Nuestra vida está marcada por el paso del tiempo. Y aunque no usemos relojes en la muñeca, no podemos escapar a otros tres relojes que de distinta manera gobiernan nuestro accionar.
Tenemos un reloj biológico esculpido en los genes por millones de años de evolución en un planeta que está bajo la influencia de ciclos predecibles de luz y oscuridad marcados por el día y la noche, lo que nos lleva a actuar en ciclos de cerca de 24 horas (de allí que se llamen ritmos circadianos, cercanos a un día). También nos guiamos por el reloj que marca el tiempo solar, que independientemente del reloj biológico, nos impone cuándo arranca el día luminoso y cuándo la noche oscura. Finalmente, hay un reloj social que, sin importar la hora biológica o la luz solar que haya, nos obliga a realizar actividades en tiempos fijos e inamovibles, como trabajar, ir a clases o practicar algún deporte. En la vida moderna, inundada de luz artificial y pantallas, estos tres relojes que funcionaban bastante sincronizadamente, comenzaron a desajustarse.
Todas las personas tenemos una preferencia circadiana, un tiempo en el que preferimos realizar determinadas actividades y otro en el que preferimos descansar. Esa idea es la que está detrás de la definición de los cronotipos, siendo algunas personas más matutinas (o de cronotipos tempranos, también llamadas alondras), y otras más vespertinas (o de cronotipos más tardíos, también llamadas búhos). Para una persona tardía, compromisos sociales temprano en la mañana suelen llevar a dormir menos horas de las que se consideran saludables y generar un déficit de sueño y lo que se denomina jetlag social, un desfasaje entre el reloj biológico y los compromisos como el trabajo o el estudio.
En nuestro país hay un equipo fabuloso, el Grupo de Investigación en Cronobiología de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República (Udelar), que estudia todas estas cosas. Su más reciente publicación científica se focaliza en uno de los grandes fenómenos que marcan el tiempo social: el mundo del trabajo. Como si eso fuera poco, se centran en un régimen de trabajo que parece creado para descuajeringar cualquier posible sincronización entre el tiempo biológico, el solar y el social: los turnos rotativos.
Titulado “Cuanto más tarde, mejor: los cronotipos vespertinos en trabajadores uruguayos por turnos se asocian con una mayor duración del sueño en un estudio observacional”, el artículo lleva la firma de Mathías Cosentino, Bettina Tassino e Ignacio Estevan, los tres del ya mencionado Grupo de Investigación en Cronobiología. Así que más rápido de lo que queremos asesinar al despertador en un día de compromisos más tempranos de lo que desearíamos, salimos al encuentro de Mathías e Ignacio para hablar de esta valiosa investigación.
Claves de esta investigación
- Si bien ya es sabido que el trabajo en turnos rotativos produce afectaciones a la salud, no hay mucha investigación dedicada a ver cómo el cronotipo de esos trabajadores incide en el sueño que logran desarrollar en ese régimen laboral. Eso hizo este trabajo.
- Para eso realizaron un trabajo con 85 trabajadores de una planta industrial ubicada en Montevideo que rotaban en turnos en sentido antihorario, esto es, pasando de trabajar de la mañana a la noche, luego a la tarde y luego volviendo a la mañana para reiniciar el ciclo.
- Los 85 trabajadores de entre 20 y 59 años completaron formularios para determinar sus cronotipos, cuántas horas dormían cada día en una secuencia completa de esos turnos rotativos y, en sus días libres, si dormían siestas y por cuánto tiempo.
- Los turnos de la noche y la mañana provocaron la mayor restricción en la duración del sueño.
- El sueño durante los días laborales fue más corto, y las siestas fueron más frecuentes durante los turnos matutinos y nocturnos que durante el turno de la tarde y los días libres.
- Casi todos los trabajadores tenían cronotipos tardíos (eran más tirando a búhos que a alondras) y eso afectó algunas cosas.
- Los trabajadores de cronotipos más tardíos dormían más tiempo durante los turnos de la noche y la tarde y en sus días libres.
