En una Habana exhausta, una casa turquesa reformada por completo resalta en medio del barrio el Vedado. Su patio recibe la sombra de dos árboles frutales, una hamaca da vida al césped artificial y los vidrios teñidos de la fachada garantizan cierta intimidad. Sentada en una silla de ruedas, una señora muy mayor habla sola frente a la puerta de entrada. Es una de las clientas de TaTamanía, la primera residencia para ancianos privada de Cuba que abrió sus puertas en la primavera cubana de 2026. Hasta entonces, la revolución prohibía este tipo de establecimientos, pero desde hace algunos años los centros públicos de acogida vienen atravesando una situación crítica por la falta de recursos.

Una expediatra, Yadira Álvarez, y su marido, que se dedica a la informática, crearon esta mipyme. Un acrónimo que designa a las pequeñas o medianas empresas cuya creación fue autorizada por el Estado en 2021 y que, desde entonces, se han multiplicado por miles. Tras la pandemia de covid-19, La Habana optó por liberalizar la economía con la esperanza de evitar un colapso ante los efectos combinados del embargo estadounidense impuesto desde 1962, la política de “máxima presión” impulsada por Donald Trump durante su primer mandato –con sus 243 medidas coercitivas contra la isla–, la crisis sanitaria y una reforma monetaria que disparó la inflación.1 El gobierno implementó este cambio justo en el momento en que afrontaba una de las mayores protestas –a las que respondió reprimiendo con dureza– desde 1959.

A partir de que el presidente republicano regresó a la Casa Blanca, en 2025, Washington tiene a La Habana en la mira más que nunca. En reiteradas ocasiones, Trump ha prometido “tomar” la isla.2 El 29 de enero, tres semanas después de haber exigido –y logrado– que las autoridades venezolanas que ocupan el poder tras la captura del presidente Nicolás Maduro interrumpieran todo envío de petróleo a Cuba, declaró que la isla constituye una “amenaza inusual y extraordinaria [...] para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.3 Ahora ningún Estado está autorizado a vender o suministrar hidrocarburos a Cuba ya que, de lo contrario, se expondrían a represalias arancelarias de Estados Unidos. El cerco económico, comercial y financiero se estrecha a medida que Washington amplía su abanico de sanciones: desde el 1° de mayo, estas afectan no solo a los dirigentes cubanos acusados de “graves violaciones de los derechos humanos”, sino también a cualquier gobierno, individuo o entidad que mantenga relaciones comerciales con La Habana o con sus empresas.4 Unos días después, el 20 de mayo, el Departamento de Justicia imputó a Raúl Castro por “conspiración para asesinar a ciudadanos de Estados Unidos” en el caso de Hermanos al Rescate, que se remonta a 1996.5

Centralización extrema

La estrategia de Trump consiste en asfixiar el monopolio estatal para obligar al gobierno cubano a permitir el desarrollo de un sector privado guiado por la lógica de la ganancia. Este trance supone una transformación estructural para una economía que hasta ahora figuraba entre las más estatizadas del mundo. La reforma agraria (1959), las grandes nacionalizaciones de los años 1960 y la “ofensiva revolucionaria” de 1968 –durante la cual las autoridades de La Habana estatizaron todos los pequeños comercios, los últimos enclaves privados en la isla– llevaron a Cuba a una centralización extrema y crearon una burocracia tan tentacular como paralizante. Combinados, los efectos del embargo, del endurecimiento de las sanciones desde fines de los años 2010 y de este centralismo afectan duramente a la población. Lejos de los cruces de acusaciones entre su gobierno y la primera potencia mundial, los cubanos intentan sobrevivir a la crisis económica y social más grave desde la revolución: sufren a diario interminables cortes de agua y electricidad, el servicio de transporte es cada vez más reducido, el sistema de salud se desploma y los precios se disparan mientras las empresas extranjeras abandonan el territorio debido a la presión estadounidense. En cuanto al turismo, sector clave de la economía nacional, está paralizado: el número de visitantes se ha desplomado de 4,2 millones en 2019 a menos de 360.000 en el primer semestre de 2026.6 Ante este panorama, la liberalización de la economía se perfila, al mismo tiempo, como el último recurso para abastecer al país y como el preludio de una nueva era.

