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Sobre un gobierno con rumbo, el libreto de la oposición y la redención de los pájaros aplastados

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En la película El truco final (El prestigio), de Christopher Nolan (2006), un mago hace un truco con un pajarito que desaparece en una jaula aplastada sobre una mesa. Un niño del público empieza a llorar por la muerte del animal. El mago se acerca a él y hace aparecer al pajarito vivo. Sin embargo, el niño sigue convencido de que se trata del hermano del pajarito muerto e insiste. Al final de la escena, se ve al mago, solo, tirando a una papelera un pajarito aplastado y muerto junto a varios más. Es imposible el truco sin violencia y muerte, reflexiona Slavoj Žižek, pero su efectividad depende de qué tanto se escondan los residuos de los sacrificados, de que nadie los vea. Y, si no se ven, es como que no existen.1

El 1° de marzo, cuando se cumplió el primer año del gobierno del Frente Amplio, el Partido Nacional (PN) hizo público un documento titulado “Construir sin destruir”. Aún no había comparecido el presidente Yamandú Orsi ante la Asamblea General, lo que ocurrió el lunes 2. Ni normas de cortesía.

Estrategia de la derecha

El libreto de la oposición es claro y simple. No tiene nada de original respecto de la región. La culpa es del Estado. De sus funcionarios. De sus beneficios. Atacan sistemáticamente. Y, por vía oblicua, erosionan más aún la política de la que ellos se han servido históricamente. Las reformas que la sociedad demanda –parece que recién desde 2025– se deben financiar a partir de la enajenación del patrimonio público. Nunca los malla oro, para quienes gobernaron. Para muestra, basta revisar las recientes publicaciones en redes sociales, por ejemplo, del senador Sebastián da Silva, leal escudero de la derecha local, férreo defensor de los intereses y el privilegio de clase.

No terminan de asumir el duelo de haber perdido el gobierno. Mucha nostalgia. Descalificación personal permanente. De zócalo. Y mucho enojo porque el Frente gobierna. Eso, para el PN, es destruir. En este contexto, el pájaro aplastado es la política.

¿Construir sin destruir?

El documento del PN dice literalmente: “La alternancia democrática legitima la corrección de políticas públicas. Lo que no legitima es la desarticulación sistemática de decisiones previas cuando esa marcha atrás no está acompañada por alternativas superiores en calidad, eficacia o estabilidad”. Acusa al gobierno de no cumplir los compromisos asumidos. Y le endilgan más deterioro en la credibilidad política: confianza pública en la previsibilidad del sistema democrático.

Critican la apertura de mesas de diálogo social, seguridad y personas en situación de calle. Lo califican como un paliativo a la inexistencia de rumbo, de planificación previa. Tildan de revisionista al estilo oficialista. Se refieren a temas específicos, sin propuestas alternativas. Le indican al gobierno cuál debe ser su desafío actual: evidenciar un proyecto superador, coherente y ejecutable por oposición al “revisionismo”.

Respecto del documento del PN, referiré a dos puntos:

Confianza
Se pierde la confianza en la democracia por la desigual distribución de la riqueza que genera una sociedad. Hace décadas que existe evidencia irrefutable de que los países más estables, seguros y menos corruptos del mundo son los más igualitarios. No han sido los mercados los reguladores del Estado de bienestar, sino las decisiones políticas de fondo que han puesto el foco en la equidad. En convertir privilegios en derechos.

Erosionar al Estado –como hacen sistemáticamente de forma identificada o anónima, y a través de medios afines– es desprestigiar más aún la política: principal herramienta de resolución colectiva a los problemas generales. Esa misma política que tiene grandes dificultades para conectar con las preocupaciones reales de la gente. Y de la que la derecha también es parte responsable. Sus prácticas deterioran la confianza en todo el sistema. Pierde la democracia. Pierde la mayoría.

Diálogo
El diálogo ha sido una seña de identidad de los gobiernos de izquierda en nuestro país. Dialogar es un modo de legitimar las políticas públicas con vocación de trascender períodos de gobierno. Es apropiación por parte de la sociedad de los derechos conquistados. Y no contradice la existencia de una hoja de ruta, sino que está contenida en ella.

