La compañía CGG Services, también conocida como Viridien, realizó la primera fase de prospecciones sísmicas en el mar uruguayo y prevé tener la siguiente en noviembre. Entre el 28 de febrero y el 12 de abril de este año –fechas que abarcan una parte del período donde llevó adelante sus actividades– tuvo 385 avistamientos y más de 113 detecciones acústicas de fauna marina sensible. A su vez, según reportes que hicieron los observadores marinos del buque a los que pudo acceder _la diaria _, la empresa apagó las fuentes en 104 ocasiones y retrasó su inicio 131 veces durante el mismo período. En diciembre, el Ministerio de Ambiente le otorgó la autorización ambiental previa para hacer sus exploraciones sísmicas. La cartera le transmitió que durante las prospecciones no deben “activar las fuentes de sonido ante la presencia de cetáceos, tortugas y pinnípedos en un radio de 1.000 metros desde la fuente de sonido y deberán apagarse, inmediatamente, ante la presencia de cetáceos en el radio de mitigación de 1.000 metros y de 600 metros para tortugas y pinnípedos”.

Estas medidas suscitaron respuestas de integrantes de la academia que enfatizan que no son suficientes para salvaguardar la biodiversidad y ponen sobre la mesa los impactos que genera la actividad. El investigador Javier Sánchez Tellechea afirma que las detecciones muestran “una riqueza importante en el área donde el barco está haciendo la prospección sísmica” y también refleja cómo “un montón de fauna marina no está siendo protegida”.

Las prospecciones utilizan cañones de aire comprimido y permiten saber dónde hay probabilidades o no de que haya hidrocarburos. Pablo Gristo, jefe de exploración y producción de Ancap, transmitió a la diaria que “se apaga (o no se enciende) cuando se observa (avistamiento visual) o se detecta acústicamente (mediante el monitoreo acústico pasivo, PAM) fauna sensible dentro de la zona de mitigación”. El representante de la empresa estatal dice que si el animal “está fuera de esa zona no es necesario tomar acciones” y afirma que “según reportan los observadores, siempre que se recomendó apagar o retrasar el inicio de la fuente, se hizo”. Comentó que “los observadores utilizan binoculares adecuados para calcular la distancia durante el avistamiento” y que “el equipamiento PAM permite procesar las señales acústicas detectadas y la distancia al objetivo”. Apuntó que los “avistamientos” tuvieron lugar “durante el día y con condiciones adecuadas de visibilidad” y que “en la noche o con visibilidad baja se usa la detección por PAM”. Agregó que “para inicio de la fuente se usan ambas”. Manifestó que los resultados son “reportados semanalmente” a la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio de Ambiente a través de una planilla “completada por los observadores” y “quincenalmente” se envía un “reporte en texto”. la diaria pudo acceder a tres informes quincenales que abarcan los períodos: 28 de febrero al 15 de marzo, 16 de marzo a 29 de marzo y 30 de marzo a 12 de abril.

Ponerles cuerpo a los números

En los informes elaborados por los observadores marinos se detalla que fueron avistados 251 cetáceos, 108 pinnípedos –como pueden ser los lobos marinos– y 26 tortugas. En el recorrido pudieron contemplar la ballena franca en 103 momentos, la ballena jorobada en 36, el delfín común en 19, otras 15 ballenas de la familia Balaenopteridae, 28 ballenas que pertenecen a los misticetos –tampoco se detalla la especie–, el calderón –pertenece a los delfines oceánicos– fue visto 16 veces y también divisaron orcas, toninas y cachalotes. A su vez, se toparon con lobos marinos de dos pelos, lobos marinos de un pelo y otros pinnípedos que no pudieron detallar la especie concreta. La tortuga cabezona o boba (Caretta-Caretta), que fue clasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como “vulnerable”, fue vista en 20 momentos.