Fruto del sistema centralizado, el holding Grupo de Administración Empresarial SA (Gaesa) figura en la lista de entidades sancionadas por Washington. Raúl Castro y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) lo fundaron a principios de la década de 1990, durante el “Período Especial en tiempo de paz” que siguió a la desaparición de la Unión Soviética y al fin de la Guerra Fría. Fue Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, yerno de Castro, quien lo dirigió hasta su fallecimiento, en 2022. El conglomerado posee decenas de empresas en los sectores del turismo (Gaviota), las finanzas (Rafin, Banco Financiero Internacional), el comercio minorista (Cimex), la importación y exportación, las transferencias de dinero, la construcción y la pesca, entre otros.

En la actualidad, una gran parte de la población ve en este gigante el brazo financiero del Ejército y del poder. Entre otros reproches, se le recrimina especialmente haber construido y financiado en su tonalidad numerosos complejos turísticos de lujo –unos 50 desde 2016–, hoy casi todos vacíos debido a la crisis económica y a las sanciones estadounidenses. Uno de esos hoteles edificados fue el cinco estrellas Iberostar Selection, apodado la Torre K, cuya inauguración en 2025 desató la indignación de la población por tratarse de un imponente edificio de cristal de 44 pisos erigido en medio de construcciones en ruinas. Muchos habaneros siguen sin entender cómo hicieron para conseguir los materiales para su construcción en medio del embargo y el porqué de semejante desembolso. “Es una aberración –expresa con enojo un vecino del barrio–. Es el reflejo del desprecio de nuestros dirigentes, ahí, materializado en el medio de la ciudad. ¡Y encima estamos obligados a contemplarlo, porque se ve desde casi cualquier parte de La Habana!”. En marzo, las autoridades decidieron cerrar el establecimiento y, a pesar de la falta de turistas y de los reiterados cortes de luz que sufría la ciudad, lo mantuvieron con las luces encendidas.

Por su parte, el 2 de junio, el gobierno mostró su apoyo al holding en las columnas de Granma: “Gaesa no tiene nada que esconder, no fue concebida por élites, y mucho menos como un proyecto de enriquecimiento para unos pocos”. El mismo comunicado precisaba que los beneficios se habían reinvertido “en la central termoeléctrica Lidio Ramón Pérez”, en la provincia de Holguín, o “en obras de remodelación de policlínicas, centros de medicina familiar y escuelas”.

Giro económico copernicano

¿Estarán apostando el presidente de Estados Unidos y su secretario de Estado, Marco Rubio, a las “revueltas del hambre” para poder acorralar al régimen e incluso precipitar su caída? Atrapada en un callejón sin salida y ante la aceleración de las amenazas de intervención por parte de Washington, en junio La Habana aprobó 176 medidas de “transformaciones económicas y sociales”.7 El plan constituye una revolución copernicana para el comercio, los servicios, la agricultura, la producción, la energía; la idea es restablecer el capitalismo en numerosos sectores de actividad. Entre las medidas presentadas por el primer ministro Manuel Marrero Cruz figuran la participación de capitales extranjeros en el sector comercial y la creación de bancos, de entidades de crédito privado y de cuentas en divisas para particulares. Además, el gobierno pretende fijar como meta la dolarización parcial de la economía y abrir el camino para la transformación de las empresas públicas en sociedades comerciales.

El hecho de renunciar a su monopolio en el sector energético en beneficio de inversores privados demuestra que el Estado está redimensionando su rol y su ámbito de acción. De hecho, la liberalización incluye tanto el comercio exterior como los precios agrícolas, antes fijados por el Estado. La libreta de abastecimiento con la que durante mucho tiempo los cubanos accedieron a alimentos a muy bajo costo desaparecerá en su forma actual para reorientar la solidaridad nacional hacia las “personas vulnerables”, según las palabras empleadas por el presidente Miguel Díaz-Canel ante el Comité Central del Partido Comunista Cubano el 18 de junio.