- Los búhos también dormían siestas más largas en los días en los que trabajaban en el turno matutino. Por cada hora más tardía de su cronotipo, se observó una duración adicional de sueño de entre 6 y 25 minutos. Es decir, salvo cuando les tocaba el turno de la mañana, los trabajadores de cronotipos más tardíos lograban dormir más en los otros dos turnos.
- Por todo eso señalan que “los trabajadores con tendencias más vespertinas dormían más tiempo en casi todos los tipos de jornada y acumulaban más horas de sueño fuera del período principal de descanso” gracias a las siestas, por lo que queda de manifiesto “la importancia de tener en cuenta las diferencias individuales en el cronotipo al evaluar el impacto del trabajo por turnos en el sueño”.
- Cierran diciendo que “integrar consideraciones cronobiológicas en la planificación de los turnos puede favorecer la salud del sueño y constituye una línea de trabajo relevante para futuras investigaciones y políticas en el ámbito laboral”.
Un trabajo de hace un tiempo gracias a una carrera ecléctica
Mathías Cosentino tenía todas las fichas para poner en acción esta investigación. Era técnico prevencionista egresado de la UTU y estaba cursando una licenciatura en Biología Humana, una carrera sin materias fijas en las que el estudiante debe ir eligiendo qué cursar cruzando disciplinas de las ciencias naturales y de las sociales o humanas. Al enterarse por 2017 de que en la Facultad de Ciencias había gente que investigaba en cronobiología estudiando cuestiones que tenían que ver con los turnos en los que los estudiantes van a clase, supo que aquello tenía que ser parte de su carrera y de su profesión vinculada al mundo del trabajo.
“El trabajo en turnos rotativos para la cronobiología es como una vedette, es un modelo ecológico de investigación fabuloso, porque no tenés que ponerte a pensar en ningún diseño de laboratorio. Alcanza con desplegar los instrumentos que tengas para levantar datos en un contexto de vida cotidiana de las personas trabajadoras. Por cuestiones de la vida teníamos acceso a una población de personas que trabajan en turnos rotativos y fuimos por ahí”, comenta Mathías sobre este trabajo que hizo en 2021 para recibirse de licenciado en Biología Humana. Hoy no solo tiene esa licenciatura, sino que también es ingeniero tecnológico prevencionista, cuenta con un posgrado en Salud Pública y es asesor de la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
De cierta manera, Mathías era la persona indicada (prevencionista con experiencia en plantas que operan en turnos rotativos y fascinado con el ámbito laboral) que cayó en el momento indicado (buscando hacia dónde orientar su tesis en Biología Humana) en el laboratorio indicado (el grupo de cronobiología de la Facultad de Ciencias que guían Ana Silva y Bettina Tassino y del que forma parte Ignacio Estevan, que terminó cotutoreando su tesis). Investigar sobre los turnos rotativos en trabajadores de Uruguay era para él o para nadie. Y aquí estamos.
La planta industrial y sus trabajadores
Ya vimos cómo surgió la investigación. Veamos ahora cómo apareció la planta industrial con estos operarios que la hicieron posible. “Eran personas trabajadoras que conocía y a las que tenía acceso”, señala Mathías. “También los representantes sindicales hicieron una enorme tarea de puente, de reclutamiento de los voluntarios. Se eligió ese lugar porque los tenía cerca y porque muchos compañeros referentes de ese colectivo se subieron a la idea y acompañaron”, agrega.
La empresa, si bien autorizó la investigación, en 2021 pidió expresamente no ser nombrada ni en el trabajo académico, ni en futuras publicaciones, ni nada. “Su idea era que los resultados no se pudieran asociar con el lugar donde trabajaban esas personas”, dice Mathías.
Los tres turnos de la planta iban de 6.00 a 14.00 (matutino), de 14.00 a 22.00 (tarde) y de 22.00 a 6.00 (noche).
