeta y el restante de Guillermo Varela, aunque el formulario pueda decir que fue en contra. Buenas acciones colectivas e individuales, altísima concentración y un alto grado de perfección ante una selección coreana que venía de aplastar a Ecuador por 3-0 apenas unos días atrás.
El segundo tiempo fue distinto en cuanto a una mejor respuesta de los locales, pero Uruguay mantuvo su nivel de juego, aplicación y concentración con la bandera del transmisor Rodrigo Bentancur, un crack, y no solo mantuvo la diferencia, ampliando en goles a favor, sino que estuvo cerca de una de las mayores goleadas celestes de los últimos tiempos.
Otra oportunidad
Con un equipo que presentó apenas ligeras variantes en su alineación, pero que mantuvo su columna vertebral, aunque tal vez se estructuró de una manera distinta, la selección uruguaya de Diego Forlán hizo una muy buena primera parte en la que se pudo posicionar en campo de manera adecuada y segura. Presionó alto como para ser un conjunto que jugara en la parte de la cancha coreana y, cuando los ataques fueron de los rojos, neutralizó de excelente manera con su línea de cuatro muy bien parada.
En esta ocasión, Forlán dispuso que el arco lo ocupara Cristopher Fiermarín, con su clara capacidad para jugar el cuero con los pies. En el lateral derecho apareció el flamenguista Varela. Por el lateral izquierdo fue el palmeirense Joaquín Piquerez, mientras que los centrales volvieron a ser los seguros Ronald Araujo y Mathías Olivera. En el eje central aparecieron dos futbolistas de enorme capacidad como Bentancur y Lucas Torreira. Por delante de ellos se dio la otra aparición, la del desequilibrante futbolista rionegrense, Giorgian de Arrascaeta. Por derecha jugó el tranquerense Brian Rodríguez y por izquierda Maxi Araújo, para llevar al frente mismo del ataque al artiguense Darwin Núñez.
Como en el partido ante Japón, tuvo diez minutos de los buenos, con concentración, capacidad de quite fundamentalmente, transiciones con la guinda al pie y entregas seguras. Fue así que, después de un par de ataques punzantes, a los doce minutos llegó la apertura del marcador por parte de Núñez, que pudo reencontrarse con las redes luciendo la celeste. Fue una recuperación en campo contrario con acción de Maxi Araújo yendo libre por todos lados, que se la dio a De Arrascaeta, quien, como si estuviera en un taller de la Facultad de Arquitectura, trazó con tiralíneas un pase increíble por su simpleza y elegancia hacia el artiguense, que definió ajustado contra el caño izquierdo para el primer gol uruguayo.
Existía la sensación de que podía haber una reacción inmediata de los coreanos, pero fue nada más que una sensación porque el equipo de Forlán siguió manteniéndose pleno, con intensa concentración y aplicación en el juego. Tuvo una labor estupenda del neohelvético Rodrigo Bentancur y la firmeza absoluta de la zaga liderada por Ronald Araujo.
Uruguay siguió insistiendo, esta vez más posicionado sobre media cancha y en su campo, pero jugando rapidísimas transiciones al pivote del atacante de Artigas, quien frente a la complejidad del esfuerzo físico pudo responder bien: generó devoluciones para la espera de la llegada de sus compañeros o trató de definir él solo.
Sobrio, seguro y creciendo, el combinado celeste llegó a su segundo gol a los 26 minutos con una maravillosa definición a distancia de De Arrascaeta. Otra vez fueron los mismos tres protagonistas los que gestaron la conquista, con el orden de aparición ligeramente cambiado en el camino de la redonda hacia la red. Esta vez fue Maxi Araújo quien proyectó a Núñez, que tuvo que poner toda su humanidad para pivotear aguantando la presión de la defensa y la jugó hacia atrás para que el rionegrense, con toda su calidad y capacidad, decidiera a la carrera desde afuera del área. Puso el útil otra vez contra el caño izquierdo del golero coreano, anotando el 2-0.
Lo impensado antes del partido, pero no después de haber visto 40 minutos de juego, llegó a través de una maravillosa trepada de Varela, que tomó la freeway en su carril derecho, puso el señalero y, tras un par de habilitaciones en su aceleración de 80 metros, definió para poner el 3-0 y firmar la mejor presentación uruguaya, amistosa u oficial, en mucho tiempo.
El sofocón del reinicio, las urgencias y las manos del golero
Para la segunda parte, con los coreanos ensayando cambios y los uruguayos saltando con la misma oncena, el equipo local impuso al principio un ritmo frenético: copó el campo uruguayo e intentó un rápido descuento, aunque con dificultades. El elenco de Forlán respondió defendiendo de buena manera hasta en última línea, con buena participación de Fiermarín, aunque le costó la segunda parte de la tarea: mantener la global después de recuperar.
Resultó muy intenso el planteo ofensivo de los coreanos a partir de haber quedado parados con solo tres en el fondo y cargar al resto de sus futbolistas hacia campo uruguayo. Pero funcionaron todas las acciones preventivas, incluyendo la de extrema urgencia, como cuando Fiermarín debió responder en un mano a mano puro solo contra el punta coreano, salvando lo que parecía el inminente descuento de los asiáticos.
Saber sufrir y la estocada del artiguense
El seleccionado uruguayo mostró otra faceta destacable en el fútbol y en la vida: saber sufrir las contingencias del partido cuando le era desfavorable en cuanto al tratamiento del balón y la neutralización de las jugadas de peligro del rival. Apenas pasado el cuarto de hora contestó con solvencia, capacidad y ejecutividad. Las dos veces fue a través de Varela, de gestión excepcional, arrasando por el lateral derecho hasta el punto que uno podría pensar que Rodríguez no estaba en cancha para jugar en ofensiva porque todo era por la banda.
Se mandó largo otra vez, envió el centro atrás y el cabezazo de Ronald Araujo se fue desviado. Pero a vuelta de página volvió a repetir el lateral por derecha, largo y agudo, y esta vez puso el centro medido para que el artiguense anotara el 4-0 con el segundo gol de su cosecha.Casi inmediatamente después del 4-0, cuando el knockout estaba establecido en el marcador, Uruguay estuvo a nada de dar el definitivo golpe de gracia. Antes de que llegaran los 20 minutos, tuvo en dos acciones de mano a mano el quinto gol, que fue evitado por la buena resolución del golero Kim Seung-Gyu.
A la media hora de juego, De Arrascaeta resbaló y cayó sobre su mano derecha con un evidente problema óseo en su muñeca, por lo que debió dejar el excelente partido que estaba haciendo.
Ingresó Rodrigo Zalazar casi inmediatamente después de eso, llegó el descuento de los coreanos con un pase secreto hacia Son Heung-Min, que el capitán de los rojos transformó con un mínimo toque en el gol de los locales.
Tras la anotación surcoreana, el trámite mutó de nuevo en un examen de carácter. Les tocó aguantar el envión a los celestes y volver a demostrar la solidez defensiva en el estadio Mundialista de Seúl, con Fiermarín afirmándose bajo los tres palos para clausurar toda posibilidad de una heroica remontada local.
Con los reajustes en el tramo final y la administración de los ritmos del juego, Uruguay abrochó una victoria de alto impacto en territorio asiático, cerrando un reencuentro con el funcionamiento colectivo que ilusiona y que deja argumentos para lo que vendrá.