Ángel Víctor Torres Pérez.

Foto: Alessandro Maradei

El ministro de Memoria Democrática de España vivió de cerca varios hitos en la búsqueda de víctimas del franquismo

“Todo el mundo decía que ahí no había nada, que era una leyenda” que había fosas comunes en los Pozos de Arucas, en Canarias, dijo Ángel Víctor Torres, de visita en Montevideo.

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La agenda en Montevideo del ministro español de Política Territorial y Memoria Democrática Ángel Víctor Torres incluyó reuniones con autoridades y con la colectividad proveniente de Canarias, donde nació y ocupó, entre otros cargos, el de presidente de la comunidad autónoma. También abarcó actividades vinculadas con los derechos humanos y el pasado reciente. Su cartera estuvo representada en la Marcha del Silencio por el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, que llegó antes a Uruguay, y está previsto que este fin de semana el ministro rinda homenaje a los españoles que atravesaron el exilio.

En España, la trayectoria de Torres recorre hitos en materia de derechos humanos y avances en la búsqueda de víctimas del franquismo, con logros que se alcanzaron incluso antes de que la ley aportara un marco para esas políticas. Sobre todo esto, el ministro conversó el viernes con la diaria

¿Cuáles fueron los motivos de esta visita?

Hay varias razones. Esta es una visita que incluye dos países, Uruguay y Argentina. Estuvimos hace un año también en Argentina y en Chile. En el caso de Uruguay, vamos a realizar un reconocimiento y un homenaje a las personas descendientes de españoles que tuvieron que marchar al exilio. Va a haber un reconocimiento a una persona, Josefa Bergós, que es una de las niñas que vinieron a Uruguay a consecuencia de la guerra [civil] de España y la dictadura. Luego también vamos a hacerlo a través de la Ley de Memoria Democrática, que da la posibilidad de adquirir la nacionalidad española, mediante la llamada popularmente “ley de nietos”, a los hijos y nietos de aquellos que tuvieron que dejar el país por razones políticas, sociales, económicas y de otras índoles. De acuerdo a la Ley de Memoria Democrática, había un plazo hasta octubre de 2025; se aprobó un año [de prórroga], y no cabe más plazo. Hay cerca de 50.000 personas que han solicitado esa nacionalidad.

También hemos visitado, y vamos a hacerlo el fin de semana, las casas canarias y también de otros lugares de España, porque se cumple el tricentenario de la fundación de Montevideo por españoles, entre ellos también muchos de mi comunidad autónoma, y va a haber un evento mañana al respecto. A ello hay que sumar también que estamos en contacto con las autoridades de Uruguay, con los intendentes, con responsables del gobierno. Firmamos un acuerdo bilateral de colaboración entre los dos gobiernos, y también estoy siendo recibido por intendentes, cosa que creo que es muy buena, porque la cogobernanza es distinta en un lado y en otro y podemos aprender en ambos casos, nosotros del modelo uruguayo y ellos del modelo español.

En España están en marcha varias acciones vinculadas con la memoria democrática. Tengo entendido que ahora terminaron las tareas de arqueólogos y antropólogos en lo que era el Valle de los Caídos, ahora Valle de Cuelgamuros, y que se prepara un proyecto arquitectónico grande en ese lugar. ¿Qué me puede contar sobre eso?

Es un área apasionante, que saca lo mejor del ser humano, y creo que también en algunos casos lo peor. En España todavía quedan unas 10.000 personas susceptibles de ser exhumadas, que están en fosas, en pozos, en cunetas. Hemos podido recuperar otras 10.000. Eran 20.000. En muchos casos ya es imposible recuperarlas. En ese sentido, se aprobó la Ley de Memoria Democrática de 2022, que ampliaba la Ley de Memoria Histórica de 2007, pues permitía mayor facilidad a las entidades memorialistas, una colaboración entre las administraciones, aunque no fue una ley que se aprobara por unanimidad. Hubo quien votó en contra, y también de la Ley de Memoria Histórica, lamentablemente. Es una cosa inexplicable desde nuestro punto de vista, porque lo que estamos haciendo es una ley para reparar, dignificar, no repetir, y también ser justos con las víctimas de la guerra y la dictadura posterior.

