Hace unos meses, en el programa La letra chica, la periodista Ana Laura Pérez hizo una de las preguntas más interesantes que vi en los medios. Cuestionó la hegemonía de los tecnoduques tecnológicos de Silicon Valley, que poseen el monopolio del diseño del futuro y nos tienen a todos corriendo detrás de ellos.
La periodista se topa con una cuestión central de estos tiempos, que es, justamente, la falta de sueños de las nuevas generaciones y la monopolización de la capacidad de diseñar el futuro de las sociedades occidentales.
Precisamente, en este momento nos encontramos en un cambio de era histórico, como en su momento fue la caída de la Roma occidental y el feudalismo significó el pasaje de la Antigüedad a la Edad Media, de ella a la modernidad y de esta a la era contemporánea. En la transición hacia la Revolución industrial, los contenidos culturales que permitían un diseño de la sociedad eran de carácter optimista. En concreto, en la literatura podemos encontrar la Utopía, de Moro, o Zadig, de Voltaire, y en el teatro se observa el cuestionamiento del abuso de poder al ciudadano tanto en Shakespeare como en Lope de Vega.
Esa es la contracara de los contenidos culturales que se observan hoy en día, la sensación de la rotura del tejido social hace que se vaya hacia contenidos con sentido posapocalíptico. The Last of Us, The Walking Dead, incluso El eternauta reflejan una sociedad en decadencia: su enfoque es la resistencia de la comunidad frente a una pérdida del estado civilizatorio que se muestra inevitable. En estos casos, la pérdida de los elementos culturales en los cuales se unía la sociedad son valores añorados y la sensación de comunidad es una arcadia frente a un hiperindividualismo exacerbado. “Nadie se salva solo” es una trinchera. Se perdió la capacidad de soñar el futuro contra la idea de fantasear nuestro final.
Más allá de permitir observar el espíritu de época, ello no responde por qué las sociedades renunciaron a soñar y solo sueñan los tecnofeudales. La humanidad se ha enfrentado a la opción de la aniquilación total en el pasado, sin embargo, los humanos seguían soñando un futuro prometedor. El eje central de la respuesta a esta pregunta es la asimetría de velocidades a la hora de comprender el mundo entre la sociedad civil y las cúpulas de poder tecnológico, principalmente de Silicon Valley.
Para una mejor comprensión es necesario ver el origen de este proceso. En 1991, la cadena de supermercados Walmart comienza a utilizar todo el herramental de análisis de datos que hoy se considera estándar. Luego, a finales de los 90, Google hace su aparición y se volvió el oráculo de consulta; las redes sociales como Facebook, Twitter (ahora X) y el resto establecieron el estándar para el relacionamiento y el monitoreo social. Estas empresas tecnológicas comenzaron a tener una alta capacidad de procesamiento de datos, elemento clave para lo que luego sería el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
La masificación de los data centers, principalmente Amazon Web Services (más conocido como AWS), facilitó el acceso y desarrollo a capacidades enormes de cómputo a muchas empresas tecnológicas. Estas capacidades de procesamiento fueron potenciadas (y lo siguen siendo hoy en día) por el desarrollo a nivel de hardware de los semiconductores, imprescindibles en la carrera por la IA. Y llegamos así al deslumbramiento social de las herramientas de IA generativas como Chat GPT, Gemini, Grok, Perplexity y demás.
Esto supuso un salto hacia adelante en el desarrollo tecnológico, con una velocidad tan salvaje que la sociedad no pudo asimilar el golpe del deslumbramiento de estas herramientas y quedó desfasada en cuanto a su capacidad de entendimiento y comprensión de dicho avance tecnológico. Entonces, los que se encuentran en la punta de este shock tecnológico están familiarizados con determinados conceptos para los que el resto de la sociedad no está preparado. Este desfasaje hace que se genere una grieta entre quienes sí pueden pensar el futuro y quiénes tratan de perseguir el presente como si quisieran alcanzar el sol (en el mejor de los casos).
No por casualidad se está viviendo un revival cultural de los 90 del siglo pasado a nivel global, tanto en la moda como en el arte, con la vuelta de bandas de esa época, la cultura estética del cuerpo abandonando y la hipersexualización. Es como si el anticuerpo de época volviera hacia algo conocido, el momento de mayor esplendor de la humanidad, diría el agente Smith en The Matrix.
Los que se encuentran en la punta de este shock tecnológico están familiarizados con determinados conceptos para los que el resto de la sociedad no está preparada.