Debido a la constante presión de Washington, que considera que las reformas son “superficiales”, Cuba atraviesa horas críticas. Sin embargo, aun en este contexto, las mipymes están tomando un nuevo impulso. A partir de ahora, podrán emplear a más de 100 personas y desarrollar sus actividades sin trabas; además, en cuanto a sus propietarios, podrán ser dueños de varias empresas. Esta última es una buena noticia para los fundadores de TaTamanía, quienes ambicionan expandirse: “Abrimos una sucursal en República Dominicana y queremos extendernos a toda América Latina, desarrollar el mercado y convertirnos en los líderes del cuidado en el continente”. El establecimiento, que ofrece tanto el servicio de centro de día como alojamiento permanente para sus residentes, cobra entre 1.000 y 1.200 dólares por persona por mes, cuando el salario mensual promedio ronda los 15 dólares. En este sentido, Álvarez aclara: “Nuestro mercado no está pensado para los cubanos que viven en Cuba, sino para los que emigraron, pero tienen a un ser querido acá”.

Explosión del sector privado

Hace algunos años, nadie hubiese tenido un discurso así en Cuba. Las medidas de liberalización aprobadas en 2021 ya habían propiciado el surgimiento de una nueva clase comercial cuya cultura se propaga gradualmente por las grandes ciudades, en un contexto de explosión de las desigualdades que hoy son visibles en el día a día. Las mipymes están en el centro de estas transformaciones. Las activas –hoy en día unas 10.000– emplean a unos 900.000 trabajadores sobre un total de cuatro millones.8 Por todo el país, miles de patios se han transformado en pequeños comercios. “Antes venían turistas a los que les alquilaba habitaciones, pero ahora llevan años vacías, así que armé esta pequeña despensa abajo de mi departamento”, nos cuenta una vecina del Vedado. Así, los pequeños negocios se multiplican: talleres de reparación de teléfonos, de fabricación de muebles y de construcción, restaurantes, tiendas de productos de limpieza y de insumos informáticos. También han proliferado numerosas aplicaciones de delivery de comida, y La Nave –el equivalente cubano de Uber– funciona exactamente bajo el mismo principio.

Asimismo, están surgiendo nuevas empresas financieras, sobre todo en el sector del pago en línea. El fundador de una de ellas explica que su ambición es “darles libertad financiera a los cubanos”. Otro emprendedor dice querer crear el “Amazon cubano”, una plataforma que centralice las ventas de las mipymes.

El derecho a importar introducido en 2021 –antes solo el Estado estaba autorizado a hacerlo– constituye un motor fundamental para el desarrollo de la actividad privada. Mario,9 directivo de una mipyme especializada en el suministro de equipamiento agrícola, visita a uno de sus clientes en la provincia de Artemisa, al oeste de La Habana. En un campo de tres hectáreas, varios agricultores se reúnen alrededor de la nueva adquisición: un pequeño tractor rojo equipado con un acoplado.

“¿Y qué tal, anda bien?”, pregunta Mario. “Sí, es muy práctico. Hago en 30 minutos lo que antes, con los bueyes, me llevaba toda la mañana”, responde uno de los campesinos. El tractor sirve para desbrozar, cavar, arar, pulverizar productos sobre los cultivos y transportar las cosechas. “Nos acompaña en todas las etapas del trabajo. Es una maravilla. El problema es que no siempre tenemos petróleo”, confiesa, entre la picardía y la resignación.