Estudiando el sueño de los trabajadores en turnos
A la hora de ver los resultados del trabajo, algunos más descriptivos y otros más de asociación entre variables, Mathías da un poco de orden. “En el trabajo vamos haciendo un screening al detalle de toda la información que le pudimos sacar al cuestionario de cronotipo Múnich. Para darle una lógica al cuento, lo primero que hicimos fue analizar las duraciones del sueño de los trabajadores en cada uno de los turnos”, dice. “Lo primero que encontramos fue que el turno de la mañana y el turno de la noche eran súper desafiantes. Las duraciones de sueño eran de cinco horas, bien distintas del turno de la tarde, que eran adecuadas, de entre siete y ocho horas”.
Efectivamente, el trabajo reporta que los turnos matutino y vespertino implicaban dormir “unas tres horas menos” en comparación con “las casi ocho horas de duración del sueño observadas en los trabajadores del turno de la tarde”.
Siesta, que fantástica fantástica la siesta
Mathías sigue con la descripción ordenada del relato que cuenta el trabajo: “Después analizamos las estrategias compensatorias del déficit de sueño, como ampliar la duración del sueño en los días libres y las siestas en los días de trabajo. Ahí vimos que, de cierta manera, los trabajadores estaban compensando”.
En efecto, reportan en el trabajo que en los días libres la duración del sueño “era de un poco más de ocho horas” en todos los turnos. En promedio, todos dormían más en su día libre en comparación con los días de trabajo, pero para quienes trabajaban de mañana o de noche eso implicaba dormir unas tres horas más, mientras que para los trabajadores del turno de la tarde apenas sumaba unos minutos a su sueño en día de laburo.
En las siestas también hubo diferencias. “Fueron notablemente más frecuentes en los días laborables durante los turnos de mañana (54%) y de noche (53%) en comparación con el turno de tarde (2%)”, dice el trabajo. “Las siestas fueron mucho más frecuentes en los turnos más desafiantes, la mañana y la noche, más de la mitad de los trabajadores las reportó”, comenta Mathías. “Ahora, la mitad que no durmió siesta, ¿fue porque no la necesitó o porque no pudo dormirla? Ahí habría que ver las tareas de cuidado, el multiempleo, el estudio y demás actividades”, agrega.
Sustentando la observación de que los trabajadores “compensaban” el sueño, el trabajo reporta que “las siestas contribuyeron de forma sustancial a la duración total del sueño en un período de 24 horas, con diferencias según el turno y el tipo de día”. Quienes trabajaban en el turno de la mañana o de la noche dormían siestas de casi una hora, mientras que en los días libres la media era de siestas de entre 15 y poco más de 20 minutos (recordemos que además ese día dormían unas ocho horas).
Búhos de mañana, tarde y noche
“Después nos propusimos ver si algunos de estos valores de sueño estaban modulados por el cronotipo de las personas trabajadoras”, continúa con el cuento Mathías.
Allí aparece un dato relevante: al igual que el grupo ya ha observado en estudiantes universitarios, liceales y adultos, los trabajadores uruguayos resultaron ser bastante tardíos o búhos. La hora media de sueño, es decir, la hora en que se ubica la mitad de las horas dormidas en un día libre sin compromisos sociales como trabajar, estudiar o tener que despertarse poniendo el despertador, se ubicó a las 5.04. Es decir, si dormían unas ocho horas en sus días libres, se iban a acostar a eso de la 1.04 y se levantaban a eso de las 9.04.
A la hora de ver el jetlag social, es decir, el desfasaje entre esa preferencia de ubicar el sueño y la hora a la que efectivamente se despertaban por compromisos sociales, hubo diferencias por turnos. En el de la mañana fue de 2,22 horas, en el de la tarde de apenas 12 minutos y en el nocturno no lo hubo (se levantaban unas 4,66 horas antes de esos compromisos sociales).
A la hora de ver cómo el cronotipo interactuaba con el sueño, las siestas y demás, surgieron cosas interesantes. “Al analizar el sueño total durante el bloque de turnos, tanto en días de trabajo como en días libres, la diferencia entre la duración del sueño en 24 horas se fue atenuando, lo que indicaba que las personas con un cronotipo más vespertino estaban teniendo mayores duraciones de sueño en los días libres luego de trabajar la mañana, mientras que en el turno de la tarde y en el de la noche se mantenían las diferencias, seguían durmiendo más las personas con un cronotipo más vespertino”, destaca Mathías.
