The Last of Us criollo, el hongo antialcohólico y otras maravillas de una nueva y portentosa guía de hongos de Uruguay
En julio de 2025, Andrés Cavallo, integrante del grupo Hongos de Uruguay, se encontró en Kiyú con un tipo de hongo del género Cordyceps que no reconoció. En la publicación que hizo en el perfil de Facebook del grupo no faltó quien le recordara el inicio de la serie de ciencia ficción The Last of Us, en la que unos pocos sobrevivientes humanos se enfrentan a zombis tomados justamente por una versión mutada de un hongo de este género.
El chiste “no tan chiste” tenía sentido, porque la premisa de la serie se basa en un fenómeno fascinante y real: la capacidad de los hongos del género Cordyceps y algunos de sus parientes, como Ophiocordyceps, para infectar y tomar el control de algunos artrópodos, que usan tanto para alimentarse como para reproducirse.
Desde que Cavallo hizo público su hallazgo, un equipo multidisciplinario de especialistas, integrado por Christian Mehus, Julián Rodríguez, Alejandro Sequeira y Guillermo Morera, está estudiando este hongo, con resultados hasta ahora trascendentes. Los investigadores descubrieron que la infortunada víctima de este Cordyceps es la araña albañil marrón (Idiops clarus), a la que momifica dentro de sus cuevas subterráneas, y que, además, posiblemente se trate de una especie de hongo nueva para la ciencia. No en vano, Sequeira ha llamado al proyecto “The Last of Us en Kiyú”, aunque nadie espera que el hongo tome el control de los científicos y de ahí provoque una hecatombe mundial.
Este hongo curioso y aún en estudio es una de las 422 especies incluidas en la portentosa guía Hongos, realizada justamente por Alejandro Sequeira y recién salida a la venta, pero no es la única sorpresa contenida en ella. Sus 720 páginas la convierten en una biblia micológica local y una referencia obligada para cualquiera con interés en la biodiversidad del país. Es el resultado de más de 20 años de estudios que Sequeira ha dedicado a estos fascinantes organismos, tanto en sus recorridos por diversos ambientes de Uruguay como detrás de la cámara y el microscopio. Es, también, una quijotada más de su proyecto editorial Tresefes dentro del sello Bio+, dedicado a la biodiversidad local.
Hongos Phlebopus en el Liceo 20.
Foto: Alejandro Sequeira
La guía tiene la virtud poco común de ser útil tanto a los recién iniciados en la funga –como se le dice al reino de los seres vivos al que pertenecen los hongos– como a los que buscan profundizar en la diversidad de estos organismos en el país. Para los primeros, son imperdibles las 130 páginas iniciales del libro, que comienzan con una pregunta que parece básica pero no lo es en absoluto: ¿qué son los hongos? Para mostrar cuánto ha confundido esta pregunta incluso a grandes investigadores, basta decir que hasta la década de 1970 eran estudiados como plantas. Los avances de las últimas décadas mostraron que no solo conforman un reino aparte en la naturaleza, cuyo estudio ha sido bastante ninguneado durante siglos, sino que están evolutivamente más cerca de los animales que de las plantas.
La introducción de la guía permite entonces adentrarse en el misterio de los hongos y comprender su biología reproductiva, su lugar en el árbol de la vida, su alimentación, la comunicación que mantienen con las plantas, sus usos prácticos, su importancia para nuestra cultura, e incluso cómo han modelado la historia de nuestra especie al facilitarnos soluciones que han salvado las vidas de cientos de millones de personas.
Cuando uno ya se ha dejado atrapar por la fascinación de los hongos, tal cual un paseante que se adentra a recoger setas en un bosque y se da cuenta un poco tarde de que ya no tiene claro cómo salir de él, llega el momento de profundizar en las especies. El grueso de la guía lo constituyen las fichas de especies registradas (o en proceso de descripción) de hongos en nuestro país, acompañadas de fotos que priorizan la claridad de los detalles para facilitar su identificación, pero que son también atractivas visualmente (los modelos, en este caso, ayudan con su gran colorido y formas diversas). El libro es, por si falta aclararlo, un objeto bello y que funciona bien incluso para aquellos no particularmente interesados en los detalles biológicos.
