“El otro día mi amiga Elena me dijo: ‘¡Qué memoria que tenés para las conversaciones! Porque cuando contás una historia te acordás de miles de detalles’. Yo pienso todo lo contrario, que no me acuerdo nada, pero es cierto que me fijo mucho en cómo habla la gente y guardo muchos diálogos”, cuenta Patricia Turnes, con una pizca de orgullo poco común en ella y un retrato de Frank Black a su espalda en la pantalla del Zoom, que, como una enfermera, parece decirle “¡Shhhhh!”.
Si bien la autora de Últimos días con mi familia (2001) y Pendejos (2007) nunca dejó de escribir –y publicó notas culturales para publicaciones como Brecha, el portal Escaramuza y la web argentina Indie Hoy–, su regreso literario ocurre más de 15 años después de Amor y amistad entre ovejas negras (2010). Ahora, en Soy tu fan continúa con la autoficción y también se mantiene fiel al estilo borbotónico para mezclar amores y humores amargos en un relato coral de aventuras urbanas alrededor del líder de Los Unicornios, la nueva banda de moda del indie uruguayo.
“Todo era perfecto hasta que, un rato después de que se fuera, Ofelia me mandó aquel mensaje de texto: ‘Es la primera vez que veo personalmente a Bruno. ¡Está mejor en persona de lo que me imaginaba! ¡Qué lindo que es! ¡Estoy enamorada!’. Aunque estábamos por entrar a la siguiente película, le mostré a Bruno lo que me había escrito Ofelia. Era para eso que me había mandado el SMS, para que yo les hiciera gancho. Mientras yo iba pasando el mensaje hacia abajo leí, a la vez que Bruno: ‘¡Pero no te lo voy a sacar porque vos lo viste primero y yo no soy tan perra como para hacerte eso…!’ Bruno se rio. Yo también”, cuenta Marcia, otra de las protagonistas de Soy tu fan.
En una pausa de su agenda de gestora cultural, periodista, estudiante de karate y cantautora que ahora mismo prepara su cuarto long play solista –uno de melódico internacional–, Patricia Turnes tuvo una charla con la diaria.
¿Cuántas veces releíste el texto antes de terminar la novela?
Un millón de veces. Mi editor escribió que empecé con esta historia en 2010, pero es posible que haya sido en 2012. Al principio eran como apuntes que iba tomando de mi vida. O sea, la página que escribo todas las mañanas, ese método de Julia Cameron que sigo. Pero también después, claro, otros personajes que yo iba observando de la escena entraban en esa conversación con mi vida, y ahí se me ocurrió escribir sobre fans.
Un día, creo que era un primero de año o algo así, estábamos con mi pareja, solos, mirando la tele y apareció una película de la vida de la autora de Harry Potter. Yo tengo ese mojón como recuerdo. Creo que vi eso y pensé: “Pah... tremendo”. O sea, la mina estaba en la hoja económicamente. La típica película que te muestra cómo un escritor sale de la peor etapa de su vida y se convierte en millonario. Entonces: enero, calor, más toda la experiencia de haber publicado novelas con la editorial Planeta, que es una multinacional e igual te sacan del catálogo y por allá capaz que un día te encontrás con un ejemplar en una librería de Atlántida; imaginate el contraste. En ese momento, frente al televisor, me dije: “Yo tengo que lograr hacer guita con una novela”. Y nada, se me mezclaron cosas de fantasías de ayer y de hoy con la idea de escribir sobre fans. Era un delirio total, porque después caí en que esto igual no me iba a dar guita, pero no importa: “Voy a escribir igual”, razoné. Y entré a escribir.
Por esa época, yo me había metido de lleno en la música y estaba medio desilusionada de la escritura, y esa película activó algo en mí. De golpe, me volví a sentir escritora. ¿Cuántas veces la leí? Un montón. Fue una emoción tremenda cuando vi que el libro ya estaba en formato físico. O sea, existe.
En 15 años te deben de haber pasado muchas cosas en el medio.
