“Lo viejo funciona”, nos dice desde la serie El eternauta César Troncoso con su voz levemente cascada. En un mundo en que lo nuevo parece ser un imperativo, la frase, que va bastante más allá de ser una crítica a la obsolescencia programada, prendió entre la gente.
Ahora, en un país con cierta aversión al cambio, “lo viejo funciona” también puede tener su costado embromado. En ese sentido, la reciente publicación de un artículo en una revista científica nos lleva a titular cambiando lo viejo por lo nuevo. Porque una vez que nos decidimos a hacer una innovación en materia de salud pública para combatir el efecto de los alimentos ultraprocesados en la alta incidencia en nuestro país de las enfermedades no transmisibles (diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, problemas cardiovasculares, entre otras) y nos animamos a imponer obligatoriamente los octógonos negros en los ultraprocesados que contengan exceso de grasas, grasas saturadas, azúcar y sodio, está bueno repetirnos “lo nuevo funciona”.
Y no se trata solo de que en 2020, cuando por primera vez salieron los octógonos, funcionaron. La investigación muestra que, seis años después, siguen cumpliendo con el cometido con el que se crearon: prestar información rápida y notoria sobre contenidos perjudiciales para la salud y ayudar a cambiar la decisión de las personas al elegir los productos que los llevan.
Dado que rápidamente nos acostumbramos a los estímulos que nos rodean, dimensionar si los octógonos seguían siendo efectivos no era algo baladí. Más aún, no hay muchas investigaciones en el mundo que hayan evaluado una política de rotulado frontal como la nuestra de los octógonos a varios años de su implementación. En este caso, decir “lo nuevo funciona” equivale a sostener que “implementar políticas públicas basadas en evidencia da resultado”.
Titulado “Conocimiento e influencia autorreportada del rotulado frontal del packaging seis años después de su implementación en Uruguay”, el artículo que nos llena de satisfacción lleva la firma de Gastón Ares, Florencia Alcaire, Lucía Antúnez, Gerónimo Brunet, Ana Giménez, Alejandra Girona, Virginia Natero y Leticia Vidal, todos del Centro Interdisciplinario Alimentación y Bienestar del Espacio Interdisciplinario de la Universidad de la República (Udelar).
Así que más rápido de lo que soltamos un paquete de galletas al agua que promete salud integral pero lleva tres octógonos, salimos al encuentro de Gastón Ares.
Claves de esta investigación
- En Uruguay, como en otros países, se implementó un sistema de etiquetado de advertencia nutricional –en nuestro caso los octógonos con exceso de azúcar, grasas, grasas saturadas y sodio– para promover el consumo de productos más saludables.
- El etiquetado frontal en nuestro país comenzó a regir en 2020 y desde entonces se han realizado algunos estudios que muestran que ha sido efectivo.
- Sin embargo, son pocos los países que han evaluado la efectividad del etiquetado frontal con advertencias varios años después de su implementación. Eso es lo que hace justamente esta investigación.
- Para eso se hizo en marzo de 2026 una encuesta telefónica que abarcó a 1.000 adultos residentes en Uruguay.
- Se les preguntó si estaban enterados de la existencia de los octógonos, si reportaban que habían influido en sus decisiones de compra, de qué manera (en caso de haberlos influido) y si esa influencia había variado desde que supieron de los octógonos.
- 90% de los participantes (904) indicó haber visto los octógonos en alimentos y bebidas envasados.
- De los que dijeron haberlos visto, 70% afirmó que los octógonos influyeron en sus decisiones de compra.
- La reducción de la cantidad comprada o de su frecuencia fue el impacto más mencionado (así lo dijo el 46,3% de quienes afirmaron que los influyeron), seguido de la decisión de dejar de comprar algunos alimentos y bebidas (reportada por 23,8%).
- 52% afirmó que la influencia de los octógonos había aumentado con el tiempo, 12% que había disminuido y 36% que no percibió ningún cambio.
- Las personas con más probabilidad de manifestar que fueron influidas por los octógonos fueron las mujeres, las personas más jóvenes y las de mayor nivel educativo y socioeconómico.
- El trabajo concluye que sus resultados “sugieren que, seis años después de su implementación, las etiquetas de advertencia tienen una gran influencia en Uruguay, y un número relativamente bajo de encuestados señala una disminución de dicha influencia”.
- También dicen que estos datos “subrayan la relevancia sostenida de las etiquetas de advertencia como medida de política para favorecer decisiones de compra de alimentos más saludables a nivel poblacional en Uruguay”.
