Uruguay enfrenta el desafío de adaptar su sistema educativo a una transformación tecnológica y productiva que avanza a una velocidad mayor que la capacidad de respuesta de las instituciones, afirmó, en diálogo con la diaria, Sabrina Sauksteliskis, especialista en innovación, políticas públicas, estrategia y gobernanza de inteligencia artificial y desarrollo de ecosistemas.
Sauksteliskis, exdirectora ejecutiva de Uruguay Innovation Hub, dijo, en el marco del Cuestionario Futuria, que el principal desafío que enfrenta el gobierno es la educación. “El tema educativo me preocupa muchísimo. Entiendo que Uruguay se ha quedado en el tiempo y no estamos reaccionando con la rapidez y sobre todo la urgencia que el tema merece. Estamos en medio de un cambio de civilización y nuestro sistema educativo no parece haberse enterado”, afirmó.
A su juicio, muchas de las experiencias positivas dependen todavía de iniciativas particulares de docentes, mientras que el debate público continúa concentrado en discusiones sobre cómo implementar los cambios. “Es justamente la mirada corta, el no mirar el largo plazo, lo que hace que se produzcan estas discusiones cortoplacistas que no llevan a ningún lado, sobre todo no ponen al estudiante en el centro”, indicó.
Si hoy tuviera que explicarle al mundo en qué punto está Uruguay en materia de agregación de valor mediante conocimiento e innovación, ¿cómo lo definiría? ¿Qué indicadores describen la situación del país?
Tengo opiniones un poco contrapuestas al respecto. Por un lado, considero que Uruguay sigue siendo un buen productor de conocimiento para la pequeña escala que tenemos. Vemos uruguayos destacados en las principales empresas tecnológicas del mundo o participando en investigaciones interesantes. A su vez, tenemos tres unicornios, que, nuevamente, proporcionalmente para la población que tenemos es bastante.
Por otra parte, en cuanto a indicadores, no nos va tan bien. En el Global Innovation Index estamos a mitad de tabla en el mundo, no tenemos un destaque. Tenemos un indicador que de alguna forma condiciona mucho las posibilidades de despegue que pueda tener Uruguay: el gasto en investigación y desarrollo representa el 0,6% del producto interno bruto [PIB] frente a un promedio mundial de 2,1%. Mientras tanto, los países más innovadores invierten 4%, 5% o 6%.
¿Qué debería modificar el sistema innovador para cambiar la matriz productiva?
El sistema innovador es un concepto un poco amplio para una única respuesta. Si hablamos de la academia, debería lograr una mayor transferencia tecnológica hacia el sector productivo; esto es que las innovaciones puedan responder a demandas del sector productivo, que agreguen valor y que, por lo tanto, la matriz productiva pueda ser más sofisticada.
Luego está la pata de la inversión, pública y privada, en innovación. Es necesaria la inversión para que todo esto evolucione. Vamos al caso, por ejemplo, de un emprendimiento biotecnológico que pueda encontrar una vacuna o una solución a un problema enorme de salud. Se precisan años de inversión hasta que esa investigación pueda transformarse en algo que se aplique en humanos. Y así podría seguir, con las políticas públicas necesarias para apoyar al sector.
¿Qué sectores poco conocidos por el público presentan mejor potencial?
Yo creo mucho en el sector de la biotecnología en Uruguay. Pienso que hay emprendimientos increíbles en ese sector. También veo el tema fintech en Uruguay bastante fuerte.
¿Cómo ve la relación entre la academia y el sistema innovador?
Entiendo que hay muchos investigadores con líneas de investigación de muy alto nivel. Creo que falta una mayor transferencia hacia el sector productivo. Pero no es un tema de falta de voluntad. Hay varios factores que hacen que no sea algo del todo fluido. Por un lado, hay que dar los incentivos adecuados para que un investigador quiera volcarse a ser un emprendedor. También hace falta un mayor acompañamiento.
Un investigador no necesariamente sabe o tiene que saber cómo gestionar un emprendimiento o pensar en modelos de negocio. Modelos como los de Gridx, por ejemplo, en los que vinculan personas con experiencia en negocios con investigadores para llevar adelante las startups, son los que entiendo que son necesarios.
El financiamiento es otro punto importante. En la medida en que los investigadores se financian únicamente por sus lugares de trabajo [universidades], es difícil que puedan despegar. Se precisa una mayor inversión en investigación y eso debería venir más del sector privado, del sector productivo. Es un círculo virtuoso que en otros países funciona, pero para eso se precisa de una industria que apueste más a la investigación también.
