Saltar a contenido
Futuro Convivencia
Rodrigo Arim. · Foto: Inés Guimaraens

Rodrigo Arim.

Foto: Inés Guimaraens

Rodrigo Arim: Uruguay no puede quedar al margen de la “ola” que está impulsando la inteligencia artificial

El director de la OPP señaló que el país debe apostar por esta tecnología como una herramienta “transversal”; no obstante, advirtió que el avance tecnológico está desafiando el ingreso de los jóvenes al mercado laboral.

Uruguay se encuentra ante un “punto de inflexión”, ya que necesita fortalecer sus capacidades en ciencia, tecnología e innovación, afirmó a la diaria el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Rodrigo Arim, en el marco del Cuestionario Futuria.

En ese escenario, la inteligencia artificial (IA) ocupa un lugar central en la discusión sobre el futuro de la economía. Arim sostuvo que Uruguay no puede “quedar marginado de la ola” que está impulsando esta tecnología y planteó que debe incorporarla como una herramienta “transversal” a su estrategia de desarrollo.

“Es imposible pensar una estrategia de desarrollo en Uruguay sin incorporar la dimensión del cambio tecnológico que estamos viviendo. [...] La IA debe ser incorporada como un elemento transversal a todas las visiones que uno define en una estrategia general de desarrollo. No es un objetivo específico, sino un soporte para sostener las prioridades políticas que defina el Estado y el propio sector privado”, afirmó Arim, quien fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración y rector de la Universidad de la República.

El avance tecnológico, sin embargo, también plantea desafíos para el mundo del trabajo. Arim señaló que algunas tareas rutinarias y vinculadas al procesamiento de información están siendo transformadas, y advirtió especialmente sobre las dificultades que enfrentan los jóvenes con menos formación para ingresar al mercado laboral.

Si hoy tuviera que explicarle al mundo en qué punto está Uruguay en materia de agregación de valor mediante conocimiento e innovación, ¿cómo lo definiría?

Diría que estamos en un punto de inflexión, con avances observables, pero con desafíos importantes en materia de política.

Por supuesto, hay innovación en el sector productivo. Basta ver algunas cadenas, como la cárnica o el desarrollo forestal, o lo que en algún momento fue el desarrollo de las TIC [Tecnologías de la Información y la Comunicación] en Uruguay. Pero el país todavía invierte relativamente poco en ciencia, tecnología e innovación. Además, lo hace de manera desigual: hay un conjunto de importantes heterogeneidades al interior del sector productivo, donde muchas empresas no innovan y declaran que la innovación ni siquiera forma parte de sus esfuerzos.

Pero hay también otro tipo de heterogeneidades que tienen que ver con cómo se distribuyen los recursos de investigación al interior de la sociedad uruguaya. En Uruguay, la mayor parte de los investigadores trabaja en instituciones académicas. Esa concentración de la investigación y de las actividades que le dan fortaleza al sistema de creación de conocimiento muestra también un problema: la dificultad para canalizar espacios de investigación e innovación al interior del sector privado. Creo que ahí tenemos una dificultad importante.

Teniendo en cuenta que el gobierno viene discutiendo una estrategia nacional de desarrollo, ¿cuál cree que es el principal desafío que tiene el Ejecutivo?

Creo que un elemento central es que debemos avanzar en forma más decidida en construir plataformas de encuentro entre la actividad productiva y los procesos de investigación y desarrollo.

Uruguay tiene algunas iniciativas en ese sentido. Estamos innovando y hemos construido durante este año un Centro Nacional de Inteligencia Artificial. Es también una apuesta a construir esta plataforma en un área de frontera en este momento, tanto en lo que tiene que ver con el conocimiento como con la innovación productiva en general.

Hay esfuerzos en esa dirección, pero Uruguay tiene la obligación de construir estos espacios que conecten de forma sistemática, ordenada, sólida y estable la creación de conocimiento con los requerimientos de innovación que son imprescindibles para dar dinamismo a la economía uruguaya.

Hay instrumentos que han existido a lo largo de la historia en Uruguay. No obstante, muchas veces funcionan por períodos cortos. Son proyectos de uno, dos o tres años que intentan generar estos puentes, pero que no tienen ni la densidad de recursos ni la proyección necesarias para darles estabilidad y asegurar que la innovación sea un proceso de largo plazo.

Usted mencionaba la importancia de la estabilidad. ¿Cómo se puede lograr que, por ejemplo, una estrategia nacional de desarrollo no quede sujeta a los ciclos electorales y efectivamente se transforme en una política de Estado?

Diría que hay varios elementos, algunos de los cuales estamos trabajando específicamente en esa dirección. Uno es generar una estrategia articulada a partir de ciertas visiones. Eso implica definir áreas de interés donde Uruguay tiene algunas potencialidades de desarrollo.