Mario fundó su empresa en 2024. “Importamos todo de China. El sector agrícola tiene un gran potencial en nuestro país. Cuba tiene que avanzar hacia una producción agroindustrial. Esa es la ambición de nuestra empresa”. En su teléfono, muestra con orgullo fotos y videos de inmensos galpones en China, donde se suceden filas de equipamientos agrícolas que pronto saldrán rumbo a Cuba. Esta perspectiva podría tener un impacto directo en la producción de alimentos del país, muy castigada tras décadas de decadencia. En 2024 se produjeron apenas 9.000 toneladas de carne de cerdo (una cantidad insignificante para un país con 11 millones de habitantes) y la producción de arroz representó solo el 30% de la lograda en 2018.10

Ahora, los agricultores independientes, las cooperativas y las mipymes también están autorizados a comercializar sus productos de forma directa. Antes estaban obligados a vendérselos al Estado, que era el que se encargaba de la distribución a través de un organismo llamado Acopio. Solo unos pocos excedentes podían volcarse al mercado de los consumidores locales.

Acá se cultivan porotos, calabazas, maíz, yuca, bananas y mangos en largos invernaderos negros. Después de alimentar a la veintena de cerdos de la finca y revisar el nivel de los tanques de agua, los campesinos se toman un descanso a la sombra. “A partir de ahora, vamos a venderles a los mercados y a los hoteles. Si hubiéramos podido hacer esto antes, el hambre no se sentiría tanto en este país”, deja deslizar con discreción Rolando, uno de ellos.

Una vez que sus compañeros están lo suficientemente lejos, se sincera y agrega: “El sistema anterior frenaba la producción. Acopio venía a buscar las cosechas, pero muchos productos se echaban a perder en los galpones. Es cierto que el Estado carece de combustible por culpa del bloqueo, pero también había desinterés y falta de voluntad por parte de los funcionarios. Se invirtieron muchos recursos en el turismo y muy pocos en la agricultura. Las empresas privadas pagan mejor y hay menos trámites”.

La capacidad de producción sigue siendo limitada, pero las nuevas normas les dan a los agricultores más margen para producir e invertir. Para los emprendedores privados, el desafío de ahora en adelante consiste en transformar esta apertura en ganancias duraderas y demostrar que pueden garantizar la seguridad alimentaria en el país.

Los perfiles de quienes tienen mipymes son variados. Pablo estaciona su SUV Toyota recién importada de Panamá. Nos sentamos en la terraza del hotel Roc Presidente, en la capital. En 2021, este joven creó una empresa de reparación de autos que emplea a unas 20 personas. Los filtros, los aceites, los neumáticos escaseaban antes de la era de las mipymes. Con los ingresos que genera, Pablo goza de una buena posición económica.

Mientras tomamos un café, pasa una mujer en situación vulnerable con su bebé en brazos. Extiende la mano para pedirnos dinero. El empresario saca un billete de 1.000 pesos de su bolsillo (en aquel momento, unos 1,70 euros) y se lo da. Vuelve a sentarse. Luego suspira: “¿Ves? Yo estoy buscando a alguien que cuide a mi mamá, que está enferma. Pagaría tranquilamente 1.200 pesos al día por eso. Pero no encuentro a nadie. ¡Una mujer como la que acaba de pasar podría hacer ese trabajo!”. “Hay cosas que me chocan de los que ganan salarios bajos –continúa–. Hay demasiada gente joven y fuerte que no quiere trabajar, por ejemplo, en la construcción. Si no estudiaste, tenés que conformarte con un trabajo así”, sostiene. “En la sociedad, en lugar de quejarse, todo el mundo debería agarrar cualquier trabajo”. El hombre abraza de lleno la nueva cultura emprendedora: “Cuando todos mis empleados se van a sus casas, yo sigo respondiendo mensajes. Nosotros, los emprendedores, no dormimos más de cinco o seis horas por día. El año pasado tuve solo dos días de vacaciones en todo el año”.

¿Su visión del futuro? “Fui a China. ¡Allá pedís un Uber y tarda un minuto en llegar! Los negocios están abiertos toda la noche. Acá ves a la gente haraganeando desde las dos o tres de la tarde. ¡En China vi lo que sueño para Cuba!”.

Desigualdades a la vista

Durante mucho tiempo, el afán de evitar el enriquecimiento de unos pocos y de garantizar la igualdad justificó la prohibición de la iniciativa privada en Cuba. En la práctica, durante estos últimos años, su autorización se tradujo en un notorio aumento de las diferencias sociales. En La Habana las desigualdades saltan a la vista: algunos niños salen a pedir ayuda –un fenómeno reciente–, montañas de basura se acumulan en las calles y el consumo de droga y prostitución va en aumento.

