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La guerra demuestra la improvisación en la conducción de Trump

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Es cada día más evidente que Estados Unidos, en el marco de su plan de dominación mundial, muestra una desesperación enorme por terminar con una guerra que desde el principio se dijo que se liquidaba rápidamente. Primero Donald Trump instó a los iraníes a sublevarse, pero estos no lo hicieron. A pesar de haber asesinado al líder máximo de Irán el 28 de febrero y a varios líderes más, nada pasó y la resistencia iraní continuó. Tampoco hay duda de que se bombardearon barrios enteros de varias ciudades, dejando como saldo varios muertos; sin embargo, no se rindieron tampoco luego de ello.

Algo que no se dice, pero sucede, es que también líderes del Partido Demócrata de Estados Unidos apoyan la guerra contra Irán. La senadora demócrata Tim Kayne declaró en estos días que “Irán es una amenaza regional y hay que asegurarse de que no obtenga arma nuclear alguna”. Otros dirigentes demócratas, cuando Trump anunció el alto el fuego, se apuraron a criticarlo y argumentaron que dejaba el estrecho de Ormuz en manos de Irán. O sea que criticaban la táctica, pero no el ataque.

La guerra en estos momentos también está teniendo un costo brutal para la clase obrera de Estados Unidos debido a recortes presupuestales muy importantes en programas sociales esenciales. Trump impulsó también el registro automático para el servicio militar para todos los hombres de entre 18 y 26 años, que comenzará a regir a partir de diciembre de 2026. Serán en primera instancia, sin dudarlo, los hijos de los trabajadores quienes irán a la primera línea de fuego.

En la historia, la guerra de Irán será la que marque un punto de inflexión determinante de un momento dramático para el imperialismo estadounidense. Este conflicto no solamente desató una crisis mundial, que aún es difícil poder pronosticar hasta dónde puede llegar, sino que además, y fundamentalmente, está poniendo en tela de juicio la capacidad de Estados Unidos para gobernar y dominar el sistema capitalista mundial.

En la historia, la guerra de Irán será la que marque un punto de inflexión determinante de un momento dramático para el imperialismo estadounidense.

Las idas y venidas, los llamados a que la guerra se termina mañana o pasado, las amenazas de que pulverizará a Irán de un momento a otro, todo dicho por Trump, se desmorona día a día. La improvisación es permanente, ya cayendo en lo ridículo.

La realidad muestra que Irán, con el cierre del estrecho de Ormuz, fue descubriendo que su poder era mucho mayor que el que creían; por allí pasa una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. La desesperación de Trump es en gran parte porque los resultados no aparecen y ya el mundo capitalista observa con preocupación que la guerra continúa y la crisis global se profundiza.

El mundo está en jaque, los mercados tiemblan, los gobiernos desesperan con el aumento o no de los combustibles y la inmensa mayoría de la población laboriosa del mundo lo paga. Esta barbarie solo podría frenarse con una gran movilización mundial de las y los trabajadores. Hoy el internacionalismo, bandera que para algunos estaba perdida, tiene más vigencia que nunca, porque nadie, absolutamente ningún país, se salvará solo.

Gustavo González es senador del Partido Socialista, Frente Amplio.

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