Algunos días antes de que Estados Unidos e Israel desencadenaran la guerra contra Irán, a fines de febrero, el gobierno iraquí expuso sus reivindicaciones sobre las aguas del Golfo presentando una lista de coordenadas geográficas ante el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El gesto despertó de inmediato una oleada de protestas, en particular por parte del conjunto de los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo: Arabia Saudita, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar. La cuestión del acceso de Irak a estas aguas codiciadas atravesó todo este último siglo. Pero adquiere una nueva dimensión en un contexto regional muy degradado –tanto más porque Irán está también involucrado–.
En el origen de este conflicto hay un problema clásico de geopolítica: la voluntad iraquí de salir de una situación de cuasi aislamiento. En 1914, Reino Unido estableció un protectorado sobre Kuwait1 con la finalidad de impedir que el Imperio otomano y su aliado alemán dispusieran de un puerto de aguas profundas en el extremo occidental del Golfo y pudieran amenazar la ruta hacia las Indias. Irak, que obtuvo su independencia de Reino Unido en 1932, se encontró con una salida al mar muy reducida –60 kilómetros contando el canal de Khor Abdallah– y una costa fangosa, carente de un puerto de aguas profundas.2 Es cierto que Bagdad dispone, en su frontera con Irán, del puerto de Basora, situado en el Shatt al-Arab, río formado por la confluencia del Tigris y el Éufrates, cuyas aguas están compartidas con Irán. Sin embargo, el acuerdo de Argel de junio de 1975 fijó la frontera en la línea media del río, cuyo estuario se encuentra a 55 kilómetros. A fin de disponer de una salida al mar menos vulnerable, Irak también desarrolló el puerto de Um Kasar, situado al final de un brazo de mar compartido con Kuwait. Sin embargo, Bagdad nunca aceptó verdaderamente esta situación: tras la revolución de los “Oficiales Libres” de 1958, reivindicó su soberanía sobre el emirato vecino y se negó durante dos años a reconocerlo cuando Kuwait obtuvo su independencia, en 1961. Mantendrá después sus reivindicaciones sobre las islas de Bubiyán y Warba, posicionadas bajo soberanía kuwaití. Esta es una de las razones que llevaron a Saddam Hussein a invadir a su vecino en agosto de 1990, lo que precipitó la primera guerra del Golfo.
Una costa, un siglo de rencores
Como consecuencia de este conflicto, la ONU implementó la Misión de Observación de las Naciones Unidas para Irak y Kuwait (Unikom), una comisión encargada de fijar definitivamente las fronteras terrestres entre ambos Estados. Estas se caracterizaban por su imprecisión e involucraban, en lo principal, a los brazos de mar –Khor Al Zubair, Khor Shityana, Khor Abdullah–3 que separan ambos países y llevan al puerto de Um Kasar. La comisión situó la casi totalidad de las aguas del Khor Al Zubair bajo soberanía de Bagdad, acordando así una relativa seguridad de acceso inmediato al puerto de Um Kasar. En cambio, la frontera en las aguas del Khor Shityana y del Khor Abdullah se fijó en la línea media. Esta propuesta fue respaldada por la resolución 833 del Consejo de Seguridad, adoptada por unanimidad el 27 de mayo de 1993. El poder ejecutivo iraquí primero la rechazó, antes de resignarse, a regañadientes, ante la perspectiva de un levantamiento de las sanciones. La frontera fijada dejaba así a los países de la región la tarea de delimitar sus mares territoriales y sus respectivas zonas económicas exclusivas (ZEE).
Ambos países firmaron después, en 2012, un acuerdo de navegación en el canal Khor Abdullah. El objetivo era enfrentar los problemas de tráfico, las cuestiones relativas al dragado necesario en ese canal, así como responder a las preocupaciones medioambientales. Sin embargo, el artículo sexto de dicho texto reconocía también como frontera la delimitación establecida por la Unikom en 1993. El acuerdo, ratificado al año siguiente por ambas partes, funcionó más o menos bien durante una década, sobre todo gracias a las reuniones periódicas de un comité conjunto encargado de la reglamentación de la navegación. Sin embargo, las infraestructuras construidas de una y otra orilla seguían planteando dificultades debido a las consecuencias esperables para la navegación en una zona angosta y, además, a los riesgos de sedimentación del Khor Abdullah. Es el caso, en particular, del puerto de Mubarak Al-Kabir, construido por Kuwait al norte de la isla de Bubiyán, y de la construcción por parte de Irak de un muelle de 5,4 millas marinas en el marco de su proyecto del gran puerto de Fao. A partir de 2019, Bagdad lanzó protestas reiteradas a raíz de la construcción por parte de Kuwait de una plataforma en el bajío de Fisht Al Eij, cerca de la isla de Bubiyán. La instalación, oficialmente, tiene como objetivo garantizar la seguridad de la navegación, pero Irak teme que se la utilice para marcar los límites de los espacios marítimos en el marco de un hipotético acuerdo. En efecto, los bajíos que quedan al descubierto –bancos de sedimentos cubiertos por el agua con marea alta y que quedan al descubierto con marea baja– pueden servir de puntos de referencia para establecer los límites del mar territorial; así, si un bajío que queda al descubierto se encuentra a seis millas marinas de la costa, el Estado costeño puede tomarlo como punto de referencia para ampliar su mar territorial a 12 millas y extender su límite a 18 millas de sus costas. Un mapa de las zonas marítimas de Kuwait que se hizo público en 2016 indica que se tomaron en consideración los bajíos que quedaron al descubierto situados cerca de la isla de Bubiyán.