Uno de los actuales emblemas era el Valle de Cuelgamuros –durante la dictadura, Valle de los Caídos–, que fue un centro creado por el franquismo y por Franco, un mausoleo en el que pretendía incluso pasar a la posteridad, rodeado de miles de personas que eran traídas de espacios donde habían sido enterradas, personas de los dos bandos de la guerra. Eso ha sido siempre un símbolo de opulencia de la dictadura. Lo que hemos querido es justamente dar el paso de sacar de allí a quien no merecía estar en un espacio público. Primero fue José Antonio Primo de Rivera y posteriormente fue el propio dictador. Eso se pudo hacer por razones de democracia, de libertad, éticas, morales y legales, y junto con ello, queremos que esto se resignifique en un espacio que haga que nadie se olvide de lo que fue, y que realmente sea un espacio de convivencia.

Hay quienes hablan de concordia, sobre todo la ultraderecha y la derecha. Concordia no hay ni siquiera en el Valle de los Caídos. En el Valle de los Caídos hay más de 20.000 personas apiladas en las criptas. Están en cajas, pero con una importante diferencia. Las que venían del lado vencedor salían de cementerios religiosos o públicos, venían en cajas individuales con el nombre de la persona y, por supuesto, llegaban tras haber informado a la familia de que esa persona iba a ser trasladada al Valle de los Caídos. En el caso del bando republicano, en la misma caja podía haber hasta 12 y 13 personas. La denominación de la caja ya no eran sus nombres, sino el lugar de donde provenían, en muchos casos de cementerios militares o fosas comunes, y, además, sin decirle nada a la familia. Hay casos de personas que han estado durante décadas llevando flores a una supuesta fosa donde creían que estaba su familiar y después hemos podido identificarlo en el Valle de Cuelgamuros. Todo gracias a un equipo de forenses, antropólogos y expertos liderados por Paco Etxeverria, que es una eminencia mundial.

Paco Etxeverria fue el que exhumó e hizo los análisis de Pablo Neruda, Víctor Jara, Salvador Allende, entre otros, y se siguen haciendo las exhumaciones y hemos podido identificar restos de personas que estaban en ese valle. Junto con ello hemos sacado a concurso un proyecto de ideas de cobertura mundial. Se han presentado grandes empresas de diseño arquitectónico y ha sido fallado. En estos momentos estamos ya en la licitación de proyecto y obra, que lo que pretende es que aquello sea un centro de socialización, exposición, de formación.

Todos hubiésemos querido conseguir más, pero creo que se hizo de la mejor manera posible. Estamos muy ilusionados con que las obras comiencen en esta legislatura y, además, tenemos la voluntad de que se pueda hacer antes de que acabe este año. Y hago un llamamiento: yo creo que esto debería quedar al margen de cualquier opción política que gobierne nuestro país. Igual que en Mauthausen, Auschwitz, hay museos, o en Buenos Aires, Montevideo o Santiago de Chile, y trasladan a la gente más joven, lo que nunca puede volver a pasar. También debe ser eso el Valle de Cuelgamuros.

Otra muestra de las resistencias que mencionaba ante las políticas de memoria es un litigio que está en marcha sobre la decisión de que sea designado un lugar de la memoria, la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol, donde tiene sede el gobierno de la Comunidad de Madrid, a cargo de Isabel Díaz Ayuso.

Nosotros estamos designando lugares de memoria democrática. Si se designa en España, es un expediente que tiene que tener un plazo determinado, de 12 meses.

Yo creo que ningún demócrata puede entender que haya quien se niegue a que un espacio sea un lugar de memoria porque en ese sitio, o se defendió la democracia, o se perdió la vida, o se torturó por poderes fácticos, militares y de otra índole, que estaban protegidos por la dictadura, a personas libres o que aspiraban a la libertad. La Puerta del Sol fue uno de ellos. Fue la Dirección General de Seguridad durante el franquismo. Hay personas vivas que han dado testimonio, que fueron torturadas, vejadas. Hubo muertes en ese lugar.