Con las siestas pasó algo similar. “El aporte de las siestas fue mayor en las personas con un cronotipo vespertino, especialmente cuando trabajaban en el turno de la mañana”, señala.
“Después Nacho hizo unos cortes preciosos por cronotipo”, cuenta Mathías. “En estos 85 participantes, quienes reportaron tener una duración de sueño de siete horas o superior en promedio en cada bloque de trabajo, que sería la duración adecuada, fueron las que tenían un cronotipo súper tardío, con un punto medio de sueño a las seis y pico de la mañana o más”, sostiene Mathías. “Por eso el título del artículo, ‘cuanto más tarde, mejor’, porque las personas con cronotipos más tardíos fueron las que reportaron duraciones de sueño de siete horas para arriba”, redondea.
“Los trabajadores, como hemos visto en otros trabajos de la sociedad uruguaya, tenían en gran parte cronotipos muy vespertinos”, dice entonces Ignacio Estevan. “Y si pensamos en términos de quienes tienen que trabajar de mañana, eso pesa en la cantidad de sueño que logran dormir. En el turno de la mañana, el ser vespertinos entra en conflicto con el horario y duermen menos de cinco horas porque les cuesta acostarse más temprano”.
Ignacio Estevan y Mathías Cosentino.
Foto: Inés Guimaraens
“Pero cuando uno va a ver otros horarios de trabajo, esa vespertinidad deja de ser una característica que tiene consecuencias negativas y pasa lo contrario: los vespertinos pasan a tener duraciones de sueño o desempeños en el sueño más adecuados”, destaca Ignacio.
“Como decimos en el trabajo, la clave está en la capacidad para mover el horario de inicio del sueño”, completa Mathías. “En días de trabajo a la mañana, para tener una duración de sueño más o menos adecuada, en un turno que arranca a las 6.00 y que implica levantarse cerca de las 5.00, habría que irse a dormir a las 21.00 o a las 22.00, lo que es muy difícil dado cómo está organizada nuestra vida social y familiar, y resulta aún más difícil para una persona con un cronotipo vespertino”, señala.
“Pero lo opuesto pasa cuando la persona con un cronotipo matutino trabaja en el turno de la noche que termina a las 6.00. Cuando llega a su casa son cerca de las 7.00 o más. Por más que se sienta súper cansada, a la persona con cronotipo matutino le resulta difícil dormir bien a esa hora. Sin embargo las personas con un cronotipo vespertino sí reportaron tener inicios de sueño luego del turno de la noche mucho más pronto, casi que enseguida, siete y poquito ya estaban durmiendo. De esa forma reportaban duraciones de sueño más prolongadas. La clave está en la habilidad de poder fraccionar el sueño y de poder dormir durante el día. Y eso es lo que reportan hacer las personas con un cronotipo más vespertino”, enfatiza Mathías.
“Retomando esto del trabajo en turnos como una especie de experimento natural, lo que intentamos observar es cómo distintas personas responden a distintos desafíos”, dice Ignacio. “Lo que identificamos es que las personas que tienen cronotipos más vespertinos tienen más flexibilidad a la hora de dormir y a la hora de poder aprovechar momentos que tienen para dormir mejor que los de los cronotipos más matutinos, que tendrían un sueño un poco más rígido, si se quiere. Les va bien para dormir temprano en la noche si tienen que levantarse temprano, pero en este otro contexto más flexible de los turnos, tendrían una menor capacidad de adaptarse”, reflexiona.
¿Sestear y dormir más el día libre lo arregla todo?
En el trabajo hablan de estrategias de compensación de sueño. ¿Pero dormir siesta es lo mismo que dormir siete u ocho horas de corrido? ¿Dormir más de ocho horas el día libre compensa haber dormido por varios días menos de cinco? ¿Por qué estudiar el promedio semanal de horas de sueño si esta compensación podría no ser suficiente?
