El miércoles 3 de junio, mientras en Argentina renacía la multitudinaria marcha de Ni Una Menos, con sus réplicas también en Montevideo, en Madrid, España, se cerró la V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista, con el lema “Construyendo paz y democracia”. El espíritu de las conversaciones fue el reconocimiento de un escenario de retrocesos, la expectativa del sostenimiento del trabajo realizado por organizaciones de mujeres y el desafío de regular las empresas tecnológicas y la inteligencia artificial (IA), que son centrales en el impulso de una ola reaccionaria que apuesta a la desinformación y a la erosión de la democracia y el multilateralismo para potenciar el odio, la crueldad y la violencia.
En el encuentro participaron 700 personas, representantes de 60 gobiernos y 140 organizaciones de la sociedad civil. La conferencia se planteó como una oportunidad para consolidar una coalición diversa de estados comprometidos con la igualdad de género y el desarrollo sostenible, y también como espacio para sensibilizar sobre la adopción de una política exterior feminista, en un contexto internacional marcado por conflictos, retrocesos democráticos y aumento de desigualdades. El gran reclamo fue que la próxima secretaria general de Naciones Unidas, que tiene que ser elegida entre julio y agosto, sea una mujer. Las candidatas son la chilena Michelle Bachelet (a la que el gobierno ultraderechista de José Antonio Kast le quitó el apoyo) y la costarricense Rebeca Grynspan.
La conferencia arrojó un documento común con un llamado a la acción para “respetar, promover, proteger y hacer efectivos los derechos humanos de todas las mujeres y niñas, desde una perspectiva interseccional”, y un compromiso para “combatir la impunidad en delitos sexuales y de género”, con el acento puesto en la reparación a las víctimas.
Uruguay es uno de los 28 países firmantes del documento, en una suscripción que toma mayor relevancia por la ausencia de los países limítrofes, de Centroamérica y del Caribe, y en donde gobierna una ultraderecha ilimitada o, de todos modos, están coaccionados por sectores conservadores en medio de procesos electorales. En América Latina, además de Uruguay, solo suscribieron el acuerdo feminista en política exterior México y Colombia. El escenario de solo tres países con una decisión sólida a favor de las mujeres y la diversidad sexual muestra un mapa de retroceso regional y un rol destacado de Uruguay en el sostén de un feminismo institucional latinoamericano.
A pesar de los diagnósticos sombríos, la uruguaya Lucy Garrido, de la organización Cotidiano Mujer, levantó aplausos con un optimismo blindado de esperanza: “Nos atacan porque estamos ganando”, subrayó. Y se explayó: “Como estamos ganando, los reaccionarios reaccionan. Tenemos más avances que retrocesos, ganamos más nosotras de lo que ganan los reaccionarios”. Y diferenció: “Ellos tienen los millones. Las feministas no tenemos los millones, tenemos la calle, las ideas y somos millones. Nosotras tenemos cifras y ellos la repercusión de la idiotez”. “Hay que cuidar que seamos democracias plenas y no democracias planas”, propuso la comunicadora, y redobló la apuesta: “No hay que resistir. Hay que hacer un contraataque”.
Con la voz de la comitiva sudamericana, Lucy rescató que se celebraba la masiva marcha de Ni Una Menos, a 11 años de la primera, para pedir que “paren de matarnos” y con una sensibilidad muy fuerte por el femicidio de Agostina Vega.
Las nuevas amenazas y las posibles respuestas de la política exterior
En la mesa “Retos democráticos y amenazas híbridas: respuestas desde la política exterior feminista”, en la que participó Lucy, se profundizó sobre los ataques misóginos desde la machosfera y los tecnofeudalismos que propulsan el odio hacia las mujeres.
María González Veracruz, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial de España, puntualizó: “La regulación no va contra la libertad de expresión”. Y también imprimió optimismo y espíritu de empoderamiento frente a la resignación con la pulsión misógina del algoritmo: “Las profecías no van a definir el futuro; nosotras tenemos que definir cómo van a ser el futuro, la democracia y la ciudadanía con respecto a los derechos de las mujeres”.
Neil Datta, director ejecutivo y fundador del Foro Parlamentario Europeo sobre Derechos Sexuales y Reproductivos (FPE), remarcó: “Hay sectores con una agenda antidemocrática y tenemos que ser claros en eso. Es deliberado y estratégico. Tenemos grupos sutiles que actúan con coordinación en múltiples jurisdicciones para desafiar a la Unión Europea para permitir la radicalización, la polarización y la desregularización digital basada en una idea abusiva de la libertad. Además, obtienen ganancias económicas a través de la monetización y sostienen un enfoque de salvaje oeste para permitir derivas y estafas. Necesitamos saber en qué están trabajando y como se están organizando. Están jugando con la interferencia electoral y la desinformación”.
La mexicana Elena Estavillo Flores, directora general del think tank Centro-i, analizó los mecanismos que generan odio hacia las mujeres en redes, elección de presidentes misóginos, criminalización de denunciantes de violencia y desmantelamiento de derechos sexuales: “Hay un ataque organizado y financiado con objetivos políticos, con actores nacionales incentivados por miedo. Los discursos antigénero no son espontáneos y aprovechan un caldo de cultivo basado en rencores. Siempre los derechos de las mujeres son los primeros en vulnerarse. Atacar los derechos de género es atacar el Estado de derecho, el pluralismo y la justicia. Es un ensayo general del autoritarismo”. Ella evaluó: “La polarización no es un efecto secundario, es un objetivo de diseño para los modelos que monetizan el consumo de la atención y que son modelos de negocios que dañan el tejido democrático”.
¿Estamos ante lo mismo de siempre por otros medios, o ante un medio mucho más poderoso para incidir socialmente? “Las tecnologías digitales han exponenciado estos mecanismos que ya conocíamos. Lo que varió es la capacidad, no el mensaje, con tecnologías que pueden perfilar y personalizar y hacen muy difícil rastrear el origen y evitar el daño. Es muy importante no ver los discursos antigénero y las amenazas como fenómenos distintos. La respuesta tiene que ser integrada para tener estrategias efectivas. Las estructuras de los mercados tecnológicos son hostiles a la regulación, a los marcos multilaterales de los derechos humanos y no son electos. La IA cambió el alcance del daño. La producción de video, audio, texto cada vez más indistinguible identifica qué narrativa genera más miedo y desconfianza a cada persona, y se puede entregar en el momento de mayor impacto con un alcance extraordinario. Las plataformas de las redes sociales maximizan la atención a través del conflicto, el escándalo y el miedo”, enmarcó Etavillo Flores. “La violencia digital contra mujeres es una estrategia deliberada para expulsar a las mujeres del espacio público, porque es muy efectiva emocionalmente. La respuesta no puede ser solo técnica. Los estados tienen que regular y auditar las concentraciones de poder. Las autoridades de competencia tienen que actuar preventiva y correctivamente. Hay que construir, en el marco multilateral, un marco de gobernanza democrática y de derechos humamos de la IA”, reclamó. “Si queremos construir un orden justo, tenemos que estar en las negociaciones sobre tecnologías digitales, con voz, con agenda y con recursos, y pasar del posicionamiento a la acción”.