En el cuarto oscuro, la elección puede convertirse en una búsqueda minuciosa entre decenas de hojas de votación. En muchos casos, los colores, los números, los nombres de los sectores y las fotografías se repiten con pequeñas variaciones, mientras el elector recorre una oferta que parece multiplicarse hasta volver difícil distinguir una lista de otra. Así, lo que para los sectores políticos constituye una estrategia para sumar votos y ampliar su representación puede convertirse en una tarea de rastreo para el votante.
Las colectoras electorales son una estrategia que consiste en presentar numerosas hojas de votación con diferentes listas a la Cámara de Representantes, pero que respaldan una misma candidatura al Senado. De esa forma, las agrupaciones que por separado difícilmente conseguirían una banca parlamentaria pueden contribuir a que un dirigente o sector obtenga representación en la cámara alta.
El mecanismo, cada vez más usual y utilizado principalmente por sectores del Frente Amplio (FA), se apoya en una particularidad del sistema electoral uruguayo. Mientras que los votos para la Cámara de Representantes no se acumulan entre distintas hojas de votación, para el Senado sí existe acumulación dentro de un mismo sublema. Esto permite que una candidatura al Senado reúna votos de múltiples hojas de votación, aunque las listas a Diputados que aparecen en ellas tengan escasas posibilidades de conseguir una banca en la cámara baja.
La discusión volvió a tomar fuerza después de que el VIII Congreso del FA resolviera avanzar en medidas para restringir la proliferación de hojas de votación de cara a las elecciones nacionales de 2029. La decisión generó cuestionamientos de agrupaciones que consideran que el mecanismo, hasta el momento, les permitía competir en mejores condiciones frente a los sectores mayoritarios de esa fuerza política.
Cómo se reparten las bancas y el papel de los sublemas
Para comprender cómo funcionan las colectoras, es necesario distinguir los tres niveles de organización electoral: el lema, el sublema y la lista. El lema es el partido político que comparece ante la Corte Electoral. El sublema es una agrupación de listas que permite acumular votos para la distribución de bancas en los niveles en los que está habilitado ese mecanismo. La lista, por su parte, identifica una nómina concreta de candidatos y componen las hojas de votación.
En las elecciones nacionales, el Senado está integrado por 30 miembros electos por representación proporcional en una circunscripción nacional, además del vicepresidente de la República, quien preside la cámara. La distribución de los escaños se realiza utilizando el método D’Hondt a partir de los votos obtenidos por los partidos y, dentro de ellos, por sus respectivos sublemas y listas.
Asimismo, el procedimiento tiene dos grandes etapas. Primero se determina cuántas bancas corresponden a cada partido según su votación. Luego se distribuyen esas bancas entre los sublemas y las listas que integran cada partido, mediante un sistema de representación proporcional que utiliza cocientes decrecientes para adjudicar los escaños que quedan pendientes.
Cuando una lista obtiene una banca, sus votos se dividen entre dos para calcular su siguiente cociente. Si obtiene una segunda, el siguiente se divide por tres, y así sucesivamente. Las bancas restantes se asignan a las listas que tengan los cocientes más altos.
La acumulación por sublemas permite que hojas de votación que por sí solas no tendrían suficientes votos para conseguir representación contribuyan a mejorar el resultado del conjunto. Sin embargo, eso no significa que todos los votos del sublema se transfieran automáticamente a una única lista, ya que la distribución final depende de los votos y los cocientes de cada una de las listas que lo integran.
La reforma constitucional de 1996, aplicada por primera vez en las elecciones nacionales de 1999, eliminó la acumulación por sublemas para la elección de diputados, pero la mantuvo para el Senado. Asimismo, este mismo criterio de acumulación se aplica para las listas de candidatos a ediles en las elecciones departamentales.
En la práctica, una agrupación puede presentar decenas de hojas de votación con candidatos diferentes en las listas a diputados y repetir en todas ellas la misma lista al Senado. Cada elector elige una hoja completa y su voto contribuye tanto a la elección de los representantes de su departamento como a la candidatura al Senado que figura en esa hoja. Esto permite situaciones contradictorias, como que una agrupación pueda sumar miles de votos para una candidatura al Senado sin conseguir una banca propia en la Cámara de Representantes.
¿Quiénes se benefician dentro del FA?
Uno de los antecedentes más relevantes se registró en las elecciones nacionales de 2019, cuando la lista al Senado encabezada por Enrique Rubio, de la Vertiente Artiguista, consiguió dos bancas pese a que el conjunto de listas a Diputados asociadas a esa estrategia no obtuvo representación en la cámara baja.
