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Péter Magyar durante un acto de campaña.

Foto: Attila Kisbenedek, AFP

András Bíró-Nagy: “En la última década, Hungría pasó de ser uno de los países con mejor desempeño en Europa central a encabezar el ranking de los más pobres y corruptos”

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El politólogo e investigador húngaro analizó la evolución del gobierno de Viktor Orbán, que podría perder por primera vez las elecciones tras 16 años en el poder.

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El politólogo András Bíró-Nagy es director del centro de estudios Policy Solutions, investigador principal del Centro de Ciencias Sociales de Hungría e integra la junta directiva de la Asociación Húngara de Ciencias Políticas. En diálogo con la diaria, analiza la evolución del gobierno de Viktor Orbán, que podría perder por primera vez las elecciones tras 16 años en el poder. El primer ministro húngaro, referente internacional para las fuerzas de derecha, recibe en su campaña el apoyo tanto de la Rusia de Vladimir Putin como del presidente estadounidense, Donald Trump.

Viktor Orbán ha ganado con holgura las últimas cuatro elecciones, y pese a estar relegado al segundo lugar en las encuestas para su quinto mandato, sigue siendo un líder popular. ¿En qué se basa su popularidad?

Orbán ha sido muy exitoso durante los últimos 16 años, por muchas razones. Entre otras, sus políticas para apoyar a las familias, algo por lo que ha ganado reconocimiento en todo el mundo. Por ejemplo, las mujeres que tienen varios niños no tienen que pagar ningún impuesto en Hungría. Esa ha sido su política estrella. En octubre amplió la cobertura, y las madres con tres niños ya no pagan impuestos. Las madres que tienen dos niños y son menores de 40 años, tampoco. No por un período, de por vida. Y en esta campaña electoral ha hecho la promesa de extender esa política a mujeres de cualquier edad. Este programa ha sido muy exitoso y lo ha hecho muy popular.

El otro gran tema es que ha mantenido bajo el precio de la energía. Desde 2013 establecieron un tope a los precios, algo que es muy importante, sobre todo para el gas. A pesar de que tuvieron que modificar un poco este sistema hace cuatro años, durante la crisis energética, cuando empezó la guerra entre Rusia y Ucrania, sigue siendo uno de los temas más importantes de Orbán. Su campaña se basa en que es el único candidato capaz de mantener la energía barata, y alimenta el temor de que, si hay un cambio de gobierno, la población pagará mucho más.

Entonces, es cierto que en los primeros años el crecimiento económico fue uno de los pilares importantes de su apoyo. Pero ese pilar cayó en el último período. Desde las últimas elecciones, en 2022, Hungría no solo no tiene crecimiento, sino que atraviesa un estancamiento o una recesión. Lo que ha ocurrido en los últimos años es que se rompió la confianza en que Orbán sea capaz de mejorar la vida de los húngaros, de mejorar la economía interna. Eso creó la oportunidad para el opositor, Péter Magyar, de articular una campaña a partir de la crítica a Orbán desde el aspecto económico, el costo de la vida y los servicios públicos.

Otro tema clave por el que Viktor Orbán se ha vuelto famoso globalmente es por sus políticas antiinmigración. Desde 2015 mantiene una política de cero inmigración y ha cerrado las fronteras de Hungría. Incluso construyó un muro en la frontera sur. Esta política ha sido internacionalmente reconocida y ha sido un ejemplo para políticos como Donald Trump.

Incluso el presidente chileno, José Antonio Kast, estuvo aquí hace dos o tres meses y visitó la frontera para tomar ideas. Esta política le ha causado millonarias multas por parte de la Unión Europea por incumplimiento de las normas comunitarias, pero Orbán no ha cambiado su postura. Dijo, directamente, “no queremos multiculturalismo”, “no queremos que nuestro propio color, tradiciones y cultura nacional se mezclen con los de otros”. Además, la Comisión Europea ha bloqueado miles de millones en fondos de desarrollo para Hungría debido al incumplimiento de la normativa comunitaria, por la preocupación por la erosión de la democracia y la corrupción en el país. ¿Cómo se ha llegado a este extremo?

