Uruguay tiene capacidades científicas, tecnológicas y de innovación que podrían convertirse en motores de crecimiento, pero todavía enfrenta dificultades para definir una estrategia que permita aprovecharlas. Esa fue una de las principales tensiones planteadas durante el encuentro “Ciencia, tecnología e innovación: entre la inercia y la estrategia”, donde expertos y referentes del sector coincidieron en que el país necesita definir hacia dónde quiere ir y cómo conectar el conocimiento con la producción.
El empresario Martín Guerra resumió el diagnóstico con una advertencia: “Pasan las administraciones y no encontramos en la política una tesis de crecimiento para el Uruguay”.
Al mismo tiempo, otros participantes señalaron que el país cuenta con talento, infraestructura y capacidades construidas durante las últimas décadas, y que la inteligencia artificial (IA), la robótica y otras tecnologías abren nuevas oportunidades. “Tenemos oportunidades increíbles”, sostuvo el empresario Martín Alcalá al referirse al potencial tecnológico del país.
Por su parte, el senador Robert Silva, quien fue el organizador del encuentro, insistió en la necesidad de construir una hoja de ruta que trascienda los gobiernos. “Más allá del partido político, más allá del gobierno de turno que exista, señores, si no hay hoja de ruta, si no hay un propósito, si uno no sabe dónde ir, no hay viento que le sea favorable”, afirmó.
El encuentro, que tuvo lugar en el Parlamento, también reunió a la politóloga Camila Zeballos, al presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información, Amílcar Perea, y a la presidenta del Consejo de Dirección de Ceibal, Fiorella Haim.
Las oportunidades
Para Perea, la industria del conocimiento puede convertirse en el “motor del desarrollo uruguayo”. Además de las tecnologías de la información, incluyó dentro de ese ecosistema a la biotecnología, la producción audiovisual y los videojuegos. “Tenemos una posibilidad de impactar fuertemente en los resultados del país. Tenemos un país que crece hace ya muchos años en el orden del 1%. Nosotros en nuestra industria estamos super frustrados porque en la última medición que tenemos, que es de 2024, crecimos solo el 9%; es la primera vez que no crecemos a dos dígitos”, afirmó.
Consideró que su sector podría impactar más en el producto interno bruto (PIB) y ayudar a que el país salga del “estancamiento”. “Nuestra materia prima es el talento, son las personas que se forman en nuestra academia, que seguimos formando dentro de nuestras empresas, y donde, a partir justamente de ese conocimiento, generamos soluciones a problemas reales del mundo”, señaló.
Alcalá, por su parte, se mostró optimista respecto de las oportunidades que tiene Uruguay. Destacó especialmente la infraestructura tecnológica y educativa construida durante las últimas décadas. “Yo soy muy optimista”, afirmó. Recordó su propia trayectoria como ejemplo de las oportunidades que el país puede generar y destacó el papel de políticas como la distribución de computadoras y el desarrollo de la conectividad.
“Estoy en un país que me dio oportunidades que no me hubiera dado ningún otro lado. Vengo de una familia humilde [...] Cada vez que pienso que en nuestro país dimos más de tres milliones de laptops a todos los niños, no solo me llena de orgullo, sino que me hace facilísima la venta en Silicon Valley”, afirmó. El empresario sostuvo que esas políticas permiten a Uruguay presentarse internacionalmente como un país con capacidades tecnológicas desarrolladas y una infraestructura que puede servir de base para nuevas oportunidades de crecimiento.
Asimismo, consideró que Uruguay cuenta con “oportunidades increíbles” y remarcó que “se viene un futuro donde con poco podemos hacer muchísimo de la mano del talento”. “Creo que en los próximos dos a cinco años se juega al futuro de los próximos 30 años de la humanidad. [...] Las tecnologías de la información, la IA van a cambiar radicalmente la matriz económica, la manera en que vivimos, [...] es donde podemos cambiar la trayectoria de nuestro país. Para ponerlos en perspectiva, Google factura nuestro PIB cada dos meses”, dijo.
También destacó que el país cuenta con estabilidad geopolítica y ancho de banda. “Hace poco, Anthropic, una de las principales empresas de IA del mundo, nos reconoció como el país con mayor consumo de IA de Latinoamérica”.
Sostuvo que Uruguay debe apostar por más data centers, energía, educación y potenciar tanto el sector público como el privado. “Podemos ser un país piloto y un ejemplo en la opción de IA [...] para generar prosperidad, mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos”, finalizó.
“No tenemos una tesis de crecimiento”
Mientras tanto, el empresario Martín Guerra planteó una visión más crítica sobre la situación económica del país. A su entender, Uruguay lleva años creciendo a un ritmo insuficiente para responder a las demandas sociales y enfrenta dificultades para aumentar la inversión.
“Mi diagnóstico de Uruguay [...] es que realmente estamos bien en el horno, porque estamos creciendo realmente al 1% desde 2014 para acá, acumulado. Ese crecimiento no es suficiente para responder a la demanda social, [...] ahí tenemos un problema serio”, afirmó. Su crítica, aclaró, trasciende los partidos políticos: “Yo creo que tenemos un problema estructural muy complicado”, afirmó.
Para Guerra, uno de los principales problemas es que las distintas administraciones no han logrado construir una estrategia de crecimiento de largo plazo. “Pasan las administraciones y no encontramos en la política una tesis de crecimiento para el Uruguay”, sostuvo. En ese escenario, consideró que el país debería aprovechar su institucionalidad y sus capacidades para convertirse en un espacio de prueba y desarrollo de nuevas tecnologías.
