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Futuro Convivencia
Pep Martorell. · Foto: Inés Guimaraens

Pep Martorell.

Foto: Inés Guimaraens

Uruguay tiene las bases para dar el salto en inteligencia artificial, afirma especialista español

El físico e informático Pep Martorell destacó la conectividad, el talento tecnológico y la articulación entre Estado, academia y empresas como fortalezas del país para aprovechar la revolución de la IA.

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Uruguay cuenta con condiciones favorables para posicionarse en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) en América Latina gracias a su infraestructura digital, la formación de talento y la coordinación entre el sector público, privado y académico. Así lo sostuvo, en diálogo con la diaria, el físico y doctor en Informática Pep Martorell, uno de los referentes europeos en la materia, durante una visita al país.

El experto español, quien entre 2016 y 2025 fue director asociado del Barcelona Supercomputing Center (BSC) –donde lideró el desarrollo de infraestructuras clave como el superordenador MareNostrum 5 y los primeros ordenadores cuánticos de España–, consideró que la rápida expansión de la IA representa “más una oportunidad que una amenaza” para los países en desarrollo.

En ese marco, consideró que Uruguay tiene las “bases necesarias” para dar un “salto” hacia una estrategia nacional de IA y dijo que el país tiene las “bases objetivas”.

“Uruguay es un país tremendamente bien conectado por fibra óptica, por ejemplo. Esto es una característica que da mucha ventaja de salida para implementar estas tecnologías. Es un país con un muy buen nivel universitario y la gente está muy formada en los ámbitos tecnológicos, por eso hay tantas personas en este campo que trabajan fuera de Uruguay”, destacó el experto español, que visitó Montevideo para brindar una charla en la Torre Ejecutiva llamada “La IA ya no es el futuro: cómo convertir su potencial en política pública efectiva”.

Asimismo, destacó el clima de cooperación que encontró durante su visita. “Me ha sorprendido muy positivamente. Creo que otra fortaleza del país es el alto nivel de consenso y de colaboración entre el sector público, privado y la academia[...] No hay país del mundo en el cual todos los actores interactúen con la facilidad y la fluidez que he visto hacerlo aquí”.

¿Las personas comprenden cómo funciona la IA y las ideas que están detrás de esta tecnología o aún hay mucho desconocimiento?

Yo tengo la percepción de que los expertos lo comprenden con profundidad, pero la gran mayoría de las personas no entiende cuáles son las bases conceptuales que hay detrás de esta tecnología. En parte es lógico: trabaja sobre principios distintos a los que hemos tenido hasta ahora. Es una tecnología muy estadística y, por tanto, no determinista. Pero es cierto que la gran mayoría de la gente todavía no conoce en profundidad los principios en los que se basa, sin duda.

¿Por qué existe este boom de la IA en este momento, cuando es una tecnología que viene desarrollándose desde hace mucho tiempo? ¿Qué fue lo que cambió en los últimos años?

Lo que cambió en los últimos años son básicamente tres cosas. Por una parte, ha habido un gran incremento de la capacidad computacional fruto de la miniaturización de la tecnología de semiconductores. Esto es algo que lleva décadas sucediendo. Además, ha habido una explosión en la cantidad de datos disponibles, sobre todo por el uso masivo de los smartphones y la existencia de redes de comunicación de alta capacidad para trasladar esos datos. Y, finalmente, se introdujo una tecnología llamada transformers, en la que se basan todos los modelos de lenguaje y otras herramientas que utilizamos.

La combinación de estas tres cosas es lo que ha provocado una explosión brutal. Las bases de la tecnología son las mismas que hace cuatro, cinco o seis décadas, pero ahora tenemos la capacidad computacional necesaria, los datos y nuevas arquitecturas algorítmicas que permiten hacer cosas totalmente increíbles.

¿Cómo va a impactar esta tecnología, sobre todo con la incorporación de los agentes?

Diría que veremos impactos en tres grandes espacios, aunque es una respuesta con fecha de caducidad porque la tecnología cambia muy rápido.

El primero es la disrupción de los negocios. La manera radicalmente distinta de hacer ciertas cosas. La tecnología de IA te permite acelerar una barbaridad. Esto lo estaremos viendo en industrias muy de frontera, punteras, asuntos relacionados con investigación, con biomedicina, con la evolución del clima, temas que son quizás lejanos del día a día de la gente, pero muy importantes para muchas industrias.