En ese “paseo” uno puede toparse con hongos célebres e infaustos, como el mortal (si se ingiere) Amanita phalloides, el bello y llamativo Phallus indusiatus con su velo de novia (lo fálico es una constante en los nombres de los hongos, aunque dice más de nosotros que de ellos), el apestoso Clathrus ruber, el antialcohólico Coprinopsis atramentaria (es comestible, pero genera síntomas negativos si uno también toma alcohol) o el gigantesco Macrocybe titans. En las páginas de la guía descubrimos que hay hongos que emiten bioluminiscencia, otros que se ennegrecen al tocarlos, algunos que disparan sus esporas como si tuvieran un cañón, y otros con forma de estrella que abren sus brazos con la humedad, por solo nombrar una pequeñísima muestra de la enorme diversidad de colores, formas y estrategias que los hongos revelan y que vamos descubriendo año a año, a medida que se registran nuevas especies.
Sobre el final, hay una serie de artículos temáticos a cargo de varios especialistas, que son de interés tanto para expertos como para iniciados, y que permiten desarrollar algunos temas en un formato más cercano a la divulgación y narración de historias, que es algo que suele faltar a las guías de biodiversidad en general. Un poco a la manera de los almanaques del Banco de Seguros del Estado, esas piezas dan un panorama de temas tan heterogéneos como la recolección de hongos en Uruguay, el porqué de los cambios en los nombres científicos y el papel de los hongos en la conservación de los ambientes, entre muchos otros.
La publicación de esta guía, además, no puede llegar en mejor momento. Semanas atrás Uruguay firmó el Compromiso para la Conservación de los Hongos en la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que reúne a gobiernos para “reconocer a los hongos como un reino de la vida independiente y promover su inclusión en las políticas, la legislación y los esfuerzos de conservación de la biodiversidad”. Al mismo tiempo, se está impulsando la Ley de Protección y Conservación del Patrimonio Fúngico de Uruguay, que busca reconocer la funga como parte de la biodiversidad y del patrimonio natural y cultural del país.
Una buena manera de honrar este compromiso, que deberá verse reflejado en algo más que palabras, es contar con una guía que acerque al público a esa vida palpitante y llena de misterios que se esconde entre la hojarasca, sobre los troncos muertos, bajo los árboles vivos y a veces incluso conquista a arañas e insectos como en las mejores obras de ciencia ficción.
Hongos. De Alejandro Sequeira. Guías Tresefes, Bio+ Ediciones 2026. 720 páginas.
Autóctonos, una guía accesible para descubrir más sobre algunas especies nativas
Cuando comenzó la pandemia de covid-19, en 2020, el fotógrafo Diego Battiste se sintió enclaustrado por los días de encierro y decidió buscar alivio en los espacios abiertos de la naturaleza. Salió entonces con su cámara por parques de Montevideo con un propósito simple: fotografiar aves.
No lo sabía entonces, pero se estaba metiendo en un agujero de conejo que lo haría perderse por todos los rincones del país. Primero se interesó por diferenciar entre los animales exóticos y autóctonos que fotografiaba, pero pronto se centró en los segundos con una pasión que lo llevó a recorrer caminos poco explorados y descubrir una biodiversidad y belleza que no esperaba.
Así nació su proyecto Autóctonos, que incluye una cuenta de divulgación en redes sociales, una exposición fotográfica itinerante, una página web y, finalmente, un libro que publicó recientemente, que, si bien está enfocado en las infancias, puede ser disfrutado a cualquier edad. Todas estas partes están vertebradas por la valoración de lo nativo y tienen en común la belleza que premia a quien tiene paciencia y un ojo atento.
