La inteligencia artificial (IA) no solo puede cambiar qué tareas hacen los trabajadores, sino también quién las asigna, cómo se evalúa su desempeño y qué información se utiliza para tomar decisiones sobre ellos. Para el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, esa transformación plantea un desafío que va más allá de la eventual pérdida o creación de empleos: implica cómo preservar el poder de negociación de los trabajadores cuando parte de la dirección del trabajo comienza a estar mediada por sistemas tecnológicos.
“Todos estos procedimientos de índole tecnológica tienden en su conjunto a ampliar la brecha entre la capacidad de negociar de un trabajador respecto del empleador”, dijo a la diaria el subsecretario de Trabajo y Seguridad Social, Hugo Barretto. A su entender, la incorporación de IA y de sistemas de gestión algorítmica puede dificultar que los trabajadores conozcan y cuestionen las decisiones que afectan sus condiciones laborales.
Ante esta transformación, el ministerio está construyendo una agenda que combina tres líneas: estudiar las experiencias regulatorias internacionales, fortalecer la capacitación de los trabajadores y promover que los cambios tecnológicos sean discutidos en la negociación colectiva.
Según un informe del Instituto Cuesta Duarte difundido a principios de enero, entre el 26% y el 38% de los empleos en Uruguay estarán expuestos al uso de IA en los próximos cinco años, aunque eso no implica una sustitución masiva de trabajadores. El estudio estima que apenas entre el 2% y el 5% de las tareas podrían automatizarse por completo, mientras que entre el 8% y el 14% de los puestos podrían aumentar su productividad.
Un análisis publicado por la diaria el 1° noviembre de 2025, a partir de las opiniones de distintos economistas, advertía que la IA podría profundizar las brechas ya existentes en el mercado laboral, con mayores impactos sobre las personas con menor formación, los jóvenes, quienes tienen menor capacidad de negociación colectiva y quienes se desempeñan en empleos más precarios. Los economistas Pablo da Rocha e Ignacio Munyo plantearon que los efectos de la IA no necesariamente llegarán como una sustitución repentina de puestos, sino como un proceso gradual cuyos impactos pueden acumularse con el tiempo.
El jefe puede ser un algoritmo
Más allá de las plataformas, Barretto advirtió que el principal desafío que introduce la IA en el mundo laboral está relacionado con la forma en que se ejerce el poder dentro de las empresas.
La IA puede intervenir en la selección de personal, la asignación de tareas, el control del desempeño y la vigilancia de los trabajadores. Eso implica que algunas funciones que tradicionalmente estaban concentradas en una persona pueden pasar a sistemas automatizados.
La diferencia, explicó, está en que antes el control del trabajo podía identificarse con mayor facilidad: un jefe, un capataz o un supervisor daba instrucciones y evaluaba directamente a las personas. Con la incorporación de sistemas automatizados, esa relación puede volverse menos visible.
La tecnología “dificulta el control que el trabajador puede tener sobre la información que emplean los algoritmos, sobre los eventuales sesgos que puedan tener”, indicó. En ese contexto, Barreto consideró que se requieren “adaptaciones de la legislación” y remarcó la importancia de la “negociación colectiva y de la gobernanza” frente a la gestión tecnológica de la selección del personal, el control del desempeño e incluso la vigilancia del trabajador.
“Esos aspectos seguramente requieran otras adaptaciones, además de las que ya se han operado en nuestro ordenamiento jurídico”, afirmó.
Convenio internacional sobre plataformas
En el plano internacional, Uruguay comenzó a analizar los nuevos instrumentos que están surgiendo para responder a la transformación tecnológica. Entre ellos está el Convenio 193 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aprobado en junio y considerado la primera norma internacional específica sobre trabajo en plataformas digitales.
La norma, denominada “Convenio sobre el trabajo decente en la economía de plataformas”, abarca tanto a trabajadores dependientes como a quienes trabajan por cuenta propia y establece protecciones vinculadas, entre otros aspectos, con los sistemas automatizados de toma de decisiones.
Junto con ese convenio, la memoria del director general de la OIT puso el foco en cuatro desafíos frente a la transformación tecnológica: garantizar derechos mediante transparencia y supervisión humana, proteger el empleo, adaptar la protección social a trayectorias laborales más cambiantes y fortalecer el diálogo entre gobiernos, trabajadores y empleadores para decidir cómo se incorporan estas tecnologías.
Barretto señaló que el ministerio tiene la intención de promover la ratificación del convenio, aunque todavía no existe una fecha para enviar el proyecto al Parlamento.
“En el Ministerio de Trabajo tenemos la intención de promover la ratificación de este convenio internacional número 193. Si bien el trabajo en plataformas en Uruguay ya está regulado por ley, es la norma 20.396, [...] entendemos que sería positiva la ratificación de este convenio internacional del trabajo”, agregó.
Actualmente, la ratificación se encuentra en una etapa de consulta con las organizaciones de trabajadores y empleadores.
El objetivo es recibir las opiniones de las principales cámaras empresariales y del PIT-CNT para luego evaluar si el Poder Ejecutivo envía el proyecto de ratificación al Parlamento. Según Barretto, el ministerio espera contar con esas respuestas en las próximas semanas.
Uruguay ya cuenta con una regulación específica para el trabajo en plataformas, la Ley 20.396, que contempla a trabajadores de reparto y transporte urbano de pasajeros. El Convenio 193 tiene un alcance más amplio y comprende a trabajadores de plataformas independientemente de que sean dependientes o autónomos.
Para Barretto, este último punto es especialmente relevante porque modifica una de las discusiones tradicionales del derecho laboral: quién puede organizarse y negociar colectivamente.
