Aunque Uruguay suele destacarse en la región por sus indicadores de estabilidad democrática, cohesión social y desempeño macroeconómico, detrás de esos promedios existen fuertes diferencias territoriales que albergan “grandes desigualdades” que condicionan la calidad de vida y las posibilidades de progreso de miles de personas, advirtió, en diálogo con la diaria, la directora ejecutiva de la Red de Innovación Local (RIL), Victoria Gadea.
“En un país donde internacionalmente somos reconocidos por ser cohesionado, con buenos niveles democráticos, de empleo, [...] cuando vamos a mirar lo local, vemos números que nos empiezan a llamar bastante la atención”, señaló, al mencionar diferencias entre departamentos y localidades en indicadores como empleo, salud mental y oportunidades de desarrollo entre distintos departamentos.
En ese marco, consideró que Uruguay se encuentra “muy rezagado” respecto de otros países latinoamericanos en materia de innovación local y fortalecimiento institucional, al punto de estar “una década atrás” de algunas experiencias regionales, aunque aclaró que se trata de una valoración basada en su trayectoria profesional y no en una medición específica.
Para Gadea, las consecuencias de estas brechas se reflejan en decisiones cotidianas que muchas familias se ven obligadas a tomar. “Pensemos que hay familias en este país que muchas veces tienen que tomar decisiones tan duras como alejarse de sus redes de cuidado, cuando tienen hijos, por oportunidades de empleo. Eso es sumamente injusto”, señaló.
Según explicó, muchas personas terminan mudándose, no por elección, sino porque determinadas localidades no ofrecen alternativas laborales, educativas o recreativas suficientes.
La directora de la RIL advirtió que esta realidad impacta especialmente en niños y jóvenes. “Hay muchos niños que están creciendo lejos de su familia no porque sus padres hayan querido migrar ni porque hayan querido vivir en otra localidad, sino porque las oportunidades de empleo o educación los obligan a alejarse”.
A su juicio, esta situación afecta el bienestar de las familias y también limita el potencial de desarrollo del país. “Estamos hablando de capital humano que no está pudiendo aportar todo su potencial al crecimiento de Uruguay”, reflexionó.
Además, sostuvo que las brechas territoriales suelen superponerse con otras desigualdades, como las vinculadas a la discapacidad o al género, lo que profundiza aún más las diferencias. Si bien reconoció que el desarrollo de las personas está condicionado por múltiples factores, consideró que la variable territorial atraviesa estas desigualdades de forma particularmente intensa. “Las oportunidades de desarrollo que hay en algunas localidades versus otras deberían preocuparnos”, añadió.
El rol de los gobiernos locales
Para la directora ejecutiva de la RIL, los gobiernos locales tienen un papel decisivo para enfrentar estas brechas. Sin embargo, consideró que muchas intendencias y municipios funcionan hoy como “organizaciones de la emergencia” debido a limitaciones institucionales, problemas de gestión y dificultades para planificar a largo plazo.
“Están mucho más enfocadas, inevitablemente, en la urgencia cotidiana, porque sus estructuras no están preparadas ni organizadas de manera tal que puedan afrontar los desafíos para poder entregar mejores políticas públicas. Muchas de ellas están enfocadas en pagar los sueldos de sus empleados”, afirmó.
Gadea sostuvo que el desarrollo del país depende en buena medida de aprovechar el potencial de los territorios y evitar que las personas deban migrar en busca de oportunidades laborales, educativas o de acceso a servicios.
“Si Uruguay tiene que dar el salto hacia un país que crece a una tasa distinta, que se permite acelerar su gestión pública, no puede desconocer el poder que tienen los territorios. No hay camino al desarrollo de nuestro país si no es con esa territorialidad, porque, en el promedio [nacional], se esconden muchas desigualdades”, reflexionó.
