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Futuro Conocimiento
Fiorella Haim. · Foto: Inés Guimaraens

Fiorella Haim.

Foto: Inés Guimaraens

Fiorella Haim: “Tenemos que asegurarnos de que la inteligencia artificial no genere nuevas brechas”

La presidenta de Ceibal analizó el impacto de la IA en la educación y planteó los desafíos de Uruguay para transformar el conocimiento, la innovación y la tecnología en desarrollo.

Uruguay fue pionero en la incorporación de tecnología a la educación y, por medio de Ceibal, logró universalizar el acceso a los dispositivos y la conectividad. Casi dos décadas después, el desafío es otro: evitar que la expansión de la inteligencia artificial (IA) genere nuevas desigualdades y lograr que niños y jóvenes no sean solamente consumidores de tecnología, sino que puedan comprenderla y utilizarla para incidir en el mundo, dijo a la diaria la presidenta del Consejo de Dirección de Ceibal, Fiorella Haim. “Tenemos que asegurarnos de que la inteligencia artificial no genere nuevas brechas”, dijo Haim en el Cuestionario Futuria.

Ingeniera electrónica y magíster en ciencias por la University of Maryland (Estados Unidos), Haim trabaja en Ceibal desde su creación y es docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. En 2025 asumió la presidencia del organismo y se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo. En 2026 fue la única latinoamericana entre las diez mujeres reconocidas por el British Educational Training and Technology (BETT) por su contribución a la educación y la tecnología.

Si hoy tuviera que explicarle al mundo en qué punto está Uruguay en materia de agregación de valor mediante el conocimiento y la innovación, ¿cómo lo definiría? ¿Qué indicadores describen mejor la situación del país?

Uruguay está en un punto de inflexión. Construyó condiciones muy valiosas para desarrollarse a partir del conocimiento, como pueden ser la estabilidad institucional, la conectividad, una matriz energética avanzada, capacidades científicas, servicios digitales y, por supuesto, una política pública de educación con tecnología que alcanza a todo el territorio. Sin embargo, estas condiciones que nos estarían dando la oportunidad de pegar un salto, generar más productividad, más innovación y más oportunidades para toda la población todavía nos falta concretarlas. Creo que cuando pensamos en cómo agregar valor, no tenemos que mirar solo las áreas clásicas. Me parece que el conocimiento es nuestra mayor fuente de energía, pero es fundamental mirar desde esta perspectiva los problemas grandes que tenemos. Por ejemplo, cómo mejorar los aprendizajes, cómo desarrollar las competencias científicas y digitales, la participación de más mujeres en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática), y una distribución territorial y equitativa de las oportunidades.

Resumiendo, tenemos una base muy fuerte. No partimos de cero ni mucho menos, pero tenemos el desafío de transformar toda esta infraestructura que ya construimos en capacidades y estas en valor económico y social. Es un lindo desafío también para estos años.

¿Qué debería cambiar Uruguay en la formación de los niños y jóvenes para poder transformar realmente su matriz productiva en las próximas décadas?

Por un lado, hay un componente de aumentar y sostener la inversión en educación, ciencia e innovación. También hay que tratar de desarrollar estas competencias científicas, digitales y tecnológicas de manera que sean universales y transversales. Hay que pensarlas desde el comienzo de la educación. Estamos trabajando mucho en el desarrollo del pensamiento computacional y la inteligencia artificial desde primaria. Tenemos un programa fuerte en cuarto, quinto y sexto de escuela, en el sentido de que es prácticamente universal: tenemos 100.000 chiquilines cada año en la propuesta. También trabajamos con las maestras y maestros de primero y segundo de escuela en el desarrollo de la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas a través de las metodologías de pensamiento computacional en esas edades tempranas.

En materia de formación, ¿qué habría que promover más o en qué aspectos sería necesario innovar?

Creo que en parte el desafío que estamos teniendo es de cobertura y de extensión de la universalización. En estos programas, por ejemplo, el de pensamiento computacional de primero y segundo de escuela, tendríamos que tener más cobertura, y también en introducción del pensamiento computacional y la inteligencia artificial en educación media. No tanto por el programa en sí, sino por las capacidades que se generan y por lo que trabajamos con programas de este estilo, como pueden ser los laboratorios maker, que permiten desarrollar la metodología de resolución de problemas.

A partir de la motivación que puedan tener los chiquilines respecto de un tema en particular que los convoque, que puede tener que ver con la comunidad en donde están o con preocupaciones que tengan específicamente, pueden construir prototipos, probar soluciones siguiendo una metodología, que es la del pensamiento de diseño también, incorporando todos estos elementos. Van aprendiendo y generando los aprendizajes de los contenidos mientras desarrollan estas otras habilidades. Hoy en día tenemos más de 200 centros educativos en todo el país que tienen laboratorios maker. Tenemos varias iniciativas para educación media. Lo que veo como desafío en esto de la formación es llegar a tener una cobertura mayor y más universal, para tener las mismas oportunidades y el mismo desarrollo de capacidades en todo el país.