“Por supuesto que en realidad lo mejor sería tener un sueño adecuado siempre. Ahora, si no dormís lo suficiente muchos días, la consecuencia al primer día es una, al segundo día es más, y al tercer día es mucho más. Por otro lado, dormir lo suficiente un día no te recupera totalmente. Los experimentos muestran que se necesitan varios días de recuperar sueño para volver a la situación inicial”, contextualiza Ignacio. “Entonces es importante el promedio semanal de sueño. Aunque no te lava lo que en agudo le pasó al trabajador cada uno de los días, sí permite ver cuánto déficit de sueño va acumulando ese trabajador”, sostiene.
“Desde el punto de vista del desempeño cognitivo y otras funciones, algunos trabajos intentan mostrar que complementando el sueño nocturno con siestas y demás puede llegar a compensarse un poco la corta duración del sueño principal. Pero también la literatura muestra que más allá de cómo logren compensar un poco el sueño, a largo plazo el trabajo nocturno se asocia con una cantidad de problemas de salud cardiovascular, metabólica, de enfermedades neurodegenerativas, cáncer y demás. Eso es parte de las cosas que nos interesa poner sobre la mesa para empezar a investigar, que claramente no tienen que ver directamente con el sueño y tienen que ver más con la luz, la desincronización, con estar trabajando y activo en momentos irregulares, momentos desorganizados. Todo eso tiene consecuencias en la salud”, remarca Ignacio.
“En el Centro de Salud Circadiana que comenzó a funcionar en el Hospital de Clínicas, la idea es empezar a ver estas cosas, cómo impactan los turnos no solo en el sueño y en el rendimiento, sino en el bienestar de la persona en general”, redondea.
“Para la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer, el trabajo nocturno está clasificado como 2A, es decir, como probable cancerígeno”, suma Mathías. Para esa agencia, entonces, el trabajo nocturno está en la misma bolsa que el glifosato, clasificado en 2015 también como 2A.
Los desafíos y las presiones del trabajo nocturno
Al leer el trabajo uno puede pensar algunas “soluciones” sencillas. Por ejemplo, a raíz de otra investigación del grupo, sabemos que hay cierta plasticidad y que no solo la luz sincroniza nuestros relojes, sino la hora a la que nos acostumbramos a realizar esfuerzo (eso se vio en un trabajo con bailarinas y bailarines de la Escuela de Arte Dramático). En ese sentido, ¿es peor trabajar siempre de noche, o siempre temprano en la mañana, o esto de los turnos rotativos? O, por ejemplo, si los trabajadores matutinos tienen más dificultades para trabajar en los turnos nocturnos, y los de cronotipo más vespertino duermen mal al trabajar de mañana, ¿por qué no dejarlos fijos en esos turnos, en caso de que lo prefieran? La realidad del mundo del trabajo atenta contra esta solución simplona.
“Los turnos implican un reparto del esfuerzo, dado que en los turnos matutinos se concentra más actividad que en los vespertinos, pero también de los beneficios, me explicaba Mathías”, señala Ignacio. Es que la nocturnidad se paga más. Y puede haber trabajadores que están cambiando calidad de sueño por dinero. “No solo calidad de sueño, directamente salud”, precisa Mathías.
“En Uruguay existe una Ley de Trabajo Nocturno, aprobada en 2015, que establece en su primer artículo que ese trabajo tiene efectos perjudiciales para la salud. Sin embargo, allí aparece una contradicción: los artículos siguientes establecen que, cuando se cumplen determinadas condiciones de trabajo entre las 22.00 y las 6.00, la compensación puede consistir en una sobretasa del 20% en la remuneración o en una reducción equivalente de la jornada laboral, sin pérdida salarial”, explica Mathías
La ley, entonces, para quien necesita dinero extra, podría funcionar como un incentivo para la nocturnidad. De noche pagan más, pero eso se paga con la propia salud.
“Mathías está trabajando ahora con trabajadores del transporte, y nosotros estamos arrancando otra investigación con enfermeras. Y el tema del trabajo nocturno, en las entrevistas que hacemos, está siempre presente como una fuente extra de ingresos. Para mucha gente ese es un incentivo para agarrar el horario nocturno, a pesar de todas las consecuencias que tiene en la vida familiar y social”, comenta Ignacio.
