El gobierno israelí, que encabeza el primer ministro Benjamín Netanyahu, amenazó este martes con lanzar una guerra contra la Autoridad Palestina que gobierna Cisjordania, en el contexto de la conmemoración del tercer aniversario de los ataques de Hamas y otras facciones armadas palestinas sobre el sur del territorio de Israel.
Estos ataques terminaron con el asesinato de alrededor de 1.200 personas y el secuestro de 250, lo que desencadenó el inicio de la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza que costó la vida de más de 70.000 personas. Aún así se estima que miles de cadáveres siguen bajo los escombros del pequeño territorio costero palestino que sigue en buena parte destruido y bajo ataques esporádicos de las fuerzas israelíes.
Las amenazas de guerra en Cisjordania fueron formuladas por el ministro de Defensa, Israel Katz, quien hace exactamente un mes había planteado la misma amenaza, enmarcada en la campaña electoral rumbo a las elecciones parlamentarias del 27 de octubre, comicios que en los hechos se presentan como un plebiscito sobre la gestión de Netanyahu.
De acuerdo con lo que informó The Times of Israel, Katz informó a los ministros durante la reunión semanal del gabinete sobre los preparativos militares en Cisjordania, comunicándoles que se ordenó a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) estar listas para un escenario de guerra contra la Autoridad Palestina.
Katz señaló que las FDI “se están preparando para un escenario en el que las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina y la organización Tanzim, afiliada a ella, vuelvan sus armas contra los colonos y las tropas de las FDI” en Cisjordania y a lo largo de su frontera.
“En tal caso, se declararía la guerra a la Autoridad Palestina y las FDI lanzarían una ofensiva integral conforme a un plan detallado, formulado y aprobado por el primer ministro Netanyahu y por mí, basado en los principios establecidos para las FDI”, afirmó.
Katz dijo que la eventual campaña militar contra la Autoridad Palestina en Cisjordania, que es el gobierno de la nación árabe que cuenta con el reconocimiento de la comunidad internacional, “sería breve y contundente, e incluiría el despliegue de fuerzas terrestres y aéreas y medios especiales, la eliminación y expulsión de altos cargos, la destrucción de armamento, así como la evacuación masiva de residentes y la destrucción de la infraestructura terrorista dentro de las ciudades y en todos los campos de refugiados, siguiendo los modelos de Gaza y el Líbano, todo ello acompañado del refuerzo de tropas y la protección de las comunidades israelíes”.
Estas amenazas, si bien encuadran perfectamente en la retórica genocida del gobierno de Netanyahu, son ampliamente rechazadas por un sector no menor de la oficialidad del ejército israelí, que considera al presidente palestino Mahmud Abbas y a sus fuerzas de seguridad como aliados fiables en la tarea de contener con efectividad a las entidades armadas que existen en Cisjordania, el más grande y poblado de todos los territorios palestinos.
Por su parte desde Ramala, la capital palestina, este martes el primer ministro Mohamed Mustafá reiteró sus directrices a todas las instituciones gubernamentales para que intensifiquen sus intervenciones y atiendan las necesidades de los ciudadanos.
Según un comunicado del Centro de Comunicación Gubernamental, consignada por la agencia de noticias palestina Wafa, el Consejo de Ministros advirtió sobre el persistente sufrimiento humanitario en la Franja de Gaza.
Reiteró su llamamiento a intensificar la entrada de ayuda humanitaria, asegurando que llegue a quienes la necesitan, especialmente ante la proximidad del invierno. Esto incluye suministros de refugio, ropa de abrigo y otros artículos de primera necesidad para proteger a las personas desplazadas por frío y la lluvia, así como garantizar el acceso a alimentos, agua, medicamentos y servicios de salud.
El Consejo de Ministros palestino también alertó sobre la escalada de crímenes cometidos por las bandas de colonos bajo la protección de las fuerzas militares, particularmente desde el inicio de la temporada de recolección de aceitunas hace dos semanas. Estas acciones costaron la vida de cuatro personas; además se registraron 102 agresiones contra agricultores y recolectores de aceitunas, el robo de cosechas y la destrucción de 2.204 olivos.
Esta situación además coincidió con el incremento de las demoliciones y restricciones en las gobernaciones palestinas, destacando el endurecimiento de las medidas en la Ciudad Vieja de Hebrón mediante la instalación de puertas de hierro en sus barrios, así como la continuidad de las demoliciones, incluso dentro de la ciudad de Jerusalén Este, considerada por los palestinos como su capital.
Paralelamente, en el contexto de la conmemoración de los ataques del 7 de octubre, la empresa Gallup publicó una encuesta consignada por el diario israelí Haaretz, en el que se recoge que la mayoría de los israelíes y palestinos se opone a la solución de dos Estados.
Solo el 26% de los israelíes encuestados afirmó que apoyaría la solución de dos Estados, la cual implica el establecimiento de un Estado palestino independiente junto a Israel. El 65% de los israelíes se opone a la existencia de dos Estados independientes, según el sondeo.
Gallup señaló que, desde 2023, no puede incluir en sus trabajos a encuestados de la Franja de Gaza como lo hacía anteriormente.
Entre los palestinos encuestados en Cisjordania y Jerusalén Este, el 32% dijo apoyar la solución de dos Estados, mientras que el 58% se mostró en contra.
El nivel de apoyo a un acuerdo permanente –que establecería un Estado palestino independiente junto a un Israel independiente– se mantuvo relativamente bajo, pero estable desde 2023, registrando un aumento del 1% entre los israelíes y del 6% entre los palestinos.
Sin embargo, estas cifras están muy lejos de las obtenidas en la encuesta de Gallup de 2012, que reveló que dos tercios de los palestinos y el 61% de los israelíes expresaban su apoyo a la solución de dos Estados.
El reciente sondeo también reflejó un pesimismo generalizado tanto entre israelíes como entre palestinos: solo el 22% de los israelíes y el 21% de los palestinos dijeron creer que alguna vez se alcanzará una paz duradera.