¿Qué rol juega el interior del país en el cambio de la matriz productiva?
Nuestra matriz productiva se basa mucho en el sector agropecuario. Creo que todo lo que tiene que ver con la innovación en el agro es algo que está avanzando y se produce en el interior del país. Hoy la industria de las papeleras, por ejemplo, ha incorporado mucha innovación en sus procesos y estos están en el interior. Algo a destacar es lo que está ocurriendo en Rivera, en el área binacional con Brasil, donde confluyen la academia, el gobierno y las empresas. Veo que es una movida interesante que se está produciendo ahí, cada vez con más fuerza.
¿Cuál es hoy el principal desafío que enfrenta el gobierno para impulsar la innovación y lograr que Uruguay se adapte a los cambios tecnológicos y productivos que está atravesando el mundo?
Pienso que Uruguay está enfrentando varios desafíos. La educación entiendo que es la base que sustenta todo potencial cambio o innovación que se quiera llevar adelante. Si se analiza la tasa de estudiantes que egresa de secundaria y entra a la universidad, estamos muy bajos en la tabla, no del mundo, de América Latina. Esta situación te da la pauta de que es bajo el acceso a la universidad, a lo que se suma que el nivel académico de la gente que egresa de secundaria presenta dificultades también; basta ver los resultados de las pruebas PISA que salieron estos días. ¿Por qué importa esto? Porque cuando hablamos de innovación, hablamos de economía del conocimiento, lo que se sustenta en un sistema educativo bueno y sólido.
¿Qué innovaciones educativas están funcionando y cuál es la mejor manera de escalarlas?
Yo soy una gran admiradora de Ceibal y todo lo que ha hecho a lo largo de los años. Pienso que fue una idea muy innovadora en su momento y hasta el día de hoy Uruguay y Ceibal exponen su modelo en otros países del mundo.
De todas formas, el tema educativo me preocupa muchísimo. Entiendo que Uruguay se ha quedado en el tiempo y no estamos reaccionando con la rapidez y sobre todo la urgencia que el tema merece. Siento que muchas de las buenas noticias que vemos sobre educación dependen de iniciativas personales de ciertos docentes puntuales en una escuela o algunas iniciativas que son apoyadas por fundaciones. Entiendo que todo el mundo dice que la educación es la base de todo, pero nos pasamos en discusiones sobre si hay que hacerlo de tal o cual forma y no estamos reaccionando. Estamos en medio de un cambio de civilización y nuestro sistema educativo no parece haberse enterado.
¿A qué atribuye esa dificultad para avanzar?
Es una conjunción de factores que parecen importar más que el objetivo final y común que debería preocupar como sociedad. Es justamente la mirada corta, el no mirar el largo plazo, lo que hace que se produzcan estas discusiones cortoplacistas que no llevan a ningún lado, sobre todo no ponen al estudiante en el centro.
¿Qué trabajos corren el riesgo de desaparecer en Uruguay antes de que estemos listos para reestructurar la cadena de valor?
Si me hacías esta pregunta hace unos meses, te hubiera enumerado algunos trabajos que pensaba que iban a desaparecer, con una mirada bastante pesimista. Hoy mi mirada es otra. Siento que con la inteligencia artificial podemos acelerar nuestro trabajo, podemos dedicar más tiempo a agregar valor a lo que hacemos.
De todas formas, esto implica saber utilizar adecuadamente la tecnología. El que no la sepa usar sí corre el riesgo de quedarse sin trabajo en un futuro. Pero no es un tema de roles, sino de saber aprovechar las herramientas. Siento que puede haber roles que tiendan a ser menos necesarios, pero también se van a crear otros. Creo que estamos en medio de una revolución, entonces es difícil sacar conclusiones o predecir lo que va a ocurrir. Lo que es seguro es que hay que prepararse, formarse, estar arriba de la ola, para que no nos pase por arriba.
¿Qué desigualdades estamos subestimando hoy que podrían convertirse en la principal fuente de conflicto o atraso en el futuro?
