A las seis de la tarde, por una de las puertaventanas de la sala Delmira Agustini, la Ciudad Vieja todavía se mueve. Un hombre intenta cruzar la calle con dos bolsas en la mano; frente al viejo edificio de La Mañana y El Diario, una parada de ómnibus se llena y se vacía con la cadencia de las burbujas de un salvapantallas de Windows. Llega el 110 con destino a Puntas de Macadam. Carga a un solo pasajero. Se hace de noche.
En el interior de la sala del teatro Solís, dos filas de sillas ocupadas con puntualidad aumentan la expectativa. Sobre cada asiento, una tarjeta con peces y formas de nubes pregunta: “¿Podemos anticipar otros mundos?”. En su reverso, unas líneas azules esperan una respuesta.
La pregunta fue el punto de partida de “La lengua del futuro: ¿podemos anticipar otros mundos?”, una actividad del Día del Futuro que reunió a la arquitecta y escritora Camila Silva, el contador, actor y guionista Imanol Sibes, la cantante y productora musical Barbi Recanati, la cantautora Rodra y al artista Dani Umpi. La moderación estuvo a cargo de Malena Lizarazú, conductora de Casi mañana, de la diaria Radio.
La propuesta buscó instalar “un espacio de discusión sobre las formas posibles de ensayar un futuro en épocas innombrables”, con el arte como una herramienta privilegiada para imaginar otros escenarios. Pero antes de hablar del futuro, apareció una dificultad más inmediata: el tiempo necesario para crear.
“¿Qué futuro posible podemos imaginar cuando no tenemos tiempo para la creatividad?”, preguntó Lizarazú. Y agregó: “Si no puedo dormir bien, si no puedo comer bien, tampoco puedo pensar bien y no me puedo dar tiempo para ser creativo”.
Crear entre dos vidas
Sibes llegó al debate desde una experiencia concreta: la convivencia entre su trabajo como contador y su actividad artística. “Justo ahora, estoy con un monólogo que habla de esta doble vida, de ser contador de día y artista de noche”, contó. El artista relató las tensiones que esa doble condición genera en su vida cotidiana. “A veces imagino que no voy a salir con la murga (Doña Bastarda) y después hago lo contrario: termino dándole más prioridad a mi vida artística que a mi trabajo de oficina”, admitió.
Malena Lizarazú, Imanol Sibes, Rodra, Barbi Recanati, Camila Silva y Dani Umpi.
Foto: Inés Guimaraens
El problema, explicó, no es solamente encontrar inspiración, sino disponer del tiempo necesario para desarrollar una idea. “Uno necesita tiempo para que una idea artística se pueda desarrollar. Muchas veces esos momentos son los que quedan después del trabajo. A mí me pasó que terminé contestando correos entre tablados”, relató.
Para Sibes, pensar un futuro diferente exige además comprender el presente que se pretende transformar. “Lo interesante de imaginar un futuro distinto es que primero tenés que entender el presente para poder romper algo de esa realidad y plantear algo distinto”, sostuvo.
Rodra también habló del conflicto entre creación y productividad. Estudió el profesorado de Literatura y trabajó como docente, hasta que la música comenzó a ocupar un lugar cada vez mayor en su vida. “Poco a poco, la música empezó a tener más protagonismo en mi vida hasta que decidí dedicarme de lleno a mis canciones”, explicó. Ese cambio abrió una nueva pregunta: “¿Cómo puedo productivizar el proceso artístico?”.
La respuesta no resultó sencilla. La compositora descubrió que trabaja lentamente y que habían pasado seis años entre sus dos últimos discos. Esa constatación, dijo, todavía le genera “bastantes conflictos”, junto con otra interrogante: “¿Voy a poder vivir de esto?”.
Su estrategia actual consiste en negociar con la productividad sin dejar que termine imponiéndose sobre la creación. “Hoy escribo mis paginitas matutinas y a la tarde me concentro en la composición”, contó. Pero el tiempo disponible sigue siendo limitado: “También sucede que son tantas las cosas que tenés que hacer, que a veces es muy poquito lo que queda para esos momentos íntimos y de soledad que son tan importantes para la creatividad”.
