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¿Estamos seguros de que la oscuridad es un problema?

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Montevideo está a punto de gastar un millón y medio de dólares para iluminar siete playas. Pero casi nadie está hablando de lo que podríamos perder a cambio. Según informó El Observador, la Intendencia de Montevideo planea iluminar las playas Ramírez, Pocitos, Buceo, Malvín, Honda, Carrasco y Cerro.

El impulsor de la propuesta, el edil colorado Federico Paganini, afirmó que esta medida representa una “democratización” de las playas. Pero, personalmente, creo que esa idea confunde.

Decir que iluminar las playas es democratizarlas es como decir que prender las luces durante una película mejora el cine porque todos pueden ver mejor. Sí, se ve mejor el entorno, pero se pierde aquello que fuimos a disfrutar.

La propuesta parte de una idea que vale la pena cuestionar: la idea de que una playa oscura es una playa inutilizable; que una playa de noche es necesariamente hostil, peligrosa o algo que debe ser corregido. Y eso simplemente no es cierto para todo el mundo.

Para muchas personas, precisamente, lo que hace valiosa una playa de noche es que siga siendo oscura. Porque una playa no es solamente arena y agua. No es solamente un lugar para circular. No es solamente un espacio que debe estar disponible para el consumo las 24 horas del día.

Montevideo está a punto de gastar un millón y medio de dólares para iluminar siete playas. Pero casi nadie está hablando de lo que podríamos perder a cambio.

También es un espacio natural. Un lugar para escuchar las olas. Para contemplar el río. Para ver salir la luna. Para mirar las estrellas. Y para experimentar algo que cada vez escasea más en nuestras ciudades: la noche.

En la misma entrevista, Paganini sostuvo que la iluminación permitiría potenciar la zona, instalar emprendimientos gastronómicos y agregarle “mucho más vida a toda la rambla”. Pero cuando hablamos de potenciar una zona, vale la pena preguntarse: ¿potenciar para quién?

Para un emprendimiento gastronómico, más luz puede ser una ventaja. Pero para quien valora el paisaje nocturno, el cielo estrellado, la tranquilidad o el contacto con la naturaleza, puede representar una pérdida.

Y hay algo más.

Más luz, más comercios y más actividad económica no necesariamente significan más vida. Para muchas especies de aves, insectos y fauna costera significa exactamente lo contrario. De hecho, en la misma nota, el biólogo Luis Orlando, investigador del Instituto Clemente Estable, advierte que la iluminación nocturna es una forma de contaminación y que “cuanto más iluminada está una playa, menor biodiversidad tiene”.

La oscuridad también genera valor.

En todo el mundo crece el interés por el turismo astronómico, la observación de la naturaleza nocturna y las experiencias vinculadas al cielo estrellado. Lo que hoy algunos ven como un espacio vacío para llenar de luz, otros lo vemos como un patrimonio natural cada vez más escaso.

No todo espacio público tiene que transformarse en un polo gastronómico. No todo rincón de la ciudad tiene que estar iluminado para tener valor. Y una vez que destruimos la oscuridad de un lugar, las estrellas caen en el olvido.

Por eso, antes de iluminar kilómetros de costa, quizás deberíamos hacernos esta pregunta: ¿estamos seguros de que la oscuridad es un problema? ¿O estamos a punto de perder algo valioso simplemente porque nos olvidamos de apreciar la noche?

Fefo Bouvier es astrofotógrafo, divulgador de la astronomía y defensor del cielo nocturno.

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