La negociación colectiva como primera línea de respuesta
Frente a estos cambios, el ministerio considera que no necesariamente debe existir una única regulación general para todos los sectores. Barretto apuesta por combinar normas de alcance general con mecanismos específicos de negociación colectiva.
“Creemos en la importancia que puede revestir para Uruguay, a través de la negociación colectiva –tanto convenios colectivos como resoluciones del Consejo de Salarios–, que se puedan ir abordando los impactos de la IA en aspectos [...] como la selección de personal o el control del desempeño”, indicó.
Sin embargo, la IA todavía tiene una presencia muy limitada en la negociación colectiva uruguaya. Barretto señaló que, en la actual ronda de Consejos de Salarios, el ministerio registró por el momento una sola referencia explícita a esa tecnología en uno de los subgrupos.
Según declaraciones del experto Pablo da Rocha, integrante del equipo económico del Instituto Cuesta Duarte, a la diaria a principios de julio, el PIT-CNT creó recientemente la Comisión de Inteligencia Artificial, Trabajo y Sociedad, un ámbito integrado por sindicatos del sector público y privado, que se reúne cada 15 días y busca estudiar el impacto de estas tecnologías y elaborar propuestas para incorporarlas a la negociación colectiva. El objetivo es incorporar cláusulas sobre IA en los Consejos de Salarios.
Frente a esta situación, Barretto consideró “absolutamente auspicioso” que la discusión avance por esa vía y calificó la negociación colectiva, tanto bipartita como tripartita, como “el escenario ideal”.
A su juicio, una regulación general puede establecer derechos y garantías básicas, pero los efectos de la tecnología pueden ser muy diferentes según la actividad. Por eso, las reglas deberían complementarse con acuerdos específicos entre trabajadores y empleadores.
Más que empleos, tareas
Uno de los principales cambios que Barretto identificó no es necesariamente una desaparición masiva de puestos de trabajo, sino una transformación de las tareas que los componen. “La IA lo que hace es transformar los puestos de trabajo y, eventualmente, sustituir, más que nada, tareas”, señaló.
Por eso, el ministerio consideró que la formación profesional tendrá un papel central. La capacitación aparece como una de las herramientas para que los trabajadores puedan acompañar las transformaciones tecnológicas y evitar que la innovación termine provocando pérdida de empleo por falta de adaptación de las habilidades. En ese proceso, Barretto destacó el papel que puede tener el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional.
El impacto no será igual en todas las actividades ni en todos los puestos. Las tareas más susceptibles de ser automatizadas, explicó, son aquellas “repetitivas, estandarizadas, que homogenizan el trabajo”.
Según explicó, algunos estudios comparan la organización del trabajo mediante microtareas con la antigua organización científica del trabajo, basada en dividir los procesos en tareas pequeñas, repetitivas y medibles. La diferencia es que ahora esa fragmentación puede estar gestionada por sistemas algorítmicos capaces de asignar tareas, medir el desempeño y controlar los resultados.
Por eso, Barretto dijo que la IA podría no representar una ruptura completa con las formas tradicionales de organizar el trabajo, sino una profundización de esa lógica. “Más que una ruptura entre un modelo y otro de producción, lo que podría haber es una agudización de la gestión científica del trabajo”, planteó.
Análisis de otras regulaciones
El ministerio se encuentra actualmente ampliando su base de conocimiento sobre las regulaciones que llevan adelante otros países y organismos internacionales, especialmente la Unión Europea y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
La intención es contar “en el corto plazo con algunos instrumentos que puedan dar cuenta de los impactos también más inmediatos que se pueda ir generando”, explicó Barretto.
La estrategia, por ahora, combina tres caminos: estudiar las experiencias internacionales, adaptar las herramientas de regulación cuando sea necesario y trasladar una parte importante de la discusión a la negociación colectiva.
Barretto rechazó, en ese sentido, la idea de que la llegada de la IA implique abandonar las instituciones laborales existentes. “Algunos dicen que las normas laborales y las instituciones han quedado obsoletas y que hay que ir hacia un trabajo más flexible. [...] Pero nosotros creemos que las instituciones del mundo del trabajo siguen siendo importantes para la protección del trabajo”, afirmó.
El desafío, según su planteo, no es elegir entre tecnología y protección laboral, sino determinar cómo adaptar las instituciones a una forma de organización del trabajo en la que el control puede estar cada vez más mediado por sistemas tecnológicos.
IA y reducción de la jornada laboral
Consultado sobre si la irrupción de la IA podría permitir a futuro una reducción de la jornada laboral de menos de 40 horas, Barretto evitó hacer una proyección en ese sentido.
“Me costaría mucho hacer una predicción, sería muy aventurado desde mi punto de vista darte una respuesta de carácter general”, señaló. Según explicó, el impacto de las transformaciones tecnológicas varía según el sector, por lo que no es posible afirmar que vayan a traducirse de manera general en jornadas más cortas.
De todos modos, sostuvo que la tecnología puede contribuir a esa discusión. “Las transformaciones tecnológicas coadyuvan, desde mi punto de vista, contribuyendo al debate más general de la reducción del tiempo de trabajo”, afirmó.
Para el subsecretario, además, la transformación tecnológica está modificando no solo la duración, sino también la organización del tiempo laboral, con modelos más híbridos que combinan presencialidad y trabajo fuera de la empresa. Ese proceso, señaló, tuvo un fuerte impulso durante la pandemia y posteriormente comenzó a “modularse, adquiriendo dimensiones más razonables”, lejos de la idea de trabajar desde cualquier lugar.
A su entender, los impactos de la economía digital y el debate sobre la reducción de la jornada “se retroalimentan” y tienen mucho que ver entre sí, aunque aclaró que todavía no hay elementos suficientes para afirmar que la IA vaya a permitir trabajar menos de 40 horas.