En ese diálogo, hemos llamado a los empresarios, los trabajadores y al sistema político en general. Tenemos experiencias interesantes en esta materia. Por ejemplo, en la promoción del sector forestal, más allá de la discusión que pudo haber en torno a algunas de sus características, sin duda hubo una política de Estado.

¿Qué sectores cree que presentan un mejor potencial?

En la conversación pública hay una preocupación genuina por intentar identificar sectores que puedan impulsar el dinamismo de nuestra sociedad. Pero lo cierto es que las propias actividades de innovación están cargadas, por definición, de incertidumbre. No es posible identificar a priori cuáles serán los sectores que lograrán catapultar nuestra economía. Esto no quiere decir que no haya sectores en los que las políticas públicas deban generar una apuesta y asumir riesgos.

En Uruguay, que es un país pequeño, donde las economías de escala no forman parte de nuestras ventajas comparativas, las historias de éxito han estado sistemáticamente vinculadas a las políticas públicas. Las políticas públicas construyen incentivos, invierten recursos en forma directa o bajo el formato de renuncia fiscal y orientan decisiones que toman los actores privados.

La forestación y el cambio de la matriz energética fueron impulsados por un marco de política de largo plazo. El propio desarrollo de la industria del software se vincula con decisiones y estrategias tempranas en materia educativa, cuyos orígenes se remontan a la década de 1960 en la Facultad de Ingeniería.

¿En qué áreas considera que Uruguay debería hacer esas apuestas hoy?

Uruguay no puede quedar marginado de la ola que está impulsando la infraestructura de base que sostiene la IA, como son los data centers. De no hacerlo, los riesgos de ocupar un lugar extremadamente marginal en este nuevo sector son relevantes. Y diría también que, en cierta medida, implica una pérdida de autonomía y soberanía.

Se está trabajando en esta dirección, como es público y notorio, de manera activa y decidida. La propia creación del Centro Nacional de Inteligencia Artificial no es solamente un impulso a la infraestructura de base, sino también una apuesta a fomentar el uso socialmente valioso de esta tecnología en distintas actividades, con prioridades claras, particularmente en áreas como el agro, la salud o la educación.

La política pública también ha impulsado con éxito la movilidad eléctrica, lo que está dejando a Uruguay en un lugar de privilegio en esta materia. El riego es una apuesta de política central que también requiere innovación y soluciones específicas provenientes del conocimiento.

Por supuesto, hay ventajas vinculadas a la innovación en el área de la biotecnología, en sentido amplio, que el país debe aprovechar. Los combustibles verdes son otra área. Ninguno de estos proyectos tiene asegurado el éxito. Son apuestas de política que hay que evaluar en su pertinencia en cada caso, asegurar su sustentabilidad ambiental y social, asignar recursos públicos y privados y monitorear y evaluar.

Hay que hacerlo sin castigar los posibles fracasos, porque el camino hacia una matriz de producción más sustentable requiere asumir riesgos, tanto públicos como privados.

Ya que menciona los data centers y la IA, ¿qué lugar debería ocupar esta tecnología en la estrategia nacional de desarrollo de Uruguay?

Por el momento, se está desarrollando una estrategia, por lo que estaría pecando si adelanto medidas, pero es imposible pensar una estrategia de desarrollo en Uruguay sin incorporar la dimensión del cambio tecnológico que estamos viviendo. Es una dimensión vinculada a la infraestructura de base que se está construyendo en distintas partes del mundo y de la que Uruguay también está siendo parte.

Pero hay una dimensión vinculada al uso de esa tecnología: la IA. Es una tecnología de amplio espectro, que está incidiendo y lo va a seguir haciendo en todo el entramado productivo y en todas las características de la vida en sociedad. Debe ser incorporada como un elemento transversal en una estrategia general de desarrollo. No es un objetivo específico, sino un soporte para sostener las prioridades políticas que defina el Estado y el propio sector privado a la hora de tomar decisiones de inversión y producción.

Yo creo que Uruguay tiene que aplicar estas herramientas, generarles soporte y condiciones para su desarrollo y, por supuesto, también cuidar los potenciales efectos adversos. Hay que generar espacios donde el conjunto de actividades asociadas logre mejorar su nivel de vida, fundamentalmente a través del incremento de la productividad o de la mejora de los servicios que recibimos en general.

¿Qué trabajos corren el riesgo de desaparecer en Uruguay frente al avance tecnológico?

En algún sentido, esa es la pregunta más habitual ante cada ola de innovación que suele emerger a lo largo de la historia. Es una pregunta razonable y fundada, porque efectivamente hay temores que tienen que ver con pensar que puede haber impactos nocivos. A veces, en el largo plazo estas circunstancias se compensan con otros cambios que dan lugar a nuevas oportunidades de trabajo. Esta dinámica puede repetirse o no, porque el pasado no es un pronóstico del futuro.

