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Simpatizantes del candidato presidencial Iván Cepeda en la Plaza Bolívar de Bogotá. · Foto: Raúl Arboleda, AFP

Simpatizantes del candidato presidencial Iván Cepeda en la Plaza Bolívar de Bogotá.

Foto: Raúl Arboleda, AFP

Colombia define la continuidad del gobierno progresista, la vuelta al uribismo o el ingreso a la nueva ola de extrema derecha

Los tres candidatos con chances cierran sus campañas para las elecciones presidenciales del domingo y todo indica que habrá una segunda vuelta a la que, con seguridad, pasará el candidato de Gustavo Petro; no es claro si se enfrentaría a la derecha tradicional o a la del espectáculo.

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A ocho días de las elecciones presidenciales en Colombia, los candidatos cierran sus campañas. Son tres los que realmente se disputan la presidencia. Se trata del candidato del Pacto Histórico, partido del actual presidente Gustavo Petro, Iván Cepeda; la candidata del uribista Centro Democrático, Paloma Valencia, y el candidato de Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella.

Es claro que Cepeda, congresista desde 2010, defensor de los derechos humanos y facilitador en las múltiples negociaciones de paz, es un candidato de izquierda. También que De la Espriella es de extrema derecha y, para quien conoce la política colombiana, que Valencia es de derecha. Pero la candidata juega a dos bandas en un intento de conservar el núcleo duro de la derecha y ganarse a electores de centro.

Esa oscilación se ha materializado, por derecha, en su reivindicación del expresidente Álvaro Uribe, responsable de los llamados “falsos positivos” durante sus gobiernos, en los que civiles ajenos a las disputas entre guerrillas, paramilitares y Fuerzas Armadas fueron asesinados por las fuerzas del Estado haciéndolos pasar por guerrilleros. Se siente “hija” del exmandatario y ha llegado a plantear que lo quisiera como ministro de Defensa. Por el centro, la maniobra es tener un candidato a vicepresidente, Juan Daniel Oviedo, abiertamente gay, que reivindica derechos que Valencia no quisiera que tuviera. Un ejemplo de ello es la adopción por parte de matrimonios del mismo sexo. También tienen diferencias en la forma en que debería impartirse la educación sexual en los centros de estudios porque Valencia adhiere al lema “con mis hijos no te metas”.

La candidata es de la estirpe de las élites que han gobernado el país. Su abuelo, Guillermo León Valencia, fue presidente entre 1962 y 1966, y su padre, Ignacio Valencia López, del Partido Conservador, fue senador y diplomático. Su tía abuela, Josefina Valencia Muñoz, fue gobernadora de Cauca y ministra de Educación. Asimismo, peleó por el derecho de las mujeres a votar, hecho al que su sobrina alude para decirse defensora de los derechos de las mujeres y disputar las luchas feministas actuales.

El primer intento de la candidata de postularse a un cargo fue en 2006, cuando compitió por una banca de diputada de la mano del exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos y del exsenador Álvaro Araújo, ambos condenados luego por beneficiar a paramilitares a cambio de apoyo electoral. En esa oportunidad, Valencia no logró su objetivo.

En 2014, año en que obtuvo por primera vez los votos necesarios para entrar al Senado, propuso dividir el Cauca entre indígenas y mestizos para que los primeros hicieran “sus paros y sus invasiones” y los otros, un departamento “con vocación de desarrollo donde tener vías, inversión y empleos dignos”.

Repitió durante otros dos períodos su lugar en el Senado –actualmente lo integra– desde donde se ha jactado de votar en contra, durante este gobierno, de la creación del Ministerio de Igualdad.

Para Valencia, uno de los motivos de la ciudadanía para llevarla a la Casa de Nariño es el “sentir cerquita el fin de la democracia con Petro”, acorde a lo expresado recientemente en el programa Atemporal. En materia económica, dijo entusiasta en el mismo espacio que Colombia podría lograr “un empréstito como el que le dio [Donald] Trump a [Javier] Milei” para refinanciar la deuda. “Le dieron 30.000 millones de dólares”, agregó, “que nos den 50.000 a nosotros que hemos sido los aliados”.

Los “nuncas” de Abelardo

De la Espriella, el “Uribe costeño” o “el tigre”, como se autodenominó, es hoy el máximo representante de la histórica triada “Dios, patria y familia”, aun cuando era ateo hasta que la elección lo transformó en un acérrimo católico. Algo parecido al vínculo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro y del actual mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, con los pastores evangélicos. Todos se dicen avalados y alabados por una divinidad.