“Los días 5, 6, 11 y 13 de marzo de 2026 se observaron carcasas de ballenas en avanzado estado de descomposición durante el monitoreo [...]. De las cuatro carcasas observadas, solo fue posible realizar la identificación taxonómica de una, correspondiente a la especie Megaptera novaeangliae. En este caso, se registró únicamente un fragmento de la aleta caudal, el cual quedó atrapado en el paraván del buque sísmico. El 13 de marzo se registraron restos parciales de una ballena y una carcasa de Mola mola durante la recuperación de las fuentes sonoras para mantenimiento. Debido al avanzado estado de descomposición de las carcasas registradas, no fue posible determinar la causa de la muerte. Las características observadas indican que los eventos son anteriores a las actividades sísmicas en curso, sin evidencia de asociación entre los registros y la operación”, dice el texto elaborado por los observadores marinos.

El pez luna (Mola mola) está listado como “vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Es el más pesado de todos los peces óseos; los ejemplares grandes alcanzan los cuatro metros de altura y los tres metros de ancho, con un peso cercano a los 2.000 kilogramos. El 25 de marzo y el 6 de abril registraron otras dos carcasas de esta especie mientras llevaban adelante tareas de “recuperación de las fuentes sonoras”. “Debido al estado de descomposición de la carcasa registrada, no fue posible determinar la causa de muerte”, expresan en ambos casos. Por otro lado, dicen que “observaron y registraron diversas situaciones de interacción de ballenas francas australes con los equipos sísmicos en el agua, tales como cuerdas y cables de sustentación”. “En términos generales, la mayoría de las interacciones ocurrieron cuando los animales se encontraban en la superficie en condición de flotación. Al aproximarse a los equipos, no evidenciaron comportamiento de evasión (o desvío), llegando a impactar sus cuerpos (o parte de estos) contra las cuerdas y cables y, en un caso observado, contra el paraván. En ningún momento se registraron evidencias de lesiones cortantes en los animales ni presencia de sangre en el agua como resultado de dichas interacciones”, señalan.

Las conclusiones de los tres informes elaborados por los observadores marinos de la empresa comienzan con un párrafo que dice: “El monitoreo acústico y visual se llevó a cabo de acuerdo con las directrices del Plan de Gestión Ambiental y los procedimientos establecidos en el proceso de licenciamiento de la actividad, sin registrarse ningún evento de no conformidad”. Más adelante, agrega que “todas las solicitudes de mitigación fueron atendidas de manera inmediata, sin ningún cuestionamiento por parte del equipo sísmico”.

Una riqueza que no se cuenta con billetes

“¿Qué nos dicen las detecciones acústicas y visuales? Que hay una riqueza importante en el área donde el barco está haciendo la prospección sísmica”, explica Javier Sánchez Tellechea, biólogo especializado en bioacústica, investigador del Instituto de Ciencias Oceánicas de la Universidad de la República y uno de los científicos que recomendaron a la Justicia postergar la exploración petrolera y aplicar el principio precautorio. “Yo no estoy en contra del petróleo, pero me parece que antes de hacer esta exploración Uruguay tendría que haber hecho una línea de base contundente para saber qué especies teníamos y cuándo era el mejor momento para hacer esto y tratar de no impactar a la mayor cantidad de especies. No se hizo, vamos a ciegas a hacer una prospección”, expresa. Él, además, trabajó en buques de prospección sísmica y una de las especies que más contempló fue el cachalote. Recientemente, escribió sobre los impactos que le podrían generar las prospecciones en las páginas de la diaria Ciencia.

“El rango de 1.000 metros es totalmente insuficiente para ser un radio de mitigación y proteger, en este caso, mamíferos marinos. Tenemos un montón de fauna marina que no está siendo protegida: peces, huevos de peces, larvas, zooplancton, ni que hablar de los organismos que están en el fondo marino o que viven en la columna de agua. El monitoreo visual y acústico es positivo, pero no significa que los cetáceos, que es básicamente lo que están viendo, estén completamente protegidos. En 1971, Roger Payne y Douglas Webb demostraron que los sonidos de baja frecuencia de las ballenas pueden propagarse a distancias de hasta miles de kilómetros. Esto evidencia que el impacto del ruido marino no se limita a distancias cortas, como los 1.000 metros de radio de mitigación. En particular, los pulsos acústicos utilizados en prospecciones sísmicas, que también se concentran en bajas frecuencias, pueden propagarse a grandes distancias en el océano, dependiendo de las condiciones de temperatura, salinidad y estructura de columna de agua [...]. Nosotros tenemos que saber que perfectamente el sonido del buque puede llegar hasta 10.000 kilómetros. De hecho, el sonido llega tranquilamente a la costa uruguaya”, apunta.

