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Mundo Europa
Papa León XIV en el puerto de Arguineguín, en la isla Gran Canaria, el 11 de junio. Foto: Simón Risoluti, Vatican Media vía AFP

Papa León XIV en el puerto de Arguineguín, en la isla Gran Canaria, el 11 de junio. Foto: Simón Risoluti, Vatican Media vía AFP

León XIV: los países de Europa “no pueden acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”

El papa visitó un muelle que acoge a migrantes refugiados y dijo que “la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.

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En la última fase de su gira por España, el papa León XIV visitó el puerto de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria, donde brindó un discurso en el que solicitó a la comunidad internacional que brinde respuestas a personas migrantes que se ven desplazadas de sus países de origen y ven vulneradas sus derechos.

El puerto de Arguineguín opera como sitio de acogida de migrantes. Fue catalogado popularmente como el “muelle de la vergüenza” en 2020, luego de que se constataran en el lugar problemas de hacinamiento e insalubridad, en un contexto que excedió las capacidades de respuesta de la isla. Según informó El País de Madrid, ese año el archipiélago de las Canarias fue sitio de llegada de más de 23.000 migrantes.

En su discurso, el papa se refirió al evangelio cristiano como “una advertencia que ninguna gente puede tomar a la ligera”. “Hoy, junto al mar, la palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca, nunca de su dignidad”, evaluó en un discurso que consignó la cadena católica EWTN.

El estadounidense Robert Francis Prevost caracterizó a los migrantes como personas que están “marcadas por el miedo, el hambre [y] la violencia después del desierto, de la noche y del mar”, y aseveró que el “drama” de la migración “debe convertirse en examen de conciencia” para los diferentes actores involucrados.

Así, convocó a los diferentes actores involucrados a brindar las respectivas soluciones para con los migrantes: exigió a sus naciones de origen, de las que provienen los migrantes, a que generen las “condiciones de paz, justicia [y] desarrollo” y recordó el deber de aquellas por las que transitan, las que están “llamadas a proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales”. Asimismo, el sumo pontífice dijo que los países de la comunidad europea “no pueden proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el [mar] Mediterráneo y el [océano] Atlántico sean cementerios sin lápidas”, y se refirió también a los deberes de la comunidad internacional, que acordó está “llamada a una cooperación eficaz y perseverante”.

Igualmente, el líder religioso reconoció que la organización que encabeza “debe dejarse interpelar”, y reivindicó que “la acogida del migrante no puede ser algo secundario” ni “delegado únicamente a algunos voluntarios”. “No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras, pues una oración brota todo el servicio y a ella vuelve todo compromiso”, afirmó.

“No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido”, advirtió, y agregó que el solo hecho de haber personas que buscan cruzar el Mediterráneo “trae consigo una pregunta”. “¿Qué mundo hemos construido? Si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida, la dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes. Protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”, remató.

Y concluyó: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos: la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera. Que el Dios que en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor, nos conceda a reconocerlo hoy en los pobres y los extranjeros, y los libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera”.