Educación Sistema educativo

Philippe Meirieu en la asamblea territorial en el marco del Congreso de la Educación, en Bella Italia.

Foto: Ernesto Ryan

Philippe Meirieu participó en una asamblea en un liceo de Bella Italia y habló sobre la necesidad de una “pedagogía diferenciada”

El pedagogo sostuvo que, en un contexto marcado por la inmediatez, la escuela debe ser un espacio en el que “se desacelere” y sea posible reflexionar de forma conjunta.

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Después de haber participado el sábado de la Feria de Buenas Prácticas Educativas organizada por el colegio Santa Elena, donde brindó una conferencia a sala llena, la agenda del destacado pedagogo francés Philippe Meirieu en Montevideo siguió este lunes, cuando participó en una asamblea territorial del Congreso Nacional de Educación. El lugar elegido fue el gimnasio del liceo 45, en Bella Italia, en una asamblea organizada por ese centro educativo y sus vecinos del liceo 58 y la UTU del barrio.

El auditorio fue distinto al del sábado. Si bien había varios docentes y autoridades de la educación, quienes más intercambiaron con el pedagogo fueron los estudiantes de noveno grado del liceo 45, los de bachillerato del liceo 58 y quienes asisten al programa Rumbo en la UTU.

Después de la presentación y bienvenida, la directora del liceo, Stefanía Conde, y Cristian López, de la Universidad de la República (Udelar), hicieron una síntesis de los ejes temáticos del Congreso, en particular del eje 1 –la educación como derecho–, en el que se inscribía la organización de la asamblea. En particular, se refirieron a un documento elaborado por la Udelar para dinamizar la discusión, en el que se mencionan aspectos como la necesidad de superar la infantilización de la pobreza y se incluye la necesidad de hacerse preguntas para lograr una educación integral.

Los docentes se refirieron a la igualdad como “la posibilidad de desarrollar nuestras diferencias”, y plantearon que para eso es fundamental atender la inclusión.

Cuando llegó el turno de la exposición inicial de Meirieu, las decenas de asistentes se colocaron los auriculares por los que se transmitió la traducción, ya que el académico habló en francés. El pedagogo, quien dijo estar “muy feliz” de participar en una instancia de ese estilo, dijo, precisamente, que en su trayectoria ha militado para que los centros y sistemas educativos tengan espacios de escucha y tomen en cuenta la opinión de los estudiantes.

Meirieu relacionó esa idea con las protestas estudiantiles que se están dando en Francia, país que, según dijo, no solo ha descuidado, sino que también ha reducido ese tipo de espacios para que los estudiantes puedan plantear propuestas y preocupaciones. En su país “hace mucho tiempo que no se escucha a los estudiantes”, que en su gran mayoría se han manifestado de forma pacífica, algo que contrasta con las imágenes de manifestaciones violentas que han trascendido en los medios de comunicación.

Estas afirmaciones de Meirieu se alinearon con una declaración de los estudiantes de UTU, quienes reclamaron no solo tener que seguir determinadas reglas –que consideraron necesarias–, sino también que el centro educativo incluya espacios para poder opinar sobre esas reglas y para hacer propuestas. En ese sentido, afirmó que es importante que los alumnos también tengan responsabilidades definidas en sus centros educativos, ya que, de esa forma, pueden sentirse “como en casa”, en donde también deben cumplir con obligaciones. De lo contrario, se convierten en “consumidores”, en personas que están de paso por el sistema educativo.

Desafíos para garantizar el derecho a la educación

En su intervención, el pedagogo habló de los desafíos para hacer efectivo el cumplimiento del derecho a la educación en la actualidad. Para eso no solo se refirió a lo que ocurre en el sistema educativo, sino también en los hogares de los estudiantes. Dijo que los padres y las madres son “los primeros educadores” y aseguró que ser adulto referente de un niño es mucho más difícil hoy que años atrás, principalmente porque la digitalidad trae desafíos que los adultos de hoy no conocieron en su infancia. Esto determina que haya padres y madres que se sienten “desprotegidos” y que tienen la sensación de que no entienden el mundo en el que viven sus hijos.

