Ciencia Ingresá
Ciencia

Orca varada en la playa Mansa de Punta del Este, el 27 de abril.

Foto: Natalia Ayala

Orcas y tortugas marinas varadas en épocas de prospección sísmica: ¿qué nos dice la evidencia?

11 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

El varamiento de una orca y varias tortugas de siete quillas en los últimos días avivó el debate sobre los efectos de las prospecciones sísmicas en Uruguay, pero los impactos de esta práctica en la fauna marina van mucho más allá de evidencia circunstancial y difícil de comprobar.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

El domingo 26 de abril, una cría de orca (Orcinus orca) varó en la parada 1 de la playa Mansa de Punta del Este y se disparó un operativo complejo para devolverla al mar.

El Grupo de Trabajo en Varamientos (GVT), una iniciativa interinstitucional que integran organizaciones públicas, académicas y de la sociedad civil, evaluó la situación ese mismo domingo para estabilizar al animal y determinar los pasos a seguir.

Pese al esfuerzo mancomunado de muchas personas sensibilizadas por la situación, que actuaron en coordinación con personal de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), la Dirección Nacional de Bomberos, el Ministerio de Ambiente, Prefectura, la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República y la Intendencia de Maldonado, entre otras instituciones, el animal no pudo ser devuelto al mar. Se encontraba muy debilitado y el equipo de especialistas tomó la decisión difícil de proceder a la eutanasia para acortar el sufrimiento.

Unos días después de esto, se produjeron dos varamientos de tortugas de siete quillas (Dermochelys coriácea) en costas uruguayas (uno en Bella Vista y otro en La Floresta) y 13 de tortugas cabezonas (Caretta caretta). Al igual que ocurrió con la orca, la presencia de tortugas de siete quillas en playas uruguayas siempre impacta. Es la especie de tortuga más grande del mundo, una sobreviviente de la época de los dinosaurios que ha cambiado muy poco en los últimos 100 millones de años.

Estos varamientos, protagonizados por animales tan portentosos y carismáticos, siempre impresionan, pero esta vez vinieron acompañados de una carga extra. Ocurrieron en el medio de la polémica por la primera fase de prospecciones sísmicas en el mar uruguayo, una iniciativa a la que se ha opuesto buena parte de la sociedad civil –incluyendo investigadores dedicados a la fauna marina– debido a los efectos negativos de esta práctica en cetáceos, tortugas marinas y otros animales.

En este contexto, los varamientos parecen haberse convertido en un arma de doble filo en el debate público sobre las prospecciones. Por un lado, están quienes los esgrimen como prueba de los efectos de la sísmica en los mares uruguayos. Por el otro, quienes consideran que la falta de evidencias físicas en los cuerpos de los animales varados exonera de responsabilidad a las exploraciones petroleras, como si “la ausencia de evidencia” significara “evidencia de ausencia”, parafraseando a Carl Sagan.

La realidad es más compleja y amerita una mirada en detalle, que esquiva la respuesta fácil. Para acercarnos a ella, vale la pena escuchar a especialistas que han estudiado a estos animales y revisar las evidencias de las que disponemos gracias a trabajos científicos realizados en los últimos años.

De varamientos y sus causas

Un primer dato que debe quedar claro es que en la zona donde se realizan las prospecciones sísmicas se avistaron tanto orcas como tortugas, entre muchísimos otros animales.

El informe de Viriden, la compañía encargada de las prospecciones sísmicas en mar uruguayo, muestra que entre el 28 de febrero y el 12 de abril de este año –fechas que abarcan solo parte del período en el que llevó adelante sus actividades– se realizaron 385 avistamientos y más de 113 detecciones acústicas de fauna marina sensible. Entre estos, por ejemplo, hubo dos registros de orcas y 20 de tortuga cabezona, dos de las especies que protagonizaron varamientos recientes.

Ese dato por sí solo, naturalmente, no implica que las prospecciones sísmicas sean responsables de los varamientos de estos animales, pero sí que estas especies circulan en la zona donde se usan los cañones de exploración y, por lo tanto, son pasibles de verse afectadas por ellas. En todo caso, sirve como disparador para intentar responder a muchas preguntas que han quedado planteadas y que forman parte del debate.

Por ejemplo, ¿es común tener varamientos de estas especies en nuestras costas? ¿Cuáles son los antecedentes previos a este año? ¿De qué forma afectan a estas especies los ruidos hechos por prospecciones sísmicas o actividades similares? ¿Qué evidencias hay al respecto? Las respuestas a estas preguntas varían según de qué animales hablemos.

