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Campamento de Um Yanqur, el 11 de noviembre de 2025, en la región de Darfur, al oeste de Sudán.

Foto: AFP

Sudán arrastra tres años de una guerra marcada por el desplazamiento de millones de personas

6 minutos de lectura
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La violencia sexual como arma de guerra aumenta las muertes de mujeres y niñas y el sufrimiento y la exclusión de las sobrevivientes.

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Leído por Natalia Rodríguez Olmos
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“Lo que comenzó como una disputa por el poder se ha transformado en la mayor crisis humanitaria del planeta”, manifestó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ayer sobre la crisis que vive Sudán.

El 15 de abril de 2023, los militares sudaneses se negaron a incorporar a sus filas a las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido, que los habían ayudado a tomar el poder. Los dos bandos armados comenzaron entonces un enfrentamiento que tres años después sigue arrasando con las vidas de los sudaneses, destruyendo hospitales y ampliando los campamentos de refugiados.

De acuerdo con la ONU, “34 millones de personas, casi dos de cada tres sudaneses requieren asistencia urgente, mientras el hambre, la violencia sexual sistémica y el colapso de los servicios básicos erosionan el tejido mismo de la nación”.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) manifestó que “lo que comenzó como un repentino estallido de violencia se ha convertido en una de las mayores crisis de desplazamiento a nivel mundial, que ha obligado a millones de familias a abandonar sus hogares y sus medios de subsistencia”. Señaló que los países vecinos no tienen la capacidad de brindar a los desplazados la asistencia que necesitan.

Ya en 2022, las personas que habían huido de los enfrentamientos armados y habían sido desplazados dentro de Sudán o hacia el exterior eran 3,8 millones, según los datos de la OIM. Esas cifras se dispararon hace tres años, llegaron a 11,6 millones en 2024 y rondaban los 9,1 millones en 2025, cuando se intentó establecer una tregua y muchas personas decidieron volver a sus hogares. Pero la guerra no terminó ni las condiciones de vida mejoraron.

La guerra con drones

Desde el comienzo de la guerra, más de 70% de los centros de salud de las zonas de enfrentamientos dejaron de funcionar, y si bien otros todavía brindan asistencia, sufren escasez de insumos de todo tipo, desde medicamentos hasta combustible para generadores de energía, informó la Organización Mundial de la Salud.

En marzo, un ataque con drones contra el Hospital Universitario Ed Dain, en el este de la región de Darfur, mató a 64 personas, 13 de ellas menores de 18 años, y dejó 90 heridos. Según Unicef, 78% de las víctimas infantiles las dejaron los ataques con drones, y estas armas están “redefiniendo la brutalidad del conflicto”.

Organizaciones civiles que trabajan con las víctimas de esta guerra informaron que este tipo de armas son cada vez más usadas, con frecuencia contra objetivos civiles. “Los ataques contra hospitales y otras zonas civiles protegidas, que están amparadas por el derecho internacional humanitario, afectan de forma grave y permanente el acceso de las madres y los recién nacidos a la atención esencial”, manifestó Save the Children.

A su vez, Médicos sin Fronteras informó que en los últimos meses sus trabajadores observaron “un preocupante cambio en la forma de llevar a cabo la guerra, incluido un uso extensivo de drones tanto por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido como de las Fuerzas Armadas Sudanesas”. Agregó que “estos ataques se producen cada vez más lejos de las líneas del frente, dirigiéndose contra infraestructuras logísticas y zonas civiles pobladas”.

“Desde febrero hemos atendido a unas 400 personas por heridas causadas por drones tras ataques que han alcanzado zonas civiles en el este de Chad, así como en diversas zonas de Darfur. Según Naciones Unidas, estos ataques han causado la muerte de más de 500 civiles entre el 1º de enero y el 15 de marzo”, agregó Médicos sin Fronteras.

La coordinadora de Emergencias de la organización, Muriel Boursier, manifestó que sus equipos “están recibiendo pacientes con heridas horribles: personas con heridas penetrantes, miembros amputados, quemaduras devastadoras”. Informó que muchas mueren antes de llegar al hospital y agregó: “La magnitud de la violencia y las atrocidades que presenciamos es insoportable”.

Violencia sexual

La organización humanitaria elaboró un informe sobre la situación en Sudán titulado “Hay algo que quiero contarles”. Esas palabras surgen del testimonio de una mujer de 22 años, residente en un campamento de refugiados internos en la región de Darfur Sur, que en julio de 2025 relató a Médicos sin Fronteras: “Hay algo que quiero contarles. Mi tía estaba trabajando afuera. Unos hombres la secuestraron. La estuvimos buscando todo el día. La buscamos en todos los hospitales, por todas partes. Luego nos llamaron, nos dijeron que estaba en el hospital y que debíamos ir. La encontramos allí y la habían violado y golpeado. La habían golpeado con sus armas, la habían golpeado en la cara, cerca de los ojos. Hasta ahora, se puede ver en su rostro que la golpearon”. “Fueron las Fuerzas de Apoyo Rápido”, continuó. “Porque dijeron que ella era una de las personas que indicaban la ubicación de los ataques aéreos. Se la llevaron y dijeron que la llevarían a la Policía. Pero no la llevaron a la Policía. La llevaron a los árboles e hicieron lo que hicieron”, dijo.

