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Laclau antes de Laclau: de Gunder Frank al significante vacío

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Cuando se habla de Ernesto Laclau suele aparecer, casi inevitablemente, el Laclau de La razón populista, el teórico del populismo, del significante vacío, de las cadenas de equivalencias y de la construcción de pueblo. También aparece el Laclau asociado a los gobiernos progresistas latinoamericanos, al kirchnerismo o a la discusión contemporánea sobre las izquierdas.

Pero existe otro Laclau. O, mejor dicho, existe un Laclau anterior a ese. Volver sobre ese recorrido no es un ejercicio de arqueología intelectual. Nos permite comprender que su teoría del populismo no nació terminada en 2005, sino que fue el resultado de una transformación que comenzó varias décadas antes, en el interior de los debates del marxismo y, de manera particularmente importante, en torno a los problemas latinoamericanos del capitalismo, la dependencia, los modos de producción y la constitución de los sujetos políticos.

El punto de partida resulta especialmente significativo: André Gunder Frank.

En 1971, Laclau publicó Feudalism and Capitalism in Latin America, una crítica al planteo de Gunder Frank según el cual América Latina era capitalista desde sus orígenes coloniales. Frank había cuestionado la idea de que las sociedades latinoamericanas atravesaran simplemente etapas de desarrollo atrasadas respecto de Europa. Para él, el subdesarrollo no podía entenderse como una fase anterior al desarrollo, sino como parte de una misma estructura histórica del capitalismo mundial.

Laclau no rechazó la importancia de pensar América Latina desde su inserción en el capitalismo mundial. Su discusión iba por otro lado: cuestionaba que pudiera definirse un modo de producción únicamente a partir de relaciones de explotación y circulación, dejando en un segundo plano las relaciones de producción que lo constituían.

La discusión puede parecer hoy excesivamente especializada. Sin embargo, detrás de ella había una pregunta que acompañaría a Laclau durante décadas: ¿hasta dónde puede una estructura económica explicar por sí misma la política?

La respuesta de Laclau fue alejándose progresivamente de cualquier determinismo. En Política e ideología en la teoría marxista, esa preocupación todavía se desarrolla dentro de una problemática marxista. El problema planteado es cómo pensar las relaciones entre economía, ideología y política sin reducir una dimensión a otra.

La política aparece simplemente como el reflejo de una estructura económica previamente constituida y este desplazamiento sería decisivo. Si la posición de un grupo dentro de la estructura económica no determina automáticamente su identidad política, entonces hay que explicar cómo esa identidad se construye y, sobre todo, cómo diferentes demandas, conflictos y posiciones sociales pueden llegar a articularse políticamente.

Es en este punto en el que comienza a adquirir centralidad la noción de hegemonía. El encuentro con Antonio Gramsci resulta fundamental, pero Laclau no se limita a recuperar el concepto gramsciano. En los años posteriores y especialmente junto a Chantal Mouffe, la hegemonía será reformulada desde una perspectiva que cuestiona la existencia de identidades políticas previamente dadas.

Hegemonía y estrategia socialista, publicado en 1985, constituye en ese sentido un punto de inflexión. Laclau y Mouffe plantean una crítica al esencialismo de buena parte de la tradición marxista y a la idea de que existe un sujeto histórico privilegiado cuya posición social determine de antemano su papel político.

No significa que desaparezca la clase, ni que las condiciones materiales dejen de importar. Significa algo más incómodo: entre la posición social y la identidad política existe un espacio que debe ser explicado. Ese espacio es el terreno de la articulación.

Una sociedad no habla políticamente con una sola voz. Está atravesada por diferentes demandas, que pueden permanecer separadas o articularse entre sí. Ahí aparece la hegemonía: la posibilidad de que una particularidad logre representar una totalidad que nunca está completamente cerrada.

Acá empieza a aparecer el Laclau que conocemos. Pero todavía falta un concepto: el significante vacío. El término puede sonar abstracto, pero apunta a una operación política concreta. "Pueblo", "democracia", "justicia" o "cambio" pueden condensar demandas diferentes. No tienen un contenido político definitivo: su significado depende de la articulación en la que participan.

El significante vacío, entonces, no es una palabra que no significa nada, sino una palabra capaz de reunir demandas que no son idénticas.

Entre Gunder Frank y el significante vacío hay más de tres décadas de discusión. También hay una pregunta persistente: cómo pasar de las condiciones sociales a la construcción política sin reducir una a la otra.

En Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Laclau profundizaría la cuestión de la contingencia y la dislocación. Los órdenes sociales nunca consiguen cerrarse por completo: siempre existe algo que desborda las identidades establecidas y abre la posibilidad de nuevas articulaciones.

Por eso también resulta central el antagonismo. La política no ocurre en un espacio neutral de intereses que simplemente negocian. Las identidades se constituyen mediante fronteras: un nosotros frente a un ellos.

Años después, en La razón populista, Laclau llevará estas herramientas hacia una teoría general del populismo. Este ya no aparece como una anomalía latinoamericana ni como una simple técnica electoral, sino como una lógica mediante la cual distintas demandas pueden articularse en una frontera común y construir un sujeto colectivo llamado "pueblo".

En definitiva, la pregunta que atraviesa ese recorrido es cómo se constituye un sujeto político cuando ya no podemos suponer que exista una identidad colectiva esperando ser descubierta. La respuesta de Laclau fue radical: las identidades políticas no están hechas; se construyen y, por eso mismo, pueden ser disputadas.

Ese Laclau ya circulaba en Uruguay antes de La razón populista. En 1990, Cuadernos de Marcha publicó una conversación con Laclau y Mouffe sobre Hegemonía y estrategia socialista. No era todavía el Laclau del populismo, pero ahí ya estaban algunas de las preguntas que luego desarrollaría en su obra.

Entre Gunder Frank y el significante vacío hay más de tres décadas de discusión. También hay una pregunta persistente: cómo pasar de las condiciones sociales a la construcción política sin reducir una a la otra. Ese recorrido es, quizás, el verdadero Laclau antes de Laclau.

Joaquín Andrade Irisity es estudiante de Historia en el Instituto de Profesores Artigas.

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