Mientras el sol se pone, un Tesla blanco avanza silenciosamente por la avenida Línea, en el Vedado. En una esquina estaciona un Porsche Panamera. Unos metros más adelante, abrieron restaurantes que sirven carne importada de Estados Unidos, pescado, vino, helados –un contraste abrumador con los restaurantes estatales, que no tienen casi nada–. Una comida completa cuesta entre 10 y 20 euros. También han proliferado muchísimos almacenes; algunos venden frascos de mermelada a 9,50 euros, botellas de aceite de oliva a 13 euros, botellas de vino a 30 euros, paquetes de fideos a tres euros y queso parmesano a 40 euros el kilo.

Muchos de los empresarios que abrieron los negocios más lucrativos recibieron (o reciben) dinero del extranjero. Aunque siguen manteniendo las cuentas bancarias de sus empresas en España, México u otros países, algunos de los que vivieron en el extranjero regresaron a Cuba para aprovechar las nuevas oportunidades y para disfrutar la vida. En las afueras de La Habana, un sendero conduce a una finca de varias hectáreas a orillas de un apacible lago. En el prado, al pie de las palmeras, se encuentra un lujoso bar-restaurante en donde se ven varias meseras recibiendo a los clientes. La comida ronda los 40 euros; la noche en un bungalow con pileta privada, los 400 euros –con la posibilidad de disfrutar de actividades como kayak, equitación o masajes–. Se trata de El Patrón, una empresa fundada por Roberto Carlos Chamizo González que despierta diversas opiniones en los alrededores. “Ese lugar… es indecente”, se indignan varios campesinos con los que nos cruzamos en el camino. Uno de los nietos de Fidel Castro frecuenta ese lugar. Sandro Castro, que en redes sociales ha compartido imágenes estando en ese sitio, también es propietario de una mipyme: en 2019 abrió el bar EFE en el Vedado. Otro cliente habitual de El Patrón es Dionisio Arranz, un prominente empresario del sector del lujo habanero e hijo de un exdirigente del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba. Por su parte, Chamizo González –reconocido por su estrecha relación con el poder– abrió su restaurante privado, Mia Culpa, en el hotel Iberostar Packard –propiedad de Gaesa– y suele publicar en Instagram fotos personales a bordo de jets privados, en restaurantes de lujo, en Dubái o incluso de vacaciones en Italia.

De este modo, las redes sociales dejan expuestos a otros propietarios de mipymes que surgieron de los círculos del poder. Tal es el caso de Ángel David Fernández del Valle, nieto del general Sergio del Valle Jiménez, un cercano colaborador militar de Fidel Castro. Su empresa, Sil26, distribuye en Cuba los productos de Supermercado 23, una de las grandes plataformas de venta en línea (registrada en Florida) cuyos productos son enviados desde Estados Unidos hacia la isla –para quienes pueden acceder a ellos–. Asimismo, Gaïa, otro actor relevante del sector de la distribución, está dirigida por Lisa Titolo Castro, nieta de Raúl Castro.

Sin apertura política

La extensión de la economía de mercado en Cuba no está acompañada por ninguna apertura política. Las críticas a las orientaciones del Partido Comunista siguen sin ser bien recibidas. Las reiteradas detenciones alimentan un clima de temor. La oposición de izquierda, aún incipiente, tampoco escapa a la represión. El historiador Alexander Hall Lujardo –que se identifica con el marxismo– expresa sus reservas acerca de las recientes reformas: “La llegada de las mipymes tiene un aspecto positivo y uno negativo. Sin ellas, no habría comida en Cuba, pero al mismo tiempo la burguesía comercial que se está formando va a terminar priorizando sus propios intereses”. Él, por su parte, promueve una alternativa basada en las cooperativas, a las que considera compatibles con una perspectiva socialista. El académico tiene prohibida la salida del país. La Seguridad del Estado le exigió firmar una declaración de autoinculpación filmada –un video en el que reconocería hechos por los que podría ser juzgado– y renunciar públicamente a cualquier colaboración con medios de comunicación, como condiciones para poder viajar. Se negó. “¿Acaso resulta más fácil sentarse a dialogar con el enemigo histórico de la revolución que con los propios ciudadanos?”.

