La soberanía digital de Uruguay no dependerá de desarrollar un modelo de inteligencia artificial (IA) propio ni de competir con las grandes potencias en infraestructura tecnológica. En un escenario marcado por la creciente concentración del desarrollo de la IA en Estados Unidos y China, el desafío para un país pequeño pasa por fortalecer la generación de conocimiento, consolidar la gobernanza de datos y construir alianzas internacionales, señalaron especialistas durante un encuentro organizado por Antel.
La investigadora Carolina Aguerre, profesora de la Universidad Católica, sostuvo que el concepto de soberanía digital debe repensarse en un contexto de creciente interdependencia tecnológica.
“¿Por qué, con quiénes y para qué deberíamos apuntar a una soberanía digital?”, planteó al inicio de su exposición, al advertir que las nociones tradicionales de soberanía como control absoluto del desarrollo digital no alcanzan para comprender el funcionamiento de las tecnologías y, especialmente, de la IA.
Según explicó la doctora en ciencias sociales, el desarrollo de estas tecnologías depende de cadenas globales de infraestructura, datos, capacidades científicas y recursos naturales que hacen imposible la autosuficiencia de cualquier país.
“La idea de soberanía como servicio está siendo, según algunos expertos, vaciada de contenido en parte, porque finalmente no existe tal cosa como ese control profundo de todos los temas. La idea es poner en discusión si un país como Uruguay puede seguir esa noción. (...) Lo cierto es que no hay un solo Estado, no hay una sola empresa ni hay un solo actor que pueda apagar internet o apagar la IA. Estamos, en realidad, en un mundo de interdependencias”, afirmó.
Aguerre explicó que la autonomía digital debe entenderse en distintos niveles. Uno refiere al control de infraestructuras críticas; otro, a la capacidad económica e industrial para desarrollar tecnología; y un tercero, a la autodeterminación digital de las personas, vinculada con el control sobre sus datos y derechos en el entorno digital.
Tres modelos
La especialista también repasó los distintos modelos de gobernanza de la IA que hoy disputan influencia global. Mientras Europa prioriza la regulación basada en derechos y prevención de riesgos referidos a la protección de datos y la privacidad, Estados Unidos apuesta a la autorregulación del mercado. China, en tanto, combina una participación estatal con el desarrollo tecnológico de empresas privadas.
Asimismo, sostuvo que la discusión hoy en buena parte del mundo es si el Estado, y sobre todo aquellos como Estados Unidos o China, que son donde se encuentran la mayoría de las capacidades, deben regular los avances de la IA antes de liberarlos al mercado. “Pero hay otra discusión, quizás más desde el sur, que plantea que no hay que regular la tecnología para no frenar la innovación. Hay como dos visiones, una desde el control y otra desde el riesgo”.
La especialista explicó que existe una relación de dependencia mutua entre las principales potencias tecnológicas. Mientras Estados Unidos depende de las tierras raras controladas por China, Pekín necesita la tecnología estadounidense de semiconductores. A su vez, la Unión Europea depende en gran medida de los servicios de computación en la nube provistos por empresas de Estados Unidos.
Frente a ese contexto, Aguerre se preguntó cómo países como Uruguay pueden empezar a gestionar una “forma de autonomía en su diseño de políticas, pero también en su desarrollo de la tecnología”.
La fortaleza de Uruguay
Para Aguerre, el desafío de Uruguay no consiste en reproducir el modelo de las grandes potencias, sino en aprovechar sus propias fortalezas.
Entre ellas mencionó la trayectoria del país en gobernanza digital, la protección de datos personales, la credibilidad internacional en materia regulatoria y la posibilidad de desarrollar proyectos cooperativos en IA.
“La cooperación digital sigue ocupando y debería seguir teniendo un papel central en cómo Uruguay piensa muchos de sus temas de desarrollo tecnológico”, sostuvo.
En ese sentido, afirmó que el país difícilmente puede avanzar solo.
“Uruguay, solo, no puede pensar la autonomía digital o marcos de soberanía (...) va a necesitar siempre recurrir a estrategias de cooperación (...); solito es imposible”, concluyó.
La especialista sostuvo que, para un país de pequeña escala como Uruguay, es necesario preservar infraestructura soberana en áreas sensibles, como las historias clínicas, los datos tributarios, el sistema de justicia y los programas sociales. Para el resto de los sectores, planteó que la estrategia debería pasar por negociar cláusulas de localización de datos con proveedores internacionales de servicios en la nube, en lugar de intentar reemplazarlos.
La carrera del conocimiento
Esa visión fue complementada por Carlos Martínez, gerente del Área Técnica del Registro Latinoamericano de Direcciones de Internet (Lacnic), quien sostuvo que la verdadera competencia tecnológica ya no pasa exclusivamente por construir infraestructura.
“Tenemos que prestarle mucha más atención a crear conocimiento, mucha más atención. (...) La verdadera escasez viene por la producción de conocimiento”, afirmó.
Para ilustrarlo, recordó el caso del artículo científico “Attention Is All You Need”, publicado en 2017, que introdujo la arquitectura Transformer, base de modelos como ChatGPT.
Según explicó, el trabajo permaneció disponible durante años sin generar un impacto inmediato hasta que OpenAI logró conectarlo con un problema concreto que buscaba resolver.
“Estén atentos a los problemas. No solamente a las soluciones. De repente, la solución ya está publicada por ahí y podemos aprovecharla”, señaló.
A su juicio, ese ejemplo demuestra que el principal activo estratégico no es únicamente el hardware o los centros de datos, sino la capacidad de producir conocimiento, identificar oportunidades e innovar.
“Normalmente, cuando hablamos de esta tecnología, nos imaginamos hardware, software, infraestructura, centros de datos, cables, etcétera. Eso es necesario, está claro, no podemos no tener algo de eso. El tema es hasta cuándo podemos correr esa carrera. Para mí, la verdadera escasez viene un poco por acá, porque es una carrera que vamos a perder siempre. Yo creo que la carrera que podemos correr es la de producir conocimiento”, afirmó.
Martínez sostuvo además que esa tarea no debe recaer únicamente en las universidades.
“La academia tiene un rol fundamental en la creación de conocimiento, pero no debería ser el único lugar donde esto ocurre”, dijo. A su entender, también las empresas, las comunidades técnicas y los proyectos de software libre generan innovación que muchas veces no logra sistematizarse ni compartirse.
“Hay una separación muy grande del conocimiento que se crea en las universidades y en el resto de las empresas. Me parece que es una visión un poco limitante en un montón de cosas, porque se genera conocimiento en un montón de lados (...) y las empresas innovan muchísimo, pero se captura muy poco porque no existen hábitos para compartirlo”, agregó.
En ese marco, valoró iniciativas orientadas a fomentar espacios de intercambio entre academia, empresas y organismos públicos.
“La próxima revolución probablemente ya fue publicada”, afirmó, al señalar que muchas de las innovaciones decisivas ya existen en artículos científicos abiertos y que el desafío consiste en desarrollar las capacidades para reconocerlas, adaptarlas y convertirlas en soluciones concretas.