Estoy verde

En el caso de las tortugas marinas, es relativamente común que haya varamientos en esta época del año. Un trabajo liderado por la bióloga Gabriela Vélez mostró que entre 1997 y 2021 se registraron 223 tortugas siete quillas varadas en Uruguay, con 40% de los casos en otoño. Otra investigación con participación de la misma especialista muestra que entre 1999 y 2011 hubo al menos 329 varamientos de tortugas cabezonas en Uruguay. Datos de la propia Gabriela, que están en proceso de publicación, revelan que solo en el otoño de 2025 hubo 70 varamientos de esta especie.

Todos estos datos se están pudiendo relevar gracias al esfuerzo de las instituciones y ONG que integran el Grupo de Trabajo en Varamientos. En un comunicado reciente, el grupo destacó que, ante el inicio de las prospecciones sísmicas, su objetivo es fortalecer la respuesta a los varamientos de fauna y evaluar “posibles relaciones causa-efecto”. Aclara que no siempre es posible establecer una causalidad, pero que “es fundamental realizar las evaluaciones con rigurosidad científica”.

Que los varamientos de tortugas marinas sean comunes en Uruguay no significa que sean inmunes a las prospecciones sísmicas. Más bien, lo que han mostrado las investigaciones realizadas por expertos locales es que la influencia humana es responsable de buena parte de estos casos –principalmente a través de la interacción con la pesca o artes de pesca–, una vulnerabilidad que se puede ver exacerbada por los efectos de la sísmica. Como apunta Gabriela, lo que menos precisan las tortugas marinas es sumar un problema más a todos los que tienen.

Gabriela señala que los efectos de las prospecciones son difíciles de probar a nivel físico en tortugas marinas, pero que sí se han hecho trabajos a nivel internacional que revelan modificaciones de comportamiento, como las conductas de evasión de tortugas cabezonas ante el uso de cañones sísmicos en el Mediterráneo.

Una investigación estadounidense de 2016 asegura que las prospecciones sísmicas son una “amenaza global subestimada” para las tortugas marinas, y que entre los impactos posibles se encuentran “la exclusión de hábitats críticos, daños en la audición y enredos en equipos de prospección sísmica”.

Solo entre 2001 y 2023 se publicaron al menos 31 investigaciones sobre efectos de prospecciones sísmicas en fauna marina, que concluyeron que hay impactos físicos y comportamentales en varias especies. La mayoría de los trabajos está centrada en mamíferos marinos, lo que nos lleva nuevamente al caso de la orca varada en Maldonado.

¿Qué hay de nuevo, Willy?

Los varamientos de orcas tampoco son inéditos en Uruguay, aunque no ocurran con tanta frecuencia. Un relevamiento de varamientos de cetáceos en el país, liderado por Daniel del Bene y hecho en 2005, registró dos casos de orcas en el período de 2000 a 2005, pero hubo otros antes y después de esa fecha.

Por ejemplo, una consulta al catálogo de ejemplares depositados en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) permitió comprobar varamientos de orcas en 1968 en Montevideo, en 1970 en Maldonado, en 1974 en Rocha, en 1988 y 2003 en San José, y en 2011 en Jaureguiberry (Canelones).

En 2012 también hubo un varamiento de orca en la playa de Punta Rubia (Rocha), que abrió el debate sobre la posible incidencia de las prospecciones sísmicas que se realizaron en la zona a partir de ese año. La hipótesis finalmente se descartó porque el varamiento se produjo antes de que comenzaran los trabajos.

Los motivos por los que puede varar un cetáceo son muchos, pero en Uruguay es difícil establecer patrones y causas porque “no hay monitoreo constante en nuestras costas”, explica Meica Valdivia, bióloga especializada en mamíferos marinos e integrante del MNHN.

En este contexto de prospecciones, estudiar los patrones de varamientos es especialmente importante. “Ya que es difícil relacionar la muerte de un cetáceo con la actividad sísmica, se podría trabajar en estudiar los patrones de varamientos a nivel espacial y temporal. Pero esto no se hace en Uruguay. Aquí solo se asiste a un varamiento cuando alguien del grupo se entera y no por estar recorriendo sistemáticamente la costa en busca de animales varados. Eso dificulta la detección de cambios en el patrón de varamientos antes, durante y después de la sísmica”, señala Paula Laporta, también especialista en cetáceos e integrante del Centro Universitario Regional del Este (CURE, Udelar) y la asociación civil Yaqu Pacha Uruguay.

