Hace unos meses parecía que las tensiones internas dentro del Frente Amplio (FA) iban a expresarse con estruendo en el VIII Congreso Ordinario de esa fuerza política, que comenzará el viernes. Sin embargo, hoy predominan los llamados a la unidad y la reivindicación de logros gubernamentales. Algunas causas del notorio cambio de clima son obvias y otras, presumibles.
Antes de que Yamandú Orsi asumiera la presidencia de la República, había heridas no curadas en parte de la militancia frenteamplista, vinculadas con la campaña para las elecciones internas de 2024 y las polémicas del mismo año sobre la propuesta de reforma constitucional sobre seguridad social. Dentro de las corrientes de opinión que fueron derrotadas en ambos casos había personas predispuestas a esperar de Orsi y del Movimiento de Participación Popular, ampliamente mayoritario dentro del FA, un desempeño demasiado contemporizador y alejado de lo que consideraban principios frenteamplistas fundamentales e inviolables.
Fuego amigo y enemigo
Varios hechos reforzaron ese juicio previo o prejuicio, y uno de los primeros fue que el Poder Ejecutivo no les llamara genocidio a las acciones militares israelíes en Gaza. Luego, que descartara para este período de gobierno un impuesto adicional del 1% a las mayores riquezas y que desistiera de centralizar en un organismo público el manejo de las cuentas personales de ahorro previsional, como se había recomendado en el Diálogo Social sobre la materia. También que Orsi visitara el portaaviones estadounidense Nimitz y que se refiriera a la política de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador como un ejemplo de casos que hay que analizar.
Hubo varios otros incidentes que no causaron rechazo solo entre militantes del FA, como el vinculado a la compra con descuento de una camioneta Hyundai. Junto con los antedichos, y con la insatisfacción por diversas expectativas insatisfechas, incidieron sobre la aprobación general al desempeño de Orsi. Esta había comenzado en niveles inferiores a los de otros presidentes frenteamplistas, comenzó a disminuir en la segunda mitad de 2025 y cayó cada vez más en todas las encuestas de este año hasta las realizadas en agosto, cuando en la mayoría de ellas recuperó algunos puntos porcentuales, aunque el saldo siguió siendo muy negativo.
A lo largo de 2026, además, sucesivas elecciones en Costa Rica, Colombia y Perú, así como la reciente primera vuelta en Brasil, le dieron el triunfo a candidaturas de derecha o de ultraderecha. Esto se sumó a las victorias anteriores con el mismo signo en Argentina y Ecuador durante 2023, y en Bolivia, Honduras y Chile el año pasado, consolidando (junto con la intervención estadounidense en Venezuela desde comienzos de este año) un viraje que cambió el mapa político latinoamericano.
Si el balotaje de este mes reafirma la ventaja lograda en la primera vuelta por Flávio Bolsonaro, no quedarán gobiernos ideológicamente cercanos al del FA en América del Sur, salvo el de la pequeña Guyana, y los únicos que quedarán en América Latina serán los de México, Honduras y, relativamente, el de Cuba.
Cerrando filas
La desaprobación interna y el cambio regional sin duda facilitaron que en los últimos meses el diálogo entre sectores frenteamplistas, la reedición de la campaña “El FA te escucha” y los buenos oficios del presidente de la fuerza política, Fernando Pereira, confluyeran para apaciguar los ánimos, aminorar la exposición pública de conflictos y priorizar la defensa del gobierno.
En particular, el intenso intercambio entre frenteamplistas después de la primera vuelta de las elecciones brasileñas parece haber reubicado algunos ejes para la evaluación del gobierno uruguayo. El crecimiento de la derecha en el país vecino, el cuantioso rechazo a la figura de Luiz Inácio Lula da Silva y la necesidad de que este gane apoyo para el balotaje en sectores sociales poco politizados señalan que las urgencias actuales del progresismo no se relacionan con un “giro a la izquierda”, y quizá hacen ver que algunas posiciones muy criticadas de Orsi tuvieron bastante de prudentes.
El “documento base” para los debates del congreso frenteamplista, aprobado por el Plenario Nacional a comienzos de agosto, señala la existencia de una “enorme carencia anímica” en gran cantidad de militantes y “una parte no menor de las direcciones intermedias”, “a partir de problemas en la ‘gestión de la política’ y errores en la comunicación del gobierno nacional”. También habla de “un gran malestar y desorientación”, “dudas y disconformidades” derivadas de la “falta de coordinación dentro del propio gobierno”.
En las últimas semanas no se han enfatizado esas apreciaciones autocríticas, sino los planes para aumentar la participación orgánica y la inserción social. El sábado, en una reunión de la mesa de la Agrupación Nacional de Gobierno para preparar el congreso, se destacó la disminución de la cantidad de personas y hogares por debajo de las líneas de pobreza e indigencia en el primer semestre de 2026, señalada por un informe del Instituto Nacional de Estadística. El peligro despierta al mamado.