El segundo gran campo donde vemos el impacto de esta tecnología es, sin duda, la automatización de procesos. En algunos casos las personas no tendrán que hacer tareas repetitivas y que no aportan valor. En el fondo, significa la automatización de tareas de toda la vida. Lo que pasa es que ahora tenemos una tecnología muy potente que nos permite automatizar a una escala todavía mucho mayor.

El tercer gran cambio para mí es el de la productividad individual. Todos estamos acostumbrados a utilizar herramientas de IA para nuestro día a día. Ahora, con la aparición de los agentes, pasa algo distinto. Empiezan a aparecer no solo inteligencias artificiales que responden preguntas, sino también agentes capaces de operar las 24 horas del día, los siete días de la semana, realizando tareas con cierto grado de autonomía

Con la incorporación masiva de agentes, ¿no existe el riesgo de que varias personas se queden sin trabajo?

Es difícil saber con rotundidad el impacto que va a tener, porque esta tecnología es muy cambiante y todavía estamos solamente al principio de su adopción. Yo creo que empieza a haber un cierto consenso en dos cosas. Una, igual que ha pasado con la incorporación de todas las tecnologías, siempre acaba habiendo una destrucción de puestos de trabajo.

Todas las nuevas tecnologías implican pérdida de puestos de trabajo. Pero a la vez se crearán otros. De hecho, a mí me gusta pensar que más que la destrucción, lo que seguramente pasará es el cambio radical de tareas. Si antes se hacían tareas repetitivas, gracias a la IA las personas pueden pasar a hacer otras tareas de mucho mayor valor añadido. Si esto lo logramos de manera masiva, conseguiremos empresas mucho más productivas, pero, además, crearemos puestos de trabajo mucho más interesantes. Dicho esto, creo que todavía hay muchísimas interrogantes sobre cómo va a afectar exactamente esa tecnología, y, por tanto, es normal que haya una cierta preocupación por la afectación de puestos de trabajo.

Durante la presentación que usted realizó, hay dos temas que me llamaron particularmente la atención. Uno es que usted afirmaba que es una tecnología subsidiada, es decir, que no es sostenible a largo plazo, y otro es el impacto cognitivo que puede tener en las personas. ¿Usted cree que estos son los principales riesgos o hay algunos otros?

Para mí son dos de los principales, sin duda. Es decir, la tecnología a los precios actuales no es sostenible si los costos se mantienen. No sería descartable que, en el futuro, gracias a innovaciones tecnológicas, el costo del servicio de IA bajara el precio, con lo cual el problema del subsidio de luz actual desaparecería.

Además, es muy preocupante el hecho de que si hay un mal uso de esa tecnología, la IA puede acabar provocando problemas cognitivos. Aquí me gustaría subrayar lo siguiente, cualquier introducción de nueva tecnología ha provocado siempre un cierto cambio de capacidades humanas. Con Google Maps, seguramente nos cuesta más orientarnos con un mapa de papel en medio de una ciudad. Pero este tipo de pérdida de capacidades es seguramente menor y todos consideramos que la ganancia que nos da la introducción de la tecnología es mucho mayor que la pérdida de la capacidad cognitiva.

Pero hay que alertar que el uso masivo indiscriminado de esa tecnología provocará cambios en la capacidad cognitiva, esto quiere decir que los responsables tendrán que ser conscientes de cómo enseñar a la gente a utilizar la IA.

¿Existe el riesgo de que la IA amplíe la brecha entre países desarrollados y países en desarrollo?

A mí me gustaría pensar que es exactamente lo contrario, es decir, esta tecnología tiene una característica muy singular, y es que se ha convertido en commodity de una manera muy rápida.

Antes, las empresas podían demorar años en utilizar la tecnología. Pero cuando el acceso a las tecnologías se universaliza muy rápido, esto es más una oportunidad para los países emergentes para poder cerrar brechas. Lo mismo sucede con las empresas. Ahora, las empresas más pequeñas, gracias a esta tecnología, pueden llegar a competir con compañías mucho más grandes. A mí me gustaría pensar que esto es más una oportunidad que una amenaza para los países en vías de desarrollo.

¿Esta oportunidad también aplica para América Latina?

Estoy convencido de que sí, porque además en América Latina hay unos cuantos activos sobre los cuales se puede construir. En Uruguay he hablado con academia, gobiernos, empresas, con mucha gente, y hay un cierto número de activos.