Nosotros no estamos planteando ni el uso del inmueble, ni que deba ser destinado a otra cosa, sino que cualquier persona que llegue a ese lugar sepa lo que allí ocurrió durante los años de la dictadura franquista. No es solo que haya una placa, un texto que diga que es un lugar de memoria, aunque es lo más simbólico. Es también que se conozca y que se lleve incluso a los centros educativos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, erróneamente, dice que esto es dividir a los españoles. Dividir es que la gente no sepa lo que pasó allí durante los años de la dictadura.

Ha pedido unas medidas cautelares y, debido a que hay una actividad política y es sede de la Asamblea, se ha dictado una medida. Eso lo vamos a recurrir. Yo estoy convencido de que la Justicia, que no entró en el fondo [de la discusión], terminará diciendo que eso es lugar de memoria porque el expediente está bien hecho, hay testimonios, hay posibilidades de recurso, de alegación. Lo que no termino de entender, lo digo con sinceridad absoluta, es que ningún representante público, que lo es por supuesto Isabel Díaz Ayuso, ponga todos los palos en las ruedas para una defensa de un símbolo democrático.

Hay que poner todos los palos en las ruedas a quienes tienen reminiscencia de la dictadura, a quienes levantan la mano en la calle cantando el Cara al sol, a quienes hacen apología de la falange, a quienes veneran figuras como todos aquellos que hicieron de España un país que fue sanguinariamente perseguido, empezando por el dictador. Todo eso es lo que hay que eliminar de la democracia, porque es lo antitético de la democracia. Si tú eres realmente demócrata, tienes que tratar de que haya lugares de memoria. En Canarias acabamos de designar -el primero en toda España- un espacio que era para los colectivos homosexuales y transexuales durante la dictadura. En ese momento se cambió el Código Civil y la Ley de Vagos y Maleantes para incluir a los homosexuales y a los transexuales. Pues este lugar es un símbolo de defensa de la libertad y de la orientación sexual, es un símbolo que todo el mundo debería aplaudir.

¿En qué consistía ese lugar?

Está en Fuerteventura. Allí había un campo de trabajo forzado. Se llamaba Centro de Características Agrícolas, pero no era más que un campo de reclusión para presos y también para homosexuales y transexuales. Los sometían a trabajos forzados, a picar piedras, diciendo que aquello se podía convertir en un vergel. Imposible. La isla de Fuerteventura es una isla desértica. Simplemente era humillarlos. ¿Quién hoy es capaz de defender eso?

¿Hay un resurgimiento de esas posiciones defensoras de la dictadura o es algo que siempre estuvo presente?

No, hay una propaganda aumentada, no sé si exacerbada, no sé si multiplicada, a través de la mentira. Con Franco no se vivía mejor. Franco no inventó absolutamente nada; la civilización ya existía, disfrutar de las vacaciones, todo eso ya estaba presente en las etapas anteriores de la República. La enseñanza era laica, las escuelas eran mixtas, la mujer y el hombre se podían divorciar, los hijos eran de los dos. Las mujeres tenían posibilidad de estar en órganos de dirección, llegamos a tener una ministra durante la República. Franco no tuvo ni una sola mujer en ningún consejo de ministros. Durante todos los años, 40 años, cuatro décadas, ni una sola mujer.

Las mujeres tenían que tener los permisos de los varones, de su marido, de su padre, de su hermano, si fallaba el anterior, para tener una cuenta bancaria. La tutela de los hijos –que esto es tremendo– la tenían los varones. Se instaló una cultura, un principio, una forma de pensar supremacista y machista, y resulta que algunos, a través de una propaganda falsa, dicen que en aquella época no había paro [desempleo].

Nosotros fuimos el país más retrasado de la Europa que fue resultado de la Segunda Guerra Mundial. El alfabetismo creció. Los trabajadores pasaron de tener la posibilidad de una escuela pública gratuita a prácticamente no poder hacer que sus hijos e hijas, sobre todo las hijas, pudieran estudiar. Eso fue así.

Las políticas de ayudas públicas desaparecieron absolutamente y hubo un direccionismo propagandístico. Se instaló el NO-DO [como se conocía al Noticiario Cinematográfico Español], y con el NO-DO todo un mensaje absolutamente ficticio, falso, hiperbólico, irreal, de una España que no tiene nada que ver con la España verdadera.