Vivir de varias cosas
Para Barbi Recanati, una posible salida está en no depender de una sola actividad artística. “Ahora mismo estoy descubriendo cómo hacer para mantener una rutina que me permita seguir haciendo lo que me gusta de forma natural y genuina”, dijo.
Su experiencia la llevó a una conclusión diferente sobre la relación entre arte y trabajo. “Después de muchos años, aprendí que vivir del arte no es tan difícil. Lo más difícil es tratar de vivir de una sola cosa, como hacer canciones”.
Integrante de Agua Mansa.
Foto: Inés Guimaraens
La artista enumeró las distintas actividades que forman parte de su vida profesional: escribe libros, trabaja en un programa de radio, toca con una banda eléctrica y mantiene un proyecto acústico. “Está bravo vender entradas. Toco con mi banda eléctrica y tengo un proyecto acústico con el que sigo girando. Estar con amigos y hacer cosas distintas te da un montón de ideas”, recomendó.
La multiplicidad también apareció como una forma de alimentar la imaginación. Para Camila Silva, el proceso creativo no puede reducirse a una fórmula de producción. A una “poción” que provoque resultados favorables, la autora melense contrapuso una disposición más abierta: “Vivir experiencias, estar dispuesto a conectarse con la vida misma”. Y puso como ejemplo la incertidumbre del propio acto creativo: “A veces me voy con una libreta a sentarme en la playa, estoy una hora pensando y no se me ocurre nada”.
La incertidumbre como práctica
Dani Umpi llevó la conversación hacia otra dimensión: la relación entre futuro, transformación y trayectoria artística. “Yo este año cumplo 52 años”, anunció, mientras contaba que también trabaja en una muestra de tipo retrospectiva de su producción artística. En Uruguay, bromeó, eso todavía le permite decir que es “un joven artista” o que está dejando de serlo.
Su reflexión sobre el futuro parte precisamente de esa capacidad de transformación. “Si pienso en el futuro, lo que tengo es esa capacidad de ir mutando, de haber sido bastante escurridizo y bastante fronterizo”, dijo. “Mientras juntaba material para mi retrospectiva, empecé a hacer un disco nuevo y un libro, porque si no, era todo muy para atrás. Creo que eso ejemplifica mis decisiones”, advirtió. Para Umpi, la incertidumbre no es una anomalía del arte, sino una de sus condiciones.
“Las prácticas del artista siempre son muy inciertas. A veces lo que hacemos no sabemos bien de qué se trata, pero tenemos que encontrar la forma de sostener ese camino creativo. La práctica se sostiene en la incertidumbre”, sostuvo. Mucho después, casi al final del encuentro, retomaría esa idea para hablar de las crisis del arte, la ciencia y la humanidad, de los miedos y de quienes anuncian futuros inevitables.
Frente a los nuevos temores, entre ellos los asociados a la inteligencia artificial y el capitalismo, propuso mirar hacia atrás: la respuesta más certera sobre el futuro debería descansar en la historia del arte, dijo.
Estudiantes del liceo 29 durante el lanzamiento de Reinformados 2.0.
Foto: Inés Guimaraens
La conversación volvió así al punto de partida. Imaginar otros mundos no supone necesariamente anticiparlos con precisión, sino encontrar el tiempo, las experiencias y las herramientas para poder pensarlos.
Sobre la hoja de peces no quedó ninguna respuesta escrita. La tarjeta terminó guardada como un recuerdo, como las entradas de recitales o las postales turísticas. En la grabadora, en cambio, quedó registrado uno de los poemas con los que el colectivo Agua Mansa cerró la velada: “Por un compás romántico, celebrando de a ratos. Las serpentinas se encogen, pero nunca dejan de bailar, seguimos vivos. Todas las puertas están abiertas, te aseguran que lo que debe escaparse viaja al río y permanece”.