A su juicio, la desigualdad territorial implica un problema de justicia social y una pérdida de productividad para el país. Esta situación “significa que hay un conjunto de la población que no está pudiendo explotar su máximo potencial de productividad. Eso pasa con los adultos, pero también sucede potencialmente con quienes estamos formando para el futuro”, señaló.
“En localidades, en barrios de Uruguay, hay personas que hoy no tienen la oportunidad de soñar porque no tienen la oportunidad de pensar más allá de su horizonte cercano, por cuestiones socioeconómicas. No estoy hablando solamente de las personas que están debajo de la línea de pobreza, sino también de aquellas a las que directamente no se les presentan otras oportunidades más allá de las cinco cuadras a la redonda que tiene”, agregó.
Innovación más allá de la tecnología
Uno de los planteos centrales de Gadea es ampliar la noción de innovación. Según explicó, suele asociarse exclusivamente a herramientas tecnológicas o inteligencia artificial (IA), cuando también puede expresarse en cambios organizacionales o nuevas formas de implementar políticas públicas.
Como ejemplo mencionó una experiencia educativa en un jardín de infantes de Paso de la Arena, donde el equipo docente desarrolló nuevas dinámicas pedagógicas sin modificaciones presupuestales ni normativas. “La innovación no es solamente la tecnología, la IA, el gran laboratorio, sino también estas cosas pequeñas y simples”, indicó.
En ese sentido, destacó la importancia de identificar experiencias exitosas y facilitar su réplica en otros territorios. Para ello, sostuvo que no basta con copiar iniciativas, sino que es necesario comprender las condiciones que hicieron posible su implementación y adaptarlas a cada contexto local. “Es necesario tener una suerte de guía, una receta”, explicó.
De acuerdo con Gadea, cuando una innovación logra escalar e inspirar nuevas experiencias en otros lugares, su impacto se multiplica. “Cuando una innovación escala, es casi mágica [...] No solo le cambié la vida a este conjunto de personas, sino que además otras personas con autonomía replican mi modelo, lo adaptan, le agregan o le sacan cosas”, afirmó.
La experiencia de la RIL en Uruguay
La RIL trabaja actualmente en más de 30 países y tiene oficinas en Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay. Durante este año prevé expandirse con la apertura de nuevas sedes en la región.
En Uruguay, la organización se propuso fortalecer la colaboración entre gobiernos locales, promover la innovación pública y acelerar procesos de modernización institucional. Según detalló Gadea, actualmente trabajan con 97 de los 155 gobiernos locales del país –entre las 19 intendencias y los 136 municipios– y esperan superar los 100 antes de finalizar próximamente.
La organización impulsa comunidades temáticas de intercambio en áreas como planificación estratégica, ambiente y desarrollo urbano e infraestructura, además de programas específicos de fortalecimiento institucional. Entre ellos destacó Ciudades por la Inteligencia Artificial Responsable, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo Lab y desarrollado simultáneamente en cuatro países, con el objetivo de generar capacidades locales para incorporar soluciones de IA en políticas públicas.
“Lo que va a impactar de manera más grande es cómo pensamos soluciones de IA que se puedan integrar a las políticas públicas o incluso desarrollar nuevas áreas para que sean más eficientes”, sostuvo.
Uruguay como laboratorio de innovación pública
Para Gadea, la escala del país representa una ventaja competitiva para acelerar procesos de innovación. Consideró que la cantidad relativamente reducida de gobiernos locales permite construir redes de colaboración más ágiles, compartir aprendizajes y extender rápidamente experiencias exitosas.
“Deberíamos aprender de nuestros fracasos y de nuestras innovaciones con una celeridad que ningún otro país de la región pueda hacer”, sugirió. En ese sentido, planteó que Uruguay tiene condiciones para funcionar como un “laboratorio” de innovación pública, capaz de probar soluciones, evaluar resultados y replicarlas rápidamente en distintos territorios.
Más allá de las herramientas de gestión y los programas específicos, Gadea concluyó que “hay algo fundamental en el trabajo con los gobiernos locales: devolverles a las personas su capacidad de soñar”.