¿Cómo observa la relación entre el sistema educativo, la academia y el sistema innovador?

Creo que justamente Ceibal es un puente entre el ecosistema innovador y el ecosistema educativo, pero nosotros formamos parte de ambos. Desde el origen, surgimos en el Parque Tecnológico del LATU, prácticamente junto con la ANII [Agencia Nacional de Investigación e Innovación], trabajamos con la Agesic [Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento] desde el comienzo, trabajamos mucho vinculados con la CUTI [Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información] y con las empresas del área de las tecnologías de la información y, ya en los últimos años, de manera más formal, somos parte de todo lo que es el ecosistema de la educación. Nuestro directorio está integrado por el ministro de Educación y Cultura y el presidente de la ANEP [Administración Nacional de Educación Pública]. Eso nos posiciona como una institución netamente del ecosistema educativo y, últimamente, con la creación de Uruguay Innova, desde ese paraguas de lo que es el ecosistema de la innovación, hemos estado generando parte de esos puentes.

Por supuesto que hay desafíos, por supuesto que veo la necesidad de que haya más vínculos entre la educación, la academia y el sistema de innovación. Me parece que tenemos experiencias concretas y reales en las que hemos visto resultados. También trabajamos hace mucho tiempo con la academia: la Universidad de la República, la UTEC [Universidad Tecnológica] y las universidades privadas, ya sea a través de proyectos o de investigaciones. Me parece que ahí hay mucho potencial.

¿Qué rol debe jugar el interior del país en el cambio de la matriz productiva?

A mí me parece que tiene un papel central. No pensar el interior como destinatario de políticas diseñadas en Montevideo, sino reconocerlo como productor de conocimiento y de soluciones. Tener en cuenta que el talento está distribuido dentro del país, pero las oportunidades no siempre. Desde Ceibal, tratamos justamente de demostrar cómo, cuando la infraestructura está en todo el país, cuando las oportunidades están, cuando tenemos dispositivos, plataformas, acompañamiento y propuestas educativas, vemos que la distancia geográfica desaparece. Te voy a dar un ejemplo: en las Olimpíadas de Robótica, Programación y Videojuegos, solemos tener como ganadores en la competencia de robótica equipos del interior, que son quienes después viajan al exterior a representar a Uruguay. En los 12 años previos, la gran mayoría de los equipos ganadores que han viajado vienen del interior. De hecho, el año pasado, en una categoría nueva, que es STEM avanzado, ganó un equipo de Tacuarembó, que son todas niñas, todas jóvenes, que van a viajar ahora en octubre a representarnos en una competencia en Corea en la otra punta del mundo. Me parece que este tipo de políticas, que buscan generar oportunidades en cualquier lugar del país, son las que permiten que después se genere el desarrollo.

¿Qué innovaciones educativas están funcionando? ¿Cuál es la mejor manera de escalarlas?

Mencionamos varias, pero yo te diría que especialmente aquellas que parten de un problema educativo concreto, que incorporan a docentes y estudiantes y que pueden ser evaluadas. De las propuestas que llevamos adelante desde Ceibal, te mencioné el caso del pensamiento computacional y la inteligencia artificial, que está extendido prácticamente en forma universal en cuarto, quinto y sexto de escuela, y que permite que los chiquilines no sean solo consumidores de tecnología. Por ejemplo, en lo que tiene que ver con la inteligencia artificial, que sepan qué es, cómo funciona, cómo se usa y cómo pueden resolver problemas con ella.

Tenemos también toda la línea de Biblioteca País, que en definitiva democratiza el acceso a los libros y los contenidos. Y algunas innovaciones, capaz que no tan directas en lo que tiene que ver con la forma de enseñanza, pero que me parece que también son importantes, como la iniciativa de Familias Informadas, que a partir de mandar mensajes por Whatsapp a las familias permitió bajar en promedio tres, cuatro días de faltas por estudiante. Creo que es un ejemplo de innovación de bajo costo, porque implica mandar mensajes con información sobre los centros educativos, por Whatsapp, que muestra justamente cómo, a través de la evidencia, podemos validar ciertas innovaciones que al principio no sabemos bien si van a dar resultados. Este año, la ANEP decidió extenderlo al resto de los liceos, a la UTU y a grados. Esto es para séptimo, octavo y noveno.