“En cuanto a tu solución, recuerdo un artículo con una intervención con trabajadores con turnos rotativos en Alemania en una planta siderúrgica. Allí tuvieron la posibilidad de desarrollar un sistema de rotación adaptado al cronotipo de las personas trabajadoras. A grandes rasgos, propusieron evitar que las personas con cronotipos muy matutinos trabajaran en la noche y que los muy vespertinos trabajaran en la mañana, y generaron un sistema de rotación con la misma plantilla, evitando esos cruces. Los resultados que obtuvieron fueron muy positivos. Por ejemplo, redujeron en una hora el jetlag social de toda la plantilla, y sin elevar los niveles de estrés de ninguno de los trabajadores, mejoraron indicadores de bienestar y de satisfacción con el empleo. Hay un montón de piolas de las cuales tirar ahí, y contamos con evidencia científica para empezar a explorar alternativas”, señala Mathías.
“Hay cosas que son medianamente sencillas, hay distintos niveles de intervenciones que podrían pensarse para el mundo del trabajo, para mejorar las condiciones de trabajo, ajustarlas a estos principios que están marcados en buena parte por nuestra biología. No podemos no tener un reloj biológico, por lo que hay que procurar hacer compatible el mundo del trabajo con las otras esferas del ser humano”, reconoce Ignacio.
Hay algunas actividades que requieren trabajo nocturno. La salud, la policía, algunas plantas industriales, en este sistema de división de tareas que tenemos, alguien se va a tener que sacrificar y hacer algunas cosas de noche.
“Sí. Por eso hay que gestionar adecuadamente el riesgo. Así como los servicios de prevención evalúan el riesgo de exposición a vibraciones, o las condiciones de iluminación para determinadas tareas, o el riesgo ergonómico en un puesto de trabajo de oficina, también hay que gestionar adecuadamente el riesgo de fatiga, o como decidamos llamarle”, sostiene Mathías. “Creo que desde el grupo, y a partir de estos trabajos de investigación, estamos contribuyendo a generar conocimiento no solo para poner el tema en agenda, sino también para proponer indicadores que puedan utilizarse como herramientas para evaluar y gestionar esta variable que podemos llamar fatiga”, agrega.
“En lo personal, entiendo que la normativa existe y que los espacios y los actores en el mundo del trabajo también están. Lo que falta es difundir la información, capacitar a ciertos actores y, posteriormente, asegurar que quienes tienen la responsabilidad de fiscalizar puedan hacerlo y que la normativa se cumpla”, redondea.
Cuando ve que estoy por parar el grabador, Mathías se apura a hacer una aclaración importante. “El cronotipo es una preferencia, una característica individual súper interesante, pero para quienes trabajamos en prevención de riesgos laborales, nuestra misión en el mundo del trabajo es adaptar la tarea al trabajador y nunca al trabajador a la tarea”, puntualiza. “¿A qué voy con esto? A que está fabulosa toda esta área del conocimiento, siempre y cuando se utilice para generar condiciones de trabajo más saludables y seguras para las personas trabajadoras. En ningún momento nadie del grupo propone que se haga una selección de personal basada en el cronotipo”, sostiene.
No contratar a una persona por ser búho o alondra sería como discriminarla por su género, creencias o color de piel. El grupo no busca promover la discriminación laboral por cronotipo. Aquí hay ciencia para tratar de hacer un mundo mejor. Vale la pena la aclaración, porque en este planeta también hay quienes apuestan a la innovación y al conocimiento para desregular el mundo del trabajo, para hacer perder derechos, para disfrazar relaciones de dependencia y para buscar la maximización de las ganancias de una parte a costa de la pauperización de la vida de todas las otras.
Artículo: The later, the better: evening chronotypes in Uruguayan shift workers are associated with longer sleep in an observational study
Publicación: Scientific Reports (octubre de 2026)
Autores: Mathías Cosentino, Bettina Tassino e Ignacio Estevan.