Aunque la fuerza de las imágenes es la base del libro, el fotógrafo decidió unirse al biólogo y ecólogo Daniel Hernández para convertir este proyecto editorial en una guía de animales autóctonos que no pretende ser exhaustiva y que no está pensada tampoco con un hilo conductor. Es decir, no lista exclusivamente especies amenazadas, raras o que viven en ambientes específicos, por ejemplo, sino que ofrece una muestra de la fauna con la que alguien como él, con tenacidad y ganas de trillar nuestro territorio, podría toparse.
El resultado es una selección personal de animales autóctonos (40 aves y diez mamíferos), bellamente fotografiados y presentados a los lectores a la manera de las guías clásicas, con énfasis en el diseño gráfico y fichas informativas. Están presentes especies comunes y fáciles de ver, como el biguá, el tero, la gaviota cocinera, el hornero, la torcaza, la cotorra, el zorzal, el benteveo, la calandria, el zorro de monte o el apereá, pero también algunas figuritas bastante esquivas, como el tamanduá o el gato montés, cuyas fotografías permiten adivinar el grado de emoción que debe haber sentido el autor en sus encuentros.
Ahí radica, quizá, el principal valor del libro. No tanto en la información que brinda sobre los animales, que es amena y bien presentada pero sigue la línea de otras guías similares orientadas a niños, sino en su capacidad para reflejar a través de una captura fotográfica un momento único: el tamanduá que parece verse sorprendido entre las ramas de un árbol, el gato montés que camina con seguridad y elegancia entre los pastos, el lobito de río que emerge del agua como si increpara al fotógrafo, el benteveo desplegando sus alas con la gracia de una bailarina, el mano pelada que avanza hacia la cámara con decisión.
Algunas de estas fotos sugieren que hay historias por detrás que vale la pena contar y que el lector, si está dispuesto a salir a buscarlas, puede también encontrarlas. En ese sentido, Autóctonos deja entornada la puerta para que uno la empuje y salga a descubrir más de lo que asoma en sus páginas.
Autóctonos. Conozcamos y preservemos nuestra fauna. De Diego Battiste, con textos de Daniel Hernández. 139 páginas. 2026. Se consigue a través de la cuenta de Instagram @autoctonos.uy
Biodiversidad en el bolsillo: tres nuevas entregas, dos sobre aves y una sobre hongos, se suman a la colección de guías desplegables
En los últimos años el biólogo Emanuel Machín ha impulsado junto con algunos colaboradores, especialmente la ilustradora y diseñadora Verónica Carmona, una serie de guías desplegables y accesibles dedicadas a la biodiversidad local. Sus tres primeras entregas estuvieron centradas en las flores de Uruguay, divididas según ambiente o región. Las tres más recientes, editadas en estos últimos meses, dan el salto a la funga y la fauna: Hongos de Uruguay, volumen I y Aves del paisaje rioplatense, esta última dividida en dos tomos.
La idea de trasladar la biodiversidad en el bolsillo, o al menos llevar una guía para acercarse a ella y conocerla, es la principal virtud de esta colección, pero no la única distintiva. En todas sus entregas las especies se agrupan no alfabética o taxonómicamente, sino por los colores que las identifican, lo que facilita la búsqueda en las guías cuando uno se halla observando flores, hongos o aves en pleno paseo.
La elección de estos organismos no parece casual. Flores, hongos y aves son sencillos de ver incluso en ambientes urbanos o semiurbanos, lo que aumenta las chances de dar uso a estas guías de bolsillo. Como el volumen de hongos aclara, están pensadas para “el barro, la mochila y la caminata”.
Cada una cuenta, además, con un diseño eficiente y minimalista, que busca dar la mayor información relevante en el menor espacio posible. La guía de hongos, por ejemplo, indica a través de pictogramas el ambiente en el que viven, el lugar donde crecen y qué atributos tienen (si son tóxicos, comestibles o tienen propiedades medicinales).