Aunque la sociedad en Occidente se refugie en la década del 90, vive en la segunda década del siglo XXI y dichos desafíos igualmente atacan a esta sociedad. China hoy se enfrenta a un problema estructural; su población se encuentra en declive demográfico. Para mantener su nivel de producción procedió a automatizar procesos industriales, sustituyendo mano de obra barata por máquinas. En una disputa por el hegemón, comenzando por Amazon, Estados Unidos está repitiendo este proceso de sustitución para no perder pie. A Amazon la comienza a seguir un montón de empresas que replican este modelo. En estos meses Anthropic está realizando avances significativos y logrando cambiar los modelos de negocios de sectores enteros. Es un proceso que Schumpeter describió como destrucción creativa de capital, por el que una innovación en un sector del mercado destruye los modelos previos.
Este proceso de automatización y sustitución de máquinas por humanos también llegó a Uruguay, donde ya se está sustituyendo la mano de obra hasta en los trabajos menos calificados. En un contexto de una economía con serios desafíos, el gobierno trata de dar respuestas, pero están diseñadas para un mundo que ya no existe; para entender esto vale hacer cierta analogía histórica.
Con la máquina a vapor, la Revolución industrial catapultó como primera potencia al Imperio británico y esto signó el declive total del Imperio español. El 20 de noviembre de 1845 se produce la honorable Vuelta de Obligado, que enfrenta a británicos y franceses contra argentinos. Los argentinos cerraron el acceso al Paraná con cadenas y explosivos de una forma totalmente anacrónica (pero era lo que tenían) frente a los modernos barcos a vapor europeos. Las cadenas fueron cortadas con facilidad por los buques ingleses, una estrategia que hubiese funcionado en otro tiempo, pero en ese momento fue inútil.
La medida propuesta por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social por la que las grandes empresas deberán informar previamente ante despidos masivos recuerda a las cadenas en la Vuelta de Obligado. Una medida del siglo XX ante el avance inexorable de la automatización. ¿Será efectiva? Obviamente no. ¿Tiene margen de maniobra? Tampoco. Si bien se entiende que el trabajo se va a reconvertir dadas las nuevas tecnologías, la pregunta que se impone es otra: ¿el sistema político tiene prevista esta situación? ¿El MTSS está trabajando, previendo un eventual diseño del mundo laboral del futuro en Uruguay?
Últimamente, observamos los cambios y reestructuras en los gigantes tecnológicos que estaban situados en Uruguay, por los que en pocos meses se perdieron miles de puestos laborales debido a la deslocalización y a la sustitución de determinados trabajos por IA. En el rubro informático, dado que es el más expuesto al cambio, se vive a una velocidad distinta, pero en un país de servicios, en otros sectores el cambio inexorablemente va a ocurrir. Ante un cambio tecnológico que va a tener un enorme impacto en el mundo del trabajo en Uruguay, se tienen que realizar los cambios necesarios para la integración del humano y la máquina. Se trata de presentar un modelo que sea compatible con ambos.
Es entendible que ante la falta de perspectivas y certezas a futuro una generación entera no pueda soñar con una clase política, empresarial, intelectual e incluso sindical corriendo a una velocidad insuficiente para este mundo. En este contexto, los experimentos políticos como los de El Salvador, Chile o Argentina se vuelven atractivos ante la falta de perspectivas.
En su Era de las revoluciones, Eric Hobsbawm establece que en el nacimiento de la era contemporánea nacen muchos conceptos como ideología, industria, capitalismo, socialismo o periodismo. Muchos conceptos de la era anterior, como artesano, fueron perimidos, y quizá algunos que, de acuerdo al autor, nacieron en ese momento también pierdan relevancia en esta era.
Lo seguro es que desde este lugar del mundo hoy tenemos que crear, pensar y soñar conceptos e ideas nuevas. Para eso tenemos que acelerar nuestra velocidad de entendimiento. En esto el Estado tiene un importante papel que jugar, como lo jugó en el pasado con la reforma vareliana, con el reordenamiento de tierras, los cambios de producción en un proceso iniciado en el militarismo, pero que en la época del batllismo adquirió su visión revolucionaria. ¿Estará Uruguay a la altura de este desafío histórico? Porque si algo nos mostró la era anterior ante un brutal cambio técnico es que, si algo no se adapta, se extingue.
Marcelo Núñez es contador público y a nivel de posgrado se está especializando en big data.