En 2012, Victoria Estol publicó Bicho bola, un poemario en el que los hallazgos estéticos, los afectos y el humor se ordenaban ingeniosamente. Dos años después, el libro apareció en edición bilingüe como bicho bola / roly poly, con traducción al inglés de Seth Michelson, publicado por la editorial estadounidense Toad Press. Desde entonces, Estol participó en varias antologías y revistas. Hace unas semanas dio a conocer Paja infiel, un libro en el que lo erótico cobra distintas formas, entre divertidas, reflexivas e intimidantes, con algo de “ajuste de cuentas” y mucho de liberación emocional.
Antes de la presentación del jueves junto con Fernanda Kosak en el bar Tasende –donde dice haber escrito varios de los textos de ambos libros–, conversamos brevemente con ella.
Entre Bicho bola y este libro hay muchas conexiones. Podría ser la misma voz, pero “pasaron cosas”. ¿Lo ves así?
Hay un hilo entre los dos libros, sí. No lo tenía tan claro cuando empecé a armar Paja infiel, pero en el proceso me fueron bajando conexiones; incluso textos con poder de presagio y otros que iluminaron secretos inconscientes. Eso fue una sorpresa, algo que no esperaba y derivó en que este libro fuera un juego/hechizo psicomágico. Y debo decir que me funcionó: tengo novio y es divino.
Y sí que pasaron cosas entre los 14 años de un poemario y el otro. Uno lo escribí con 27 y me ayudó a ubicarme en el plano personal y artístico; este fue a los 42, tras dos partos, crianzas y toda la avalancha que esos acontecimientos traen. Proceso, que con contención y locura, arroja una impunidad deliciosa.
Lo que sí logré en ambos libros, y en un momento con este nuevo no lo creí posible, es la honestidad con la que fueron escritos y armados. Insisto en lo del armado, que no es lo mismo que la edición, porque es algo que tomo como un momento de la obra: la oportunidad de jugar y meterle mano al lector y lectora cuando el libro llegue.
Vi algunos asuntos que atraviesan Paja infiel: hay un accidente, hay una separación, hay un reemprendimiento de lo afectivo-sexual, queda el temor a una nueva decepción. ¿Lo estructuraste de esa manera? ¿Dirías que es confesional?
El temor no es a una decepción, sino más bien a no poder ser yo en el encuentro con el otro, a perderme en la estructura de lo que se espera. El título toquetea esa idea.
La estructura es natural, te diría que están casi en el orden que fueron escritos y, como la ciclotimia personal quedó reflejada, funciona. En la búsqueda de contundencia quedaron textos afuera; no quería repetir ideas, situaciones o chistes.
Confesional sí que lo es, no por lo que se narra, sino por las sensaciones, las situaciones, las dudas, los estados. Pero la gran mayoría de lo que se cuenta le pasó a una amiga. Je.
Hay un texto en prosa, “La prima de la coneja”, que marca la primera parte del libro. Es un relato crudo de la primera relación sexual, con mucho del tono de Raymond Carver. ¿Lo tenías preparado desde hace mucho?
Gracias por la comparación con Carver, una de mis fuentes literarias. Ese texto tiene muchos años, sí; no me doy cuenta de cuándo fue que lo escribí. Lo que ahí se relata es una situación que, con matices, las mujeres vivimos. Cuando lo he compartido en voz alta, abre una larga conversación entre mujeres. La dificultad y el miedo para decir que no o irse. La confusión entre el deseo y lo que se espera de nosotras. La poca sensibilidad, en la mayoría de los casos, de los hombres para percibir el estado de una y parar. El miedo que sentimos las mujeres de frenar a un hombre excitado es brutal y ancestral.
Corre mucho humor, por otra parte. “La cita es contigo”, por ejemplo, juega mucho con el título del libro. Es un humor autoinfligido.
El humor es un arte elevado para mí. No solo me ha salvado, sino que también me ayuda a encontrar amistades y amores. Si no hay humor, que no haya nada.
Paja infiel, de Victoria Estol. 66 páginas. Yaugurú, 2026.
Presentación: jueves 10 a las 19.30 en el bar Tasende (San José y Ciudadela).