Tortuga siete quillas (Dermochelys coriacea) varada en La Floresta.

Foto: Gabriela Nusspaumer, Karumbé

Nos faltan “estudios de línea de base rigurosos para poder comprender el impacto y la magnitud” de estas prácticas, agrega. En ese sentido, las prospecciones hechas en nuestro mar hace una década fueron una oportunidad perdida.

En líneas generales, los cetáceos que varan pueden estar enfermos, haber sufrido lesiones, tener pérdida de alguna función cognitiva o incluso desorientarse, pero entre las posibles causas también se encuentran las prospecciones sísmicas y otros ejercicios sonoros de origen humano (como pruebas militares). Varios trabajos han mostrado estos vínculos.

Ruidos molestos

El uso de sonares navales, por ejemplo, está relacionado con varios casos de varamientos masivos de zifios, cetáceos que también habitan nuestras aguas. Un trabajo de 2001 mostró cómo el uso de sonares navales estadounidenses en las Bahamas coincidió con un varamiento masivo de estos cetáceos en marzo de 2000. Algo similar ocurrió en 2002 en Islas Canarias, horas después de que se activaran los sonares en un área de ejercicios navales.

¿Cómo fue posible establecer que el uso de sonares fue la causa de los varamientos? En el evento de las Islas Canarias, las necropsias realizadas a los animales mostraron lesiones en los tejidos provocadas por burbujas de gas, coincidentes con el “síndrome de descompresión” (algo que ocurre cuando se asciende más rápido de lo aconsejable, como en un comportamiento de huida).

En las Bahamas, la comprobación del daño fue más directa: los análisis mostraron evidencias de “un evento de intensa presión acústica”, como hemorragias en el oído interno, entre otras lesiones.

La realización de prospecciones sísmicas también se ha relacionado con otros eventos de varamientos de cetáceos. Una revisión hecha en 2015 analizó cambios de comportamiento en cetáceos en eventos de exploraciones sísmicas y halló una posible relación de estas actividades en diez episodios de varamientos. Sin embargo, los autores del trabajo aclaran que es difícil encontrar evidencia concluyente y que, por lo tanto, “debe adoptarse un enfoque precautorio y una actitud proactiva” ante este problema.

Lo que dicen, básicamente, es que probar la afectación física es complicado, pero que hay elementos suficientes como para inferirla y actuar en consecuencia. Y eso nos lleva directamente al problema de los recientes varamientos en Uruguay y el peligro de que la falta de evidencia se use como argumento.

Los sonidos del silencio

El biólogo Javier Sánchez Tellechea ha dedicado su vida profesional a los cetáceos y la bioacústica. Ya sea escuchando al delfín franciscana o detectando ballenas minke por su canto, entre otros trabajos, ha comprobado una y otra vez la importancia que tiene el mundo sonoro para estos animales.

Tiene claro, por ejemplo, que los cañones de aire comprimido que usa la sísmica son muy perjudiciales para los cetáceos, pero que es extremadamente difícil comprobar este daño en animales varados. Y esa dificultad radica en que los perjuicios de esas intensas ondas de presión acústica se producen a nivel del oído interno, donde no es nada fácil distinguirlos.

“La onda sonora ingresa a la cóclea y recorre ese canal en el oído interno hasta llegar al órgano de Corti. Allí se encuentran las células ciliadas, unas células especializadas que se mueven con las vibraciones del sonido y las transforman en señales eléctricas que luego viajan al cerebro”, explica Javier.

Como los cetáceos no tienen un pabellón auditivo como nosotros –lo tienen sellado– escuchan a través de la piel, con distintas partes de la cabeza. “Cuando la onda de presión es extremadamente potente, entra al canal auditivo y va rompiendo o doblando las cilias, algo que no tiene reparación. Eso es muy grave para estos animales, porque dependen en forma extrema del sonido para sobrevivir”, agrega.

Ya de por sí las prospecciones sísmicas representan una contaminación acústica significativa para animales que usan el sonido para comunicarse, encontrar pareja, navegar y alimentarse mediante el uso de ecolocalización (de baja frecuencia en ballenas y de alta frecuencia en delfines). La pérdida parcial o total del oído acentúa en forma grave esta vulnerabilidad.