Uruguay es un país tremendamente bien conectado por fibra óptica, por ejemplo. Esto es una característica que da mucha ventaja de salida para implementar estas tecnologías. Es un país con un muy buen nivel universitario y la gente está muy formada en los ámbitos tecnológicos, por eso hay tantas personas en este campo que trabajan fuera de Uruguay.

En Uruguay hay un tejido de empresas tecnológicas que significa prácticamente el 5% del PIB (producto interno bruto). Es increíble, es una base muy buena para construir.

Por tanto, yo creo que el país tiene mucha chance, porque, en América Latina, esos países que tengan estas características, estén bien conectados, que tengan una buena capacidad de talento formado, etcétera, son naciones que pueden aprovechar esa tecnología para hacer un salto.

¿Usted cree que Uruguay está preparado para dar el salto hacia una estrategia nacional de IA?

Yo creo que tienen las bases necesarias. Obviamente, hay mucho trabajo por hacer y requerirá inversiones, trabajo a largo plazo, etcétera, pero tiene bases objetivas como las que he comentado y, sobre todo, también he visto, tanto en los gobiernos, la academia, como en las empresas, una gran conciencia de que este tema ya no es discutible.

Es decir, hace un año o dos todavía había dudas sobre la IA. Ahora ya no. Actualmente es obvio y evidente, y he encontrado a todo el mundo súper sensibilizado de que este es un tren que pasa, que hay que tomarlo, y que el país tiene que movilizarse alineando todos los actores para que, a partir de estos activos, se construya una estrategia potente como país.

¿Cuáles cree que deberían ser las tres principales prioridades para una política pública de IA en Uruguay para los próximos cinco años?

De entrada, yo diría que pensar en cinco años en esta tecnología es un poco arriesgado. Uno tiene que poner grandes líneas a medio plazo, es cierto, pero con esta tecnología en particular, cada vez son más importantes las acciones a corto plazo.

Pero dicho esto, sugeriría como primer punto la gobernanza. Hay que ser muy activo en generar una buena gobernanza a nivel público para dejar claro quién se ocupa de qué, quién empuja las iniciativas, cuáles son las políticas sobre los proveedores, sobre el software, sobre los modelos que utiliza, sobre los datos, etcétera. Ese es el primer pilar.

El segundo, sin duda, es la infraestructura, y esto implica tanto redes, cómputo, como datos. En comunicaciones el país tiene una red muy potente, pero hay que seguir avanzando. Y el tercer y último eje es el talento. Uruguay tiene un buen núcleo de talento digital y gente bien formada, pero sigue habiendo retos.

Existe el reto de cómo incorporar el talento que entienda estas tecnologías en el sector público, también el de cómo ayudar a las universidades para que formen mejor en estas tecnologías a sus egresados, existe el desafío de sensibilizar al conjunto de la población en cómo funciona esta tecnología. Por tanto, hay muchas cosas que hacer y yo sugiero que se hagan sobre este marco: gobernanza, infraestructura y talento.

¿Cuáles cree que son los principales desafíos que enfrenta América Latina y Uruguay frente al avance de la IA?

Yo diría que hay algunos desafíos, la mayoría compartidos con el resto del mundo. Un desafío importante para mí es ser consciente del sentido de urgencia que hay que tener con esta tecnología. Es decir, la evolución es tan rápida y el impacto es tan grande en muchos ámbitos, por lo que hay que empezar ya y ese es un gran reto para los países.

Otro desafío, que también es muy complejo, es decidir qué hacer cuando el país intenta hacer iniciativas solo y cuándo apuesta por alianzas multilaterales o bilaterales. Es obvio que la grandísima mayoría de los países del mundo no pueden ser totalmente autónomos en esta tecnología.

¿Hay algún tema en concreto que Uruguay podría definir para hacerlo solo?

Uruguay tiene algunas capacidades sobre las cuales es bastante autónomo. A mí me gustan estas infraestructuras: la red de comunicaciones y el hecho de que es un país con una gran variedad de fuentes de generación de energía. Como mínimo, ahí ya hay dos aspectos en los cuales claramente puede ser autónomo.

Uruguay me ha sorprendido muy positivamente. Creo que otra fortaleza es el alto nivel de consenso y de colaboración entre el sector público, privado y la academia. Quizás a ustedes les parece algo habitual, pero tengo que decirles que no lo es. No hay país del mundo en el cual todos los actores interactúen con la facilidad y la fluidez que he visto hacerlo aquí. Creo que este es otro de los activos que tiene el país sobre el cual construir una estrategia en IA.