Las relaciones bilaterales se deterioraron en setiembre de 2023 cuando la Corte Suprema Federal de Irak, ante la que habían recurrido ciertos parlamentarios del sur del país considerados cercanos a Irán y hostiles a la resolución 833, decidió que el acuerdo de 2012 era contrario a la Constitución iraquí por razones procedimentales más que de fondo. Según la Corte, el acuerdo debería haber sido ratificado por una mayoría de dos tercios. En desacuerdo con esta decisión, el primer ministro iraquí se pronunció por una nueva votación a favor del texto relativo al Khor Abdallah, pero, debido a la complejidad del juego político iraquí,4 el acuerdo todavía no fue renovado.
El gas en el centro del litigio
El diferendo plantea, de fondo, la cuestión de los límites marítimos de los Estados ubicados en el fondo del golfo arábigo-pérsico y del acceso a los recursos de la plataforma continental, en particular de petróleo y gas. En julio de 2000, Arabia Saudita y Kuwait crearon una zona común de desarrollo ubicada a lo largo de sus costas y decidieron compartir sus beneficios. Este espacio alberga el importante yacimiento de gas de Dorra, identificado desde la década de 1960, pero cuya explotación siempre se posponía debido a las divergencias entre Riad y Kuwait. Teherán protestó muy pronto contra la creación de esta zona común alegando que Irán también tenía derechos sobre el yacimiento. Bagdad, que había manejado el asunto con discreción, envió en agosto de 2023 una carta al secretario general de las Naciones Unidas en la que subrayaba que Irak también reclamaba derechos sobre la zona del yacimiento de Dorra y que había manifestado en varias ocasiones esta posición ante las autoridades kuwaitíes.
La nueva misiva dirigida a António Guterres en febrero se acompaña de un mapa en el que se precisan las reivindicaciones iraquíes sobre un mar territorial, una ZEE y una plataforma continental. La línea de las reivindicaciones comienza en el punto 162 establecido por la resolución 833 y se extiende hacia el sur, abarcando los bajíos de Fisht Al Eij y Fisht Al Qeïd, situados cerca de la costa kuwaití. Se observa asimismo un giro hacia el este a la salida de la desembocadura del Shatt al-Arab. La reivindicación de Bagdad adopta a continuación la forma de una suerte de rectángulo que abarca el yacimiento de gas de Dorra.
La delimitación de los espacios marítimos es un ejercicio bastante complejo debido a la enorme variedad de configuraciones costeras. Por esa razón, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar no establece una regla precisa para la delimitación de la plataforma continental o de la ZEE, sino que recuerda el objetivo: “alcanzar una solución equitativa”. En cambio, recomienda el método de la línea media para delimitar el mar territorial, salvo en presencia de “títulos históricos u otras circunstancias especiales”, lo que podría ser este caso. Por otra parte, en lo que respecta a la plataforma continental (o a la ZEE), la Corte Internacional de Justicia considera que, en la práctica, conviene trazar una línea equidistante provisoria y señalar las “circunstancias pertinentes” que justifiquen renunciar al método de la equidistancia.5 En este caso, la concavidad de la costa iraquí constituye una circunstancia pertinente, y la doctrina considera que los Estados tienen derecho, en la medida de lo posible, a una plataforma continental que constituya la “prolongación natural” de su territorio.6 La reivindicación iraquí que descarta la aplicación del método de la equidistancia se ajusta, por lo tanto, a la jurisprudencia. Sin embargo, es discutible en cuanto a sus límites; ¿cómo justificar la “anexión” de los bajíos situados cerca de la costa kuwaití? Además, parece dudoso que la proyección submarina del territorio iraquí pueda llegar hasta el yacimiento de Dorra.
Antes de iniciar una negociación de este tipo, los Estados tienen la costumbre de formular reivindicaciones excesivas que más tarde abandonan a lo largo del proceso, pero la perspectiva de una solución, en este caso, parece lejana. Por otra parte, Kuwait propuso en varias oportunidades, sin éxito, someter el diferendo a una jurisdicción internacional.7 Esta reivindicación iraquí, que ahora se hizo pública, corre el riesgo de “calentar” los ánimos, en particular en Irak, donde existe un sector hostil a la frontera establecida por la resolución 833. En una región fuertemente desestabilizada por la guerra entre Israel y Estados Unidos, este litigio explosivo sigue, por ahora, dentro de los cauces del derecho.
Didier Ortolland, exsubdirector de Derecho Marítimo, de Derecho Fluvial y de las Regiones Polares en la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores (2016-2021). Su última obra publicada es Les Mers de Chine. Géopolitique, confrontation et droit international, L’Harmattan, París, 2024. Traducción: Merlina Massip.
-
Reino Unido firmó un tratado secreto con el jeque de Kuwait en 1899, y los límites del emirato se fijaron mediante la convención anglo-otomana de 1913. ↩
-
La punta de Fao que separa Shatt al-Arab de Khor Abdullah no se extiende en sí más de unos 15 kilómetros de largo. ↩
-
Khor Al Zubair constituye la vía de acceso al puerto de Um Kasar y mide aproximadamente cinco kilómetros de largo; Khor Shityana separa la isla kuwaití de Warba del territorio iraquí; Khor Abdullah –que separa el territorio iraquí de la isla de Bubiyán– se extiende por algo más de 30 kilómetros antes de desembocar en el golfo arábigo-pérsico. ↩
-
Bader Al-Saif y Lahib Higel, “Maritime disputes cast a pall over Iraq-Kuweit relations”, International Crisis Group, 16-6-2025. ↩
-
Caso de la Plataforma Continental del Mar del Norte (República Federal de Alemania c/ Dinamarca), CIJ, 20-2-1969. ↩
-
Kuwait propuso someter la cuestión al Tribunal Internacional del Derecho del Mar. ↩