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Verónika Mendoza.

Foto: Inés Guimaraens

Elecciones en Perú: “La izquierda no es ajena a la hiperfragmentación ni a la crisis ideológica”, señala la dirigente Verónika Mendoza

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En las encuestas, Keiko Fujimori aparece como favorita, pero todo indica que la elección se definirá en segunda vuelta.

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Leído por Mathías Buela
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La competencia de 35 candidatos a la presidencia en Perú no solo es motivo de incertidumbre sobre los resultados. También aumenta las dificultades de los votantes para conocer las trayectorias y propuestas que pueden apoyar el domingo con su voto, y además alimenta las expectativas de diversos dirigentes, con o sin solidez política, de pasar a una segunda vuelta, señaló a la diaria la dirigente de izquierda Verónika Mendoza, excandidata presidencial peruana.

En estas elecciones, su partido, Nuevo Perú, integra la Coalición Venceremos, que impulsa la candidatura de Ronald Atencio. Pero en las encuestas la izquierda aparece relegada. Los tres candidatos que figuran con mayor probabilidad de pasar a la segunda vuelta del 7 de junio son derechistas. La favorita es Keiko Fujimori, la hija del exdictador Alberto Fujimori, y en segundo puesto aparecen, según el sondeo que se consulte, un actor cómico y televisivo sin experiencia política, Carlos Álvarez Loayza, y el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, un numerario del Opus Dei que hace alarde de sus posiciones ultraconservadoras.

En diversas encuestas, todos ellos aparecen por debajo del 20% de apoyo. Si se suman el voto en blanco, el anulado y la abstención, superan cómodos ese porcentaje. En las últimas elecciones, en un escenario de numerosas postulaciones, resultó electo un candidato inesperado, Pedro Castillo, y desde entonces, por sucesivas destituciones, pasaron por la presidencia peruana Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar, que actualmente sigue en funciones.

Mendoza señaló que “hay un gran desencanto con la democracia y por lo tanto con este proceso electoral”. A la “hiperfragmentación con 35 candidatos presidenciales en carrera” se suma que “ha habido sucesivas exclusiones, reposición de candidatos, alianzas, rupturas, pases”.

“Para la gente es muy difícil saber quién es quién y qué representa cada uno en este proceso electoral, en medio de esta maraña de nombres y logos. Hay, como diríamos aquí en el Cusco, un verdadero chaqruy ideológico. Chaqruy en chechua es algo enredado, desordenado, confuso”, explicó.

La dirigente señaló que su país atraviesa una crisis que no es coyuntural, sino “profunda y múltiple, resultado de 500 años de colonialismo excluyente, 30 años de neoliberalismo depredador”. “Este régimen ya no da más. Prueba de ello es que ya hemos cambiado ocho veces de presidente en menos de diez años, y con cada cambio las cosas no han hecho sino empeorar”, dijo Mendoza.

Afirmó que se suele elogiar el crecimiento económico que ha tenido Perú, pero que este “se ha dado a costa de debilitar el Estado y mercantilizar los derechos”. Enumeró que la pobreza se encuentra en porcentajes similares a los de la pandemia de covid-19, de 30%, que más del 70% de la población económicamente activa tiene un trabajo informal y que “en el último año 51% de los peruanos ha tenido que dejar de comer en algún momento porque no tenía dinero”. Al mismo tiempo, aumentaron delitos como el homicidio y la extorsión.

“Si no hacemos un cambio radical, un cambio de fondo, si no construimos un nuevo pacto social, la precariedad y el caos se van a agravar y la violencia se va a agudizar”, afirmó. “Y sabemos ya a estas alturas que el miedo que genera este tipo de situación es terreno fértil para los discursos de ultraderecha, que solo proponen más precariedad y violencia”.

Aclaró que “esta crisis profunda y estructural no se va a resolver en estas elecciones, porque no basta cambiar de figuritas, hace falta cambiar de sistema, y eso tenemos que hacerlo desde las instituciones, dando batalla en estas elecciones, ciertamente, pero también desde las calles, desde la cotidianidad, desde arriba y desde abajo”.

Para Mendoza, la del domingo es una elección marcada por la “antipolítica” porque “entre la supervivencia cotidiana, el desencanto, la bronca, la hiperfragmentación y este chaqruy ideológico no aparecen con claridad opciones políticas y mucho menos ideológicas”. Dijo que si bien “hay una demanda de cambio”, se puede “canalizar tanto por derecha como por izquierda”.

“Además, cada semana aparece un nuevo outsider o al menos alguien que se presenta así pero en realidad es parte de la vieja clase política, fujimorista en la práctica”, explicó Mendoza. En cuanto al resultado, “es de los más imprevisibles que hayamos podido tener en nuestra historia”, dijo.

Consultada sobre si la izquierda está unida o dispersa para dar la pelea electoral, la dirigente respondió que “la izquierda no es ajena a la hiperfragmentación ni a la crisis ideológica”.

Mendoza dijo que existió un intento de unidad de sectores de izquierda y de centro, pero “se cayó por apetitos y egos personales exacerbados por la hiperfragmentación”. Explicó que el voto disperso en tantos partidos conduce a que los porcentajes necesarios para pasar a segunda vuelta pueden bajar a 10% o 15% de votos, y en este escenario “todos creen que les ha llegado su momento, su oportunidad”.

Pero esta fragmentación “no beneficia a las alternativas transformadoras, sino más bien a esas mafias que ya tienen un nombre, un símbolo posicionado, que la gente ubica más o menos dentro de esta maraña de 35 candidaturas, y beneficia también a estos candidatos con mayores habilidades de influencers”, señaló.

Al mismo tiempo, “muchos candidatos se presentan hoy como de izquierda o a favor de cambio o del pueblo, se proclaman representantes de los sectores populares, pero no tienen ni la convicción ni un programa de cambio, ni menos un equipo capaz de implementarlo”.

Para Mendoza, si la alianza de centroizquierda hubiera prosperado, “tendría altas posibilidades de pasar a la segunda vuelta e incluso de ganar las elecciones”. Sin embargo, consideró que “haber tenido bloques diferenciados” ideológicamente, quizás favorezca una “recomposición política”, es decir, que pueda “contribuir a ordenar un poco mejor el campo político y, por lo tanto, a construir una alternativa real de cambio”.

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