Testimonios semejantes se repiten en una guerra en la que la violación es una práctica reiterada.

“Desgraciadamente, el día de la caída de Nyala estaba con nosotros la hija de mi hermana. Tenía 13 años. [...] La llevaron cerca del agua y allí la violaron. Tuvimos que ir a buscarla y traerla de vuelta. Murió unos días después. Creo que dos días después”, dijo a la organización otra mujer, residente en la ciudad de Nyala, en Darfur Sur, en 2024.

Desde enero de ese año hasta noviembre de 2025, Médicos sin Fronteras atendió a 2.334 sobrevivientes de violencia sexual en Darfur Sur. “Las supervivientes se enfrentan a un intenso estigma y aislamiento social, con una ausencia casi total de justicia o protección. La violencia sexual no se limita a las escaladas militares, sino que se ha integrado en el tejido de la vida cotidiana”, señala el informe.

Agrega que en ese clima de impunidad y violencia que se vive en el país la violación de mujeres no solo es un arma de guerra. “Además de las agresiones por parte de hombres armados, las mujeres también describieron actos de violencia sexual por parte de sus parejas íntimas y de civiles que se aprovechan de un entorno en el que no existen mecanismos de rendición de cuentas y en el que la desigualdad de género y normas sociales perjudiciales normalizan la violencia”, afirma el reporte.

De las supervivientes de violencia sexual que recibieron atención de Médicos sin Fronteras en Darfur Sur, una zona alejada de los combates, la mayoría, 68%, habían sido atacadas por fuerzas militares o policiales, pero el 25% sufrió ataques de civiles o de personas cercanas: sus parejas (2,6%) u otros integrantes de su hogar (2,7%). Otras, menos, fueron víctimas de grupos criminales (2,5%).

“La violencia sexual sigue siendo una de las consecuencias más devastadoras y menos visibilizadas del conflicto armado, a pesar de estar estrictamente prohibida por el derecho internacional humanitario”, afirmó el Comité Internacional de la Cruz Roja, que también elaboró su propio informe sobre la situación en Sudán. “La estigmatización y el temor al rechazo desalientan las denuncias por parte de las víctimas, lo que oculta la verdadera magnitud del problema y prolonga el sufrimiento de las personas sobrevivientes”, señala.

Sin saber cómo están

Al sufrimiento que causa este tipo de violencia, la Cruz Roja agrega otro que está presente en esta guerra: la pérdida de contacto con seres queridos por los sucesivos desplazamientos, los ataques, la falta de acceso a las comunicaciones. La organización intenta recontactar a esas personas mediante búsquedas y brindándoles a los familiares acceso a celulares y conexión a internet.

“Son muchas las redes de comunicación destruidas, e innumerables las familias que han perdido contacto con sus seres queridos. No saber lo que les sucedió genera sufrimiento psicológico profundo y permanente”, señala el texto.

En su informe, la Cruz Roja cita las palabras de Om Omar, madre de cuatro niños cuyo esposo desapareció hace dos años. “[Mis hijos] no han olvidado a su padre. [...]. Mi hijo mayor llora y pregunta por él. La vida es difícil. Durante la liberación de detenidos, los niños esperaban ver a su padre en la televisión. Tratamos de sobreponernos a nuestras preocupaciones y buscar en las listas de personas desaparecidas y de detenidos que publican los medios. Esperamos que regrese a su hogar con sus hijos para aliviar nuestra preocupación... Esperamos recibir buenas noticias sobre él y saber dónde está, si está detenido o no, o encontrar a alguien que pueda decirnos dónde se encuentra”.

“Crisis abandonada”

A la situación extrema que viven los sudaneses se agregan los recortes en la financiación de programas humanitarios, marcados por la caída en las contribuciones de Estados Unidos dispuesta por el gobierno de Donald Trump. Hoy, en Berlín, se desarrollará la tercera conferencia internacional sobre Sudán, enfocada sobre todo en la ayuda humanitaria.

La coordinadora residente y humanitaria de la ONU en Sudán, Denise Brown, cuestionó la falta de reacción internacional ante lo que viven los sudaneses. “¿Por qué el mundo no demuestra la desolación y la rabia suficientes que le animen a moverse? ¿Qué más debe pasar? ¿Qué atrocidades adicionales deben ocurrir para que se levanten todos?”. Pidió que se deje de calificar esta emergencia como una “crisis olvidada” porque en realidad es una “crisis abandonada”, “negada”.

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