- A futuro, señalan, “iniciativas de comunicación y educación dirigidas a los grupos que declaran niveles de influencia más bajos, incluidos hombres, personas mayores e individuos con un menor nivel educativo o socioeconómico, podrían contribuir a aumentar la atención prestada a las etiquetas de advertencia y a promover beneficios más equitativos en toda la población”.
1.000 uruguayos dicen
Alguien podría pensar que 1.000 personas encuestadas son pocas, pero el número está estadísticamente trabajado para que nos permita tener cierta extrapolabilidad a la población general.
“No es una muestra 100% representativa, porque trabajamos con una selección que no es completamente aleatoria, pero digamos que es lo que más se le parece mediante una implementación simple y con un costo relativamente accesible”, comenta Gastón Ares. Es que el trabajo no fue financiado por las instituciones estatales encargadas de la implementación, seguimiento y control de la política (como el Ministerio de Salud Pública o el de Industria y Comercio), sino solo con fondos del Espacio Interdisciplinario de la Udelar.
“A partir de grandes bases de datos que se generan a partir de discados aleatorios, se reintenta contactar a las personas para ir cumpliendo con determinados criterios”, explica Gastón. “Para Uruguay una muestra de 1.000 personas es sumamente razonable y permite generar estimaciones con niveles de confianza bien interesantes. Una cosa que se hizo fue definir cuotas, un número de personas con determinadas características, para lograr que las estimaciones que se generan reflejen lo que se da a nivel poblacional”, puntualiza.
Por si la estadística y los recaudos tomados no alcanzaran, Gastón agrega que los resultados obtenidos reflejan tendencias muy parecidas a otros trabajos previos que realizaron con otras metodologías y distintas muestras. “Así que podríamos pensar que la respuesta que se ve refleja lo que ocurre a nivel poblacional en Uruguay”, asegura.
A seis años, los octógonos siguen cumpliendo
Gastón mencionó mediciones anteriores. De muchas de ellas dimos cuenta en esta sección. De hecho, desde 2018 venimos cubriendo las investigaciones realizadas por el grupo para apuntalar con evidencia cuál sería el mejor diseño de las advertencias, qué deberían decir, con qué colores y demás características, todo lo que terminó en la propuesta de los octógonos negros con letreros de “exceso de”.
En junio de 2020 el grupo publicó un trabajo que mostró, con participantes encuestados solo 15 días después de que la medida comenzara a ser implementada obligatoriamente, que el etiquetado con octógonos en los alimentos estaba dando resultado, ya que cerca de 40% de las personas, gracias a los octógonos, ya asociaba el exceso de esos nutrientes en los productos con enfermedades no transmisibles o consecuencias negativas para la salud. Lamentablemente, cuando el trabajo salió publicado, los octógonos ya habían dejado de ser obligatorios (ver recuadro aparte).
En junio de 2023 el grupo publicó otro trabajo, esta vez analizando con lentes que registraron el movimiento de los ojos de personas en la góndola de un supermercado a 19 meses de implementada la nueva obligatoriedad del etiquetado con octógonos –que comenzó a regir en febrero de 2021– y haciéndoles preguntas. Allí, entre otras cosas, 56% de las personas que contestaron manifestó haber modificado sus decisiones de compra de alimentos como consecuencia de la implementación de las etiquetas.
¿Seguirían los octógonos siendo efectivos varios años después? La pregunta es relevante, sobre todo porque los humanos tenemos un gran enemigo en todo esto: nos acostumbramos fácilmente a las cosas. ¿Unos octógonos creados para llamarnos la atención seguirán siendo útiles si los vemos todos los días durante seis años?
Pues bien, 904 de los 1.000 participantes de la encuesta declararon haber visto los octógonos en bebidas y alimentos envasados. De esos 904, 640 sostuvieron que los octógonos habían influido en sus decisiones de compra. Uno supone que estos datos, para quienes estuvieron horas discutiendo, experimentando y redactando el proyecto de etiquetado, deben sentirse como un gran espaldarazo a la tarea realizada y, al mismo tiempo, como una gran satisfacción.
“Sin duda”, reconoce Gastón. “Es un resultado que de cierta forma esperábamos, en el sentido de que hace bastante tiempo que venimos estudiando esto. De hecho, me llamaron mucho más la atención los resultados que obtuvimos en 2020, cuando hicimos la encuesta a solo 15 días de implementación de los octógonos y sin que hubiera habido una estrategia de comunicación desde el gobierno, pese a que la comunicación era algo que se había prometido”, señala. “Allí, a dos semanas, en pleno covid-19, ya veíamos que entre siete y ocho de cada diez personas decían que los habían visto. Eso reflejó la importancia de todo lo que se hizo antes, de pensar un diseño que captara la atención automáticamente. Efectivamente los octógonos fueron vistos por la gente sin importar que no se había implementado una estrategia de comunicación”, enfatiza Gastón.