De hecho, la promesa de De la Espriella es hacer de Colombia la “patria milagro”, concepto utilizado por el mandatario salvadoreño. “No pensé que Dios nos concediera toditos los milagros”, dijo Bukele tres años atrás ante la Confederación Iberoamericana de Comunicadores y Medio Masivos Cristianos. Milagro es la palabra que utilizó la semana pasada el subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Energéticos y Comerciales de Estados Unidos, Caleb Orr, para elogiar su política económica.

“Demostremos que, con la ayuda de Dios, en primera vuelta tendremos presidente”, gritó desaforado De la Espriella el miércoles en su cierre de campaña en Bogotá ante una plaza repleta.

Minutos después de su partida, un grupo de electores llamó al resto a orar en ronda por la salvación de Colombia. Una oración extensa guiada con fervor por dos mujeres que cerraron con un: “¡Amén!, ¡la manada está firme por la fe y firme por la patria!”.

Otro leitmotiv de De la Espriella es que pertenece “a los nuncas”, un outsider ajeno a esa “casta” que Milei dice despreciar incluso en el presente, cuando ocupa la presidencia.

“Yo no soy un político, soy un empresario. Los políticos prometen y no cumplen. Los emprendedores nos comprometemos y honramos la palabra”, vociferó en una plaza capitalina.

Pero, en ambos casos, su relación con figuras de la política tradicional está a la vista. Sin ir muy lejos, el candidato a vice del tigre es el economista José Manuel Restrepo, quien fuera ministro de Hacienda y Comercio del expresidente Iván Duque. Tampoco le quedan familiarmente lejos “los de siempre”. Su padre, Abelardo de la Espriella Juris, que empezó por ser diputado por el Partido Liberal, luego se hizo amigo de Uribe y por eso consiguió, tras fracasar en su intento de ser gobernador de Córdoba primero y senador después, el cargo de notario en Cartagena y más tarde en Bogotá.

Volviendo a su hijo, el antisistema, fue abogado de legisladores vinculados al paramilitarismo, en su mayoría condenados por la Corte Suprema. Bajo su firma, De la Espriella Lawyers, también defendió a Fernando Murillo, alias Don Berna, capo del narcotráfico, paramilitar y asesino de un diputado, que cumple condena en Estados Unidos desde 2008.

A su vez, fue abogado de David Murcia Guzmán, creador de una estafa piramidal que operó a escala regional y llegó a acumular inversiones equivalentes al 1,2% del producto interno bruto de Colombia en 2008 –según el portal Asuntos Legales–, año en que fue capturado en Panamá. El recorrido del candidato presidencial sigue con la defensa de Alex Saab, empresario colombiano, conocido como testaferro de Nicolás Maduro, quien lo nombró como ministro de Industria. Fue destituido por la actual presidenta, Delcy Rodríguez, y deportado por Estados Unidos el sábado por lavado de activos. Valencia chicaneó a De la Espriella tras esta resolución: “Debe estar buscando abogado, ¿no?”.

A propósito, días atrás, entrevistado en el medio Caracol Noticias, la periodista María Lucía Fernández le recordó al candidato una frase que dijo en el pasado: “La ética no tiene nada que ver con el derecho”, para, acto seguido, consultarle si, bajo esa premisa, “en un eventual gobierno suyo se podría gobernar sin ética”. De la Espriella expuso sobre las diferencias entre las normas morales y legales para defenderse, en una respuesta en la que le lanzó a la periodista: “No entiendes la diferencia porque no tienes formación en derecho ni en filosofía del derecho”, “la ignorancia es atrevida”, “la pregunta va con veneno”, “los periodistas no entienden, no se ilustran y preguntan desde la mala fe”.

No fue la única agresión a una periodista en los últimos días. En otra entrevista, bromeó con estar “mal de culo”, pero le pasó su celular con una foto suya a la conductora Laura Rodríguez para que le dijera qué veía en referencia al tamaño de sus genitales. Ella, que evitó la respuesta pese a la insistencia del candidato de que hiciera zoom en la imagen y respondiese lo que esperaba, confesó después haberse sentido “vulnerada, acosada y asqueada”.

Calma, tradición y papelitos de colores

La Plaza de Bolívar, epicentro político de Bogotá, se llenó ayer de agrupaciones políticas, sindicatos, organizaciones estudiantiles, defensores de los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+ que respaldan a Cepeda, en el último acto del candidato del Pacto Histórico en la capital.

La multitud asistió al llamado Festival por la vida, en la que más de diez grupos musicales reconocidos antecedieron al discurso de Cepeda.