El acceso a las herramientas que mencionaba antes. Entiendo que la inteligencia artificial es un acelerador del trabajo. El que puede usarla en su trabajo corre con ventaja sobre el que no puede o no sabe. Esta brecha se puede dar entre personas, entre empresas e incluso entre países. Pero más allá de las brechas tecnológicas, hay un factor geopolítico entre los países, que tiene que ver con el acceso a energía abundante y competitiva, así como a recursos hídricos. El acceso a esos recursos puede convertirse en un activo estratégico para los países, ya que detrás de todo proyecto de data center para dar soporte a la inteligencia artificial se precisa de esta infraestructura.
¿Uruguay está bien posicionado en esa carrera? ¿Tenemos condiciones para aprovechar esa ventaja y atraer infraestructura vinculada con la inteligencia artificial?
Pienso que Uruguay puede estar bien posicionado, pero tiene que elegir bien, y eso supone decisiones políticas y también acciones a largo plazo que deberían trascender los ciclos políticos. Uruguay produce un 97%, 98% de su energía de fuentes renovables. Eso es un diferencial muy interesante para atraer inversiones de este tipo. Pero ese diferencial hoy es muy caro, por eso decía que es importante que sea competitivo. Todo proyecto de este tipo toma sus decisiones de inversión, entre otras cosas, según el costo de la energía que consigan. Ahí tenemos que tomar una decisión sobre si subvencionamos este tipo de proyectos con una energía más barata, en función de las externalidades positivas que estos proyectos puedan darle al país.
En términos de conexión a internet, estamos excelentemente bien posicionados; todo el país tiene excelente cobertura, tenemos una gran velocidad. Eso es un buen diferencial a nuestro favor. Respecto al agua, que es un activo más que estratégico en estos proyectos, estamos en una zona de acuíferos, pero, nuevamente, tenemos que decidir si queremos usar el agua para este tipo de proyectos o si la necesitamos para cubrir otras necesidades. Por eso digo que es un tema estratégico y de largo plazo.
¿Qué políticas públicas vinculadas con la tecnología deberíamos promover en forma urgente?
Pienso que hay que promover todo lo que tenga que ver con mejorar la educación en general, y la tecnología en particular, a nivel de educación primaria y secundaria. Volcar más chicos a la ciencia, a matemáticas, física, diseño. Una sociedad que quiera ser innovadora precisa de estas competencias, junto con la capacidad crítica, la creatividad, la curiosidad. Todo esto se estimula y fomenta en la infancia y no hacerlo es dejar pasar una oportunidad enorme.
¿Qué relatos sobre el futuro dominan hoy en Uruguay?
Acá también veo opiniones contrapuestas. Veo gente que mira nuestro futuro con preocupación, que cree que no estamos a la altura de las demandas que nos está planteando el mundo. Por otro lado, veo otros sectores que no se enteraron de que el mundo cambió y siguen reclamando o esperando cosas por parte del Estado que son insólitas para los tiempos que corren. También es cierto que es muy uruguayo vernos peor que los que llegan a vernos desde afuera.
¿Cuál es la imagen que Uruguay debe proyectar hacia afuera?
Uruguay viene haciendo un esfuerzo en venderse mejor en términos de los beneficios que tiene: las fortalezas en seguridad jurídica, estabilidad y todo lo que nos cansamos de repetir. Pero lo cierto es que no nos conocen mucho, salvo algún jugador de fútbol. Uruguay precisa hacer un esfuerzo creativo para proyectar su imagen, porque la inversión necesaria para darnos a conocer verdaderamente es imposible.
La imagen que me gusta de Uruguay es la de un laboratorio de pruebas, donde las ideas empiezan chiquitas, se prueban y luego escalan mundialmente. Es un ambiente seguro, controlado, donde hacer pruebas en todas las áreas. Tenemos gente preparada e infraestructura de primer nivel.
TUMO, una experiencia que cruza innovación y educación
Entre las experiencias innovadoras que destaca Sabrina Sauksteliskis se encuentra TUMO, un centro de formación dirigido a jóvenes de entre 12 y 17 años que combina educación y tecnología en áreas vinculadas con la innovación, como robótica, programación, cine, inteligencia artificial y diseño.
La iniciativa, de carácter privado e impulsada por Aeropuertos en alianza con Ceibal y otros actores privados, toma como referencia un modelo desarrollado en Armenia. Para Sauksteliskis, se trata de una propuesta especialmente relevante por su infraestructura y por las oportunidades de formación que ofrece a los jóvenes en áreas que serán cada vez más importantes para el futuro. “Las oportunidades que se les abren a los jóvenes de poder acceder a una formación así es algo fuera de lo que estamos acostumbrados”, destacó.