Entre la biodiversidad que no estuvo contemplada en las medidas de mitigación está el pez luna (Mola mola) y los tiburones –no son cetáceos, tortugas ni pinnípedos–. Según se consigna en los “registros oportunistas” de los observadores marinos, detectaron tiburones en siete ocasiones, aunque no detallaron la especie. En el caso del pez luna, fue visto en 67 oportunidades.

“Con el barco de sísmica funcionando, lo que está sucediendo en un rango de 500-600 kilómetros es lo que se llama niebla acústica. Lo explico con un ejemplo. Imaginate que tenés que ir a trabajar, a ver a tu pareja, a tus hijos, moviéndote en la ciudad de Montevideo con una niebla que no te permite ver a más de un metro. ¿Viste la niebla cerrada? La niebla acústica es eso mismo. Durante la noche o en condiciones de baja visibilidad, muchos animales marinos dependen en gran medida del sonido para orientarse y comunicarse. Al tener niebla acústica, que es la que está emitiendo el buque, prácticamente no pueden escuchar, no pueden saber dónde están y no pueden ubicarse. Esto hace que grupos de ballenas o delfines puedan tener varamientos o se vean en lugares donde nunca se han visto. Están alejándose de esta niebla acústica, que es uno de los grandes problemas que tenemos a nivel mundial”, explica. Sin ir más lejos, la contaminación acústica generada por la exploración sísmica ha sido reconocida como problema en ámbitos internacionales, como la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres de la que Uruguay forma parte.

El investigador insiste con que el radio de mitigación de 1.000 metros es “criticado a nivel internacional” porque es “apenas una distancia que no sería letal, pero no significa que no le genere trauma acústico”. Aclara que hay diferentes traumas acústicos, en algunos casos, pueden repercutir en que “el animal deje de alimentarse o se disperse del grupo en el cual está viviendo”. “Los mamíferos marinos –ballenas, delfines– viven en grupos, en manada. Separarse de la manada hace que los individuos solitarios mueran. Después tenemos cambios comportamentales a decenas de kilómetros por esta niebla acústica. Los animales empiezan a presentar comportamientos y variaciones en la emisión de sonido. Por ejemplo, en la época reproductiva las ballenas emiten menos sonidos y no pueden encontrar pareja”, puntualiza.

En este sentido, recuerda que “las ballenas y los delfines no están emitiendo sonido todo el tiempo”, por lo que la detección para los observadores es un desafío que muchas veces es difícil de cumplir. “Las grandes ballenas emiten sonidos en determinadas circunstancias, pero pueden tener silencio de hasta semanas, dependiendo de la época en la que nos encontremos. Producir sonido es un gasto energético muy grande para el animal [...]. Siempre están tratando de emitir cuando se sienten seguros”, señala. Enfatiza que era necesario primero hacer una expedición para conocer qué existe en el territorio para después “decidir si queríamos o era necesario impactar estas especies por si tenemos petróleo, porque aparentemente la probabilidad es muy baja”. Ancap estima una probabilidad del 25% de encontrar yacimientos explotables de hidrocarburos.

“Uruguay tiene más territorio de mar que de tierra”, recuerda el investigador. Enseguida, resalta las dificultades de poder estudiar nuestro mar y controlar las actividades que allí se realizan. También manifiesta la necesidad de contar con un buque oceanográfico para que el país “pueda tener independencia de investigación”. Finalmente, concluye que las medidas de mitigación impuestas son “normales y las que se usan en cualquier parte del mundo, donde también son fuertemente criticadas”.