Los gobiernos enfrentan desafíos cada vez más complejos: inteligencia artificial (IA), crisis climática, envejecimiento de la población o ciudades más densas. Frente a ese escenario, algunos empezaron a preguntarse si también necesitan innovar la forma en que funcionan.
Durante décadas, innovar fue una palabra asociada casi exclusivamente a las empresas tecnológicas. Hoy, esa lógica empieza a instalarse también en los gobiernos. ¿Se puede desde el Estado experimentar, aprender y cambiar con la velocidad que exigen desafíos como la crisis climática, la digitalización o la IA?
La Intendencia de Montevideo (IM) cree que es posible y, con ese objetivo creó en octubre del año pasado la Gerencia de Innovación Pública, una oficina que tiene un “rol transversal en la institución” en lugar de desarrollar proyectos aislados, dijo a la diaria Andrea Apolaro, gerenta de esa oficina.
“Pensamos que la innovación no puede depender de unos pocos supercracks. Creemos que tiene que ser transversal y que se da cuando trabajamos sobre un problema desde diferentes conocimientos, miradas, experiencias, objetivos”, afirmó.
Para la jerarca, la innovación no se limita a incorporar nuevas tecnologías, sino que constituye una forma diferente de gestionar el Estado. “La innovación es una práctica política”, afirmó. A su juicio, supone “asumir la complejidad del momento en el que estamos” y reconocer que las instituciones “fueron pensadas para otro momento histórico”, por lo que necesitan adaptarse a problemas nuevos.
También planteó que innovar implica abandonar la búsqueda de respuestas simples y aceptar la incertidumbre. “Cuando hablamos de IA, no sabemos bien qué va a pasar ni mañana ni luego. Incorporar la complejidad y la incertidumbre son temas básicos cuando hablamos de innovación pública”, sostuvo.
En ese sentido, señaló que uno de los desafíos es “transformar las burocracias” para hacerlas “más creativas” y capaces de responder a los cambios. “Acoplar todo eso es uno de los propósitos que tenemos y por eso decimos que la innovación pública es una práctica política”, afirmó.
Del experimento al servicio público
La idea de la IM supone un cambio de mirada, ya que en lugar de concebir la innovación como la incorporación de una nueva tecnología, la comuna entiende que es necesario reunir funcionarios de distintas áreas, experimentar con soluciones, probar prototipos y corregir antes de escalar.
“Cuando se anunció la creación de la gerencia, que fue en octubre del año pasado, también lanzamos los primeros laboratorios de funcionarias y funcionarios, que fue una convocatoria abierta. Recibimos varios proyectos”, relató.
La convocatoria recibió más de 300 propuestas y reunió a casi 200 funcionarios para desarrollar proyectos. 13 proyectos continúan hoy en fase de implementación.
“La innovación tiene un espacio específico en esta administración, que es muy importante; no todos los gobiernos lo han promovido así, lo mismo ha sucedido también en América Latina. Por lo tanto, tener ámbitos donde la innovación tenga un rol de trabajo dentro de la institución es fundamental”, indicó.
Asimismo, la IM creó el gabinete de innovación, que trabaja con distintos departamentos para visualizar o promover procesos de innovación en diferentes áreas de asistencia.
Del trámite a la ciudad
Los proyectos en materia de innovación que impulsa la IM son diversos. Algunos buscan digitalizar procesos internos, como el desarrollo de un legajo digital para funcionarios. Otros apuntan directamente a mejorar la experiencia de la ciudadanía, como es la visualización de algunos trámites.
“Siempre trabajamos con una mirada que tiene que ver con la mejora del vínculo con la ciudadanía”, afirmó Apolaro.
El objetivo es que quienes inicien un trámite puedan visualizar cada etapa, conocer los tiempos estimados y comprender qué requisitos faltan para completar el expediente.
También hay iniciativas para identificar zonas con islas de calor urbano, fortalecer mecanismos de mediación comunitaria entre vecinos y optimizar procedimientos administrativos.
“Muchos otros proyectos tienen que ver con el desarrollo tecnológico, con incorporar nuevas tecnologías o nuevas herramientas”, señaló.
Apolaro señaló que la IM está explorando la incorporación de agentes de inteligencia artificial para que puedan ayudar a la ciudadanía en los trámites.
En ese contexto, dijo que la comuna trabaja en una red regional llamada “Ciudades por la Inteligencia Artificial Responsable”, impulsada por la Red de Innovación Local, que conecta a gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.
Aunque la IA ocupa un lugar creciente en la agenda pública, Apolaro insistió en que la tecnología es apenas una parte del proceso.
Ciudad del Futuro
Más allá de los proyectos específicos, Apolaro sostuvo que la innovación pública de la IM apunta a construir una ciudad distinta en los próximos años. Aunque consideró que hablar de un horizonte de cinco o diez años “es muy pronto”, dijo que imagina un Montevideo con “mejor movilidad”, donde las personas “tengan menos tiempo de espera para moverse” y puedan disfrutar más de la ciudad.
“Ese Montevideo del futuro apunta a una ciudad más limpia, donde las personas también seamos responsables de lo que generamos. [...] Apunta a una mejora de la vivienda, a que haya más cooperativismo, a que los jóvenes puedan resolver mejor cómo viven”, señaló. Agregó que la movilidad no debe pensarse únicamente desde los automóviles, sino desde “cómo transitamos la ciudad”.
En esa línea, afirmó que el objetivo es construir una ciudad “donde perdamos menos tiempo en cosas que hoy nos llevan una parte importante de nuestra vida y podamos dedicarlo a disfrutar o a hacer otras actividades que podamos elegir”.
Como reflexión final, Apolaro dijo que imagina un Montevideo donde también cambie la forma de dialogar. “También sería un lugar donde haya conversaciones que permitan intercambiar desde lugares diferentes y no solo gritar desde tribunas supuestamente opuestas. También podría ser un lugar con mejores infraestructuras y tecnologías, pero ojalá, sobre todo, sea un lugar con menos desigualdad y menos distancia entre la academia, el trabajo y, sobre todo, la política”.