El resultado se apoyó en Baluarte Progresista, una agrupación de pequeños sectores nucleados en torno al dirigente Humberto Castro, que presentó 76 hojas de votación en todo el país con la lista al Senado de Rubio.
Según un análisis del Programa de Estudios Parlamentarios de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, esas hojas reunieron 57.071 votos. La cifra fue más del doble de la votación obtenida por las listas propias de la Vertiente Artiguista para Diputados, que sumaron 26.938 votos.
La acumulación permitió que Rubio y Amanda Della Ventura ingresaran al Senado, aunque las listas a diputados vinculadas a Baluarte Progresista no lograron bancas.
Castro reeditó esta estrategia en 2024, esta vez para respaldar a Carolina Cosse, entonces candidata al Senado por La Amplia. Entonces impulsó una alianza de agrupaciones bajo el nombre Sumemos, que presentó 398 hojas de votación en todo el país con la lista al Senado encabezada por Cosse. La estrategia buscaba repetir el éxito de 2019, pero esta vez también pretendía fortalecer electoralmente a los sectores que aportaban las listas.
La lista propia de La Amplia obtuvo 39.901 votos, mientras que el respaldo total acumulado para la candidatura de Cosse llegó a 111.174 votos. Esto permitió que Cosse consiguiera una banca en el Senado, aunque posteriormente renunció para asumir la vicepresidencia de la República. La banca fue ocupada inicialmente por Silvia Nane y, tras su renuncia, pasó a Daniel Borbonet. Sin embargo, la sumatoria no permitió sumar otra banca, por lo cual el propio Castro, ideólogo de la estructura y quien ocupaba el segundo lugar en la lista, no pudo acceder al Parlamento.
El regreso de la 711 al Senado y el sostén de los socialistas
El senador Felipe Carballo, dirigente de Compromiso Frenteamplista, la agrupación vinculada al exvicepresidente Raúl Sendic, fue otro de los beneficiados por una estrategia similar.
Carballo presentó 115 hojas de votación a Diputados que llevaban su lista al Senado, dentro del sublema “Por un Uruguay para la gente”. La hoja de votación 711 en Montevideo obtuvo la ínfima suma de 9.731 votos, una cantidad insuficiente para conseguir una banca propia en Diputados. Sin embargo, la candidatura al Senado encabezada por Carballo recibió 51.172 votos a través de las hojas que la respaldaban.
La votación se benefició de la acumulación dentro de un sublema que también incluía listas de sectores con un caudal electoral considerable, entre ellos el Movimiento de Participación Popular, debido a ser la lista con mayor cociente dentro de su sublema. Este caso resulta paradigmático, ya que implicó una competencia con otra colectora, y fue el resultado de Carballo el que dejó fuera del Senado a Humberto Castro.
Por su parte, el Partido Socialista (PS) también recurrió a una estrategia de acumulación de hojas de votación mediante un acuerdo con Brazo Libertador, agrupación liderada por Diego Olivera, actual prosecretario de la Intendencia de Montevideo.
Si bien es el caso más austero dentro del FA, el sublema “Socialismo es libertad” presentó 52 hojas de votación, de las cuales 24 llevaban la lista al Senado encabezada por Gonzalo Civila. El resto incluía una lista senatorial encabezada por Olivera, que aportó unos 14.800 votos al sublema. Esto permitió que el PS retuviera una banca en senadores a pesar de la merma de votos sufrida respecto a la elección anterior. El PS retrocedió de 32.000 a 14.000 votos solo en Montevideo y, por primera vez, no logró obtener ningún diputado en todo el país.
Esta estrategia también tuvo su incidencia en las elecciones departamentales de mayo de 2025. En esa ocasión, los escuderos de las colectoras, Carballo, Castro y Yamandú Costa del Espacio 2040, se aliaron bajo el sublema “Compromiso Sumemos Uruguay”. La iniciativa reunió más de 190.000 votos en todo el país y obtuvo entre más de 30 ediles en las distintas juntas departamentales.
Montevideo fue el principal ejemplo de su incidencia electoral, ya que mediante 44 listas que acumularon votos bajo ese sublema, menos 100.867 adhesiones, obtuvo cuatro de los 17 ediles frenteamplistas de la Junta Departamental, el doble que la lista 95 de Mario Bergara, el intendente electo.
Meses antes, el propio Bergara había cuestionado públicamente el uso de las colectoras por entender que “distorsionan la representatividad” y que “vacían la discusión de contenido político del Frente Amplio”. “Los que entran en el Senado a partir de las colectoras ¿qué es lo que están representando?”, sentenció entonces el actual intendente.