“Lo que sí se ve desde aquel estudio inicial, si bien hay diferencias en el diseño, es que de a poquito ese número aumenta y llega ahora a nueve de cada diez personas. Eso nos habla de una cobertura de atención sumamente elevada, lo que es algo sumamente positivo. Todo lo que trabajamos sobre qué tamaño tenían que tener, qué diseño, el color y demás parece haberse hecho en la dirección correcta”, dice satisfecho.
Ahora, que más de seis de cada diez personas aseguren que modificaron lo que van a comprar por ellos, debe ser aún gratificante. “Esa es la parte más positiva. Ante la pregunta de cuánto se mantendría el efecto del etiquetado en el tiempo, ver que no es que la gente cada vez les presta menos atención, sino que hay una cierta estabilidad en el número de personas, es un espaldarazo”, comenta Gastón, que recuerda que en 2020 ya habían obtenido un número similar.
“Esto no quiere decir que todas las personas, en todo momento, evitan cualquier producto que tenga un octógono. Ese dato de que dentro del 90% que notó los octógonos más de 70% declaró haber modificado su comportamiento quiere decir que los octógonos brindan una información que fue incorporada en su toma de decisiones”, aclara de todas formas.
Que el número de personas que modificó sus decisiones no haya aumentado con el tiempo puede deberse a varias razones. “Habla de que el porcentaje de personas que es más resistente a esta información se mantiene, y de que ese 30% probablemente tenga que ver con características más personales, de su entorno, de sus capacidades de tomar decisiones diferentes, de su poder adquisitivo, etcétera”, señala Gastón.
Gastón Ares. (archivo, julio de 2024)
Foto: Alessandro Maradei
Por otro lado, más allá de que el porcentaje de quienes los han visto hoy pase el 90%, hay otros signos alentadores que Gastón ve del éxito de los octógonos. “Ese impacto se refleja también en el hecho de que han sido apropiados culturalmente. Vas a una marcha y en muchos casos ves carteles negros con forma de octógono que indican exceso de distintas cosas”, dice. O aparecen en memes, bromas y demás.
“La apropiación del octógono del exceso como una expresión cultural que quiere decir algo también es sumamente interesante y hace también a los efectos y a los éxitos de la política como una herramienta para tomar decisiones”, afirma Gastón sin temor a que le pongamos un octógono de exceso de capacidad.
“Entonces creo que después de todo el proceso de construcción y de todo el proceso riguroso que hubo en la primera etapa de diseño de la política, este es un resultado positivo que muestra la vigencia de la política, que muestra que logró los objetivos que se estaban planteando y, de cierta forma, abre líneas a futuro. Si vemos que así funciona, hay aspectos que probablemente se puedan mejorar y profundizar”, dice Gastón. Es que a través de las notas ya lo conocemos: su desvelo es seguir avanzando en la desarticulación de las maniobras y el marketing de los alimentos ultraprocesados que llevan a la gente a tener hábitos de consumo poco saludables.
Uno podría pensar que si este efecto medible permanece en el tiempo y el octógono se muestra efectivo, por ejemplo, en las publicidades de productos que tienen octógonos se podría disponer que exhiban durante todo el comercial, respetando los tamaños dispuestos con relación al tamaño del envase o envoltorio, los octógonos que lleva el producto publicitado. Si la sociedad, pensando en la salud de la población, tiene derecho a meterse en el diseño del paquete, también tiene derecho a meterse en la publicidad de esos productos.
“Yo soy un poco más ambicioso. Ese podría ser un primer paso de intervención en la publicidad, que sabemos que es la gran herramienta de convencimiento para comprar ese tipo de productos. Deberían tener un octógono que diga exceso de lo que sea todo el tiempo presente en la publicidad, como pasó al inicio de la normativa sobre el tabaco. Pero creo que deberíamos ir un paso más allá y prohibir la publicidad de ese tipo de productos, como pasó después de lo del letrero de ‘fumar es perjudicial para la salud’ con las publicidades de tabaco, que hoy están prohibidas. Lamentablemente, creo que estamos un poco lejos de eso”, señala.
¿En qué decisiones incidieron los octógonos?