Entre la multitud, se veían carteles que agradecían a Petro, muñecos y banderas con su cara, banderas de Palestina y wiphalas, la bandera que mejor representa a la compañera de fórmula de Cepeda, Aída Quilcué, quien podría llegar a ser la primera vicepresidenta indígena de Colombia.

También dijo presente la Corporación Reiniciar, con sus pancartas con la inscripción: “Soy sobreviviente del genocidio contra la Unión Patriótica”, partido al que perteneció Manuel Cepeda, el padre del candidato, que fuera asesinado en 1994.

“Vamos a decir a esta derecha asesina que Colombia no va a retroceder. Al fascismo le decimos ‘no pasarán’. Bogotá es la ciudad definitiva para ganarle al uribismo, para ganarle a De la Espriella”, dijo desde el escenario una de las voceras de la campaña del Pacto Histórico.

En sus reivindicaciones, están la defensa de la educación pública, de la reforma agraria y de mejores salarios. Y que se gane en primera vuelta, consigna que se canta y repite.

“Esta es una sociedad que ha madurado y ha entendido los conceptos de justicia social y desarrollo”, dice un activista social que reconoce que, “pese a que el último quinquenio tampoco fue fácil, al venir de un estallido social, la colombiana es una sociedad joven que avanza luchando contra la derecha que gobernó durante más de 50 años”.

El cierre de campaña nacional de Cepeda será el domingo en Barranquilla, misma localidad que eligió De la Espriella para cerrar el viernes.

Otros cierres

Valencia, que también culminará su campaña el domingo en el Movistar Arena de Bogotá, ha optado por hacer una gira nacional tradicional con actos abiertos, aunque en su caso sin leer los discursos. Y, De la Espriella, en el otro extremo, además de ser el que tiene una campaña más fuerte en redes sociales, sale del formato habitual en sus actos públicos. Shows con grandes focos, humo y papelitos, donde tigres bailan en una pantalla de fondo. Un Milei colombiano, con tigre en lugar de león.

Tiene otra particularidad: se presenta con un chaleco antibalas dentro de una cabina con vidrios blindados. Si bien el argumento es la seguridad –cierto es que en junio de 2025 fue asesinado durante un acto en la calle el precandidato del Centro Democrático Miguel Uribe Turbay–, es evidente que la intención es sumar otro elemento al espectáculo.

De hecho, días atrás, Valencia le lanzó durante un acto: “El ELN [Ejército de Liberación Nacional], el autodenominado Ejército Gaitanista y las FARC [Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia] van a conocer lo que es la mano dura de la mujer colombiana. Conmigo, que vayan buscando escondedero, porque yo no necesito ni chaleco antibalas ni esa urna de cristal que usan los cobardes”.

Lo dicho por la candidata es algodón de azúcar al lado de las maneras grotescas que adopta la violencia en los actos de De la Espriella. Al finalizar, proyectan al presidente con una cara desencajada por el susto mientras suena: “¡Petro, decime qué se siente, tener al tigre frente a vos. Te juro que aunque pasen los años, la gente no olvida tu error!”.

La violencia que persiste

Es una elección a la que se llega en medio de actos violentos, aunque no está claro que todos estén vinculados a esta instancia electoral. Sin embargo, al menos dos episodios ocurrieron en los últimos diez días contra figuras vinculadas a las campañas de los candidatos con chances de ganar. Por un lado, fueron asesinados el exalcalde de Cubarral y coordinador en esa localidad de la campaña de De la Espriella, Rogers Mauricio Devia Escobar, y su asesor, Eder Fabián Cardona López. Por otro, el senador del Pacto Histórico, Alexander López, fue víctima de un atentado en Cauca, del que resultó ileso. Eso conllevó a que Petro diera un rezongo público al ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, por descuidar la vía Panamericana por donde se trasladaba el legislador.

Últimos sondeos

La encuesta de Invamer, difundida el jueves, muestra a Cepeda con 44,6% de respaldo, 0,3% más que en abril; a De la Espriella con 31,6%, con una suba de 10% respecto del mes pasado, y a Valencia con 19,8%, con una caída de casi 6% respecto de la medición anterior.

En el sondeo de Guarumo, publicado el mismo día, Cepeda alcanza el 37,1%, de la Espriella 27,5% y Valencia 21,7%. Cepeda y Valencia bajan menos de un 1% respecto del mes pasado, mientras que De la Espriella sube 3%. En el caso de Invamer, concluye que en segunda vuelta Cepeda le ganaría a cualquiera de los otros dos candidatos, mientras que, según la encuesta de Guarumo, el candidato de Petro perdería frente a ambos.