Cada vez que ocurre un desastre natural de gran magnitud o un episodio meteorológico extremo, resurge una vieja teoría conspirativa: el proyecto HAARP (High-frequency Active Auroral Research Program), una supuesta arma secreta capaz de controlar el clima, provocar terremotos o generar inundaciones. Sin embargo, la evidencia científica disponible y las verificaciones realizadas por múltiples organizaciones especializadas coinciden en que estas afirmaciones carecen de sustento.
Recientemente, la teoría volvió a cobrar fuerza tras el terremoto que azotó Venezuela la semana pasada, que propició además otras desinformaciones virales. En redes sociales circularon publicaciones que fueron enviadas a través del BOT de la diaria Verifica y que afirmaban que los movimientos en realidad fueron artificiales, provocados por élites de Estados Unidos con el sistema HAARP con el objetivo de destrozar la infraestructura del país caribeño.
Antes se había divulgado que las fuertes precipitaciones ocurridas en Irán en abril de este año fueron consecuencia de la “siembra de nubes” y de la destrucción de supuestas bases del programa HAARP en Emiratos Árabes Unidos durante ataques militares en Medio Oriente. No obstante, verificadores de distintos países concluyeron que no existe evidencia de que esas bases existieran ni de que el fenómeno meteorológico estuviera relacionado con una intervención humana. Por el contrario, las lluvias coincidieron con los pronósticos emitidos previamente por organismos meteorológicos internacionales.
Además, suelen compartirse imágenes tanto de los sistemas de HAARP como de otros radares que no son del programa, como el radar Duga, un sistema de alerta temprana que operó como detector de potenciales amenazas balísticas en la extinta Unión Soviética entre los años 70 y 90 del siglo pasado.
HAARP también ha sido señalado falsamente como responsable de terremotos en Turquía, Siria y Rusia, inundaciones en España, huracanes, sequías e incluso incendios forestales. El mismo tipo de desinformación fue desmentido por medios públicos y organizaciones de verificación de Europa, como la Deutsche Welle, y de América Latina, que explicaron que no existe ningún fundamento científico para atribuir a HAARP la capacidad de modificar el tiempo atmosférico o desencadenar fenómenos naturales a gran escala.
¿Qué es realmente HAARP?
Lejos de tratarse de un arma climática, HAARP es una instalación científica ubicada en Alaska y administrada por la Universidad de Alaska Fairbanks. Su propósito es estudiar la ionósfera, una región de la atmósfera situada entre aproximadamente 60 y más de 1.000 kilómetros de altitud, donde interactúan las partículas cargadas provenientes del Sol con la atmósfera terrestre.
Los investigadores utilizan ondas de radio de alta frecuencia para analizar temporalmente pequeñas porciones de la ionósfera y comprender mejor fenómenos como las auroras boreales, las comunicaciones por radio y los efectos del clima espacial sobre las telecomunicaciones y los sistemas de navegación.
Los fenómenos meteorológicos como lluvias, tormentas, huracanes o sequías, se desarrollan casi exclusivamente en la troposfera, la capa más baja de la atmósfera, muy distante de la región donde opera HAARP. Por eso, modificar la ionósfera no implica alterar las condiciones meteorológicas que afectan la superficie terrestre.
Además de la diferencia entre las capas atmosféricas, los especialistas destacan otro aspecto fundamental: la energía. Modificar el clima requeriría alterar enormes masas de aire y vapor de agua, un proceso que demanda cantidades de energía inmensamente superiores a las que puede producir cualquier instalación terrestre. Según desarrolla un artículo de la Royal Melbourne Institute of Technology de Australia, HAARP no posee la capacidad energética necesaria para generar tormentas, sequías o huracanes.
En términos comparativos, la energía involucrada en un fenómeno meteorológico es comparable a la liberada continuamente por la radiación solar, muy por encima de la potencia de cualquier transmisor utilizado en investigaciones científicas.
El origen del mito
Las teorías sobre HAARP comenzaron a difundirse ampliamente a finales de la década de 1990, impulsadas por libros, sitios web y posteriormente por las redes sociales. Con el tiempo, el programa fue asociado a supuestos planes de control climático, manipulación mental e incluso a un imaginario “nuevo orden mundial”.
Ante la persistencia de estos rumores, la Universidad de Alaska Fairbanks, responsable de la instalación desde 2015, ha promovido jornadas de puertas abiertas para mostrar el funcionamiento del centro y explicar públicamente sus investigaciones. El objetivo ha sido precisamente desmontar las especulaciones que rodean al proyecto.