Hungría ahora es considerada uno de los países más pobres y más corruptos de Europa. Pero además, ha perdido valores democráticos como la independencia de la Justicia, la independencia de la prensa o la independencia académica. El gobierno incluso ha atacado mucho a la sociedad civil en Hungría. Hay muchos aspectos de la democracia que han sido socavados.

Viktor Orbán y su partido, Fidesz, adoptaron una nueva Constitución para el país en 2011, que es una Constitución de un solo partido. No fue resultado de un consenso nacional. Fidesz redactó y aprobó una nueva Constitución sin consultar a ningún otro partido, porque tenía la mayoría constitucional necesaria en el parlamento, y la usó para votar cosas como una nueva Constitución. Además, se adoptó un nuevo sistema electoral en 2011, que sirve también a los intereses del partido de Viktor Orbán.

El sistema electoral es uno de los temas clave de las elecciones, en las que, según las encuestas, la oposición tiene una ventaja de entre cinco y diez puntos sobre Orbán.

El propio sistema electoral, aprobado en su gobierno, a su conveniencia, es el que ayuda a Viktor Orbán a mantenerse en el poder. Tanto es así que Péter Magyar tendría que ganar con mucha diferencia –al menos diez puntos– para que haya un cambio de gobierno en Hungría.

El sistema mismo da una ventaja de aproximadamente cinco puntos a Viktor Orbán. Se elige un parlamento de 199 diputados, pero de ellos, 106 se eligen en distritos electorales locales. Según cálculos estadísticos, los distritos donde Fidesz siempre ha sido muy fuerte son más pequeños, y los distritos donde la oposición es normalmente muy fuerte son más grandes. Eso significa que la oposición necesita más votos para ganar el mismo número de escaños. Entonces, si a nivel nacional el partido Fidesz, de Orbán, y Tisza, de Magyar, tienen más o menos el mismo nivel de apoyo, Fidesz puede ganar más escaños con la misma cantidad de votos. El problema ahora es que es un gran test de este sistema. ¿Qué va a pasar si, por ejemplo, Magyar gana en cantidad de votos, pero no por una diferencia muy grande? Podemos llegar a una situación donde la oposición gana, tiene más votos, pero gana menos escaños, por el sistema mismo.

Según las encuestas, ahora la oportunidad de tener un cambio de gobierno es más grande que la de que Orbán siga. Entonces creo que si vemos las encuestas más creíbles, podemos ver que Tisza/Magyar están ganando con más de diez puntos. O sea que, si se mantiene, lo más probable es que veamos un cambio de gobierno este fin de semana.

András Bíró-Nagy. Foto: Eugenia Rodríguez Cattaneo

Magyar era hasta hace dos años parte del partido de gobierno, Fidesz, al que renunció para crear su propio partido, Tisza, en 2024. Su figura no supone un cambio radical. ¿Cuál es el principal giro que daría al gobierno húngaro?

Creo que la diferencia más importante es que Péter Magyar piensa que Hungría tiene su futuro dentro de la Unión Europea y de la OTAN, y no es tan crítico con estas organizaciones internacionales como Viktor Orbán, que, pese a formar parte, se ha enfrentado sistemáticamente a ellas. Orbán siempre es muy crítico con la Unión Europea y cercano a países como China, Rusia, a Donald Trump en Estados Unidos y Javier Milei, de Argentina, con quien son grandes amigos. Un gobierno de Magyar sería política y económicamente mucho más constructivo a nivel europeo.

También creo que se concentraría mucho más en el crecimiento económico. Intentaría desbloquear los fondos europeos desde el primer minuto. Ese es uno de los desafíos más urgentes para él: obtener los fondos europeos bloqueados.

Creo que invertirá mucho más en los servicios públicos. Es algo de lo que Viktor Orbán de verdad no se ocupó mucho, y creo que es su gran debilidad: la realidad social de Hungría, la crisis del costo de la vida y también la crisis de los servicios públicos como el sistema sanitario, el sistema de educación, el transporte público.