No terminan de asumir el duelo de haber perdido el gobierno. Mucha nostalgia. Descalificación personal permanente. De zócalo. Y mucho enojo porque el Frente gobierna. Eso, para el Partido Nacional, es destruir.

No dialogar es aprobar una reforma al sistema de seguridad social en tiempo exprés casi a tapa cerrada. O remitir la ley de urgente consideración (LUC) en plena pandemia. O negar la cadena nacional el 1° de mayo al PIT-CNT. Optaban por las conferencias de prensa de Luis Lacalle Pou en horarios centrales (casi cadenas nacionales) a un mes de las elecciones, en plena campaña, sin brindar espacios de iguales características para las posiciones contrarias. Así son los paladines de la democracia y de las libertades.

La mayoría parlamentaria, por ejemplo, es una condición necesaria para hacer las reformas que el país necesita. En las condiciones actuales, eso se logra con mucho diálogo. El presidente fue contundente en este sentido: “Las transformaciones profundas se construyen con paciencia, con convicción y con la gente adentro”. Las transformaciones principales se conducen desde el Estado, pero es la sociedad la que se apropia y se cambia a sí misma.

Rumbo del proyecto superador: discurso del presidente

En su comparecencia al Parlamento, Orsi agradeció por la sanción de la Ley de Presupuesto Nacional e hizo referencia a medidas concretas (Ministerio de Justicia, infraestructura, salud, educación, etcétera). Reconoció la labor histórica de los médicos cubanos en el Hospital de Ojos. Se refirió a las patrullas oceánicas, a la cuestionada adjudicación a Cardama para su construcción. Contratos que, en palabras del primer mandatario, requerían revisión técnica y jurídica. Obligaciones sin respaldo presupuestal claro, déficit fiscal, entre otras.

El contraste con el discurso del presidente argentino, Javier Milei, es evidente. Su tono, el respeto por la historia y la tradición democrática del país.

Se definieron 63 prioridades estratégicas, con responsables y cronograma de ejecución, con un porcentaje en marcha superior al 80%.

En definitiva, el presidente Orsi, mediante su discurso ante la Asamblea General, fijó la agenda pública de los días siguientes; un gobierno que cumple. Hacía falta en filas del oficialismo.

¿Y la tensión con y dentro del Frente?

El filósofo vasco Daniel Innerarity ha escrito en varias oportunidades que “gobernar es llenarse de límites”. El punto es dónde fijamos el límite. Porque los límites son a veces más limitaciones nuestras que de la propia realidad.

Que una línea programática o propuesta no forme parte del plan de gobierno inicial no significa que el partido político se obture la posibilidad de abordarla. Es deseable y conveniente dar una discusión interna, con la oposición y con toda la sociedad, de aspectos clave como el sistema tributario, el penitenciario, el derecho a la vivienda o el rol de las empresas públicas en el desarrollo nacional.

La tensión existe y es sana. Es clave poder abordarla. Lograr síntesis.

La revolución también pasa por las cosas complejas, por proponer e imaginar una realidad que supere lo evidente o lo que miden las encuestas de aprobación o simpatía. Tal complejidad está en las discusiones a las que parece, a veces, que hemos renunciado en aras de cierto pragmatismo.

Presentar medidas y realidades concretas enmarcadas en una épica transformadora por izquierda –y no acciones que parecen aisladas– es un desafío que supera la mera acción comunicadora.

El talante dialoguista del gobierno no se debe confundir con la famosa corrida hacia al centro, un centro que no existe y que, de ser tal, debe ser politizado. El premio al buen centrista se ganaría renunciando a la confrontación. El centro como punto de acuerdo no es el problema, sino su definición como espacio político por el que se lucha. Para ser de centro, se deben compartir las razones de la parte poderosa del conflicto. ¿Cuál es el centro en el acceso a derechos fundamentales como vivienda, educación, trabajo y seguridad social? Un gobierno es válido si implica un paso hacia la meta final. Se define por sus resultados concretos.

Habremos logrado auténtico progreso cuando redimamos a todos los pájaros aplastados de los progresos anteriores, sin sacrificar ni esconder a ningún otro.

Juan Pablo Pío Guarnieri es abogado, secretario general Letrado del Banco de Seguros del Estado y dirigente del Partido Socialista.


  1. Žižek, Slavoj. Contra el progreso. Paidós (2ª edición), 2025, p. 13. 

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