La estancia María Dolores es la crónica de una nueva oportunidad desaprovechada de la materialización del principal mandato del socialismo: “El empoderamiento popular de los medios de producción”.
Los 32 millones de dólares en tierras, más los otros 10 millones que habría que poner arriba para fraccionar esa estancia en los 16 tambos y cumplir con demás promesas fue demasiado para el Instituto Nacional de Colonización (INC). Además, puso en evidencia la crisis de la fuerza política que gobierna, materializada en la falta de imaginación -si no de memoria de los viejos planteamientos concretos de la reforma agraria- para aprovechar las oportunidades legítimas que surgen.
Ocho de cada diez dólares que ingresan al país provienen de la producción agropecuaria y derivados, un sector definido por la izquierda uruguaya como “opositor ideológico”. Por lo tanto, si bien es cortejado electoralmente, no se lo toma en cuenta en ninguna de las políticas sociales y de empleo que pretende aplicar. Es un sector productivo que puede generar soluciones donde hoy aplicamos las mismas políticas asistencialistas que tanto se le han criticado a la derecha, definiéndolas como políticas clientelistas.
María Dolores era -todavía es- la oportunidad del socialismo de afrontar el desafío de salirle a competir -y superar- al capital, y demostrar que una sociedad puede avanzar igualitariamente y generar riquezas mediante el empoderamiento (que no es el apoderamiento) de los medios de producción.
Para lograrlo ya existen los motores de desarrollo, solo que no están afinados ni sincronizados. La misión del INC es importante, pero su visión de cómo llevarlo a cabo en María Dolores no se ajusta a la realidad. Se disponen de millones de dólares al servicio de entre 20 y 25 nuevos tambos familiares o ampliaciones de viejos por quinquenio, que ni por asombro cubren una demanda de 1.700 aspirantes, tal cual se ha informado.
No existe ninguna otra entidad que “invierta” millones de dólares en ayudar a alguien a "arrancar en la vida" como se está haciendo ahora con estas seis familias.
¡Tierra para quien la trabaje, fin del latifundio!
La del subtítulo es una consigna, pero cabe preguntarse a qué costo, con qué objetivo y con qué beneficio para la sociedad, más allá del beneficiado en el sorteo y del Estado de contar con un mayor banco de tierras estatales.
María Dolores es un proyecto que debería ser liderado por la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND) para hacer algo más grande, que beneficie a más gente y genere más retorno económico al país que el proyecto que ha presentado el INC, “cerrado” en su estrategia de focalizarse en el sector lechero a pastizal abierto.
Justamente, la CND tiene entre sus objetivos “contribuir al desarrollo del país mediante servicios de gestión, financiamiento y ejecución de proyectos para los sectores público y privado”. En ese sentido, se plantea ser “un referente nacional e internacional como facilitador de políticas públicas orientadas al desarrollo”, en el que entra el deber de desarrollar las economías regionales dando valor agregado a la producción primaria.
María Dolores es un proyecto que debería ser liderado por la CND para hacer algo más grande, que beneficie a más gente y que genere más retorno económico al país que el proyecto que ha presentado el INC.
Las tres tareas organizativas de la CND en relación con María Dolores podrían ser integrar a la Junta Nacional de la Granja (Junagra) al proyecto, para recuperar lo mejor que tuvo el proyecto Calagua en Bella Unión; levantar un polo industrial que procese y dé valor agregado a la producción; y crear una “fuerza tarea” interinstitucional para crear-organizar-capacitar los recursos humanos necesarios para vivir y llevar a cabo su producción de manera, ya sea cooperaria, cooperativa o asociativa.
¿Por qué Junagra? El precio base de un campo agrícola ganadero ronda unos 5.000 o 5.500 dólares por hectárea. Mientras que la ecuación económica para una explotación lechera y/o ganadera exige considerar inversiones en fracciones de campo de, en promedio, 150 hectáreas por colono (unos 800.000 dólares), la granjera se sitúa entre las 5 y las 20 hectáreas por colono (entre 27.000 y 110.000 dólares), con costos de infraestructura más o menos similares al del tambero según la intensidad y tipo de producción que se realice.