Orbán se ha centrado en amenazas externas, como la guerra de Ucrania, la inseguridad en el mundo global, y en que él es la única garantía de defender a Hungría en tal situación. La debilidad de Orbán es la economía interna, mientras muestra que sus puntos fuertes son la política exterior y sus amistades con los grandes líderes del mundo.

Orbán ha sido acusado no solo de ser aliado de Rusia, sino de favorecer sus intereses dentro de la Unión Europea, y ha sido acusado incluso de que funcionarios de su gobierno espían para el Kremlin. Es además un acérrimo opositor a las ayudas a Ucrania en la guerra con Rusia. En este momento, el veto de Hungría bloquea 90.000 millones de euros aprobados por la Unión Europea de ayuda a Ucrania. ¿Cuál es el origen de su posición pro Rusia?

Es la gran cuestión de nuestro tiempo. ¿Por qué Orbán ha cambiado tanto en el asunto de las relaciones con Rusia? Lo que pasó es que hasta en 2009 Viktor Orbán fue antirruso, totalmente. Empezó su carrera hace más de 35 años como uno de los políticos que impulsó la salida del ejército ruso de Hungría, que ocurrió en 1989. Entonces, entre 2009 y 2010, algo cambió, y siempre ha sido fuente de especulación qué pasó entre Vladimir Putin y Viktor Orbán en un mitin en San Petersburgo, porque desde entonces Viktor Orbán nunca más habló mal de Putin.

Lo que es más evidente es la buena relación en términos energéticos entre los dos países. Viktor Orbán siempre habla de la energía barata para Hungría, y Rusia tiene un papel importante en este sector en Hungría, no solo en el petróleo y el gas, sino también en la energía nuclear.

Orbán se ha enfrentado constantemente con Bruselas por su posición sobre el estado de derecho, los derechos LGTBIQ+ y la inmigración. El alineamiento ideológico lo acerca a países del Este, y no a Europa, aunque no se plantea abandonar la Unión Europea.

En 2014, Viktor Orbán dio un discurso muy importante en el que habló de la “democracia iliberal”. Fue un término bastante famoso, y mencionó cinco países como ejemplos de cómo manejar bien una economía, cómo manejar bien un Estado. El paquete fue: China, Turquía –el [presidente Recep Tayyip] Erdogan de entonces–, la Rusia de Putin, India y Singapur. Esos fueron los cinco ejemplos de cómo manejar bien un Estado en el siglo XXI.

Orbán cree en la decadencia de occidente y piensa que el futuro está en el este. Su gran política y su gran visión siempre han sido la apertura al este. Es una estrategia que empezaron ya en 2011, y unos años más tarde introdujeron otro nombre para esta estrategia: la “estrategia de conectividad”. Conectividad significa que el gobierno de Orbán no tiene ningún valor moral en los asuntos exteriores; solo hay intereses, sobre todo intereses económicos, con todo el mundo. Desde entonces, la estrategia oficial es mantener las mejores amistades posibles y la mejor cooperación posible con todo el mundo, incluso con dictaduras del este, de Asia y a veces de América Latina.

Esta estrategia a veces causa problemas. Por ejemplo, el régimen de Orbán era un buen amigo del régimen de [Nicolás] Maduro en Venezuela. Y cuando Trump empieza una acción militar ahí, durante unos dos días el gobierno no dice nada, porque había fotos del ministro de Asuntos Exteriores de Hungría con Maduro de hace dos años, como buenos amigos, hablando de la importancia de la cooperación. Y su mejor amigo, Estados Unidos, ataca a Venezuela. ¿Qué pasa entonces? Después de dos días empezaron a hablar en contra del “régimen de narcotraficantes”, como lo hacen en Estados Unidos contra Venezuela. Entonces se trata de establecer buenos contactos con todo el mundo, hacer negocios con todo el mundo, ser amigos con todo el mundo, pero a veces eso causa problemas, como este ejemplo de Trump y Venezuela.

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