la diaria Posturas

Ilustración: Federico Murro

En pie de guerra desde Masoller

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El Partido Nacional (PN) organizó el domingo su ya tradicional marcha hacia Masoller para conmemorar la muerte de Aparicio Saravia en 1904, que se realiza desde el centenario de aquel acontecimiento. El orador fue el presidente del directorio nacionalista, Álvaro Delgado, quien consideró oportuno dedicar algunos pasajes de su discurso a la reiteración de críticas al actual oficialismo.

Como se ha vuelto habitual, Delgado afirmó que a las autoridades frenteamplistas les faltan “rumbo y liderazgo”, y que para disimularlo se dedican “a mirar para atrás”, con “un embate, en estos días, contra proyectos que ha hecho nuestro gobierno, encabezado por Luis Lacalle Pou, en el sentido de desmontar y cuestionar los proyectos y a sus responsables”. Aludía, obviamente, al acuerdo con la empresa española Cardama para que esta construyera dos patrulleras oceánicas.

A modo de advertencia, el dirigente apeló a una frase de Wilson Ferreira Aldunate: “Los que nos tocan la oreja no saben dónde meten el dedo”. La cita corresponde al discurso más duro de Ferreira contra la dictadura, pronunciado en la ciudad argentina de Concordia el 25 de mayo de 1984, menos de un mes antes de su regreso a Uruguay. En esa ocasión dijo, por ejemplo: “Se denuncia que estamos dispuestos a integrar un plan de ‘desestabilización. Pero ¿cómo de ‘desestabilización’? Nosotros queremos derribar al gobierno, no lo queremos ‘desestabilizar’. No se nos ha ocurrido desestabilizarlos: los queremos echar”.

La elección de la frase sobre la oreja y el dedo resulta desproporcionada. Corresponde suponer, en aras de la prudencia, que el PN no se propone derribar al gobierno presidido por Yamandú Orsi, y hay una enorme diferencia entre la larga lista de atrocidades cometidas por la última dictadura y señalar a Lacalle Pou como principal responsable político del acuerdo con Cardama.

Durante las campañas para las elecciones internas y nacionales de 2024, Delgado insistió en su disposición al diálogo y la búsqueda de acuerdos, pero ahora expresa el predominio en el PN de quienes lo acusan de haber sido “tibio” e impulsan una línea de oposición permanente muy agresiva.

Algo habrán hecho

Detrás de esa línea hay una teoría que atribuye la última victoria del Frente Amplio (FA) a que esa fuerza política no le dio ni un minuto de tregua a Lacalle Pou. Es cierto que, como señalan muy a menudo las personas especializadas en ciencia política, las elecciones no se ganan ni se pierden solo en las campañas, sino que sus resultados dependen de procesos acumulativos durante todo un período de gobierno. Lo discutible es que la mayoría haya preferido a Orsi en 2024 debido a las críticas constantes del FA o a su presunta actitud de “poner palos en la rueda”.

Para empezar, la oposición frenteamplista era minoría en ambas cámaras del Parlamento, y no podía por sí misma impedir la aprobación de ningún proyecto. De 2020 a 2024, los fracasos de varias iniciativas provenientes del Poder Ejecutivo y las modificaciones de varias otras se debieron a discrepancias internas en la Coalición Republicana, que no alcanzó acuerdos sobre cuestiones centrales antes de las elecciones de 2019 y ni siquiera fue capaz de buscarlos luego en organismos comunes.

En segundo lugar, los resultados de las internas partidarias y las elecciones nacionales indicaron una notoria preferencia por las posiciones dialoguistas en desmedro de las más combativas.

Por último, es bastante claro que si la gestión del anterior gobierno hubiera causado una mejora sustancial de los ingresos y la seguridad pública de las mayorías, de poco habrían servido cinco años de críticas frenteamplistas. Seguramente jugaron también otros factores, y habría sido muy interesante que alguna empresa encuestadora investigara por qué hubo cambios de preferencia electoral de 2019 a 2024, pero no registrar la incidencia de lo vinculado con indicadores básicos tiene solo dos explicaciones posibles: una profunda incomprensión de la política, o la idea necia de que es posible, a puro relato, lograr que muchísima gente olvide la importancia de vivir mejor.

Es muy probable que en 2029 un factor muy relevante para inclinar la balanza hacia uno u otro de los grandes bloques en pugna vuelva a ser la percepción de cambios favorables o desfavorables en la calidad de vida, junto con la credibilidad de las propuestas en ese terreno.

Retrovisores

Delgado acusa al FA de “mirar para atrás”, pero centrar la actividad opositora en una defensa intransigente de proyectos que no llegaron a concretarse en el período anterior es, sin duda, vivir con la vista fija en el pasado y no ofrecer más esperanza que la de reeditar una gestión desaprobada en las urnas.

Ese discurso solo puede entusiasmar a quienes ya están convencidos, que no son muchos. En la encuesta de la Usina cuyos resultados publicamos en esta edición, solo el 11% de las personas consultadas aprobaron el desempeño de la oposición, y entre los votantes de la Coalición Republicana la aprobación fue apenas un 21%. No tomar nota de esto es muy peligroso.

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