A comienzos de este año, la Asociación de Comercio de Automotores del Uruguay (ACAU) presentó las cifras anuales sobre la compra de vehículos que superan en más de 6.000 al récord del período anterior. Los SUV (sport utility vehicle), vehículos de gran tamaño no preparados para las ciudades, sino para ser utilizados en campo abierto, caminos sinuosos o en mal estado, tuvieron un aumento de ocho puntos porcentuales a 2025.
Estas cifras no deben ser sorprendentes para nadie; tan solo basta con querer hacer un trayecto en el transporte público y notar la diferencia temporal para llegar de un punto a otro. Problema que en una ciudad de la población y tamaño como nuestra capital no debería existir. Un mal transporte público, poco confiable y cuyo precio no es equivalente a su calidad, deriva en los hábitos de transporte actuales.
Cabe preguntarse qué se podría hacer para contrarrestar esto, cómo la población vuelve a utilizar el transporte público u otros medios de transporte. Montevideo, más específicamente la Ciudad Vieja, es el terreno predilecto para este tipo de políticas urbanas que buscan expulsar a los vehículos unifamiliares (o unipersonales) de su territorio en pos de un hábitat más humano.
Nadie aquí inventó la pólvora; de hecho, ya se ha planteado desde el siglo pasado esta idea de ir peatonalizando el casco histórico de Montevideo, incluyendo en esto mejoras turísticas, habitacionales y económicas para una zona deprimida. Sin embargo, no ha habido avances drásticos en alejar a los autos del barrio, que se ve afectado de manera severa por el aumento de vehículos unifamiliares que, además, precisan espacios para ser estacionados.
“Las áreas de estacionamientos colectivos suponen la disposición de altas superficies con un destino que, por su propia naturaleza, si bien es necesario, en general es depresivo para las calidades ambientales del espacio”, se señala en el documento de la Intendencia de Montevideo Memoria de ordenación. Plan especial de Ciudad Vieja 2003.
He aquí el gran problema: al auto no se lo invita a retirarse, se lo combate. La política de estacionamiento en el centro histórico de la ciudad, salvo la opción subterránea, es contraproducente en todo sentido. Esta medida incentiva el uso de vehículos privados, lo que a su vez genera una demanda por grandes espacios de aparcamiento (como veredas o amplias extensiones de terreno) que terminan subutilizados y son inadecuados para las necesidades de una zona en declive. De esta forma persisten los problemas de inseguridad, pobreza y vaciamiento que las distintas administraciones han intentado paliar.
¿Cómo podemos devolver el barrio a la gente que lo habita? La política de suelo en Ciudad Vieja debe ser tomada en serio por la potencialidad que tiene de ser un centro turístico, cultural, financiero y más.
En la Ciudad Vieja viven 12.000 personas, según el último censo, a las que se suma una población flotante que la duplica con creces, que viene de todas partes de Montevideo y el área metropolitana en distintos medios de transporte público y privado; los que tienen un automóvil son el 55% de la población montevideana, según los datos de la Intendencia de Montevideo. Debería despertar alarmas a los distintos jerarcas de cómo se debe proyectar la política de movilidad en nuestro casco histórico. Se tendría que evitar que la población se transporte en auto hacia la zona, quitando lugar a los estacionamientos públicos y privados, una política necesaria para lograr los objetivos turísticos, ambientales y habitacionales de la ciudad. Se trata de ir en contra del auto y a favor del ser humano.
¿Qué hacemos con esto? ¿Cómo podemos devolver el barrio a la gente que lo habita? La política de suelo en Ciudad Vieja debe ser tomada en serio por la potencialidad que tiene de ser un centro turístico, cultural, financiero y más. La posibilidad de ser la representación de un nuevo Montevideo, un Montevideo que devuelva a lo público el espacio que merece. Retomar espacios que son utilizados como estacionamientos a cielo abierto debe ser el primer paso, al ser predios baldíos ubicados en zonas estratégicas de la Ciudad Vieja y solo utilizados para el almacenamiento de vehículos. El Estado ha sido uno de los principales responsables de este problema. Solo falta ver los predios utilizados para estacionamientos a cielo abierto, predios que podrían ser utilizados como espacios públicos o para complejos habitacionales, cuya superficie aproximada es de 12.000 m².
Quitar los estacionamientos de las oficinas gubernamentales no debe ser lo único; prohibir el estacionamiento sobre la vereda a los no residentes es un paso ya utilizado por los cascos históricos de otras ciudades aún más grandes que la nuestra, como Londres, y ha generado un mayor funcionamiento del transporte público, mayor turismo y más tranquilidad a los residentes. Esto no debería ir de la mano con la construcción de nuevos estacionamientos, la concesión de beneficios para su edificación, ni con el fomento de la creación de garajes en el interior de nuevas unidades habitacionales.
Una Ciudad Vieja que sea novel en políticas urbanas será un barrio donde se pueda construir ciudadanía y generar un terreno próspero para mayores incentivos al turismo, a la vivienda, al medioambiente y a un progreso necesario en el transporte. Porque si hay tantos autos, ¿dónde quedamos nosotros?
Ignacio Rojí es estudiante de Ciencia Política e integrante de Revista Minotauro.