Cuando se habla de ciencia, tecnología e innovación, la discusión suele girar en torno a la productividad, la competitividad o el crecimiento económico. Sin embargo, académicos, autoridades y referentes del sistema de innovación plantearon que la pregunta central debería ser otra: cómo utilizar el conocimiento para mejorar la vida de las personas.
Desde el acceso a la vivienda y la salud hasta la creación de empleo de calidad, los participantes de un conversatorio, organizado por la Asociación Uruguaya de Licenciadas y Licenciados en Desarrollo (Auled) y realizado el jueves, coincidieron en que la ciencia y la innovación deben ocupar un lugar central en la Estrategia Nacional de Desarrollo que impulsa el gobierno.
Detrás de las distintas intervenciones apareció una misma idea: la ciencia y la innovación no deberían evaluarse únicamente por su capacidad para aumentar la producción o atraer inversiones, sino también por su potencial para mejorar la calidad de vida de las personas.
Durante el encuentro, la integrante del Consejo Académico de la Estrategia Nacional de Desarrollo, Judith Sutz, recordó que el objetivo que guía el proceso es “impulsar una mejora sostenida del bienestar de la población; ese es el objetivo, luego vienen los medios para alcanzarlo”.
“Hay diversas maneras para avanzar hacia ese objetivo, y en todas ellas parece obvio que ciencia, tecnología e innovación pueden hacer aportes sustantivos”, agregó, y remarcó que la Estrategia Nacional de Desarrollo presenta temas de competitividad y productividad con foco en la sustentabilidad.
La doctora en socioeconomía del desarrollo sostuvo que si bien es necesario continuar mejorando la competitividad y la productividad, es necesario plantearse “caminos nuevos”, garantizando “la calidad y el acceso a los bienes y servicios que la política pública está comprometida a ofrecer a la población”.
Sutz planteó que la ciencia, la tecnología y la innovación pueden contribuir de manera directa a resolver problemas vinculados a vivienda, nutrición, saneamiento, salud, etcétera, aunque advirtió que para ello es necesario identificar los problemas con precisión y desarrollar capacidades institucionales cercanas a cada contexto donde estos desafíos se manifiestan.
“Ninguna solución es universal, sino que funciona mejor o peor de acuerdo con las condiciones locales […] Hay que encontrar soluciones con cabeza propia. Los problemas a resolver son conocidos en general, pero poder abordarlos a través de una estrategia de ciencia, tecnología e innovación exige estrategias específicas. Hay que identificar capacidades para resolver esos problemas”, afirmó.
Por ese motivo defendió una “institucionalidad distribuida”, con capacidades de ciencia, tecnología e innovación “muy cercanas” a los espacios, presentes en ministerios, intendencias, hospitales y empresas públicas.
Por su parte, la coordinadora operativa de Uruguay Innova, Tania Burjel, sostuvo que la discusión sobre ciencia, tecnología e innovación (CTI) suele reducirse a laboratorios, investigadores o startups, cuando en realidad se trata de generar capacidades para que una sociedad pueda identificar problemas, producir conocimiento y transformarlo en soluciones que brinden bienestar a las personas.
“Durante mucho tiempo, el desarrollo estuvo asociado a la acumulación de capital, a la acumulación de infraestructura, a la utilización de recursos naturales. Pero, por suerte, hemos evolucionado y entendemos que hoy el desarrollo tiene mucho más que ver con que las sociedades tengan la capacidad de producir, adaptar, utilizar y transformar conocimiento”, afirmó.
El debate se desarrolló en el marco de la elaboración de la Estrategia Nacional de Desarrollo, una iniciativa impulsada por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la Agencia Nacional de Desarrollo, presentada oficialmente en abril por el gobierno de Yamandú Orsi. El proceso busca construir una hoja de ruta de largo plazo para el país a partir de acuerdos entre actores políticos, empresariales, sindicales, académicos y sociales, con foco en la competitividad, la productividad y la sostenibilidad.
En paralelo a la Estrategia Nacional de Desarrollo, el gobierno trabaja en la elaboración del nuevo Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Pencti), luego de que a finales del año pasado el gobierno creara la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento (Senci).
¿Fragmentación?
Aunque existió consenso sobre la necesidad de fortalecer la ciencia y la innovación, hubo diferencias sobre el diagnóstico institucional.
Burjel señaló que Uruguay ha construido capacidades valiosas en materia de CTI, pero que persisten problemas de coordinación entre instituciones. “La investigación no siempre encuentra mecanismos para llegar al sector productivo, o las necesidades de las empresas pocas veces se traducen en agendas de investigación”, indicó.