Al adentrase en la manera en que los octógonos modificaron los hábitos de consumo de las personas, hay datos interesantes. La variable más marcada, que abarcó a 46% de los seis de cada diez que dijeron que cambiaron, es que hubo una disminución en la frecuencia de compra o en la cantidad que compró de determinados productos. 24%, lisa y llanamente, dejó de comprar algunos alimentos y bebidas por los octógonos. Nuevamente, son cambios en la dirección a la que apuntaba esta política.
“Ahí hay que tener en cuenta que esta es una política que busca informar y habilitar a las personas a tomar decisiones sabiendo lo que están comiendo respecto de los nutrientes. No se espera que esto genere un cambio radical en los hábitos de las personas. Sería raro esperar que se pasaran a consumir solo alimentos naturales y productos cocinados en casa y que abandonen todos los ultraprocesados solo porque se pusieron los octógonos. Eso no es lo que se esperaba”, comenta Gastón.
“La idea es que las personas reduzcan el consumo de esos productos. Si quieren seguir consumiendo chocolate, bueno, que lo hagan, pero menos veces. Si quieren seguir comiendo galletitas, que las coman menos veces”, dice. Eso es lo que muestra esta encuesta.
“En este trabajo no analizamos en qué categorías de alimentos es que más se modifica la decisión de consumo. Pero por otros trabajos sabemos que ese efecto es mucho mayor en categorías en las que hay un choque de realidad. Por ejemplo, en las galletitas hay un marketing para convencerte de que son la mejor opción que podés tomar porque son saludables, naturales, integrales, bla, bla, bla. Pero la gente va a la góndola y aparecen con un octógono de exceso de sodio o con uno de exceso de grasa. Los octógonos de cierta forma desnudan de marketing a esos productos, demuestran lo que realmente son desde el punto de vista de estos nutrientes. Y es en esos productos donde el efecto es más fuerte”, sostiene Gastón.
“El dejar de consumir algunos productos también tiene que ver con estos efectos de sustitución. Eso ya lo vimos en el estudio que hicimos hace un tiempo con el detector de movimientos oculares, donde algunas personas no elegían el producto con grasa y preferían su versión reducida en grasa. Dejan de comprar un producto, compran otro”, agrega.
En ese caso, el producto en cuestión era un requesón. Podemos ver el video de cómo una persona mira que el requesón que pretende comprar tiene octógonos. Luego mira la versión light del mismo producto y como esta no tiene el octógono de exceso de grasas y se lleva ese al carrito.
“Hay gente que nos ha relatado que, por ejemplo, dejó de comer galletas y pasó a comer pan de panadería. Son movimientos que están alineados con lo que se espera de esta política, que no es como la bala de plata que va a solucionar todos los problemas vinculados con la alimentación y con nuestro sistema alimentario. Esta política solo apunta a que tomen mejores decisiones”, redondea Gastón.
Seis años exitosos, pero a no bajar los brazos
De las personas que dijeron que los octógonos habían incidido en sus decisiones, más de la mitad (51,5%) señaló que esa influencia había aumentado con los años, poco más de un tercio (36,2%) no percibió ningún cambio y solo 11,7% indicó que su influencia se había ido diluyendo.
Una vez más, el trabajo muestra que a seis años los octógonos no solo gozan de buena salud, sino que parecen estar ayudando a promoverla. “Los resultados sugieren que, seis años después de su implementación, las etiquetas de advertencia tienen una gran influencia en Uruguay, y un número relativamente bajo de encuestados señala una disminución de dicha influencia”, sostienen en el trabajo.
“Esta política puede verse como un caso de éxito, pero no nos tenemos que olvidar de que tuvo sus baches, y que en cierto momento no fue tomada como una política del Estado uruguayo protegiendo a su población, sino que tuvo como todo un período de idas, vueltas, cambios, etcétera, donde buena parte de su rigurosidad se perdió”, dice Gastón. “Y justamente uno de los puntos donde se perdió rigurosidad fue en todo un pienso que se había puesto en cómo hacer una evaluación sólida. Eso fue quedando por el camino”, señala.
Antes le había preguntado a Gastón si ese 70% de las personas que dicen haber modificado algunos hábitos de compra y consumo, había producido algún efecto notado por las empresas que venden productos con octógonos. Y si el 23% que dijo que no los consumía más produjo una caída de 20% en algunos tipos de productos. Pero nos fuimos por las ramas. Ahora volvemos.