La novela pasó por un montón de etapas. En una época en que tenía un programa de radio con Mandrake Wolf, en El Espectador, yo andaba con el manuscrito arriba y me acuerdo de haber pasado por alguna librería que también era editorial, y por alguna otra con el mismo perfil, y que la respuesta siempre fuera: “Por ahora no la vamos a publicar”. Entonces, claro, pasaban los años, hasta que un día compré un libro por internet, creo que era de Julio Inverso, aunque capaz que era otra cosa, y, como toda editorial independiente, vino el propio editor hasta mi casa a traerme el libro. Era un domingo. Se bajó del auto. Yo estaba vestida toda zaparrastrosa. Y se presentó, pero yo no le di mucha importancia. Pasó el tiempo. Un día nos cruzamos y me dijo: “Che, ¿vos estás escribiendo algo”? Y ahí le conté lo de la novela, me dijo que le interesaba y el libro se encaminó.
¿La historia siempre fue la misma?
La novela era mucho más larga. Pasaban un montón de cosas, pero a la vez no pasaba mucho. Estaba muy lento todo. Entonces, con el editor empezamos a buscarle la vuelta. Les di un poco de color a algunas cosas –a todas, te diría–, porque estaba la sustancia, pero faltaba un poco de acción, de picar la cosa. Empecé a llevar la historia para el lado melodramático, que a mí siempre me encantó, como los personajes de Pedro Almodóvar: una toma pastillas, otra tuvo un accidente, cosas que pasan en la vida real. Y además tenía como referencia todo el ecosistema de la música indie, del que primero fui fan y luego cantautora.
Hiciste un estudio de campo involuntario.
Yo siempre estuve metida en ese ambiente. Mis novios eran músicos y siempre estaba yendo a sus recitales o a los de los amigos. Ningún novio mío no estuvo relacionado con la música. Y por mi lado, también. Te diría que en este último período las referencias tienen que ver conmigo. Yo era la que tomaba la iniciativa de ver ciertas bandas y mi novio me acompañaba, o yo le pasaba música que me gustaba, por el interés en esas bandas chicas del under, si bien mi pareja tocaba en uno de sus grupos no muy conocidos. Creo que el Tüssi Dematteis llegó a escribir algo de esa banda, se llamaba Ron Jeremy. Mi novio era fan de La Hermana Menor mucho más que yo. En un lugar tan chico, llega un momento en que los conocés a todos. Prácticamente podía pasar lista cada vez que iba a un recital de una banda indie.
Hasta que, en un momento, con los discos que grabaste, terminaste metida con todo en la movida.
Y sí, claro. En la novela, el personaje que vendría a ser bastante parecido a mí, por algunas cosas, es Marcia. Ella anhela que la inviten a ensobrar los discos, o algo, por lo menos, para hacerse amiga de los músicos. Como que quiere pasar para el otro lado de esa línea que separa al escenario de los fans, y hace todo lo posible para conseguirlo. Las otras protagonistas también. Todas sueñan con ser artistas o managers, o con ser algo.
Son personajes de un ambiente que yo conocí y que no condice mucho ni con la edad que yo tenía ni con la que tengo. Hoy fui a la peluquería y la persona que me lavó el pelo tiene mi edad y ya tiene un nieto. Entonces, su vida es muy diferente a la mía. Yo sigo viviendo la misma vida de siempre. Sigo yendo a recitales como si todavía fuera una adolescente, pero no lo soy. En mi espíritu nunca estuvo la idea de sentar cabeza y madurar. A medida que pasan los años, la vida te trae un montón de cosas en la parte laboral y en otras, pero para ser artista me parece que no podés perder algo de ese espíritu.
Si uno sigue la línea que une tus anteriores trabajos literarios con Soy tu fan, podría afirmar que en la autoficción seguís encontrando tu forma de expresión ideal.
Bueno, sí. La autoficción es ficción. Me preguntabas cuántas veces corregí la novela, y una de las cosas que más tiempo me llevó de este último proceso –todavía recuerdo la sensación física de las gotas de transpiración en los veranos que me dediqué a ajustar el texto– fue cambiar muchas cosas de los personajes: orientación sexual, nombres, miles de detalles, para decir: “Nadie se va a dar cuenta de dónde saqué esto”. Eso me llevó un montón de tiempo. Es un trabajo que hubiera querido evitar, pero me pasa eso, que digo: “Hay que cuidar a las personas, cuidarse uno”, y a la vez, de forma inevitable, sentís el síndrome de Truman Capote. Esa cosa de que traicionó a la gente y lo dejaron solo. Si bien nunca tuve una experiencia tan dramática como la suya y siempre me he cuidado, esa es mi peor pesadilla.
