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Ciencia Investigación científica
(Archivo). · Foto: Ernesto Ryan

(Archivo).

Foto: Ernesto Ryan

Ojo, OSE: pese a alta tasa de acceso al agua potable, Uruguay se destaca en América Latina por gastar mucho en agua embotellada

La contradicción se marca en un trabajo realizado por dos investigadoras del Banco Interamericano de Desarrollo sobre el acceso al agua y la equidad en América Latina, que analizó datos de Brasil, Costa Rica, Colombia y Uruguay.

En mayo de 2023, en plena sequía, informábamos que en Montevideo y Canelones el consumo de agua embotellada había aumentado 224% respecto al mismo mes del año anterior. Claro, por aquel entonces de nuestras canillas salía un agua bebible, pero no potable. El asunto es que, por alguna razón, en Uruguay, pese a que tenemos una altísima tasa de acceso de los hogares a agua potable por cañería, el consumo de agua embotellada es elevado en comparación al de otros países de la región. Eso es, entre otras cosas, lo que nos muestra la reciente publicación de una investigación llevada a cabo por dos economistas.

Titulado Gasto en agua, calidad del servicio y resultados distributivos en América Latina y el Caribe, el artículo lleva la firma de María Pérez, de la División de Agua y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo y Carolina Tojal, del Departamento de Investigación de esa misma institución.

El objetivo del trabajo, claro está, no era solo el ver por qué aquí pasa eso, sino que buscaban analizar “la incidencia distributiva del gasto en agua en relación a la distribución del ingreso en cuatro países de América Latina y el Caribe”. ¿Por qué les interesaba ver eso?

Porque a pesar de que “las desigualdades de ingresos se han reducido considerablemente en toda la región”, aunque “siguen siendo elevadas en comparación con otros países de un nivel de desarrollo similar”, y de que “se han logrado avances sustanciales en el sector de agua y saneamiento, con cerca del 90% de la población urbana con acceso a servicios de agua mejorados”, señalan que “persisten disparidades que afectan especialmente a los hogares de menores ingresos”, los que “enfrentan un acceso más limitado, problemas en la calidad del servicio” y en los que “una mayor proporción de sus ingresos” se destina a gastos relacionados con el agua.

Así que vayamos a ver qué encontraron. Y cómo, claro está.

Analizando datos de 2021

Para cumplir los objetivos del estudio, las dos autoras recurrieron a los datos de la edición de 2021 de la encuesta Barómetro de las Américas, del Proyecto de Opinión Pública de América Latina que tiene sede en la Universidad de Vanderbilt, de Estados Unidos. “La encuesta se llevó a cabo mediante entrevistas telefónicas y es representativa a nivel nacional de los adultos en edad de votar”, dicen. Aquí estamos acostumbrados a oír del Latinobarómetro con relación a las percepciones sobre la democracia.

Detallan que este cuestionario “incluye preguntas sobre las características de los hogares, las condiciones de vida, el gasto en servicios básicos y la opinión pública”. Para su trabajo tomaron en cuenta los datos “a partir de la Sección 2”, que indagan sobre “el ingreso del hogar, el acceso a agua por cañería y los gastos destinados a distintas fuentes de agua”.

Para el trabajo analizaron los datos solo de Brasil, Costa Rica, Colombia y Uruguay, pese a tener lo de casi todos los países de la región, porque el acceso de esos cuatro países al agua potable por red para el Barómetro de las Américas coincide con el de las Encuestas Nacionales de Hogares de ese mismo 2021. Nótese que entonces los datos son previos al aumento del consumo de agua embotellada en nuestro país durante la sequía de 2023.

Para “analizar la incidencia distributiva del gasto de los hogares en agua a lo largo de la distribución del ingreso”, recurrieron “a herramientas estándar de la literatura sobre finanzas públicas y medición de la desigualdad”, como “las curvas de concentración y los índices de concentración asociados”, ya que esas herramientas, dicen, les “permiten evaluar cómo se distribuye el gasto en agua en relación con el ingreso de los hogares, sin necesidad de imponer supuestos paramétricos estrictos”.

Detallado un poco el cómo (quien quiera más detalles puede ir a ver el trabajo), vayamos a las tres cosas relevantes que encontraron, claro está, tamizadas por la particular atención que le prestamos a este rinconcito de América Latina en el que estamos.

Uno: pasados de agua embotellada

El trabajo sostiene que “si bien Uruguay presenta el mayor nivel de acceso a agua por red, es también el país con la menor proporción de hogares que declaran utilizar esta fuente para el consumo”. En efecto, muestran que, en nuestro país, “casi 40% de los hogares señala que recurre al agua embotellada para beber”. Brasil sigue a Uruguay, pero aun así, el agua embotellada representa en nuestro hermano norteño menos del 20% de la consumida en hogares. En los otros dos países estudiados, Colombia y Costa Rica, el consumo de agua por cañería en los hogares es casi igual al porcentaje que tiene acceso a agua por red: cerca de 80% en Colombia y más de 90% en Costa Rica.