Raymar Aguado encarna una nueva generación de opositores de izquierda en Cuba:11 se trata de intelectuales formados en la universidad de la isla que adoptan posiciones antiimperialistas y marxistas, pero que también critican al poder y desean dar vuelta la página de la era castrista. Autor prolífico, Aguado publica sus textos bajo vigilancia en varios medios de comunicación digitales. “La mayoría de los propietarios de Cuba quieren enriquecerse. La apertura de la economía a los actores privados no va acompañada de ninguna política que prevea reforzar, en el ámbito de la producción, el rol de los sindicatos o la participación de las bases populares organizadas del país –analiza–. No tenemos libertad de asociación, ni de manifestación ni de expresión”.

La incertidumbre que reina en el ambiente tiene algo de angustiante. En la terraza de un café del barrio Centro Habana, dos amigos conversan. Se preguntan si deberían quedarse en Cuba. “¿Qué va a ser de este país?”, pregunta el primero. “No sé para dónde vamos, amigo. Yo creo que los de arriba se las van a ingeniar para dar vuelta las cosas a su favor”. Muchos habitantes llevan tiempo esperando el derecho a la iniciativa económica privada. Sin embargo, como en muchos países que han transitado de una economía estatizada hacia un modelo capitalista, Cuba muestra las primeras señales de formación de una oligarquía local compuesta por los dirigentes actuales.

Cada día, las mismas preguntas alimentan las conversaciones: ¿qué pasará mañana? ¿Una explosión social? ¿Intervendrá Estados Unidos? ¿Realmente se van a aplicar las medidas de liberalización o van a ser frenadas por la burocracia? ¿No es demasiado tarde? ¿No habría que haberlas tomado hace 30 años? ¿Sobrevivirá el sistema social fundado sobre la salud y la educación gratuitas o estamos, de hecho, ante el fin del modelo cubano surgido de la revolución?

Julia Neima, periodista, enviada especial. Traducción: Paulina Lapalma.


  1. Maïlys Khider, “La Cuevita y el bloqueo”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, enero de 2024. 

  2. Christophe Ventura, “La soledad de Cuba”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, marzo de 2026. 

  3. “Addressing threats to the United States by the Government of Cuba”, decreto presidencial, Casa Blanca, 29-1-2026. 

  4. “Imposing sanctions on those responsible for repression in Cuba and for threats to United States national security and foreign policy”, decreto presidencial, Casa Blanca, 1-5-2026. 

  5. Maurice Lemoine, “L’impérialisme, Raúl Castro et la fable des Frères du secours”, Mémoire des luttes, medelu.org, 29-5-2026. 

  6. “Anuario estadístico de Cuba. Edición 2020” y “Arribo de viajeros. Visitantes internacionales. Información preliminar”, mayo de 2026, Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI)

  7. “Transformaciones económicas y sociales”, Gobierno de la República de Cuba, junio de 2026. 

  8. William Bello Sánchez, “Empleo, salarios y dinamismo: otras caras del sector privado para una Cuba próspera”, Cuba Capacity Building Project, Universidad de Columbia, 28-7-2025. 

  9. Los nombres fueron modificados. 

  10. Ronald Suárez Rivas, “¿Qué perspectivas tiene la producción de arroz en Cuba?” y Freddy Pérez Cabrera, “¿Hay manera de recuperar la producción porcina?” (I), Granma, La Habana, 2-3-2025 y 9-4-2025, respectivamente. 

  11. Maïlys Khider y Jesús Lopes, “Las caras de la oposición cubana”, Le Monde diplomatique, edición Uruguay, agosto de 2025.