Guerra planteó que la nueva etapa tecnológica no estará definida únicamente por la IA, sino por la combinación entre IA, robótica y espacio. “La nueva era es muy difícil de dimensionar, porque, básicamente, se están construyendo capacidades de inteligencia y de robótica y de vinculación con el espacio que son muy difíciles de pasar a números y poderles tomar la magnitud”, afirmó.
A su entender, Uruguay tiene una oportunidad de atraer empresas y proyectos vinculados con esas tecnologías y aprovechar su institucionalidad para convertirse en un “país modelo y un país de prueba”.
Ceibal: una política tecnológica sostenida durante gobiernos
Desde Ceibal, Fiorella Haim destacó la continuidad de las políticas públicas vinculadas con tecnología y educación. Dijo que el organismo lleva casi 20 años de trabajo y ha atravesado cinco gobiernos de distintos partidos.
Haim recordó que Uruguay atravesó distintas etapas: primero la expansión del acceso a computadoras y conectividad, luego el desarrollo de plataformas educativas y posteriormente programas vinculados con pensamiento computacional, IA, robótica y programación.
La pandemia, afirmó, permitió comprobar la importancia de esa infraestructura. Según señaló, Uruguay fue uno de los países de la región que tuvo menor pérdida de aprendizaje durante ese período, entre otros factores, por la infraestructura tecnológica desplegada.
Actualmente, Ceibal busca profundizar el vínculo entre tecnología y educación. Haim remarcó especialmente el trabajo en pensamiento computacional e IA y señaló que más del 90% de los niños de cuarto, quinto y sexto de primaria participan en propuestas en las que aprenden sobre IA.
Uno de los desafíos pendientes, dijo, es aumentar la participación de niñas y jóvenes en áreas vinculadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemática. “Hay algunas cosas curiosas que vemos en las evaluaciones. Por ejemplo, en esta última vimos que tenemos mayor porcentaje de niñas en los niveles superiores, pero cuando les preguntamos cómo les parece que les fue, tienen menor percepción, o sea, les parece que les fue peor, y a los varones les parece que les va mejor de lo que les va”, dijo.
Frente a esta situación, “estamos buscando trabajar para que más niñas y jóvenes [...] opten por estas carreras o piensen que, por lo menos, es una posibilidad”, afirmó.
La institucionalidad
Zeballos sostuvo que Uruguay está nuevamente frente a una discusión sobre los arreglos institucionales más adecuados para desarrollar ciencia, tecnología e innovación (CTI). Recordó que desde 2005 el país ha creado instituciones de “gran envergadura” para el sistema, pero advirtió que todavía existen “archipiélagos institucionales” que “no necesariamente están suficientemente coordinados”.
Para la politóloga, antes de discutir nuevas estructuras es necesario distinguir entre institucionalidad, políticas e instrumentos. “¿Qué instituciones necesitamos? ¿Qué organizaciones son las más adecuadas para nuestras necesidades?”, se preguntó. Luego, según explicó, corresponde discutir qué políticas implementar y qué acciones concretas puede desarrollar el gobierno para alcanzar sus objetivos.
La CTI, opinó, no puede analizarse de forma aislada. “Es claramente un ámbito que tiene su especificidad, pero, por definición, es transversal a muchas arenas y a muchos actores e intereses de la política de nuestro país”, afirmó.
Zeballos consideró que el país se encuentra en un momento “germinal” para definir su política científica y tecnológica, porque actualmente están en discusión tanto la institucionalidad como las políticas y los instrumentos. Sin embargo, planteó una advertencia: “Por momentos tengo la impresión de que no tenemos muy claro para qué queremos una nueva institución del diálogo o unos nuevos instrumentos de política científico-tecnológica”.
A su entender, la discusión debería estar vinculada con una estrategia de desarrollo más amplia. Uruguay necesita definir qué tipo de crecimiento quiere impulsar y bajo qué condiciones ambientales y sociales. “Allí hay un bache que Uruguay tiene que empezar a resolver en el corto y mediano plazo”, finalizó.
Una hoja de ruta para el futuro
Por su parte, Silva sostuvo que el encuentro debía servir como insumo para la toma de decisiones y para pensar el futuro del país más allá de las urgencias del presente.
Al cierre del encuentro, Silva insistió en que la discusión debe trascender los gobiernos y los partidos políticos. Para el senador, esa hoja de ruta debe estar acompañada de liderazgo. “Tiene que existir personas que asuman los desafíos que hay que asumir, sabiendo que se pagan muchísimos costos por liderar proyectos que transformen al país”, afirmó. En su visión, ese liderazgo implica reconocer los problemas existentes, pero también “mirando desde esos problemas con optimismo y animándose”.
Silva también puso el foco en la formación como condición para que Uruguay pueda aprovechar las oportunidades de la CTI. “La generación del conocimiento, la tecnología necesita fundamentalmente de lo que ha sido insustituible, que son los seres humanos”, afirmó. En esa línea, apuntó que el desarrollo tecnológico debe estar acompañado por una educación integral.
De acuerdo con Silva, el desafío se resume en fortalecer la educación en todos los niveles. “Es lo que necesitamos para abrazarnos a ese futuro que nos espera en los próximos dos o cinco años”, afirmó. El senador cerró con un llamado a asumir los cambios sin temor: “No hay que tener miedo, hay que animarse”.