Acceso a agua por red y origen de agua consumida. Tomado de María Pérez y Carolina Tojal 2026

Acceso a agua por red y origen de agua consumida. Tomado de María Pérez y Carolina Tojal 2026

“Uruguay registra la mayor proporción de gasto en agua embotellada, a pesar de contar con el nivel más elevado de acceso a la red”, destaca entonces el trabajo. Al indagar en los motivos, reportan que la razón declarada “para consumir agua embotellada en Brasil y Uruguay es el temor a la contaminación o la preocupación por su calidad”.

Motivos  para consumir agua embotellada según nivel de ingreso. Tomado de María Pérez y Carolina Tojal 2026

Motivos para consumir agua embotellada según nivel de ingreso. Tomado de María Pérez y Carolina Tojal 2026

¿Será que en las tandas comerciales de los medios de Costa Rica o Colombia no se bombardea tanto con avisos de empresas que recuerdan que hay que tomar más de tres litros de agua por día (de su marca mejor, claro está) como en Brasil y Uruguay?

Dos: agua, desigualdad y un patrón regresivo

En el trabajo analizaron qué parte del ingreso de cada hogar se destina al gasto de agua, y desplegaron esa información según los quintiles de ingresos dentro de cada país (en el quintil 1 están quienes menos perciben, en el quintil 5 los que más). “Observamos que los hogares de bajos ingresos destinan una mayor parte de sus recursos a este concepto que los hogares de ingresos altos”, señalan. Agregan que ese “patrón regresivo se manifiesta” en los cuatro países que estudiaron, pero que “su magnitud varía de un país a otro”.

En lo que concierne a Uruguay, reportan que el primer quintil de ingresos concentra el 20% del gasto total en agua, pero representa solo 3% del total de los ingresos percibidos por la población. Es el caso más notorio. Le sigue Costa Rica, donde esos porcentajes son de 19% y 5% respectivamente.

Gasto en agua por ingreso. Tomado de María Pérez y Carolina Tojal 2026

Gasto en agua por ingreso. Tomado de María Pérez y Carolina Tojal 2026

En el trabajo señalan que en sus resultados “el gasto en agua se distribuye de forma más equitativa que los ingresos; por consiguiente, el costo del agua representa una carga desproporcionada para los hogares de menores ingresos en relación con sus ingresos totales”, dicen. “En otras palabras, el gasto en agua tiende a mostrar un alto grado de homogeneidad entre los hogares, lo que da lugar a un costo del agua de carácter regresivo”, apuntan. Con relación a eso, agregan que “este patrón es especialmente marcado en Brasil y Uruguay, donde los hogares de menores ingresos pagan, en términos absolutos, montos similares o incluso superiores a los que pagan los hogares de mayores ingresos”.

Tres: ¿y entonces?

En el trabajo finalizan detallando dos notas a la hora de pensar políticas de esta desigualdad observada y el patrón regresivo de lo que se paga por el consumo de agua en los países de América Latina.

“La primera es que un bajo gasto en agua en los estratos más bajos de la distribución de ingresos no puede interpretarse como prueba de una provisión adecuada”, dicen las dos autoras. “Para algunos hogares, un gasto reducido refleja la imposibilidad de costear los sustitutos privados a los que recurren los hogares con mayores recursos para hacer frente a los mismos problemas en la prestación del servicio”, por lo que sugieren que “las mediciones de incidencia basadas en el gasto deben complementarse con indicadores de acceso, fiabilidad y calidad percibida”.

La segunda cosa por mirar a la hora de pensar políticas es que “mejorar la fiabilidad y la calidad percibida del suministro por red permite abordar tanto las carencias que las mediciones basadas en el gasto no logran captar, como la incidencia regresiva que dichas mediciones reflejan, ya que los hogares tendrían menos necesidad de depender de alternativas privadas más costosas”.

Para cerrar el trabajo, afirman que “los datos presentados sugieren que garantizar un estándar mínimo de seguridad y confiabilidad del suministro por cañería, junto con una mejora de cómo se percibe la calidad del agua suministrada, permitiría a los hogares más pobres prescindir de costosas alternativas privadas, con los mayores beneficios recayendo precisamente en quienes menos pueden permitirse tales alternativas”. En otras palabras, si el agua de OSE es buena, no ceder frente a los embates de las embotelladoras de agua. Y si no es buena, mejorar lo que hay que mejorar.

“Si bien el diseño de las tarifas y la focalización de los subsidios siguen siendo aspectos importantes, su eficacia es mayor cuando actúan como complemento a las inversiones en la calidad del servicio en lugar de ser instrumentos para aplicar aislados”, sostienen antes del punto final María Pérez y Carolina Tojal.

Artículo: Water expenditure, service quality and distributional outcomes in Latin America and the Caribbean
Publicación: World Development (setiembre de 2026)
Autores: María Pérez y Carolina Tojal.