¿Por qué creés que pasó tanto tiempo entre tus últimas dos novelas?
Durante ese tiempo hice un montón de cosas. Al final de esa etapa creo que se dio un momento de inflexión con lo que venía haciendo en la música. Ahora recién voy a activar la posibilidad de volver a presentarme en vivo. Estoy grabando un disco de melódico internacional y estoy muy entusiasmada con eso. La escritura tiene todo eso saturante, de que tenés que construir un personaje hasta detalles mínimos, crear una trama, curar la escritura, borrar cosas. O sea, tiene muchos desafíos que te agotan. Y en un momento decís: “Quiero volver a cantar, qué divertido”, que es una actividad presente, con más gente, y que implica una sociabilidad. Pero, claro, después de haber estado tres años metida en la novela…
Me venías contando sobre la sensación de saturación con la escritura.
El tema es cuando te satura una cosa o estás cerrando una etapa. Yo me siento identificada con lo que decía Dani Umpi en las entrevistas que hizo ahora por la retrospectiva de su obra plástica. Él decía que necesitaba ponerse a grabar un disco nuevo, porque no quería vivir del pasado y no sé qué. Bueno, a mí me pasa lo mismo. Digo: “Ya está, ya pasó”, y ahora estoy escribiendo otra novela, pero además necesito lanzarme de vuelta en la música. En noviembre cumplo 55 años, y me parece que el melódico internacional está ideal para esa edad. Es bien esa onda de ser madura, y me parece que es el momento de hacer ese disco.
Ya dijiste que Marcia tiene cosas tuyas. ¿Qué podrías decir de Lori, Emilia y Eva? Y también está Ofelia.
Lori es una gran anfitriona. Y si bien no es música, reúne a un montón de gente en su casa. Tiene alguna cosa medio depresiva. Emilia es una chica muy trabajadora y también muy ambiciosa, que quiere despegarse del ambiente, pero no le queda otra que trabajar en un bar. Ella, en realidad, quisiera estar haciendo otra cosa, como cortos de cine, algo así, y tiene la fantasía de irse para Buenos Aires. Eva es parte de Los Unicornios. Son mujeres, en un punto, desesperadas, al borde de un ataque de nervios. Ninguna está del todo bien.
Y todas le envidian una cosa a la otra.
Hay pequeñas envidias, esas cosas que suelen pasar entre las mujeres, por lo menos en este sistema bastante patriarcal. Se matan por una migaja de atención de un loco de una banda o de lo que sea.
El libro tiene ese humor medio agrio que te caracteriza.
Me alegro de que lo hayas encontrado. A mí ya me sacó el humor que tenía. En su momento me hacían gracia un montón de cosas de varios personajes que conocí y que en la novela mezclé con asuntos míos, más chusmeríos varios y cosas que me imaginé y nunca pasaron. Creo que logré retratar algunos personajes tóxicos y otros simpáticos también. Existe un catálogo de personajes del ambientecito, no sé si diría rock, porque es más como del indie rock uruguayo, del cual yo me saturé. Me metí tanto, que ahora a veces estoy hablando con alguien sobre eso y digo: “Ya está, no banco más”. Viste que hay gente que tiene baja tolerancia a ciertas cosas. Bueno, yo tengo baja tolerancia al indie.
Además de hacerte millonaria, ¿qué te gustaría que pasara con la novela?
Estaría bueno que la gente la lea y que gane un premio. Ni idea de qué hay que hacer para que eso pase. Le voy a preguntar a Daniel Mella para ver cómo hizo para ganar el Bartolomé Hidalgo.
Soy tu fan, de Patricia Turnes. 454 páginas. Forma, 2026.
Presentación: jueves 22 de octubre a las 21.00 en Escaramuza. Conversación de la autora con Kristel Latecki y show de Charlie Cromo.