En ese sentido, sostuvo que Uruguay Innova busca “construir puentes entre actores que históricamente han trabajado desde miradas diferentes” y promover una visión en la que la innovación no sea “un fin en sí mismo”, sino una herramienta para transformar la matriz productiva, generar empleo de calidad y fortalecer la capacidad del Estado para resolver problemas públicos.
“La CTI no debe interpretarse como una política sectorial, sino que es una invención totalmente transversal del desarrollo. Está presente cuando nos cuestionamos sobre cómo aumentar la productividad de nuestras empresas, cómo generar empleos de calidad, pero también sobre cómo enfrentar desafíos de la sociedad en términos de salud, de seguridad, de educación, de pobreza, de desigualdad. Todas estas discusiones tienen que estar sobre la mesa en una discusión sobre una Estrategia Nacional de Desarrollo”, afirmó.
En la vereda contraria, Sutz cuestionó el diagnóstico de que el sistema uruguayo esté fragmentado. “No está fragmentado. Lo que tiene es una importante variedad de instituciones, cosa que le pasa a cualquier país del mundo. No está desarticulado. Lo que ha tenido es algunas conducciones institucionales con muy escasa disposición a interactuar y mucha disposición a autonomizarse”, afirmó.
La importancia del consenso
Por su parte, el ejecutivo de proyectos de la Senci, Cristian Grignolo, valoró el enfoque de la Estrategia Nacional de Desarrollo basado en misiones, por entender que permite orientar la planificación hacia la resolución de problemas concretos.
“Lo importante es identificar bien los problemas, generar los consensos para poder abordarlos y que las soluciones sean medibles y generen un beneficio social y bienestar de las personas”, sostuvo el licenciado en desarrollo.
En la misma línea, Burjel afirmó que el principal aporte de ese organismo al proceso de elaboración de la Estrategia Nacional de Desarrollo es contribuir a generar las capacidades institucionales necesarias para que la ciencia, la tecnología y la innovación se conviertan en motores del desarrollo.
“Muchas veces se piensa que la innovación se genera en empresas o en laboratorios. Sin embargo, está más que probado que los procesos de transformación productiva requieren capacidades estatales que permitan identificar oportunidades estratégicas, coordinar actores, movilizar recursos y establecer estrategias de largo plazo”, sostuvo.
Burjel consideró que Uruguay ha construido capacidades científicas relevantes durante las últimas décadas, pero todavía enfrenta “desafíos estructurales” para sostener investigaciones de largo plazo, vincular la investigación con el sector productivo y coordinar a los distintos actores del ecosistema de innovación.
Asimismo, destacó la importancia de una gobernanza que coordine a todos los actores que conforman el ecosistema. “Se deben generar capacidades científicas, tecnológicas y de innovación de largo plazo, ya que estos procesos son más largos que los ciclos electorales. Cuando pensamos en la institucionalidad, es súper importante tener el elemento de la estabilidad”.
Por último, remarcó que se deben “construir consensos” en los que el sistema político, sindicatos, empresarios, academia y sociedad civil estén involucrados.
La mirada del Parlamento
Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes e integrante de la Comisión de Futuros del Parlamento, Rodrigo Goñi, sostuvo que en el contexto actual la ciencia, la innovación y la tecnología dejaron de ser un área complementaria para convertirse en una condición indispensable para el desarrollo.
“No es posible imaginar el mundo de hoy, con cambios acelerados, profundos, permanentes, disruptivos, sin ciencia, innovación y tecnología”, afirmó, al mismo tiempo que remarcó que Uruguay se encuentra frente a una “oportunidad”, ya que se empieza a tomar “conciencia” de la importancia que tiene este tema.
No obstante, cuestionó la falta de recursos destinados históricamente al sector. “Seguimos sin darles recursos a la ciencia, la innovación y la tecnología. Todos los gobiernos seguimos sin darle financiación”, señaló.
“Una condición necesaria”
Mientras tanto, la gerenta de desarrollo de proyectos y negocios del Parque Científico Tecnológico de Pando, Laura Vera, sostuvo que la ciencia, la tecnología y la innovación “no son un lujo para cuando nos vaya mejor, sino una condición necesaria”.
Según explicó, la incorporación de conocimiento en la matriz productiva genera beneficios que trascienden a las empresas que innovan, ya que contribuye a elevar el nivel tecnológico del entorno, generar empleos de calidad y producir efectos positivos sobre otras ramas de actividad.
“Las políticas de ciencia, tecnología e innovación no pueden ser políticas descolgadas, tienen que estar muy hermanadas con el resto de las políticas, como las de educación, regulación, sistema financiero. Porque, por ejemplo, no tiene demasiado sentido que se apoye con subsidios a la innovación en empresas, pero cuando vayan a registrar un producto, el organismo regulador no tenga la categoría para hacer registro adelante. Eso tiene que estar trabajado de forma integral”, concluyó.