Como su prioridad es su portabilidad, no busca ser una guía exhaustiva de los hongos del país, sino mostrar una selección representativa de especies de la funga local (48 en este primer tomo), con información breve pero siempre interesante.
Tal cual es costumbre en las guías de esta colección, los nombres comunes están particularmente destacados, lo que en este caso se agradece porque los hongos parecen estimular la creatividad en ese sentido. En sus páginas podemos encontrar los dedos de muerto, el pedo de zorro con pie, la oreja de chancho o la copita de vino, todos ellos hongos bien fáciles de identificar gracias a que las especies nombradas están fotografiadas con las perspectivas desde las que solemos apreciarlas.
Los dos tomos de la guía de aves del paisaje rioplatense incluyen 96 especies cada uno, pero, a diferencia de las de flores, no están divididas según el ambiente en el que viven, sino con base en un aspecto taxonómico: Passeriformes y no Passeriformes.
Aunque mucha gente suele llamar “pájaros” a cualquier ave que ve, los pájaros son únicamente los que se encuentran dentro del orden de los Passeriformes, que agrupa más de la mitad de las especies de aves registradas. Muchos de ellos son aves cantoras y suelen ser de tamaño relativamente pequeño, pero tienen algunos rasgos físicos muy precisos que los identifican. El más notorio es la disposición de los dedos: tienen cuatro dedos, tres dirigidos hacia adelante y uno hacia atrás al mismo nivel y de gran fuerza, para poder perchar.
Por eso, la guía de Emanuel Machín y Vanessa González dedicada a los Passeriformes cuenta con algunos de los pájaros más conocidos y apreciados por su canto. Entre ellos está el que dio nombre a todo el orden, el gorrión (Passer domesticus), especie invasora en Uruguay y muy común en áreas urbanas de casi todo el mundo, pero también otros que se observan con frecuencia, como el benteveo, el sabiá, la calandria, el cardenal de copete rojo, la ratonera, el chingolo y muchos más.
No es, sin embargo, una guía de aves urbanas, porque el tomo de Passeriformes incluye también especies bastante más esquivas, como el macuquiño, el dragón, el brasita de fuego, el crestudo y tantos otros.
El volumen dedicado a los no Passeriformes sigue el mismo formato de toda la colección, pero incluye muchas aves que pueden avistarse cerca de la costa y cursos de agua, como ostreros, gaviotas, playeritos, petreles, garzas, cisnes y patos, entre otros, así como rapaces y carpinteros.
Ambas guías dan datos sobre alimentación, ambiente, tamaño y otras características de las especies (si son migratorias o no, por ejemplo), pero suman algo novedoso respecto a otras publicaciones del estilo. En vez de contar con una descripción, cada especie listada ofrece una pregunta como disparador que invita a buscar más información o motivar la discusión en los paseos compartidos o incluso el aula, pero sin dar una respuesta.
Algunas de las interrogantes planteadas despiertan realmente mucha curiosidad, lo que puede ser algo frustrante para aquellos que no se hallan tan dispuestos a rastrear la información, pero es algo planificado por los autores. Como en todas las entregas de esta colección, estas dos guías son grandes compañeras de salidas de campo, con la diferencia de que nos obligan a elevar la vista del suelo para apreciar a sus protagonistas y de paso ampliar nuestros horizontes al incitar la curiosidad.
En Montevideo las guías se consiguen solo en las librerías Charco y Pocitos Libros. En el interior, en varios sitios, y en las redes en el Instagram @emamachinrel y @avesdelsur_uy.
Hongos de Uruguay. Volumen I. De Emanuel Machín, Verónica Carmona y Raúl Carrión. 2026.
Aves del paisaje rioplatense. Passeriformes. De Vanessa González y Emanuel Machín. 2026.
Aves del paisaje rioplatense. No Passeriformes. De Vanessa González y Emanuel Machín. 2026.