Meirieu se refirió a “tres pistas” para efectivizar el derecho a la educación en el mundo actual, en primer lugar, la responsabilidad del Estado. Apuntó que incluye la necesidad de abrir propuestas y centros educativos “para todos y todas”, pero también la de brindar apoyo económico y acompañamiento a quienes tienen dificultades específicas.

La segunda es la responsabilidad de los docentes, que, según ha desarrollado en su obra, deben aplicar una “pedagogía diferenciada”, que tenga en cuenta que todos los estudiantes aprenden de distinta forma y a diferente ritmo. En ese sentido, planteó que “si hay una única forma de enseñar, la cosa no funciona” y que eso no significa que no haya espacios de clase expositiva, sino que es necesario alternar distintas formas de trabajo, como ejercicios individuales y trabajos en grupo.

La tercera es la responsabilidad de los estudiantes, que también deben comprometerse y, al mismo tiempo, ver darse cuenta de que tienen tanto necesidades como recursos para ayudar a otros.

Meirieu llamó a mirar la desigualdad “de frente” y a dar “más y mejor” a los que tienen menos

En cuanto a los principales desafíos que enfrenta la educación hoy, se refirió a las desigualdades, a las que hay que “mirar de frente”; en ese sentido, dijo que hay que “dar más y mejor a los que tienen menos”. El pedagogo planteó la necesidad de que para los estudiantes más desfavorecidos socioeconómicamente es necesario mantener una “exigencia cultural fuerte” y no darles una enseñanza “mediocre” bajo el supuesto de que “tienen dificultades”.

Otro de los desafíos que planteó es la dificultad para detenerse a reflexionar en el mundo actual, que presenta una exigencia constante por la inmediatez. Precisamente, Meirieu sostuvo que la reflexión requiere “tomar tiempo” y apuntó contra la inteligencia artificial, herramienta que “no reflexiona”, según planteó. En ese sentido, el pedagogo sostuvo que la escuela debe ser un espacio en el que “se desacelere” y sea posible reflexionar de forma conjunta.

El académico francés también planteó que cuando se educa no se puede pensar que alguien “no va a llegar”, porque eso implica “encerrar en el fracaso” a esa persona. Por su parte, se refirió especialmente a la relevancia de la educación sexual integral, que permite entrar en el plano de la reflexión moral y reflexionar acerca de que el placer individual debe ser compartido con el otro, que “no es un objeto” que alguien pueda poseer. Al respecto, se refirió a la reciprocidad que deben tener los vínculos amorosos y vinculó la educación sexual con el abordaje de la violencia. En ese sentido, dijo que la violencia es “la exaltación de la fuerza física en detrimento de la relación moral” y la vinculó con el machismo.

“Esto no es una lección, es compartir reflexiones con ustedes”, planteó Meirieu, quien en cada una de sus intervenciones pidió expresamente que no lo aplaudan. Del otro lado intervinieron principalmente estudiantes que durante una hora trasladaron preocupaciones en relación con la falta de motivación de sus pares, con situaciones de salud mental y con la falta de apoyo que muchos adolescentes sienten en sus hogares.

Meirieu, por su parte, les habló de la importancia de creer en sí mismos, de “no sentirse perdedores antes de tiempo” y de la responsabilidad de las instituciones educativas por ayudarlos a encontrar la motivación y de contar con roles adultos que estén abiertos a la escucha. Consultado al respecto, también confesó que en su juventud era un estudiante “con altibajos” y que algunos años era buen estudiante y otros “muy malo”. Precisamente, haberse preguntado sobre el porqué de esa diferencia fue clave para que terminara dedicándose a la educación, ya que concluyó que su motivación en el estudio tenía directamente que ver con el abordaje por el que optaran sus profesores.

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