Si el proyecto inicial del INC era crear 16 tambos familiares y solo está consiguiendo crear seis, eso quiere decir que existe suficiente lugar para incluir entre tres y cuatro grupos organizados de entre cuatro a 30 familias hortifrutícolas por cada familia tambera. De esa forma, se puede alcanzar una colonia formada de varias cooperativas que nucleen entre 16 y 120 familias y aun así tener un remanente para duplicar el número de colonos tamberos.
Con la misma inversión, el mismo motivo, pero diferente camino podemos multiplicar el número de familias beneficiadas. Pero -siempre hay un pero- se plantea la pregunta sobre qué hacer con esa producción granjera.
Aquí es que entra la razón por la cual debe ser la CND la que lidere este proyecto, ya que el INC y la Junagra no tienen a quién remitir su producción fuera del abastecimiento a la plaza local de frescos. A diferencia de los sectores cárnicos y lácteos, hoy por hoy, Uruguay carece de industrias que absorban los excedentes de producción hortifrutícola para no generar un desplome de precios y asegurarle al productor una renta mínima segura.
Al respecto, y contando con la experiencia trunca de Calagua1, en especial con Greenfrost, la CND ya tiene tres cuartos del camino allanado para volver hacerlo, pero mejor que antes. No se necesitan más que destinar entre cinco y diez hectáreas para crear en María Dolores, no solo una planta procesadora para los horticultores, sino una semilla de algo más grande.
La semilla de un consorcio de empresas que procesen las otras producciones de las cooperativas de María Dolores y que sea dirigido y administrado empresarialmente por ellas mismas, no solo va a dar valor agregado a sus productos, sino que también acortará la cadena de intermediarios entre productores y consumidores y la exportación. Se trataría de un consorcio formado de cooperativas, y operado y dirigido por ellas, primero bajo dirección y luego bajo supervisión de la CND, hasta conseguir la experiencia necesaria para manejar el tema independientemente de manera eficiente.
Por su costo de implementación, María Dolores podría ser el modelo a replicar en el resto de los departamentos del país y así dinamizar sus economías sin la necesidad de estar esperando inversiones extranjeras salvadoras.
Pensando en la formación de los recursos humanos, es importante tener en cuenta que agricultor no se nace, se hace. Es necesario sacarle ese “romanticismo heroico" que pinta la agricultura de esfuerzo y sudor, y entender que la hortifruticultura es una forma de vida que utiliza tecnología de punta y exige más pienso y habilidad que músculo. Además, es absolutamente compatible con el perfil cosmopolita y suburbano del “uruguayo tipo”. Es más, con las tendencias hacia la agtech y la agrifoodtech ya la curiosidad y la práctica por dominar las tecnologías necesarias para producir alimentos de calidad son las que llevarán por sí mismas al joven a formarse en diversas disciplinas tecnológicas y biológicas, a través de su curiosidad o de capacitaciones focalizadas frecuentes. En pleno siglo XXI, el individuo ya puede formarse de manera más informal y objetiva que encerrándolo en un aula.
Ricardo Weisz es consultor en tratamiento de agua.
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Cuando en los años 90 se elimina la producción cañera, los productores de Bella Unión agremiados en Calnu junto con los técnicos de la cooperativa de riego Calagua llevaron a cabo un proyecto de reconversión granjera cooperativa que incluyó a 250 pequeños y medianos productores. Se remitía su producción a la planta de congelados Greenfrozen, de su propiedad, con la idea de abastecer la plaza local y exportar hacia los países vecinos. El proyecto fue avanzando con marchas y contramarchas hasta que en 2006 se decide la apertura de ALUR, que generó la deserción general de los productores de Calnu del proyecto. Sin ellos, terminó cerrando y sus activos fueron rematados en 2016. ↩