Me parece que escalar una innovación, evaluar los resultados, medir y dar las herramientas para que las comunidades puedan apropiarse y adaptarlas a contextos diferentes es fundamental.

Uruguay fue pionero con Ceibal cuando el desafío era garantizar el acceso a la tecnología. En la era de la inteligencia artificial, ¿cuál debería ser el próximo gran salto?

Es fundamental no generar nuevas brechas para asegurarnos de que los chiquilines tengan la oportunidad de incidir en el mundo. La primera brecha digital, entre quienes tenían acceso y quienes no, la resolvimos hace varios años a través de Ceibal, y tenemos ahora que asegurarnos de que la inteligencia artificial no genere nuevas. Por eso es que me parece tan crítico este desafío que tenemos desde Ceibal como política pública: tratar de eliminar las barreras de acceso, de conocimiento, de cómo usarla y del acompañamiento que se le puede dar a todas las personas en el país respecto de las herramientas de inteligencia artificial. Es una línea muy importante que tenemos desde Ceibal, que la trabajamos desde los aspectos de la alfabetización, incluidos en programas de alcance nacional, y también en el desarrollo de proyectos que, utilizando la IA, nos permiten resolver otros desafíos importantísimos que tenemos como país, que tienen que ver con completar el ciclo educativo obligatorio y la mejora de los aprendizajes. Estamos en un momento en que es realmente importante actuar. Creo que tenemos todas las condiciones para hacerlo. Tenemos temas a los que hay que prestar atención. Tenemos que tener un foco especial en las desigualdades territoriales. Estamos preocupados desde Ceibal por las brechas de género en ciencia y tecnología. Tenemos que tratar de evitar la desigualdad que se puede llegar a producir entre quienes tengan capacidad de intervenir en el mundo tecnológico y quienes solamente reciban decisiones que vengan de parte de la tecnología y que no puedan aprovecharla a su favor.

¿Qué relatos sobre el futuro dominan en nuestro país?

Veo por lo menos tres relatos que están en tensión. Uno que muestra a Uruguay con su estabilidad institucional y sus logros históricos como un país que siempre va a encontrar la manera de salir adelante. Yo creo que tiene una base real, histórica, pero que puede terminar siendo una especie de conformismo que nos haga difícil ver los problemas que estamos teniendo. Después observo otro relato que pone más el acento en que somos un país pequeño, envejecido, con poca escala, sin nacimientos y que, entonces, no tenemos posibilidades, y no hay nada para hacer. Creo que en este caso el peligro es que lleve a la parálisis. Hay un tercer relato que es más optimista, que supone que la inteligencia artificial, las inversiones o algún nuevo sector van a resolver, en forma mágica, todos nuestros problemas. Creo que la tecnología abre oportunidades enormes, pero que no sustituye las políticas, las instituciones ni la forma en que podemos organizarnos y, de alguna manera, tratar de eliminar esas posibles brechas que se pueden generar.

Tradicionalmente, en estos relatos han estado y nos han hablado de nuestro país como una sociedad amortiguadora. Capaz que ese relato es parte de la respuesta sobre el futuro: una respuesta que sea responsable, pero que no trate el futuro como un privilegio que no podemos alcanzar. Somos un país pequeño, pero con una capacidad enorme para experimentar, evaluar y llevar políticas e ideas innovadoras a escala nacional. En parte lo mostramos con Ceibal y creo que es lo que podemos ofrecer. No digo que el futuro esté garantizado por lo que ya hicimos, pero creo que tenemos activos institucionales que nos permiten construirlo; otros países no lo tienen, un poco por el tamaño también. De hecho, a nosotros nos visitan delegaciones de varios lugares y parte de lo que les llama la atención es esa capacidad de haber probado a escala nacional y por tantos años, con tantos gobiernos diferentes y de partidos políticos diferentes, un programa como Ceibal.

Para pensar el futuro de la educación: las recomendaciones de Fiorella Haim

La presidenta de Ceibal propuso una selección de libros que invita a reflexionar sobre el pensamiento crítico, la educación, la inteligencia artificial y las relaciones de poder.

  • 1930 Misión Futuro, de Roy Berocay y María José Pita, novela transmedia disponible en Biblioteca País de Ceibal que expande el universo narrativo de la trilogía 1930, de Ana Solari.
  • Diálogos, de Platón, una lectura que la llevó a reflexionar sobre la importancia del desarrollo del pensamiento crítico en la educación y el auge de herramientas de IA conversacional que utilizan el método socrático para apoyar los procesos de aprendizaje.
  • La muerte ajena, de Claudia Piñeiro, una novela que aborda, desde la ficción, la persistencia de dinámicas de poder en las que la violencia de género está normalizada y el riesgo de que derechos considerados consolidados vuelvan a ser puestos en cuestión.