Lo que sucede es que la respuesta es menos clara de lo que parece. En el mundo hay inquietud y se está investigando esta materia, pero no hay certezas sobre exactamente cómo y cuándo van a operar estos cambios disruptivos en el mercado de trabajo. Sin duda, las tareas más rutinarias, pero también aquellas asociadas al procesamiento de información y a la sistematización de reportes están desafiadas. Otras actividades, que están vinculadas, por ejemplo, a los cuidados, parecen más protegidas.

¿Qué desigualdades estamos subestimando hoy y que podrían convertirse en una de las principales fuentes de conflicto en el futuro?

Yo diría que hay desigualdades potencialmente importantes. En Uruguay todavía no tenemos un análisis sistemático de esta materia y es parte de lo que creo que tenemos que afrontar. La política pública tiene que intentar proveer mecanismos de diagnóstico.

¿Qué está sucediendo en el mundo? Hay cambios importantes en el segmento del mercado de trabajo al que ingresan los jóvenes. Lo que se observa es que hay un segmento de los jóvenes, en particular aquellos que tienen trayectorias formativas más débiles o más acotadas, que muestran dificultades a la hora de insertarse en el mercado de trabajo. Eso sucede porque hay empleos que comienzan a no absorber trabajadores con cierto tipo de habilidades. Por ejemplo, el mundo de la atención a los consumidores, vinculado a la comercialización de bienes y servicios, tanto en línea como de forma presencial, está siendo impactado por el cambio tecnológico.

No va a ocurrir de un día para el otro, pero vamos a empezar a ver en determinados grupos etarios, como los jóvenes y posiblemente también en algunos tramos de la vida laboral más avanzados, donde las posibilidades de reconvertirse laboralmente son más difíciles. Frente a esta situación, tenemos que trabajar desde el punto de vista de la política pública. Es una preocupación que debe asumir la sociedad en su conjunto, para que los jóvenes tengan las herramientas necesarias frente a un mercado de trabajo que está cambiando.

¿Qué relatos sobre el futuro dominan hoy en el país?

Es paradójico, pero los relatos sobre el futuro se han acotado en el mundo, no solamente en Uruguay. El problema es que el futuro no está suficientemente presente en la discusión pública. Si uno recuerda a comienzos del siglo, en medio de la crisis de 2002, había un relato que hablaba hasta de la propia viabilidad de Uruguay. Yo creo que hoy eso ya no está en cuestión.

Uruguay es el país con mayor nivel de desarrollo relativo de la región, el país con mayor ingreso per cápita y con mayor nivel de equidad. Tiene dificultades y problemas para sostener tanto el dinamismo económico como las oportunidades para todos, pero es un país que claramente ha construido un sendero de desarrollo en las últimas décadas y se ha ubicado en este lugar.

Pero es cierto que discutimos relativamente poco sobre el futuro. Quizás, con mucha modestia, una parte de la estrategia de desarrollo sea volver a ubicar el futuro en un plano que permita trascender un período de gobierno. El futuro en Uruguay no está en cuestión, pero las discusiones sobre el futuro no ocupan el centro de la agenda.

Eso no quiere decir que no haya decisiones de política que vayan en dirección al futuro. Cuando hablamos de protección social, por ejemplo, estamos hablando del futuro. También estamos pensando en el futuro cuando hablamos de la incorporación de políticas activas para que el conocimiento penetre en la vida social y económica. Y estamos tomando medidas concretas. También estamos pensando en el futuro cuando protegemos a la infancia.

El gobierno busca construir un futuro basado en la innovación y la equidad, afirma Arim

El director de la OPP sostuvo que el Ejecutivo busca proyectar un futuro para Uruguay donde la convivencia democrática, la innovación y la equidad sean centrales.

“Buscamos construir un futuro que, por un lado, recupere algunas características que el país tiene y que creo que tenemos que proyectar en este momento. [...] Esto implica ser un país serio, un país preocupado por el futuro, capaz de construir una convivencia democrática donde los conflictos y las diferencias se logren procesar sin quiebres”, destacó.

A su entender, no se trata de evitar los conflictos, sino de mantener y fortalecer un marco de convivencia que el país ha construido a lo largo de su historia.

Arim también planteó que el futuro debe estar asociado a la innovación y a una concepción amplia de la equidad, que no se limite a lo económico, sino que permita “abrir oportunidades para todos”. En ese sentido, vinculó el trabajo en protección social con la promoción de políticas que impulsen el conocimiento y su conexión con la sociedad.

Arim agregó que a futuro Uruguay debe ser un país “abierto y receptivo”, capaz de preservar su identidad y, al mismo tiempo, recibir migrantes, atraer inversión productiva e incorporar nuevos conocimientos y prácticas sociales.