“Había algunas cosas sumamente fuertes que se habían definido sobre cómo poder hacer una evaluación, que después no se hicieron. Por ejemplo, todo lo que tenía que ver con los datos de ventas. Porque en realidad la pata que falta en esto es esa”, reconoce Gastón. “Nosotros hemos visto algunas cosas de ventas a nivel agregado, de algunas categorías, pero en realidad los efectos que ocurren en gran parte son de sustitución. Si las personas dejaron de comprar galletitas con tres octógonos y pasaron a comprar las que ahora tienen dos, no tenemos cómo verlo”, dice.
“Estos estudios de seguimiento los hicimos nosotros, por nuestra cuenta, por el convencimiento de que es una política que hay que ver cómo se está comportando, y también porque la discusión, de cierta forma, vuelve a estar vigente en el contexto del proceso de armonización en Mercosur”, lanza Gastón.
Según cuenta, en Argentina hoy hay vientos de desregularizar su ley de etiquetado frontal, que es más estricta que la nuestra y también tiene octógonos. Pero como eso sería difícil, buscará a nivel Mercosur armonizar las legislaciones. Brasil, en lugar de octógonos, tiene unas pequeñas lupas que no cumplen con la tarea como los octógonos.
“Eso pone sobre la mesa qué es lo que va a pasar y cuál es la posición que va a tomar Uruguay. Porque armonizar podría implicar dejar de tener octógonos y pasarnos a esas lupas minúsculas que usa Brasil tras un intenso lobby de la industria. Eso sería retroceder en la protección que logramos. Y por otro lado, está el riesgo de que una vez que acordás algo en el Mercosur, modificar la normativa para mejorarla es mucho más complejo y ya no depende de la decisión solo de un país. Como que te ata de pies y manos si querés identificar puntos a mejorar”, dice, dándole un valor aún mayor a esta publicación. Los octógonos vienen bien. Modificarlos para dar un paso atrás sería ceder al peso de la industria, de las Philip Morris y de quienes piensan antes en su bolsillo que en la gente.
“Esta evidencia, mostrar que esta política seis años después sigue vigente, que la gente la usa, nos da argumentos para proteger lo que tenemos y no retroceder respecto de donde estamos. Más aún, deberíamos seguir avanzando. Ese era el espíritu del grupo técnico inicial”, redobla Gastón.
¿Para qué sirve la ciencia? Para implementar políticas basadas en evidencia. Para hacerles seguimiento. Para decirnos que venimos bien. Que podríamos hacerlo aún mejor. Y para dejar en blanco sobre negro que todo lo avanzado puede perderse si cedemos a la mano invisible del utlraprocesado.
Octógonus interruptus
Esta encuesta se hace seis años después de que entrara por primera vez en vigencia la normativa del etiquetado frontal con octógonos de exceso de azúcares, grasas, grasas saturadas y sodio. La iniciativa fue aprobada en agosto de 2018, pero recién entró a regir de forma obligatoria el 1° de marzo de 2020. Pero ¿qué pasó en marzo de 2020? Cambió el gobierno.
A las nuevas autoridades no se les ocurrió otra cosa mejor que cambiar algunos perfiles de nutrientes, lo que alteró los umbrales para ganarse o no un octógono, además de crear un grupo que analizara la normativa. Esos cambios fueron recogidos en un decreto firmado el 11 de marzo. Más aún, el criterio volvió a ser cambiado en un nuevo decreto firmado el 2 de setiembre de 2020. ¿La consecuencia? Se dio un nuevo período de adaptación, y el cumplimiento de la normativa se pateó para el 1° de febrero de 2021. Pero debido a quejas de la industria alimentaria, pocos días antes de la entrada en vigor del cumplimiento obligatorio de la normativa, el 26 de enero de 2021 se volvieron a cambiar los límites que definían el contenido excesivo que lleva a la colocación de cada octógono. Ninguno de estos cambios se hizo pensando en la salud de la población como principal meta, e implicaron aumentar los niveles permitidos sin llegar al exceso en casi todas las categorías.
Finalmente, a partir de febrero de 2021 el etiquetado frontal con octógonos es obligatorio en Uruguay para alimentos envasados que contengan excesos de azúcar, grasas o sodio agregados.
Artículo: Awareness and self-reported influence of front-of-package warning labels six years after their implementation in Uruguay
Publicación: Frontiers in Nutrition (octubre de 2026)
Autores: Gastón Ares, Florencia Alcaire, Lucía Antúnez, Gerónimo Brunet, Ana Giménez, Alejandra Girona, Virginia Natero y Leticia Vidal.