En el caso de la orca varada en Maldonado, un equipo de especialistas de la Facultad de Veterinaria realizó una necropsia para determinar las causas del varamiento y la muerte. Si bien los resultados completos no están listos aún, un informe preliminar de la doctora Natasha Eliopulos revela un “cuadro sistémico grave, avanzado y de mal pronóstico”, pero aclara que “no es posible establecer causalidad con eventos externos únicamente con estos datos”.

Para Javier Sánchez esto tiene sentido. “Por más riguroso que sea el análisis, un posible daño en el oído provocado por ruidos intensos puede pasar desapercibido. Este tipo de lesiones solo puede detectarse si los estudios se realizan poco tiempo después de la muerte y mediante un examen muy detallado de la cóclea”, advierte.

Javier señala que la española María Morell, investigadora especializada en el sistema auditivo de cetáceos y en la anatomía del oído interno, realizó estudios pioneros que permitieron comprobar este tipo de daño en ballenas piloto varadas en Escocia. Sin embargo, ella misma advierte que “la sobreexposición al ruido en cetáceos varados es un desafío, ya que las lesiones que provocan la pérdida auditiva ocurren a nivel celular y las células del oído interno son muy sensibles a la autólisis (la degradación de las células por la acción de sus propias enzimas)”.

Lo que esto significa, en el contexto de la orca varada en Maldonado, es que incluso si el animal fue afectado por las prospecciones sísmicas, encontrar evidencias concluyentes es muy difícil. No hay elementos para asegurar que esa fue la causa, pero tampoco se puede descartarlo. La pregunta sobre la causa del varamiento, entonces, se vuelve irrelevante, porque más allá de casos circunstanciales lo que pesa en este asunto es el efecto potencial de las prospecciones sísmicas en fauna marina sensible y la necesidad de aplicar el principio de precaución.

Luz amarilla

En conservación ambiental, el principio de precaución se aplica cuando existe una amenaza de daño grave o irreversible para la biodiversidad, pero no se dispone de certeza empírica sobre la causalidad o el grado del impacto, como en este caso. Lo de “más vale prevenir que curar” es doblemente valioso cuando las posibilidades de cura son nimias. Es decir, no hay aún pruebas físicas directas del daño de las prospecciones sobre la fauna marina que habita el mar uruguayo, pero sí podemos inferir, con base en investigaciones realizadas en otros lugares, que el riesgo es muy alto.

“Todas estas conclusiones a las que llegamos salen de publicaciones científicas que muestran el daño real que les ocurre a las especies por la exposición a este tipo de eventos. Las medidas que toma la empresa, como apagar los cañones si detecta fauna sensible, son de mitigación, no de salvación. Los cetáceos, además, no están emitiendo sonidos todo el tiempo y pueden hacer grandes buceos, lo que dificulta que se los detecte visual o acústicamente”, explica Javier.

Además, agrega, el daño potencial no se reduce a que aparezca un animal varado por su exposición a la sísmica. Es posible que se estén produciendo efectos subletales, que no provocan la muerte de los animales de inmediato, pero son igual de importantes porque pueden hacer que se deterioren y sufran consecuencias graves a mediano o largo plazo.

“Esa es una de las preocupaciones que tenemos, porque la afectación del animal muchas veces se empieza a ver a los meses, no inmediatamente. Incluso los cetáceos que se ven perturbados a distancia por estas presiones sonoras intensas pueden experimentar problemas de comunicación y dificultades para alimentarse. Entonces, yo no me voy a meter en una cuestión económica como si es necesario buscar petróleo en Uruguay, pero hay que saber el daño que puede provocar esa exploración”, agrega.

En resumen, los varamientos de orcas y tortugas marinas en épocas de prospecciones sísmicas no van a servir como argumento concluyente para que se detenga la exploración petrolera, pero son útiles para discutir y exponer los riesgos que esta práctica implica para la fauna marina y los ecosistemas que habitan, que son muy reales y comprobados.

No es solo un problema de unos pocos cetáceos y tortugas. Como bien apuntó el científico Omar Defeo en una carta a la publicación Science, oponerse a las prospecciones tiene también que ver con reconocer la importancia de los océanos, proteger puntos críticos de biodiversidad, evitar que se agraven las vulnerabilidades ecológicas y socioeconómicas que ya sufre el país y fortalecer la base para “una resiliencia oceánica a largo plazo”.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesa la ciencia?
Suscribite y recibí la newsletter de Ciencia en tu email.
Suscribite
¿Te interesa la ciencia?
Recibí la newsletter de Ciencia en tu email cada dos viernes.
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura