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Opinión Posturas

Las venas de América Latina abiertas por el algoritmo

“La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”, escribió Eduardo Galeano.

América Latina está cada vez más ligada a la disputa económica por la captura de sus datos, su atención, sus pagos y su infraestructura digital. Es ahí donde la cuestión de las big techs se encuentra con la política exterior de Donald Trump.

El 18 de agosto de 2026, Fernando Cerimedo fue detenido en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, cuando se disponía a viajar a Buenos Aires. La detención ocurrió después del ataque contra Nadia Beller, abogada y analista política boliviana, baleada tres veces por hombres que se presentaron como repartidores. Ella sobrevivió. Cerimedo niega estar involucrado. La Justicia boliviana ordenó su prisión preventiva por 180 días. El 8 de setiembre fue trasladado a Chonchocoro, en La Paz, en una investigación por supuesto enriquecimiento ilícito.

Lo que me interesa aquí no es anticipar una culpa donde hay una investigación judicial, sino observar quién es Cerimedo y el poder que representa.

Consultor político y estratega digital argentino, Cerimedo ganó proyección en la derecha y la extrema derecha latinoamericanas. Trabajó junto con el bolsonarismo, para el presidente argentino Javier Milei y como consultor del presidente boliviano Rodrigo Paz. Es fundador de La Derecha Diario, importante plataforma de la derecha radical argentina y latinoamericana. No es apenas un propagandista: trabaja con campañas negativas, segmentación, redes sociales y, según su propio relato, estructuras de trolls.

El 4 de noviembre de 2022, pocos días después de la derrota de Jair Bolsonaro frente a Lula, Cerimedo participó en una transmisión de La Derecha Diario en la que presentó el supuesto informe “Brazil Was Stolen”. El material pretendía demostrar un comportamiento estadísticamente anómalo de determinados modelos de urnas electrónicas y sembrar sospechas sobre la elección brasileña. La alegación era falsa y Cerimedo fue indiciado por la Policía Federal en el marco de las investigaciones sobre el intento de golpe y la difusión de desinformación sobre el sistema electoral.

El episodio revela algo mayor: la internacionalización de las técnicas digitales de la nueva extrema derecha latinoamericana. Operadores, plataformas, influencers, narrativas, trolls y modelos de comunicación circulan entre Argentina, Brasil, Bolivia y Chile. En setiembre, la Cámara de Diputados chilena aprobó una comisión investigadora sobre la actuación de Cerimedo y posibles operaciones de bots y manipulación digital relacionadas con la política chilena.

El mecanismo puede resumirse así: producción de una narrativa falsa o engañosa, su amplificación artificial o coordinadamente, y su transformación en realidad política. Es lo que llamo falsolatría: no solo la mentira como contenido, sino la constitución de una economía política de la mentira, en la que la falsedad se produce, prueba, segmenta, amplifica y monetiza.

La desinformación no es solo un problema epistemológico o democrático. Está inserta en una economía de la atención altamente concentrada, en la que capturar y comercializar la atención constituye una gigantesca fuente de acumulación privada.

Aquí entra James Williams, en Clics contra la humanidad (Gatopardo Ensayo, 2021). Exestratega de Google, Williams muestra que, en la era del exceso de información, la atención se convirtió en el recurso escaso. El problema político es también quién consigue capturarla y dirigirla.

La desinformación, por tanto, no es solo un problema epistemológico o democrático. Está inserta en una economía de la atención altamente concentrada, en la que capturar y comercializar la atención de miles de millones de personas constituye una gigantesca fuente de acumulación privada.

Meta es un ejemplo elocuente. En 2025 tuvo 200.970 millones de dólares de ingresos y 60.460 millones de ganancias netas. Nada menos que 196.180 millones, el 97,6% de sus ingresos, provinieron de la publicidad.

La mentira no necesita ser monetizada directamente para resultar económicamente útil a la plataforma. Si contenidos falsos, indignación, conflicto y polarización aumentan la atención, el tiempo de permanencia y la interacción, pueden alimentar la economía publicitaria. Esto no significa que las plataformas produzcan o coordinen todas las mentiras, sino que su modelo económico remunera la captura de atención a escala.

Es también una economía de concentración. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo calcula que la participación conjunta de las cinco mayores multinacionales digitales en las ventas del sector pasó del 21% en 2017 al 48% en 2025. El World Inequality Report 2026 estima que el 10% más rico recibe el 53% de los ingresos mundiales y posee el 75% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre recibe el 8% de los ingresos y posee apenas el 2% de la riqueza.

Datos, infraestructura, propiedad intelectual, capital y poder de mercado están cada vez más concentrados en los mismos actores. Con ellos se concentra también el poder de organizar la circulación de la información.

Es en este punto que la política exterior y comercial de Trump hacia América Latina debe ser observada. No es solo ideológica o diplomática. También participa en una disputa por la captura del valor de la economía digital: datos, pagos, publicidad, inteligencia artificial, infraestructura y mercados.

El caso de Pix es revelador. En 2026, el gobierno de Trump pasó a considerar políticas brasileñas relativas a servicios de pago electrónico, incluido el Pix, como posibles barreras al comercio y a la competitividad de empresas estadounidenses, en el marco de una investigación comercial. La discusión no es específicamente sobre Meta. Muestra, sin embargo, una lógica mayor: Washington busca defender a empresas estadounidenses frente a infraestructuras digitales nacionales que pueden reducir su participación en los mercados.

América Latina es simultáneamente mercado consumidor, fuente de datos, territorio de expansión de la infraestructura digital y espacio de disputa geopolítica con China. La creación y captura de valor en la economía digital permanecen fuertemente concentradas en Estados Unidos y China, mientras nuestra región ocupa una posición mucho más frágil.

Galeano escribió sobre oro, plata, petróleo, hierro, cobre, carne, frutas y café. Hoy podemos agregar datos, atención, pagos e información. Las venas siguen abiertas. Solo cambiaron los canales.

Y quizá esta sea una de las imágenes más inquietantes de nuestro tiempo: la misma infraestructura privada que concentra enorme poder económico concentra también el poder de organizar la circulación de la información. Poder económico, poder tecnológico y poder informacional están cada vez más próximos.

Cerimedo es apenas un operador dentro de este sistema. El problema que ayuda a revelar es mucho mayor que él.

Jean Wyllys es periodista, escritor y artista visual brasileño.