Hoy tenemos una España democrática, que es fruto de todos, de muchas renuncias, y yo no termino de entender, repito, cómo tú llegas a una institución a través del voto de la gente para luego ser reminiscente de la etapa del franquismo y de sus postulados.

Tengo entendido que usted, antes de que existiera la Ley de Memoria Histórica, ya había hecho como alcalde algunas acciones para recuperar los restos de víctimas del franquismo.

El ejemplo que me ocurrió, debe hacer reflexionar. Hubo una etapa que se llama “de la transición”, que tuvo luces y sombras. La ley de amnistía, el perdonar a los torturados y a los torturadores, al hacer que quienes eran reminiscentes de la dictadura, que los había, entraran en partidos políticos que defendieran la democracia, llevó consigo renuncias. Una de las más importantes, sin duda, fue la aplicación de la justicia a la memoria democrática.

En 2003, yo llego a la alcaldía de un pueblo de 40.000 habitantes que se llama Arucas. En 2003 me viene a ver una señora que había sido concejala del PSOE [Partido Socialista Obrero Español, que actualmente gobierna España] y me pide que le ayude a abrir un pozo porque está convencida de que en uno de los cuatro Pozos de Arucas [cavidades que se usaron como fosas comunes], uno de los importantes y grandes, está su padre, que fue ejecutado creo que en 1937.

Yo me empiezo a mover y no había nada, no había marco jurídico, no teníamos ninguna ley. La primera ley fue de 2007. No había fondos económicos, el ayuntamiento no tenía capacidad, estábamos saliendo de una situación económica difícil, tocábamos todas las puertas y todas se nos cerraron. En el gobierno de Canarias estaba el Partido Popular y vine incluso a Madrid a hablar en el Ministerio de Justicia, y en aquel momento lo que me decían es que se estaba buscando la manera de sacar adelante una ley.

Por suerte, y gracias a un cambio político, se expulsa al Partido Popular del gobierno de Canarias por parte de Adán Martín [de Coalición Canaria], el presidente de entonces [de la comunidad autónoma], y para sacar los presupuestos de 2007 necesitaban del apoyo de mi grupo político [Partido Socialista de Canarias]. Presentamos una enmienda de 300.000 euros y nos aprobaron la subvención. Con eso se pudieron empezar los trámites administrativos. Conseguimos abrir un pozo, hacer las obras. Todo el mundo decía que ahí no había nada, que era una leyenda, que esos hombres se habían marchado a América, que habían venido aquí, que habían abandonado a sus mujeres, a sus hijas, que eran malos padres, peores esposos. Y resulta que en el primero de los pozos que pudimos abrir, un martes inolvidable, me llamó esta mujer, llamada Pino Sosa, para decirme que habíamos descubierto 24 cuerpos. Entre ellos no estaba el de su padre.

Abrimos un segundo pozo varios años después, ya con la Ley de Memoria Histórica aprobada, y en este caso incluso con el Partido Popular de la isla implicado, y ahí había 14 personas. Ahí estaba su padre. Hicimos las pruebas de ADN y le pudimos entregar los restos de su padre en un momento inolvidable en lo personal, en lo humano. Y ella sigue peleando para abrir el tercer pozo, porque, como dice ella, todos los padres eran mi padre, y todos los padres son mi padre, y hay padres que hay que devolver a sus nietos o a sus bisnietos.

Yo recuerdo que cuando se hizo el sepelio y el enterramiento de los 24 cuerpos primero, se hizo un acto en el municipio con pequeñas cajitas, 24 cajitas, con la bandera de la República cubriendo los pequeños ataúdes, y –lo digo con orgullo– todos los partidos políticos de entonces participaron en ese acto, en ese entierro. Todos. Creo que eso también grandifica la democracia y hace a las personas dignas. Porque Pino Sosa era una mujer incompleta hasta que no encontró a su padre. El ser humano tiene que enterrar a sus seres queridos e ir a visitarlos, si quiere, y saber que ahí están, y es lo que querríamos para nosotros también.

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